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73 A LOS MÁS CHIQUITINES

La canastilla

Cuando se conocía que una mujer estaba en estado de buena esperanza, se preparaba todo para el bebé, que nunca se sabía si iba a ser niño o niña, pues, aunque las abuelas, tías y amigas de la familia se afanaban en conjeturar sobre el sexo del próximo a nacer según que la embarazada estuviera más o menos gorda o con la tripa más o menos picuda, nunca eran de fiar. Como la ropa que necesitaba la criatura era mucha, casi siempre se utilizaba la de los hijos anteriores o se pasaba de madres a hijas. La canastilla de un recién nacido, con ropa casi toda hecha a mano y con más o menos adornos, estaba compuesta por:

  • Ombliguera. Especie de venda en tela fina de batista para sujetar el ombligo en los primeros días y conseguir una buena estética.

  • Camisilla. De tela fina de batista o similar, sin mangas y sin costuras, abrochada por detrás con un botón. Los bordes de la parte baja y del cuello y las dos parte de las aberturas para los brazos se cosían a vainica ciega.

  • Camisa. Muy parecida a la anterior, con la diferencia de que llevaba mangas largas.

  • Chambra. Como la camisa pero de más abrigo, en tela de muletón, estambre o franela, y abrochada también por detrás con más de un botón.

  • Metedor. Paño ovalado, grande, que daba la vuelta al cuerpo de atrás hacia delante tapando el culete como si fuera una braga.

  • Pañal. Trozo de tela grande, de gasa preferentemente, que se ponía doblado varias veces dentro del metedor para empapar.

  • Culata. Prenda de felpa o de manta fina que abrazaba el cuerpo de la parte de delante hacia atrás, algo más estrecha en la zona que correspondía a la entrepierna.

  • Mantillas. Paño rectangular en muletón de color blanco, rematado alrededor con una tela fina de cualquier color. Se ponía alrededor del cuerpo a la altura de la cintura, pillando la camisa y la chambra, y sujeto todo con una faja.

  • Faja. Tira de tela fuerte de piqué para sujetar la mantilla. En uno de los extremos llevaba unas cintas para atar

  • Cubremantilla o faldón. Prenda en tela de piqué que servía para cubrir la mantilla, más larga que esta y que se abrochaba por detrás. El faldón especial para los bautizos —de cristianar, se dice— , con gorro a juego, es como un vestido de manga larga, con la falda sobrepasando los pies, realizado en organdí o batista fina, y con volantes, puntillas y otros adornos. Se solía y se suele guardar para otros hijos e incluso pasar de una generación a otra.


    Mi madre conmigo en el alda
    Mi madre conmigo en el alda

  • Jersey. En lana fina o hilo según la época, abierto por la parte de atrás y abrochado con botones.

  • Chaleco. Igual que el anterior pero sin mangas


    Otra fotografía con mi madre
    Otra fotografía con mi madre

  • Botitas o patucos. De la misma lana que el jersey y con un cordón para atar o trabilla y botón para abrochar.

  • Gorro. De lana, a juego con el jersey y los patucos, o de tela, y con cordón o botón para sujetar bajo la barbilla.


    ¡Vaya faldones!
    ¡Vaya faldones!

  • Mandilete o baberola. Pieza de tela pequeña de forma rectangular, con forma para el cuello, con cinta para atar, que se ponía a la hora de comer o cuando el niño babeaba en época de la primera dentición.

  • Pico. Cuando el niño cumplía un año, se le quitaban las mantillas y el pañal y se le ponía el pico para ir a dormir. Se llamaba así porque tenía esa forma. Iba atado al hombro con unas cintas y se confeccionaba con tela de franela o de rizo.


    Pareja
  • Toquilla. Pieza cuadrada tejida en lana, con adornos de sobrecintas, que se dobla por la diagonal y sirve para envolver y arropar a los niños.

  • Pelele. Especie de pantalón bombacho para cuando el niño comenzaba a andar. Se confeccionaba con tela de algodón un poco fuerte, llegaba hasta mitad de la pierna, iba abierto en la cintura con dos botones y llevaba un peto con tirantes.


    Mi hijo Jorge y mi nieto Adrián
    Mi hijo Jorge con unos meses y mi nieto Adrián con sólo unos días

  • Y no faltaba en la canastilla un trencilla de hilo, que se metía en alcohol y se tenía preparado en el momento del parto para anudar el cordón umbilical. Luego, la comadrona o partera procedía al corte.
Los enseres

Las cunas eran de madera con travesaños curvos en las patas para poder mecer a los bebes y dormirlos, con colchón de lana o borra según las economías familiares y las correspondientes sábanas y mantas. Otras eran de paja tejida en forma de capacho, llamadas moisés en recuerdo del personaje bíblico.


Cunas
Dos cunas antiguas y un moisés

El pellejo fue imprescindible en tiempos de nuestras bisabuelas. Consistía en una piel de oveja que se colocaba sobre el colchón para que no calaran las orinas. Se lavaba bastante bien y hacía el mismo servicio que los hules que luego se utilizaron.

Cuando los niños se sostenían erguidos se colocaban en unas sillas especiales de madera, a su medida, con una pieza delante semicircular a modo de mesa y como sujeción. Algunas llevaban un orificio con tapa en el asiento, que se descubría para colocar un pequeño orinal.


Sillas antiguas para bebés
Sillas antiguas para bebés

Cuando comenzaban a dar los primeros pasos se metían en el tenedor, especie de cajón abierto por los lados, con asiento, que cumplía la doble misión de sostenerlo de pie o sentado cuando se cansaba.

Más ligero que el anterior, con ruedas en las patas para poder desplazarse y asiento de loneta en la entrepierna, era el tacataca.


Tenedores y tacatacas
Tenedores y tacatacas


Leonera
Mi hijo Jorge en la leonera

Lamedores, sonajeros y otros cacharritos han existido siempre, pero construidos en distintos materiales a los actuales, y muchas veces de forma artesanal cuando el dinero —siempre escaso— no daba para más y sacar adelante a la familia ya suponía un gran esfuerzo. Abundando en estas penurias, cuando no se tenía ni para comprar polvos de talco, se llegaba incluso a rascar las paredes y echar un poquito de enjalbego en el culete escocido de los bebés.


Cochecitos para bebés
Antiguos cochecitos para bebés


Sonajeros
Y sonajeros

Los juguetes

A partir de los dos y tres años, los juguetes eran repeticiones en pequeño de las cosas cotidianas: herramientas de todo tipo, carros, carretillas, patinetes, coches y camiones de madera; muchos hechos por artesanos del pueblo, herreros, carpinteros, carreteros, etc. Algunos, de hojalata, para los más afortunados: coches, motos, tartanas. Cacharros de cocina en aluminio. Pelotas de goma. Caballos y muñecas de cartón, las peponas... Y mucha imaginación; a veces el mejor juguete era una caja de cartón arrastrada con un cordel o una muñeca o pelota hechas de trapos viejos.


Juguetes

Las cucamonas

Los bebés siempre han sido y son la alegría de las casas, y toda la familia y parientes se desviven por hacerles carantoñas y zalamerías.

Hay muchas cancioncillas, juegos, cuchufletas, cucamonas y monerías que ayudan al entretenimiento de los bebes, al desarroyo de su afectividad e incluso a su formación.. El niño siempre imita el gesto de los mayores, y así, ante cualquier movimiento acompasado de las manos o a una alegre y sencilla melodía, intentara hacer lo mismo. He aquí algunas de las mas populares en Criptana, transmitidas siempre por las abuelas de unas generaciones a otras y que yo recuerdo haber oido en el entorno familiar.

Las hay para que los bebés demuestran alguna habilidad con los trabalenguas y las adivinanzas:

El perro de San Roque no tiene rabo, / porque Ramón Rodríguez se lo ha robado. / El perro de San Roque no tiene cola, / porque se la ha comido la caracola.

Debajo de un botón, ton, ton, / que encontró Martín, tin, tin, / había un ratón, ton ton, / ¡ay, que chiquitín, tin, tin!...

Adivinanza, adivinanza, / ¿qué tiene el niño en la panza? / ¡El ombligo!

Estas son nanas para dormir:


A dormir

Duérmete, mi niño, / que se hace de noche, / y van los angelitos / a pasear en coche.

Mi Niño Pequeño / se quiere dormir; / le cantan los gallos / el quiquiriquí.

Duérmete, niño, / que viene el coco, / y se lleva a los niños / que duermen poco.

Vámonos a la cama, / vámonos a dormir, / tú llevarás la manta / y yo llevaré el candil.

Din, dan, / din, don, dan, / campanitas sonarán. / Din, dan, / din, don, dan, / que a los niños dormirán...

Vamos a la cama / que hay que descansar, / para que mañana / podamos madrugar
(la hizo popular TVE en sus primeros años de emisión).

Nanas para dormir
Mi nieto Adrián en los brazos de Morfeo

Y para despertar:

Dijo la rana, / mientras espiaba / por la ventana.
Tira con tirita / y ojal con botón.
Un pajarito / que está en la rama / busca el zapato / bajo la cama...

Te estoy esperando no demores mucho / porque hay tantas cosas que hacer en el mundo. / Despierte mi niño... Despierte mi sol.. ./ Despierte pedazo de mi corazón...

Kikiki, Kikiki. / El gallito canta así. / Kokoko kokoko. / La gallina ya cantó. / Pio pi, Pio pi. / Los pollitos hacen así...

Hoy no me puedo levantar
Y de nuevo Adríán: "Hoy no me puedo levantar, el fin de semana me dejó fatal..."

Estas canciones se cantan con los niños sentados sobre nuestras piernas a manera de caballito, imitando su caminar y abriendo súbitamente las piernas en algún momento para provocarles un pequeño sobresalto:

Al paso, al paso; / al trote, al trote. / Al galope, al galope. / Al galope, al galope.

Arre, borriquito, / arre, arre, arre, / arre, borriquito, / que llegamos tarde. / Arre borriquito, / vamos a Belén, / que mañana es fiesta / y al otro también.

Arre borriquito

Para que los niños comiencen a coordinar sus propios movimientos.

Palmas, palmitas, / higos y castañitas; / almendras y turrón, / ¡que rica la colección!

Palmas, palmitas

Para hacer cosquillas en la palma de la mano, en el brazo, en el cuello...

A la buenaventura, / que Dios te la da, / si te pica una pulga, / ráscatela, ráscatela.

Si vas a comprar carne, / que no te den de aquí, / ni de aquí, / ni de aquí..., / nada más que de aquí., de aquí, de aquí
(la axila).

Mira un pajarito sin cola. (la persona mayor señalaba con la mano hacia arriba y el niño levantaba la cabeza) / Mamola, mamola, / mamola, mamola.

Mira un pajarito sin cola
Mi nieto Adrián en sus primeras risas. Y tan ufano con sus patucos tipo "Converse"

Las abuelas manifestaban su cariño:

Pito, pito, colorito. / ¿Dónde vas tú tan bonito? / A la vera de su abuela, / pin, pon, fuera.

La abuela
Mi mujer Trini con su nieto Adrián

Para enseñar a caminar y acompañar los primeros pasos:

Aquí te espero. / Aquí te espero, / comiendo un huevo...

Primeros pasos
Primeros pasos

Canciones apropiadas para controlar el movimiento de las manos y para aprender a distinguir los dedos:

Éste se encontró un huevo, / éste lo frió, / éste le echó sal, / éste lo probó / y éste picarillo gordo... se lo comió

Cinco lobitos / tiene la loba, / cinco lobitos / detrás de una escoba...

Tres pollitos, / tiene mi tía: / uno le salta, / otro le pía, / y otro le canta / la sinfonía.

Cinco lobitos
Cinco lobitos

Para que los niños dejen de llorar cuando se dan un coscorrón. Se ha de acariciar la parte del cuerpo dolorida mientras se va cantando:

Cura, sana, / colita de rana, / si no se cura hoy, / se curará mañana.

Estrofas sencillas para que comiencen a cantar y con continuas alusiones a la naturaleza:

Sal sol, solito, / caliéntame un poquito / para hoy, para mañana, / para toda la semana; / llamaremos a la abuela / para que toque la vihuela, / llamaremos al pastor / para que toque el tambor, / y si no lo toca bien, / que le den / con el rabo de la sartén.

Caracol, col, col, / saca los cuernos al sol, / que tu padre y tu madre / ya los sacaron.

Mariquita, quita, quita, / ponte el manto y / vete a misa.

Que llueva, que llueva, / la Virgen de la Cueva. / Los pajaritos cantan, / las nubes se levantan. / Que sí, que no, / que caiga un chaparrón / encima de la estación.

Pon, pon, / gallinita, pon, / si no pones un huevo, / luego me pondrás dos.

Marcelino, pan y vino, / rompió el jarro / en el camino. / Pobre jarro, / pobre vino, / pobre culo de Marcelino.

Don Melitón tenía tres gatos, / y a los tres les ponía zapatos; / y por la noche les daba turrón, / ¡que viva los gatos de don Melitón!

Don Melitón tenía tres gatos
Don Melitón tenía tres gatos

Bartolo tenía una flauta / con un agujero solo, / y a todos daba la lata / con la flauta de Bartolo...

Cucú, cantaba la rana, / cucú, debajo del agua; / cucú, pasó un caballero, / cucú, con capa y sombrero...

Chimo, chimo
(agarrando las naricillas), / las oveja con el trigo / y el pastor con el abrigo.

Tengo, tengo, tengo; / tú no tienes nada. / Tengo tres ovejas / en una cabaña. / Una me da leche, / otra me da lana, / y otra me mantiene / toda la semana.

Con estas canciones los bebés comienzan a dominar el lenguaje, ya que han de ir haciendo movimientos o gestos representativos de cuanto se dice en ellas.

Los pollitos cantan / pío, pío, pío, / cuando tienen hambre, / cuando tienen frío. / La gallina busca...

Un elefante / se balanceaba / sobre la tela de una araña, / como veía / que no se caía, / fue a avisar a otro elefante. / Dos elefantes / se balanceaban...

Los pollitos pían y un elefante se balanceaba...

Para entretener ( y a veces para hacer rabiar) a los niños. Las tres primeras que siguen no acababan hasta que el pequeño se hartaba:

Mi abuela tiene un gato (comenzaba la persona mayor cantando) / Mi abuela tiene un gato / con las orejas de trapo / y el culo de papel. / ¿Quieres que te lo cuente otra vez? / (Si el niño contestaba que no, la persona mayor seguía) No digas que no, / di que sí. / Que mi abuela tiene un gato / con las orejas de trapo / y el culo de papel. / ¿Quieres que te lo cuente otra vez? / (Si el niño contestaba que sí, la persona mayor continuaba) No digas que sí, / di que no. / Que mi abuela...

¿Quieres que te cuente un cuento bonito y barato que nunca se acaba?/ (Si decía que sí, se continuaba) Pero si yo no te digo que sí; / yo te digo ¿qué si quieres que te cuente un cuento bonito y barato que nunca se acaba? / (Si decía que no, también se continuaba) Pero si yo no te digo que no, / Yo te digo...

José se llamaba el padre / y Josefa la mujer, / y tenían un hijito / que se llamaba /José, se llamaba el padre…

¿Quieres que te cuente el cuento de la banasta?... / Pues con eso basta.

¿Quieres que te cuente el cuento del soldao?... / Pues ya se ha acabao.

Enséñame los dientes / Pedos calientes.

Enséñame las muelas / Pedos cazuelas.

¡Hola amigo!, / me encontré un higo, / pero como no te vi... / me lo comí.

¡Papá, mamá!, / Pepito me quiere pegar. / ¿Por qué? / Por ná. / Por algo será. / Por un pimiento, / por un tomate, / por una onza / de chocolate.


Mira una mancha de huevo (señalando debajo de la barbilla). / Topa borrego

Madreeee. / Queeeé. / Madreeeeee. / Queeeeeé / Madre, / Qué. (Se hace con distintos énfasis de voz, y la última en plan imperativo y contestación fulminante)

Para empezar a enseñarles los números:

El uno es un soldado / haciendo la instrucción, / el dos es un patito / que esta tomando el sol, / el tres una serpiente, / el cuatro una sillita, / el cinco es un conejo, / el seis una pera, / el siete es un bastón; / el ocho son las gafas / de mi tío Ramón. / El nueve es un globito / atado de un cordel, / y el diez es un tiovivo / para pasarlo bien, ¡bien!

Los números

La gallina papanata / puso un huevo en la canasta, / puso uno, puso dos, / puso tres, puso cuatro, / puso cinco, puso seis, / puso siete, puso ocho. / Guarda este bizcocho hasta mañana a las ocho.

Para seguir con los números y distinguir las figuras de una baraja:

¡Pinche! (correspondía a las espadas, y con el dedo índice se pinchaba en la manita abierta del bebé tantas veces como el número de la carta. El as, con mayor intensidad). / ¡Pase! (bastos; se frotaba la manita). / ¡Reminina! (copas; se hacían cosquillas) / ¡Zorrocotón! (oros; se daba con el puño cerrado).

La baraja

En el baño:

Los patitos en el agua / meneaban la colita / y al mismo tiempo decían: / ¡Ay que agua calentita!

Patitos

Las primeras oraciones:

Cuatro esquinitas / tiene mi cama, / cuatro angelitos / que me acompañan.

Jesusito de mi vida / eres niño como yo, / por eso te quiero tanto / y te doy mi corazón.

Cuatro esquinitas tiene mi cama

Y los primeros juegos:

Gallinita ciega, / ¿qué se te ha perdido? / Una aguja y un dedal. / Date tres vueltas y lo encontrarás.

La gallinita ciega

Chocolate / Josefillo, / corre, corre, / que te pillo.

Al corro, Manolo, / mi padre está en los toros / mi madre más allá, / achichiguá; / abajo ya.

Al corro chirimbolo / que bonito es. / Un pie, otro pie, / una mano, otra mano, / un codo, otro codo, / una oreja, otra oreja, / el culo de la vieja.

Al corro de la patata / comeremos ensalada / como comen los señores / naranjitas y limones, / achupé, achupé, sentadito me quedé.

Al corro de la patata

Aquí me siento, / no me levanto, / si viene un perro / le tiro un canto.

El que fue a Sevilla / perdió la silla, / el que fue a Malagón / perdió el sillón.

O, simplemente, cancioncillas graciosas:

Pepita la Musaraña / hace tiempo que se ha casado, / y ayer cometió una hazaña / con el niño y el guisado: / pensando en la gran fortuna / del conde de Montecristo, / echó el tomate a la cuna / y a la criatura la echó en el... guiso

Cuando le vi con la pata de palo, / dije para mí : malo, malo, malo; / cuando le vi con la pata de madera, / dije para mí: fuera, fuera, fuera.

Mi barba tiene tres pelos, / tres pelos tiene mi barba, / si no tuviera tres pelos, / ya no sería mi barba.

El afilador se llama Ramón, / y su mujer se llama Isabel, / y su chiquete se llama Pedorrete, / y su chiqueta se llama Pedorreta.

El afilador

Algunas de ellas muy antiguas, pero que volvieron a poner de moda los payasos Gaby, Fofó y Miliki:

Hola don Pepito. Hola don José... Eran dos tipos requetefinos, / eran dos tipos medio chiflaos, / eran dos tipos casi divinos, / eran dos tipos disparataos; / si se encontraban en una esquina / o se encontraban en el café, / siempre se oía con voz muy fina / el saludito de don José: / ¡Hola don Pepito! / ¡Hola don José! / ¿Pasó usted por casa? / Por su casa yo pasé. / ¿Vio usted a mi abuela? / A su abuela yo la vi. / ¡Adiós don Pepito! / ¡Adiós don José!...

La gallina turuleta / ha puesto un huevo, / ha puesto dos, / ha puesto tres...

Así lavaba, así, así, / así lavaba que yo la vi...

Gaby, Fofó, Miliki y Fofito

Incluso, para algo más mayorcitos, los primeros chistes, sencillos, claro, de Jaimito, de Quevedo o de Tiburcio:

¿Jaimito sabes nadar? / Sí, sí. / ¿Dónde has aprendido? / En el agua.

"Jaimito, vamos a ir a casa de la tía María, pero no tienes que pedir nada". / Y ya en la casa, Jaimito se encapricha de un cuadro, y la tía María, regordeta, se sube a una silla, se empina para cogerlo y, ¡pum!, se echa un pedete. / "Mamá, mamá, yo quiero ese pito".

Quevedo tenía ganas de hacer caca, y ni corto ni perezoso se puso a hacerla detrás de una esquina. / En esto que pasan por allí unas señoritas muy finolis, que al verló, exclaman: ¡"Qué vedo"! ¡"Córcholis!, hasta por el culo me conocen".

Quevedo tenía una mercería y colocaba cosas en el escaparate, pero estaba tan resfriado que le colgaban dos velas muy grandes de mocos verdes. / Y en esto que pasan por allí una madre con su niña. / "Mamá, yo quiero esas cintas tan monas" / Y Quevedo, sorbiendo rápidamente: "Churrús, churrús, se cerró el escaparate".

Chistes de Quevedo

Tiburcio, que estaba malito y no tenía ganas de comer, recibió la visita de un pariente. / "Pasa, pasa, ahí lo tienes en la cama, tan delgado, seco como una pasa", le decía su mujer. / "Pero si aquí no hay nadie" / "Caramba, ya so lo ha vuelto a llevar el gato".


Las parturientas

Cuando las mujeres daban a luz, no lo hacían como ahora en los hospitales, con todo tipo de cuidados médicos; antes nuestras madres y abuelas tenían sus hijos en las propias casas, con el único recurso sanitario de esmerar el aseo disponiendo de ollas de agua hirviendo y lienzos limpios, y atendidas en el mejor de los casos por el médico y una comadrona —la tan querida doña Adela en Criptana—, pero las más de las veces por sólo una mujer entendida: la partera. Si existían complicaciones, la situación podía llegar a ser dramática tanto para la madre como para el bebé.

Durante los primeros días la madre tomaba caldos de gallina con una yema de huevo y el añadido de alguna patatilla, arroz o fideos, que resultaban muy apetitosos y reconstituyentes. También tortas de Alcázar, que era lo clásico que llevaban como regalo las visitas, y no faltaba algún vasito de vino añejo para recobrar todo el vigor.

Los bebés

Los bebés eran amamantados hasta que cumplían uno o dos años, y era habitual ver a niños bien creciditos agarrados al pecho de la madre. Y si esta no podía por no tener leche, se buscaba rápidamente a otra mujer que estuviera criando, con la suficiente fortaleza para poder amamantar al hijo propio y al ajeno, los cuales serían posteriormente reconocidos como «hermanos de leche». Las mujeres más acomodadas disponían de amas de cría.


Dar de mamar

No existían los potitos, ni la variedad de alimentos infantiles hoy a la venta en farmacias o supermercados, así que cuando el bebé necesitaba reforzar la alimentación del pecho, se recurría a las papillas de harina tostada: se doraba ligeramente en una sartén la harina, se añadía leche y azúcar y con una cuchara de madera se movía para que no hiciera grumos hasta que espesaba.

La aparición en el mercado de los paquetes de harina de maíz ya preparada para papillas —la marca Maizena tenía la exclusiva— fue un gran adelanto. A mis hermanos pequeños le llegó el invento, y a mí también, pues estaba buenísima ("Maizena, Maizena, buena, buena, buena. Maizena, Maizena, tres veces buena", se anunciaba en la radio), casi mejor que unas natillas, y apuraba lo que ellos dejaban y sobre todo el pegaillo de la cacerola donde la cocinaban.


Leches maternizadas y papillas
Leches maternizadas y papillas

Otra papilla, en frío, muy rica, para merendar, era la que se preparaba con el zumo de una naranja, un plátano, galletas maría, y a veces una yema de huevo, todo mezclado con ayuda de un tenedor.

Los trozos de pan eran muy recurrentes, con poca miga al principio para que no se atragantaran, solos o sopados en el puchero del día o en aceite con un poco de azúcar.

Y poco a poco, a los críos se les iba graduando el alimento con sopitas caldosas hervidas y de este modo se les prepara al destete.

INDICE

74 ¡QUE VIENE EL COCO!

Duerme, tesoro,
que viene el Coco
y se come a los niños
que duermen poco.


Esta siniestra amenaza no procede de ninguna leyenda de la España negra, es simplemente una canción de cuna. Llegada la noche, todos los niños deben estar tranquilamente durmiendo en su cama, pues aquellos que desobedezcan, aquellos que sean rebeldes o se levanten, tendrán inexorablemente que enfrentarse al terrible Coco.


Mi nieto Adrián
Mi nieto Adrián


El Coco
¡Que viene el Coco!

Lo imaginamos y lo asociamos con la deformidad, la fealdad, el espanto, el color negro y curiosamente también con los monos, quizá por esa contrahechura de la figura humana y por los sonidos que algunos que lo han visto dicen que emite. Sí parece que tiene la cabeza muy redonda y está lleno de pelo. Por ello los conquistadores llamaron del mismo modo a una fruta tropical con la que se encontraron al llegar a América. Con ellos viajó el Coco, que de este modo conquistó el mundo entero extendiéndose por todas los hogares del universo.


El Coco
El Coco (1799). Versión de Francisco de Goya en la serie Los Caprichos

Este asustador profesional, uno de los más populares, se halla alojado en nuestra memoria colectiva y ni siquiera el paso de los años y la aparición de nuevos espectros cinematográficos y literarios han conseguido arrinconarlo. Aunque a fuerza de ser tan recurrido para que los niños aprendan lo que no se debe hacer, y además con ese nombre tan divertido, casi se le ha perdido el respeto y ha terminado adquiriendo un cierto carácter entrañable y tierno.


Duérmete niño,
duérmete ya,
que si no el Coco
te comerá.


¡A dormir! ¡A callar!
Mira que viene el Coco
y te va a llevar.

Por norma general los niños tienden a hacer exactamente lo contrario de lo que les ordenan, por ello los padres se han valido de personajes lo suficientemente intimidatorios como para que sus hijos se estuviesen quietos. Nuestras madres trataban con esta nana y otras historias horripilantes de crear una sensación de inseguridad, de miedo. Era un paraguas protector para los pequeños y una tranquilidad para los mayores, que suponían que así sus criaturas no se alejarían de ellos, no se aproximarían a carreteras o caminos frecuentados por desconocidos y huirían como alma que lleva el diablo ante un extraño, y más si éste andaba mal trajeado o fuera un vagabundo, un buhonero o un mendigo.

Más miedo que el familiar Coco inspiraban el Hombre del Saco, el Sacamantecas, el Tío Camuñas y otros muchos de mayor o menor importancia, personajes a veces reales que forman parte de nuestra terrible leyenda negra, tan dada a la carnicería y a la casquería. Sacar las asaduras o chupar la sangre eran expresiones que aterrorizaban con sólo mentarlas.


El miedo se usaba como paraguas protector

Las gentes han sentido siempre cierto recelo hacia las mejoras de carácter mecánico, rodeándolas de leyendas para desacreditarlas. Se decía que los ejes de las ruedas de los carros y demás vehículos, y que los pernos de toda suerte de máquinas, debían engrasarse con grasa humana, que además debía ser fresca y tierna. La llegada del ferrocarril y la expansión industrial en tiempos pasados robustecieron un personaje terrorífico y espeluznante, el Hombre del Saco o el Tío del Sebo. Y es así, que para la asustadiza y supersticiosa población, rondaban por las calles unos hombres de figura espantosa y aterradora con un saco al hombro, que tocando una tonadilla, actuando en un teatrillo o realizando cualquier otro embauque, atraían a los niños y los conducían hasta un paraje despoblado, donde aprovechaban para retorcerles el pescuezo y meterlos en el saco. Luego, un desollador descuartizaba a las infelices criaturas para obtener el máximo saín de sus cuerpos.


El Hombre del Saco
El Hombre del Saco

La figura real del Sacamantecas, un despiadado asesino que extraía la grasa de sus víctimas para luego venderla, se hizo muy popular. Era un campesino alavés, llamado Juan Díaz de Garayo, que cometió entre 1870 y 1879 al menos seis horribles crímenes todos ellos contra mujeres. La primera víctima, prostituta de profesión, murió asfixiada entre sus garras y posteriormente violada y destripada. La segunda corrió peor suerte, pues el homicida se cebó con ella antes de morir. La tercera desafortunada fue una inocente niña de trece años a la que condujo hasta un bosque para darle muerte y posteriormente violar su cadáver antes de abrirla en canal. La cuarta, otra ramera a la que clavó un punzón repetidas veces en el pecho para, posteriormente, hacerle correr la misma suerte que sus otras victimas. El quinto y el sexto asesinato llegarían casi de la mano, siendo los más brutales.

Un día, sin una razón aparente, Garayo fue descubierto por una niña a quien no había visto en su vida. Sin duda, en la cabeza de la criatura era la representación perfecta de sus pesadillas. La chica le señaló gritando: "¡Ese es! ¡Es él, el Sacamantecas!". Eso originó que fuera interrogado por la policía y confesara sus feroces crímenes. Fue juzgado con bastante rapidez y ejecutado por garrote vil.


El Sacamantecas
Juan Díaz de Garayo El Sacamantecas

El Cortasebos era un sacamantecas extremeño de la tradición popular, fantasma de un agricultor que salía a las doce de la noche, la hora de los espíritus, en busca de niños que se hubieran portado mal para sacarles la sangre y el unto

Los sacamantecas en general, con las pequeñas variantes localistas, eran los encargados de alimentar y distribuir los terrores populares. Y uno de ellos, absurdamente, fue el Sereno, un personaje ya desaparecido de algunas ciudades y encargado de mantener la ley y el orden en la noche. Pero su presencia, con el guardapolvos grisáceo o azul, la gorra y el chuzo, una especie de estaca coronada por un agudo pincho, producía inquietud y hasta miedo a los niños Eran como un sacamantecas en ciernes para los críos de la vecindad.


Serenos
Serenos

Por esos mismos derroteros iba el caso de Francisco Sánchez, alias el Tío Camuñas por haber nacido en la cercana población manchega. Guerrillero en la guerra de la Independencia, su misión consistía en atacar a las patrullas francesas entre Madridejos y Despeñaperros. La leyenda de este héroe, temido y muerto por los franceses, hizo famosa la frase: "que viene el Tío Camuñas", que pasó también a ser usada para meter miedo a los niños.

Algo parecido ocurría en Criptana en posguerra con la Guardia Civil o con Paco El Guardia, el mítico jefe de la policía local, que los temores de los mayores se transmitían también a los pequeños. Y antes de la guerra, La Patona, mujer soltera de aspecto hombruno que vivía en un cuartucho bajo en la calle de la Virgen y ejercía de vigilanta en el "gallinero" del Teatro Cervantes. "¡Que viene La Patona!", entre los chicos, tenía el mismo sentido de temor que luego aquello de "¡que viene Paco El Guardia!".


El Tío Camuñas
El Tío Camuñas

En otro orden, Manuel Blanco Romasanta, El Hombre-Lobo de Allariz, que se dedicaba a la venta ambulante, además de ayudar a los viajeros por ser un gran conocedor de los bosques de la región.

Sus dos primeras víctimas, madre de 47 años e hija de 17, las asesinó en 1846. Viajaba con ellas hacia Santander y, adentrados en uno de los frondosos bosques gallegos, de repente, sacudido por movimientos espasmódicos y vomitando una espuma espesa, se lanzó sobre ellas rugiendo salvajemente y mordiéndolas brutalmente en el cuello como si fuese un animal. Y excitado por el sabor de la sangre que comenzaba a manar de las heridas, las siguió desgarrando a mordiscos hasta matarlas.

La misma suerte corrieron y en las mismas circunstancias otras once personas, todas mujeres y niños.

Como los años pasaban y los familiares no volvían a recibir noticias, empezaron a correr rumores de que los viajeros habían sido asesinados. Pero Romasanta, que pasó a ser el primer sospechoso, se fugó antes de ser detenido.


El Hombre Lobo de Allariz
Manuel Blanco Romasanta, el Hombre-Lobo de Allariz

Se refugió con otra identidad en Nombela, pueblecito de Toledo, en dónde estuvo trabajando como segador hasta que fue reconocido y denunciado en julio de 1852. En el juicio confesó con una estremecedora frialdad y con todo lujo de detalles, cómo había asesinado y devorado a sus víctimas, pero pretendiendo hacerse pasar por hombre-lobo: "Por culpa de una maldición de uno de mis parientes, tal vez mis padres, me convertía en lobo, desnudándome primero y revolcándome después por el suelo hasta tomar dicha forma...". Tres médicos y dos cirujanos, sin embargo, negaron su supuesta licantropía, por lo que fue condenado a garrote vil, pena conmutada a cadena perpetua por la reina Isabel II gracias al informe posterior de un hipnólogo francés que sí afirmó que Romasanta padecía un tipo de licantropía. Finalmente murió al poco tiempo en la cárcel.

El hombre-lobo es una criatura legendaria presente en muchas culturas, y aún hoy mucha gente cree en ellos o en otro tipo de hombres-bestia. Según la leyenda, es una persona que se transforma en lobo, ya sea a propósito utilizando magia o involuntariamente, a causa de una maldición o de otro agente exterior.


El hombre lobo
El hombre-lobo

Cómo no, los vampiros, seres de ultratumba que salieron a la luz hace siglos en Europa, concretamente por la zona de Rumania. Algún tiempo después, la literatura les dio una imagen más sensual y atractiva que la de un cadáver que sale de la tumba durante la noche, a menudo en forma de murciélago, y succiona la sangre de las personas dormidas para alimentarse.


Vampiro

Se contaba la historia de un aldeano, fallecido largos años antes, que regresó para aterrorizar a su propia familia. Había matado ya a tres sobrinas y un sobrino desangrándolos por completo, y hubiera dado muerte a su quinta víctima —otra sobrina—, de no haber sido interrumpido en su tarea y obligado a huir en las tinieblas de la noche.

Sobrecogidos en ese pueblo por los sucesos, varios jóvenes de la familia se acercaron hasta el cementerio y abrieron el ataúd del vampiro, encontrándolo tan rebosante de salud como cualquiera de ellos. Tenía los cabellos y las uñas largas, los ojos entreabiertos, y su corazón todavía latía. Y de acuerdo con la norma tradicional, el corazón del "no muerto" fue atravesado con una estaca a golpes de martillo. Brotó una mezcla horrible de líquido blanco y de lo que parecía ser sangre fresca, pero era preciso terminar el trabajo y, por tanto, cortaron su cabeza con un hacha y sepultaron aquellos restos macabros en una fosa llena de cal viva. Así era como definitivamente morían.

En el caso de los hombres-lobo, era con una flecha o una bala con punta de plata.


Muerte del vampiro
Muerte del vampiro

Un caso especial de asustaniños, medio en broma, era el Hombre de los Ojos. Siempre hacía su aparición el 31 de diciembre, y se hospedaba —lo contaba mi madre, muy seria— en la posada de mi tía Santiaga, en la calle del Cardenal Monescillo. Se distinguía por tener más ojos que días el año, para asombro de todos los chicos. No teníamos en cuenta, y mi madre jugaba con el equívoco, que al año le quedaba un sólo día y el tal monstruo de la naturaleza era una persona normal y no con trescientos y pico ojos como imaginábamos.


El Hombre de los Ojos
Así nos imaginábamos al Hombre de los Ojos

El Fraile del Capuchón, no asustaba demasiado.


Duérmete niño
porque en la alameda
hay un fraile con un capuchón
con barbas de hurón
que a los niños lleva.
Soy el fraile Botilingo
sin capilla ni cordón,
si cruzas esta raya
te como de un tragón.

También se asustaba con la Mano Negra y en algunos sitios con la Maruña, un monstruo que habitaba en los pozos para que no se asomasen los niños.


La Mano Negra y la Maruña
La Mano Negra y la Maruña

En el catálogo de seres perversos, no pueden faltar las brujas, personas supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas por su relación con el Diablo, como hechizos, conjuros o encantamientos, y que emplean para causar daño. Se creía que tenían la capacidad de transformarse en animales y que practicaban la magia tanto en provecho propio como por encargo de terceras personas.


Bruja
Bruja volando sobre una escoba

Las brujas se desplazaban volando, montadas sobre el palo de una escoba, y celebraban reuniones nocturnas, los aquelarres, en las que adoraban al Demonio, quien se personaba en las reuniones en forma humana o animal (macho cabrío, gato negro, etc.).


El Aquelarre
El Aquelarre, de Francisco de Goya

Tradicionalmente se asocia la imagen de la bruja a una mujer anciana, fea, con verrugas y especialmente desagradable, sin embargo se creía que entre sus poderes estaba el de poder modificar su aspecto a voluntad mostrándose como una joven hermosa capaz de seducir a los hombres y llevarlos a la perdición.

La bruja ha tenido un papel esencial en el mundo infantil, con ella nos asustaron para que no hiciéramos lo que no teníamos que hacer y ella fue personaje odioso de muchos cuentos, como la madrastra de Blancanieves, que intenta asesinarla con una manzana envenenada; la bruja malvada de La bella durmiente, capaz de convertirse en dragón, o la bruja de la casita de chocolate de Hansel y Gretel. Sin olvidar la casi entrañable bruja del "trenecillo" de las ferias.

Brujas fea y guapa

En Galicia se emplea con más precisión la palabra meiga que la palabra bruja. Las meigas son criaturas viejas, grandes y ruines, que generalmente vuelan a caballo de una estaca de las que se usan en los laterales de las carretas o carros. Se dice que hay un gran número de ellas, cada una dedicada a ocasionar un mal diferente. Las llamadas meigas-chuchonas son las peores, se dedican a chupar la sangre a los niños y a robarles los untos para ser empleados en la confección de ungüentos y pomadas.

Las supuestas brujas han sido perseguidas siempre, muchas veces por miedo y por su pretendida relación con el Diablo, otras siendo utilizadas como cabezas de turco, y en algunos momentos de crisis acusar al vecino de brujería llegó a ser una forma rápida y eficaz de librarse de él.

Los juicios que se llevaban a cabo por brujería distaban mucho de ser ejemplo de justicia. Para la acusación bastaba la sospecha, no eran necesarias pruebas, no había opción a defensa y las confesiones o delaciones hechas bajo tortura eran usuales y totalmente válidas. Incluso si el sospechoso no confesaba después de ser torturado, esto se interpretaba a veces como un signo más de lo fuerte que era la intervención de Satanás.


Brujas
Talla en madera de una meiga chuchona                                                                         Quema de brujas

El ser que representa la encarnación suprema del Mal es el Diablo, ángel caído, enemigo declarado de Dios, expulsado al infierno junto con los demonios. Si nos querían asustar, y bien, sólo tenían que hablarnos de él y de los terribles tormentos y fuego inextinguible del infierno reservado para los que fuéramos malos. Tanta era la importancia maligna del Diablo que hay infinidad de vocablos para nombrarlo: Satanás, Lucifer, Belcebú, Belial, Azazel, Príncipe de los demonios, Príncipe de las tinieblas, Satán, Abraxas, Asmodeo, Astaroth, Baphomet, Belfegor, Cassiel, Chamuco, Cojuelo, Gualicho, Leviatán, Luzbel, Maligno, Mastema, Mefistófeles, Pisuicas, Wekufe, Zabulón, Patillas, Demontre, Diantre, Pedro Botero, Ángel de las tinieblas, Ángel del mal, Ángel caído.


Satanás

El colmo era que nos hablaran de los endemoniados o posesos, que emitían gritos que no eran humanos, vomitaban objetos y animales que nunca habían tragado, demostraban una fuerza que ni diez personas lograban contener, volaban por las habitaciones, aumentaban de repente hasta ocho veces de peso o rugían como energúmenos cuando se les acercaba algún símbolo sagrado. Sólo los exorcistas eran capaces de expulsar a los espíritus malignos de sus cuerpos.

Demonios y endemoniados

Los muertos eran siempre tema recurrente, sobre todo para las abuelas con sus nietos, reunidos junto al del fuego en las anochecidas invernales. Y alrededor de la fiesta de Todos los Santos el tiempo más propicio. Recuerdo que siendo pequeño, en las primeras correrías con los amigos nos acercábamos ese día al cementerio para ver las calaveras en el osario; también bajábamos al panteón erigido a los caídos de la Guerra Civil, tan tenebroso, y nos asomábamos por las tapias al entonces apartado destinado para los que se suicidaban, a quienes se negaba un enterramiento cristiano.


Muertos saliendo de la sepultura

Por esas fechas, en muchas casas ponían por las habitaciones lamparillas votivas de mariposas en aceite para pedir por los difuntos. Consistían en un vaso o taza con agua y aceite, sobre el que flotaban las tales mariposas, formadas por un trocito redondo de cartulina fuerte, del tamaño de un euro, y otro de corcho, unidos y pinchados ambos por el centro con una cerilla. Por la noche, el movimiento de las sombras al leve resplandor de las lamparillas, provocaba más de un susto.


Mariposas
Lamparillas votivas del Día de los Santos

Con unas y otras cosas, estábamos así predispuestos a que nos contaran mil y una historia.

Recuerdo aquella de dos amigos que vivían juntos en plena pobreza y, al morirse uno de ellos, el otro piensa después de enterrarle que podría aprovechar las asaduras de su amigo para cenar esa noche. Efectivamente va al cementerio, desentierra el cadáver y le roba las entrañas, que cocina y come. A eso de la media noche, cuando estaba ya acostado, oye que llaman a la puerta de la casa.

—Tan, tan…

—¿Quién es?

—Soy yo —se oye la voz del fallecido—, estoy en la puerta de la calle.

—¿Qué quieres?

—Dame la asadura que me robaste de la sepultura.

El amigo vivo mete la cabeza entre las mantas, muerto de miedo, y oye de nuevo llamar.

—¿Quién es?

—Soy yo, estoy en la puerta de la alcoba.

—¿Qué quieres?

—Dame la asadura que me robaste de mi sepultura.

Y así más veces, mientras el miedo iba adquiriendo el clímax necesario.

—¿Quién es?

—Soy yo, estoy a la cabecera de tu cama.

—¿Qué quieres?

—Dame la asadura que me robaste de mi sepultura

—Tan, tan…

—¿Quién es?

—Soy el que te tira de los pelos (la narración se acompañaba con el gesto). Dame la asadura que me robaste de mi sepultura...


Atreverse a ir al cementerio por la noche y entrar, saltando la valla, era una de las cosas que de mocetes siempre nos proponíamos en estos días. Yo lo intente con otros, pero sólo llegamos a tocar la puerta, que ya era bastante.


El cementerio
El cementerio al anochecer

Se contaba que varios amigos se conjuraron en esta propuesta, y ya dentro, una ráfaga de viento entre las tumbas produjo unos ruidos extraños, que en la situación de muertos de miedo como estaban, les pareció como gemidos o gritos lastimeros. Falto tiempo para que salieran corriendo despavoridos hacia la salida, con tan mala fortuna que al trepar por la puerta uno de ello se enganchó la camisa con una de las picas que la coronan, y, creyendo que era un muerto el que lo agarraba, le dio un síncope y allí quedó sin vida.


Gritos lastimeros entre las tumbas
Gritos lastimeros entre las tumbas

Los fantasmas han sido fruto de la fantasía popular desde el principio de los tiempos. Y es que el hombre, desde los mismos inicios de su existencia, ha sentido y expresado su inquietud y su preocupación por temas para él fundamentales como conocer su destino y la posibilidad o no de que el alma sea inmortal, de que al morir y desaparecer el cuerpo físico quede "algo más".De ahí que los muertos hayan sido desde siempre objeto de toda clase de cultos, temores, creencias y supersticiones, y también de alucinaciones, al entenderse que pueden volver al mundo de los vivos, hacerse visibles en forma de espectros o apariciones y aterrorizar a las gentes.


Apariciones

Los judíos creían que en todos los lugares desiertos se presentaban las almas de los muertos buscando, como modernos zombis o cadáveres vivientes, apoderarse de un cuerpo humano y disfrutar así de una nueva existencia.


Zombis

En otras culturas, la tradición asegura que los espíritus de los asesinados o muertos de forma violenta, tenían el permiso de los dioses para actuar de la manera más conveniente hasta conseguir la venganza. O que los hombres que fueron en su día malos y perversos, vuelven en forma de animales o fieras dañinas.

En occidente, los fantasmas se conciben como almas en pena que no pueden encontrar descanso tras su muerte y quedan atrapados entre este mundo y el Más Allá. Esa imposibilidad responde a una tarea que el difunto ha dejado pendiente o inconclusa: así, puede tratarse de una víctima que reclama venganza o de un confeso criminal o suicidado (macabros eran los relatos de ahorcados que se aparecían con la soga al cuello) que por habérseles negado sepultura en sitio sagrado ven diferido su ingreso en el cielo o en el purgatorio.

En cualquier caso, los fantasmas son supuestos espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan entre los vivos de forma perceptible tomando una apariencia visible, produciendo sonidos u olores o desplazando objetos.


Atrapadp por el fantasma
Atrapado por el fantasma

Un caso particular son las casas encantadas, morada de algún fantasma, donde los fenómenos paranormales y la presencia de apariciones se asegura que es algo cotidiano. Al parecer son sitios donde se cometió un asesinato u otra atrocidad. La energía psíquica que se escapa luego de una agonía queda deambulando por el lugar, y las gentes que habitan la casa a lo largo del tiempo sienten sensaciones extrañas, escalofríos, parálisis, desconciertos, temores en la penumbra y hasta ruidos y sombras que pasan


Casa encantada
Casa encantada

El Bu es un fantasma o ser imaginario que se menciona para asustar a los niños. ¡Que viene el Bu! Bu es como el sonido que se supone que hacen los fantasmas.


En tu puerta, Teresa, canta un canario
échale cañamones que cante claro.
Cambrú, Cambrú, serenado, serenadito, Cambrú,
que a los pies de la cama llora el niño de la U,
y su madre le dice: ea, vaya,
calla, no llores, que viene el Bú.


                       Canción de cuna (obra para voz y piano de Joaquín Rodrigo)

Un alma en pena es un muerto que vaga de noche como un espíritu que no puede ascender al cielo. Aparecen, vestidas de blanco, encapuchadas, con antorchas de huesos encendidos y portando un ataúd para acompañar a una persona en su lecho de muerte. Llegan en procesión —la Santa Compaña, se decía—, tocando una campanilla, dan tres vueltas a la casa y entonces la persona muere. A las almas en pena no se las debía tocar, puesto que si un vivo las tocaba, aunque no fuese su hora, hallaría la muerte, por lo que para defenderse en este caso había que dibujar un círculo en el suelo y meterse dentro de él.

No todos los mortales tienen la facultad de ver con los ojos la Santa Compaña. Según la tradición, tan sólo los que en la ceremonia de su bautismo fue utilizado por error óleo de los difuntos.


La Santa Compaña
La Santa Compaña

Una de cosas que más terror causaban eran las noticias de enterrados vivos. Ciertos estados patológicos como la catalepsia o la alferecía, pueden producir una muerte aparente. Se contaba la historia espeluznante de una señora de Madrid de tiempos pasados, de la ilustre familia Lasso, que hallándose cercana al parto, entró en agonía, permaneciendo así tres días, al cabo de los cuales expiró. Creyendo que el feto estaría también muerto, fue enterrada en la sepultura familiar. Algunos meses después, abrieron la citada sepultura y hallaron que el cadáver de la infeliz mujer tenía en su brazo derecho una criatura recién nacida unida aún por el cordón umbilical. Sin duda se trataba de un caso de muerte aparente. La enterrada volvió en sí dando a luz en el interior de la sepultura y muriendo madre e hijo asfixiados o de hambre y de sed.

El peligro mayor de enterrar personas vivas se presentaba con ocasión de epidemias y en los campos de batalla durante las guerras. Alguno pudo escapar de la fosa común donde fue tirado y pudo sobrevivir contando su odisea.


Enterrados vivos
Enterrados vivos

El ogro era otra de las figuras míticas para asustar. Nos lo imaginábamos como una criatura humanoide horrenda, con una gran cabeza, mucho pelo, barba abundante, abultada panza y cuerpo fornido, y que se alimentaba de carne humana, especialmente de niños y niñas. Estaba presente en las leyendas y cuentos populares, como el célebre y sanguinario ogro de las botas de siete leguas del cuento de Pulgarcito.


El ogro
El ogro

Otro cuento, el de Caperucita Roja es sin duda el que más daño ha causado al lobo, pues durante muchísimos años ha ido grabando en el subconsciente de millones y millones de niños la falsa imagen del lobo como devorador de personas.


El lobo
El lobo

—Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!

—Son para... ¡comerte mejoooor! —y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre Caperucita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.

Y nada más lejos de la realidad, pues en muy contadas y excepcionales ocasiones los lobos han atacado directamente a los hombres. Pero eran temidos por grandes y chicos en todos los pueblos.

A dormir que viene el lobo,
y si no, viene la loba,
preguntando de casa en casa
cuál es el niño que llora.

En los siglos XVIII, XIX y principios del XX estuvieron muy de moda los romances de ciego, las aleluyas y en general los llamados "pliegos de cordel". Entre los diversos temas de sus fábulas, leyendas y crónicas, además de la vida de bandoleros, bandidos, asesinos y ladrones de toda laya o condición, figura el de las fieras, monstruos y harpías


Romances de ciego
La truculencia de los romances de ciego

Monstruo es un término para cualquier caso de criatura legendaria que con frecuencia se suele encontrar en los cuentos de terror. Los monstruos, y entre ellos los dragones y enormes culebras, son seres de apariencia temible y peligrosa con un único fin en su existencia: matar y destruir.

El Basilisco es un animal fabuloso nacido a partir de un huevo de gallo fecundado por una culebra e incubado por un sapo. Probablemente su leyenda se base en el conocido fenómeno de la gallina que cambia de sexo cuando envejece, que canta como el gallo y le crecen carúnculas como a éste, pero que sigue poniendo huevos. En dibujos aparece como un gallo con cuatro patas, plumas amarillas, grandes alas espinosas y cola de serpiente que terminaba en garfio. Su aliento envenenaba las aguas, pudría el aire y marchitaba todo verdor. Andaba de noche, y era tan sumamente horrible y feo que fulminaba con la mirada; pero si el Basilisco se veía reflejado en un espejo, se mataba a sí mismo. Algunos lo relacionan simbólicamente con la imagen del diablo o del anticristo. La expresión "ponerse hecho un basilisco" se aplica a aquel que anda fuertemente irritado y con el ceño fruncido.


Monstruos
Monstruo y Basilisco

Una de las fieras más popularizada, la que más famosa se hizo, fue la Fiera Corrupia, que tenía cabeza de toro, cuerpo de lagarto lleno de escamas y uñas como ganchos. Otros la describían en forma de dragón rojo, con siete cabezas provistas de cuernos, y con signos evidentes de ser una copia adulterada de la Bestia de Apocalipsis. El término de fiera corrupia se utiliza también para aludir a una persona que tiene muy mal genio, muy mal carácter y de la que es necesario protegerse

Pío Baroja dedicó a la Fiera Corrupia un romance en sus Canciones del suburbio:

En Villabruta del Monte,
en una caverna oscura
que se abre en una oquedad
del Pico de Peña Cruda,
se ha presentado un engendro,
un fantasma, una furia
que los más listos del pueblo
llaman la "Fiera Corrupia".
Es un animal monstruoso,
como un gato lleno de uñas,
con cabeza de serpiente
y ojos grandes de lechuza;
parte cubierta de pelo
y otra cubierta de plumas;
de un aspecto tan terrible,
que al mismo demonio asusta (…)
Al parecer, a los chicos
les engaña y les adula,
y si los pesca en sus garras
los sujeta y los manduca.
Se ha comido ya seis niños
esta fiera disoluta,
y, según dicen algunos,
hasta los huesos los chupa.
Al parecer, ahora piensa
y cínicamente anuncia
engullirse algunos más
como quien se traga chufas…

Las Arpías, que pertenecen a la mitología griega, eran seres alados, con rostro de mujer y cuerpo de ave rapaz, que personificaban la desatada furia de las tempestades y también la muerte. Se dedicaban a acosar, atormentar y, posteriormente devorar a cuantos humanos caían bajo sus garras. El nombre siempre se ha aplicado también a las personas con malas ideas, perversas.


Arpía
La Arpía no es necesariamente un animal mitológico, ni un monstruo, ni una quimera. La Arpía es real.
No tiene sexo, ni edad, ni aspecto físico determinado, está en todas partes y puede causar auténticos estragos

Los duendes, tan pequeños que no se ven e igualmente mitológicos, son guardianes de los bosques. En las casas, cuando se producían ruidos sin saber la causa se decía que había duendes. No causaban miedo, más bien desasosiego


Duende
Duende

Los sátiros, otros seres de leyenda, eran ardientes y lascivos genios de los bosques y las montañas. Se aplica a los rijosos y las madres prevenían a las hijas para que no fueran violadas por alguna de estas personas


satiro
Recreación de un sátiro mitológico

Cualquier insecto o alimaña era empleado para asustar: arañas ("¡Que viene una araña y te come!"), culebras, salamandras (se decía que la picadura hacía caer el pelo).

Nos acogotaban las cosas terribles que se contaban de los bandoleros, aún con recordada y épica fama, en ocasiones feroces y violentos y en otras luchadores activos por las causas más desfavorecidas. Robaban sin piedad a unos para, a veces, ceder generosamente a otros el producto de lo robado. Legendarias las figuras de Diego Corrientes, José Ulloa El Tragabuches, José María Hinojosa El Tempranillo, Joaquín Camargo El Vivillo, Francisco Ríos El Pernales, El Bizco de Borge, Juan Caballero El Lero, Juan José Mingolla Pasos Largos, el madrileño Luis Candelas y hasta los vascos Pedro Dorronsoro Galtxagorri o Francisco Aranaz Patxikubaliente.


Bandoleros famosos
El tempranillo, El Pernales y Luis Candelas

Y la de los brutales y crueles asesinos: Enriqueta Martí La vampiro de Barcelona, con más de 25 niños asesinados a los que extraía la sangre para fabricar elixires de salud y de eterna juventud. Fue linchada por varias reclusas en la cárcel en 1912

Manuel Delgado Villegas El Arropiero, que se le encerró para siempre en un psiquiátrico. Durante años estuvo de un lado para otro cometiendo crímenes sin parar.

Francisco García Escalero, un mendigo que ya en su infancia visitaba los cementerios y se colaba en las funerarias para acostarse junto a los cadáveres que tanto le atraían, asesinó a más de una docena de personas, llegando a decapitar a algunas de sus víctimas y a comerse parte del corazón de otras.

Más reciente, José María Jarabo, el señorito vividor, mujeriego y drogadicto, un psicópata que mató en Madrid a 4 personas en el transcurso de unas horas. En la madrugada del 4 de julio de 1959 el verdugo lo sentó en la silla del garrote vil para darle una agonía que duró más de veinte minutos.


Asesinos
Enriqueta Martí, El Arropiero, Francisco García Escalero y José María Jarabo

Y los gitanos, en su mayoría nómadas entonces y de difícil inclusión social. La gente los relacionaba con la delincuencia, el rapto de niños, los oficios deshonrosos, la vagancia y las artes paganas como el mal de ojo. Eran asustaniños habituales: "si no comes, te lleva la gitana".

INDICE

75 CUÉNTAME UN CUENTO

La narración oral, ya sea de historias reales o ficticias, es una tradición que se remonta a la prehistoria, cuando los miembros de las tribus se reunían alrededor del fuego para escuchar las aventuras de los cazadores.

La figura del Cuentacuentos —o también cuentista, o cuentero—, pertenece, pues, a un personaje ancestral que verdaderamente se pierde en la noche de los tiempos, una noche muy oscura que sólo iluminaban la luna, bien las estrellas cuando el cielo no estaba cubierto por las nubes, bien la hoguera, fuese a la intemperie o bajo techado. Quien no faltaba nunca a la reunión, era el público, compuesto siempre por mayores y también pequeños. Maravillados, boquiabiertos y estupefactos, asistían sin interrumpir y al final pedían más, una continuación que el orador prometía para una próxima velada.


Narración oral en la prehistoria
La narración oral se remonta a la prehistoria

Esta tradición ha dado lugar a numerosas formas literarias específicas, como los romances, las coplas o los cuentos de hadas, surgidas en tiempos en que el analfabetismo era generalizado y la gente escuchaba las historias que contaban narradores profesionales como los juglares o los trovadores y, posteriormente, los ciegos que recorrían pueblos y ciudades cantando sus aleluyas a cambio de limosna.

Los juglares se diferenciaban de los trovadores por sus orígenes más humildes, por tener como fin entretener y no ser autores de sus versos. Su repertorio solía estar formado por escenas selectas de cantares de gesta de autores anónimos, protagonizados por héroes y caballeros que realizaban hazañas legendarias y personificaban los valores más apreciados por la sociedad medieval, como fue el caso del Cantar de Mío Cid. Actuaban, además, como cómicos ambulantes y bufones, realizaban ejercicios circenses y juegos malabares y bailaban y tañían instrumentos sencillos.

Al grito de "¡Prestad atención a lo que quiero deciros!", las gentes acudían en masa a las plazas de los pueblos para escuchar, y gracias a ellos, sus relatos corrían de boca en boca hasta llegar a los lugares más recónditos


Juglares
Recreación de los antiguos juglares en un actual mercadillo medieval

Los pliegos de cordel eran artículos impresos, en pliego suelto, que cantaban y vendían los ciegos desde los primeros tiempos de la imprenta en el siglo XV y hasta casi terminado el XIX. Atados a un cordel o caña, formando un cuadernillo de pocas hojas, estaban destinados a propagar textos presuntamente literarios para el gran público, de temática histórica, lírica, religiosa o de otra cualquier índole, pero siempre con amplias ilustraciones grabadas y abundante truculencia y sensacionalismo, y muchas veces en forma de coplas o aleluyas.


Pliego-aleluya de cordel
Pliego-aleluya de cordel

Estos romances de ciegos solían comenzar con una llamada de atención al personal, similar a ésta:

"Hombres, mujeres y niños,
mendigos y caballeros,
paisanos y militares,
carcamales y mancebos.
El que ya no peina canas
porque se quedó sin pelo,
y el que el tupé se compone
con bandolina y ungüento..."

Si la narración era larga, para evitar que se le marchara la clientela, hacían intermedios que a veces aprovechaban para vender medicinas o diversos tipos de potingues, y anunciaban la continuación de la siguiente manera:

"Fin de la segunda parte,
éstas dos no pintan nada,
la tercera es la que vale..."

El final irremisiblemente solía ser una invitación a la compra del pliego, si les había gustado el recitado:

"Y aquí se acaba el romance
que en el pliego escrito está,
sólo dos céntimos cuesta
a quien lo quiera llevar"
.

Romances de ciego
Romances de ciego

En los pueblos españoles, y no hace falta remontarnos a demasiado tiempo, era frecuente que alguien asumiera la función del cuentacuentos, a cambio, en ocasiones, de vino a discreción y de una atención respetuosa. El respeto no significaba silencio, puesto que la narración se podía interrumpir con aplausos o abucheos según la impresión que causaban los lances favorables o adversos de los personajes.


Cuentacuentos
Cuentacuentos

Caso especial eran las murgas de carnaval, en plan satírico, que inventaban e inventan cuchufletas o letrillas de crítica hacia hechos locales o nacionales. Como la que en Criptana, en 1928, El Bonillo, un esquilador de mulas y famoso personaje todos los años en los carnavales, subido en un carro a manera de carroza y vestido de militar, parando de tramo en tramo y en todas las esquinas para echar el discurso, criticaba la intervención del Gobierno en el precio de la uva. Decía así: "Yo soy Primo de Rivera,/ defensor de los obreros,/ y he de quitar el abuso/ de todos los bodegueros".

Tenía El Bonillo una especial facilidad para componer ripios, versos o coplillas; la misma que Manuel Villacañas, el Portillo que muchos hemos conocido años después, que soltaba sus chascarrillos a todo aquel que se prestaba a escucharlo, y que acabó sus días metido a Sancho Panza bufón por mil y un teatrillos de La Mancha.


Murga
Antigua murga o estudiantina de carnaval

El contar un cuento o historia, sin que el argumento merme o se distorsione, es todo un arte, y al parecer no un arte en exceso difícil puesto que los resultados de esta tradición no impuesta y si placenteramente aceptada, han llegado hasta nuestros días de la mano escritora de personajes tan ilustres como Charles Perrault, Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm y, en España Saturnino Calleja (los Cuentos de Calleja), auténticos notarios de un mundo de leyendas y consejas, que si pervivieron fue porque antes, durante incontables generaciones, hubo quienes se preocuparon de ello simplemente porque les gustaba relatarlas. Y estas gentes fueron muchas y de varia condición, principalmente viajeros que recorrían leguas y caminos y después, por una comida y una humilde yacija, deleitaban a sus oyentes con la narración de aventuras increíbles.

El efecto y el resultado eran siempre los mismos. Calaban tan hondo que fueron sedimento en la memoria y herencia transmitida de padres a hijos hasta el punto que en pasadas generaciones y hoy en día, abuelos y abuelas sobre todo, tíos y tías, padres, madres, hermanos mayores, y muchas más personas, pueden contar cuentos propios del entorno, pero otros que todos conocemos aquí y allá, en un pueblo u en otro, en un país o en el de al lado, en todas las naciones. Universales.


Cuentos universales
Cuentos universales transmitidos de generación en generación


Mi nieto Adrián
Mi nieto Adrián pidiéndome con los ojos que le cuente un cuento...de pan y pimiento

Sentado en las rodillas de mi abuela, empezaba siempre así: "Érase una vez... ", y en ese "Érase", tanto podían salir Caperucita, como Aladino, Blancanieves, el Gato con Botas o Garbancito, personajes entregados a mi avidez infantil que nunca se cansaba de exigir "más, otro cuento más".


Con mi abuela Pepa
Yo con mi abuela Pepa

Y caso también especial son las batallitas del abuelo. En los de nuestra generación representadas gráficamente por las famosas historietas de la Familia Cebolleta, de Manuel Vázquez, que apareció por primera vez en las páginas de la revista EL DDT, de Editorial Bruguera, en 1951. Entre los miembros de la familia destacaba sobre todo el abuelo Cebolleta, que con su enorme barba blanca, su interminable verborrea y obsesionado con contar batallitas, ha pasado al imaginario colectivo y a la lengua común a través de la frase hecha: "Cuentas más batallitas que el abuelo Cebolleta".


El abuelo Cebolleta
El abuelo Cebolleta



Charles Perrault nació en 1628 en París. En 1697 escribió Historias o Cuentos del pasado, más conocido como Los cuentos de la mamá Gansa (por la imagen que ilustraba su tapa), en donde se encuentran la mayoría de sus cuentos más famosos, que han llegado hasta nosotros con la misma frescura y espontaneidad conque fueron escritos, después de recopilados de la tradición oral o de leyendas de exótico origen. Se trata de cuentos morales, indudablemente, pero llenos de un encanto que perdura y que los ha convertido en las lecturas favoritas de los niños.

Los personajes que emplea son hadas, ogros, animales que hablan, brujas y príncipes encantados, entre otros. Al final de cada relato, el autor incluye una moraleja referente al contenido de cada historia. Sus cuentos más famosos:

  • Barba Azul
  • Caperucita Roja
  • El gato con botas
  • La bella durmiente del bosque
  • La Cenicienta
  • Piel de asno
  • Pulgarcito

Perrault
Charles Perrault e ilustración de Doré para Pulgarcito

Hans Christian Andersen nació en 1805 en Odense (Dinamarca). Sus más de 150 cuentos infantiles lo han llevado a ser reconocido como uno de los grandes autores de la literatura mundial. Entre sus más famosos cuentos se encuentran:

  • El patito feo
  • El traje nuevo del emperador
  • La reina de las nieves
  • Las zapatillas rojas
  • El soldadito de plomo
  • El sastrecillo valiente

Andersen
Christian Andersen e ilustración de El sastrecillo Valiente

Los hermanos Grimm es el término utilizado para referirse a los escritores Jacob Grimm y a Wilhelm Grimm, nacidos respectivamente en 1875 y 1876 en Hanau (Alemania). Son célebres por recopilar y elaborar famosos cuentos de la tradición oral:

  • Hansel y Gretel
  • Caperucita Roja (otra versión)
  • Blancanieves
  • El lobo y la siete cabritillas
  • La Cenicienta (otra versión)
  • La Bella Durmiente
  • El sastrecillo valiente (otra versión)
  • Pulgarcito (otra versión)

Hermanos Grimm
Los hermanos Grimm e ilustración de Blancanieves

Saturnino Calleja (Burgos 1853 – Madrid 1915) fue pedagogo, escritor y fundador de la Editorial Calleja. Se hizo famoso por su colección de cuentos económicos al alcance de todos los bolsillos infantiles que tuvieran 5 y 10 céntimos. De esto deriva la expresión "¡Tienes más cuento que Calleja!". Unos cuantos fueron compuestos por el propio Saturnino, pero la mayoría elaborados por escritores anónimos asalariados, algunos de ellos importantes. Eran cuentos con letra pequeña, con algunas ilustraciones en blanco y negro, con un contenido divertido y de lectura amena y rápida.

De invención suya era el final de innumerables cuentos: "...y fueron felices y comieron perdices".

Entre los más conocidos figuran:Las tres preguntas, Testigos con alas, El tesoro del Rey de Egipto, El anillo de Ginés, Chin-Pirri-Pi-Chin y versiones de cuentos universales.


Los cuentos de Calleja
Los cuentos de Calleja

Entre las licencias que Calleja se tomaba en los cuentos que publicaba se encuentran las de cambiar los argumentos, los nombres y los finales: Hansel y Gretel fueron Juanito y Margarita, y Pinocho, modelado por un niño y no por Gepetto, se convirtió en héroe de una serie de aventuras.

Caperucita Roja de Charles Perrault

Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tanto que todos la llamaban Caperucita Roja.

Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.

—Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.


Anda a ver como está tu abuela
Anda a ver cómo está tu abuela

Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:

—Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

—¿Vive muy lejos? —le dijo el lobo.

—¡Oh, sí! —dijo Caperucita Roja—, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.

—Pues bien —dijo el lobo—, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.


Voy a ver a mi abuela
Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla.
Ilustración de Doré

El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.

—¿Quién es?

—Es su nieta, Caperucita Roja —dijo el lobo, disfrazando la voz—, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:

—Tira la aldaba y el cerrojo caerá.


El lobo se avalanzó sobre la abuela y se la comió
El lobo se avalanzó sobre la buena mujer y se la comió.
Ilustración de Doré

El lobo tiró la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.

—¿Quién es?

Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:

—Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

—Tira la aldaba y el cerrojo caerá.

Caperucita Roja tiró la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

—Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.


Ven a acostarte conmigo
Ven a acostarte conmigo

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

—Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!

—Es para abrazarte mejor, hija mía.

—Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene

—Es para correr mejor, hija mía.

—Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!

—Es para oírte mejor, hija mía.

—Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!

—Es para verte mejor, hija mía.

—Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!

—¡Para comerte mejor!

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.

Moraleja

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.


Caperucita Roja de Jakob y Wilhelm Grimm

Érase una vez una pequeña y dulce coquetuela, a la que todo el mundo quería, con sólo verla una vez; pero quien más la quería era su abuela, que ya no sabía ni qué regalarle. En cierta ocasión le regaló una caperuza de terciopelo rojo, y como le sentaba tan bien y la niña no quería ponerse otra cosa, todos la llamaron de ahí en adelante Caperucita Roja.

Un buen día la madre le dijo:

—Mira Caperucita Roja, aquí tienes un trozo de torta y una botella de vino para llevar a la abuela, pues está enferma y débil, y esto la reanimará. Arréglate antes de que empiece el calor, y cuando te marches, anda con cuidado y no te apartes del camino, no vaya a ser que te caigas, se rompa la botella y la abuela se quede sin nada. Y cuando llegues a su casa, no te olvides de darle los buenos días, y no te pongas a hurguetear por cada rincón.

—Lo haré todo muy bien, seguro —asintió Caperucita Roja, besando a su madre.


Caperucita va a visitar a su abuela
Caperucita Roja, aquí tienes un trozo de torta y una botella de vino para llevar a la abuela

La abuela vivía lejos, en el bosque, a media hora de la aldea. Cuando Caperucita Roja llegó al bosque, salió a su encuentro el lobo, pero la niña no sabía qué clase de fiera maligna era y no se asustó.

—¡Buenos días, Caperucita Roja! —la saludó el lobo.

—¡Buenos días, lobo

—¿A dónde vas tan temprano, Caperucita Roja? —dijo el lobo.

—A ver a la abuela.

—¿Qué llevas en tu canastillo?

—Torta y vino; ayer estuvimos haciendo pasteles en el horno; la abuela está enferma y débil y necesita algo bueno para fortalecerse.

—Dime, Caperucita Roja, ¿dónde vive tu abuela?

—Hay que caminar todavía un buen cuarto de hora por el bosque; su casa se encuentra bajo las tres grandes encinas; están también los avellanos; pero eso, ya lo sabrás —dijo Caperucita Roja.


El lobo sale al encuentro de Caperucita
Cuando Caperucita Roja llegó al bosque, salió a su encuentro el lobo

El lobo pensó: "Esta joven y delicada cosita será un suculento bocado, y mucho más apetitoso que la vieja. Has de comportarte con astucia si quieres atrapar y tragar a las dos". Entonces acompañó un rato a la niña y luego le dijo :

—Caperucita Roja, mira esas hermosas flores que te rodean; sí, pues, ¿por qué no miras a tu alrededor?; me parece que no estás escuchando el melodioso canto de los pajarillos, ¿no es verdad? Andas ensimismada como si fueras a la escuela, ¡y es tan divertido corretear por el bosque!

Caperucita Roja abrió mucho los ojos, y al ver cómo los rayos del sol danzaban, por aquí y por allá, a través de los árboles, y cuántas preciosas flores había, pensó: "Si llevo a la abuela un ramo de flores frescas se alegrará; y como es tan temprano llegaré a tiempo". Y apartándose del camino se adentró en el bosque en busca de flores. Y en cuanto había cortado una, pensaba que más allá habría otra más bonita y, buscándola, se internaba cada vez más en el bosque.


Caperucita corta flores para su abuela
Si llevo a la abuela un ramo de flores frescas se alegrará

Pero el lobo se marchó directamente a casa de la abuela y golpeó a la puerta.

—¿Quién es?

—Soy Caperucita Roja, que te trae torta y vino; ábreme.

—No tienes más que girar el picaporte —gritó la abuela— yo estoy muy débil y no puedo levantarme.

El lobo giró el picaporte, la puerta se abrió de par en par, y sin pronunciar una sola palabra, fue derecho a la cama donde yacía la abuela y se la tragó. Entonces, se puso las ropas de la abuela, se colocó la gorra de dormir de la abuela, cerró las cortinas, y se metió en la cama de la abuela.

Caperucita Roja se había dedicado entretanto a buscar flores, y cogió tantas que ya no podía llevar ni una más; entonces se acordó de nuevo de la abuela y se encaminó a su casa. Se asombró al encontrar la puerta abierta y, al entrar en el cuarto, todo le pareció tan extraño que pensó: "¡Oh, Dios mío, qué miedo siento hoy y cuánto me alegraba siempre que veía a la abuela!". Y dijo :

—Buenos días, abuela.

Pero no obtuvo respuesta. Entonces se acercó a la cama, y volvió a abrir las cortinas; allí yacía la abuela, con la gorra de dormir bien calada en la cabeza, y un aspecto extraño.


Caperucita y el lobo
Caperucita encontró la puerta abierta

—Oh, abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!

—Para así, poder oírte mejor.

—Oh, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

—Para así, poder verte mejor.

—Oh, abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!

—Para así, poder cogerte mejor.

—Oh, abuela, ¡qué boca tan grandes y tan horrible tienes!

—Para comerte mejor.

No había terminado de decir esto el lobo, cuando saltó fuera de la cama y devoró a la pobre Caperucita Roja.


El lobo devora a Caperucita
Y el lobo devoró a Caperucita

Cuando el lobo hubo saciado su voraz apetito, se metió de nuevo en la cama y comenzó a dar sonoros ronquidos. Acertó a pasar el cazador por delante de la casa, y pensó: "¡Cómo ronca la anciana!; debo entrar a mirar, no vaya a ser que le pase algo". Entonces, entró a la alcoba, y al acercarse a la cama, vio tumbado en ella al lobo.

—Mira dónde vengo a encontrarte, viejo pecador! —dijo— hace tiempo que te busco.

Entonces le apuntó con su escopeta, pero de pronto se le ocurrió que el lobo podía haberse comido a la anciana y que tal vez podría salvarla todavía. Así es que no disparó sino que cogió unas tijeras y comenzó a abrir la barriga del lobo. Al dar un par de cortes, vio relucir la roja caperuza; dio otros cortes más y saltó la niña diciendo :

—¡Ay, qué susto he pasado, qué oscuro estaba en el vientre del lobo!

Y después salió la vieja abuela, también viva aunque casi sin respiración. Caperucita Roja trajo inmediatamente grandes piedras y llenó la barriga del lobo con ellas. Y cuando el lobo despertó, quiso dar un salto y salir corriendo, pero el peso de las piedras le hizo caer, se estrelló contra el suelo y se mató.


Un cazador abrió la barriga del lobo y salieron vivas Caperucita y su abuelita
Un cazador que por allí pasaba abrió la barriga del lobo
y salieron vivas Caperucita y su abuelita

Los tres estaban contentos. El cazador le arrancó la piel al lobo y se la llevó a casa. La abuela se comió la torta y se bebió el vino que Caperucita Roja había traído y Caperucita Roja pensó: "Nunca más me apartaré del camino y adentraré en el bosque cuando mi madre me lo haya pedido".



Caperucita roja (versión políticamente correcta de James Finn Garner)

Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.


Caperucita adentrándose en el bosque
Decían del bosque que era un lugar peligroso

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

—Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es —respondió.

—No sé si sabes, querida —dijo el lobo—, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques

Respondió Caperucita:

—Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial —en tu caso propia y globalmente válida— que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.


Caperucita y el lobo
Encuentro de Caperucita con el lobo

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho.

Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

—Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

—Acércate más, criatura, para que pueda verte —dijo suavemente el lobo desde el lecho.


El lobo devoró a la abuela y...
Tras devorar a la abuela, el lobo pensaba hacer lo mismo con Caperucita

—¡Oh! —repuso Caperucita—. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

—Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

—Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y a su modo indudablemente atractiva.

—Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.

—Y... ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!

Respondió el lobo:

—Soy feliz de ser quién soy y lo qué soy —y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.


El lobo se avalanza sobre Caperucita
El lobo se avalanza sobre Caperucita

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnico en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.

—¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? —inquirió Caperucita.

El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.


En esto que por allí merodeaba un leñador
En esto que por allí merodeaba un leñador

—¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! —prosiguió Caperucita—. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?

Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.



Caperucita Roja de Road Dahl, traducida y adaptada por Miguel Azaola

El lobo
Estando una mañana haciendo el bobo,
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
"¿Puedo pasar, Señora?", preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: "¡Este me come de un bocado!"
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
"Sigo teniendo un hambre aterradora…
¡Tendré que merendarme otra señora!"
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
"¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva!"
—que así llamaba al Bosque la alimaña,
creyéndose en Brasil y no en España—.
Y porque no se viera su fiereza,
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fin Caperucita a mediodía
y dijo: "¿Cómo estás, abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!"
"Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas". "¡Abuelita,
qué ojos tan grandes tienes!". "Claro, hijita,
son las lentillas nuevas que me ha puesto
para que pueda verte Don Ernesto
el oculista", dijo el animal,
mirándola con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente
Caperucita dijo: "¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!"
El Lobo, estupefacto, dijo: "¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo…? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa".
Pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revólver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y —¡pam!— allí cayó la buena pieza.
Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el Bosque… ¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que una sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.

El lobo disfrazado de abuelita



CAPERUCITA PARA ADULTOS


Cortometraje Red Hot Riding Hood (Caperucita Roja Caliente), de Tex Avery

Cuando los hermanos Grimm convirtieron Caperucita Roja en un cuento para niños destinado a la audiencia victoriana del siglo XIX, nuestra protagonista pasó a ser una encarnación de la inocencia y perdió todo rastro de la sexualidad que poseía en la tradición francesa.

No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando Caperucita volvió a la vida terrenal de la mano del legendario animador Tex Avery, que la sacó de los bosques europeos y la llevó al Hollywood de los clubes nocturnos. En su cortometraje de dibujos animados para adultos Red Hot Riding Hood, estrenado en 1943, la dulce Caperucita se convirtió en su opuesto simbólico: una bailarina y cantante de un local de strip-tease.


Caperucita Roja Caliente)

Empieza la película de forma tradicional, con el nombre de Caperucita Roja y la dulce heroína portando una cesta llena de comida. Pero de la oscuridad del bosque sale un lobo feroz que exclama: "Estoy aburrido de estas bobadas. Es la misma vieja historia una y otra vez. Si no pueden hacerlo de manera más innovadora yo presento mi dimisión".

A esta reivindicación se suma el resto del reparto, y la película se rebobina y comienza de nuevo con… Red Hot Riding Hood (Caperucita Roja Caliente).

El lobo es ahora un mujeriego, Caperucita una voluptuosa cantante de un club nocturno, y la abuela una madurita acosadora de hombres y celosa de su nieta.

La escena más conocida es cuando el lobo, de punta en blanco, llega en su automóvil dispuesto a pasar una noche de juerga en el club de strip-tease. A pocos pasos se encuentra la casa de la abuela, un burdel coronado por un anuncio de neón en el que puede leerse: "Antro de la Abuela, ven a verme".


La abuela en su burdel
La abuela en su burdel

Y sobre el escenario hace su aparición Caperucita, adornada por una capa roja que se apresura a tirar a un lado junto con su cesta. Esta Caperucita ya no es una niña, sino una explosiva pelirroja enfundada en un cortísimo vestido rojo. Empieza a cantar y bailar y pone frenético al lobo, quien, sentado en medio del público, ulula y aúlla, aplaude y silba. Caperucita continúa cantando mientras menea sus caderas de uno a otro lado y sacude el trasero. Los ojos del lobo saltan y vuelan por el recinto, su lengua se desenrolla para hacer las veces de alfombra roja, y todo él se eleva en el aire hasta quedar petrificado en una erección de cuerpo entero. La reacción era tan enérgica que algunas partes fueron censuradas En cuanto Caperucita termina su número, el lobo estira su brazo hasta el escenario y la arrastra a su mesa. "Vámonos volando a la Riviera", dice con un meloso acento francés.


Caperucita en el escenario
Caperucita en el escenario


Vámonos corriendo a la Riviera
Vámonos corriendo a la Riviera

Red Hot Riding Hood

Caperucita es franca y directa en su respuesta, le basta un ¡NO! ensordecedor seguido de una lámpara de mesa que destroza sobre la cabeza del lobo para apagar su ardor. Pero nuestro playboy no se conforma con la negativa y tras la huida de Caperucita decide seguirla hasta su casa. Y para su sorpresa encuentra allí a la abuela que "le echa el ojo", convirtiéndose ahora el playboy en el acosado. La abuelita es en esta ocasión una ardiente anciana que luce un ajustado vestido rojo y que, al ver al lobo, queda estupefacta. Ahora es ella la que silba, levita y ulula, a medida que lo persigue de una puerta a otra con sus labios listos para besarlo. "Este sí que es un lobo! ¡Auuuuu!".

El lobo enloquece debido a las atenciones que le dispensa la abuela de Caperucita y promete matarse si vuelve a prestar atención a otra mujer. Cuando Caperucita aparece nuevamente en su vida sobre el escenario, el lobo se suicida, cumpliendo su promesa, y es su fantasma el que celebra con silbidos y aullidos la actuación de la protagonista.


Caperucita Roja Caliente
Red Hot Riding Hood

Nada más estrenarse esta pieza, gozó de una gran popularidad, y sus personajes (o variantes de los mismos) fueron reutilizados en cinco historias más a lo largo de los años cuarenta.

Para Avery, los protagonistas de Red Hot Riding Hood trascendían el cuento de hadas del que habían surgido. La bailarina y su lascivo perseguidor no eran simplemente una niña y un lobo, sino personajes y símbolos del drama de la sexualidad humana.


Caperucita en la barrra de strip-tease
Una ensoñación sobre Caperucita, en la barra de strip-tease


Caperucita, la ingenua erótica adolescente. Inicio resumido del relato de Salvador Barrau

Sugerente Caperucita

Existió hace muchos años un país de grandes bosques espesos con gran vegetación, y poblado de animales salvajes. Y cerca del bosque vivía una adolescente de bonito físico, bien alimentada y lozana, que llevaba trenzas, tenía unos ojos azules preciosos y expresivos, y su alegría llenaba la casa de su mamá y de sus amigos, y de todos aquellos que la conocían. Su atractivo no pasaba desapercibido. A los ojos de los muchachos y jóvenes era su sex simbol, con quién soñaban despiertos y dormidos, cerrando los ojos, para vivir su momento de fantasía erótica, propia de la juventud.


Perturbadora Caperucita

Su abuelita le tejió una capa de lana, que tiñó de rojo, por eso su sobrenombre de Caperucita Roja, capa que apenas disimulaba sus fantásticos senos.

Su abuelita vivía en el bosque, donde se encontraba muy feliz haciendo fórmulas mágicas para mantener la virilidad de los campesinos, labradores y leñadores. Aunque la mejor fórmula para los campesinos era ver a Caperucita...

Y algunos otros más...


Caperucita sexy


Anécdota final

El afán franquista por borrar toda huella de la República tras el término de la Guerra Civil, llevo a la aberración de que dictaran consignas para que, entre otras muchas tontunas, no sólo la ensaladilla rusa trocara en ensaladilla imperial o nacional, sino que también el cuento de Caperucita Roja pasara a ser el de Caperucita Encarnada. Incluso hubo alguna publicación con el título de Caperucita Azul, de editor sin duda de los de servil "adhesión inquebrantable" al Caudillo.

INDICE

76 ALGUNOS RECUERDOS DE NIÑEZ Y ADOLESCENCIA

La primera imagen que tengo de mí es sentado en el poyuelo de la puerta de mi casa, en la calle de la Reina, en Criptana, comiéndome un plátano. Debía tener un año y medio o dos, y al parecer era un dengue de mucho cuidado y únicamente era eso lo que me gustaba, fruta entonces casi exótica que sólo vendía la Pata Galana en la Plaza. En aquella casa (veníamos de otra en la calle Cervantes) estuvimos hasta que construyeron una nueva para nosotros un poquito más arriba, junto a la de mis abuelos.


Calle de la Reina
Calle de la Reina

A los cuatro años ingresé en el Colegio Teresiano, en la calle Convento, junto al Pozo Hondo, y me veo en el recuerdo arrodillado junto a la tarima de la mesa de don José Sainz, codirector junto a don Julio Gil, medio jugando con un rompecabezas de piezas de colores con otros tres compañeros de más o menos mi misma edad: Mi primo Falín ( Rafael García-Casarrubios), Santi (Santiago Sánchez-Manjavacas), amigos los dos desde entonces, y Méndez, que nunca supimos su edad, pues el pobre era un poco disminuido y decía, al preguntarle por los años: "cuando se murió el caballo". Me lo he encontrado varias veces y sigue igual, como si no hubiera pasado el tiempo.


Colegio Teresiano
Pozo Hondo. Años 50. Colegio Teresiano a la derecha y la casa de doña Remedios Baillo, la casa undía, a la izquierda

Mi infancia, como la de todos en Criptana por aquellos años, transcurrió en la calle, verdadera escuela de la vida y solar de nuestros juegos. Hoy sería impensable por ejemplo montar un partido de fútbol en ella, con dos porterías improvisadas entre dos piedras o montoncillos de abrigos o jerséis. Los coches apenas pasaban, y de los carros había tiempo para retirarse.


Jugando al fútbol en la calle

Jugando al fútbol en la calle
Jugando al fútbol en la calle

Nada más llegar del colegio y merendar, o con ella en la mano (un buen trozo de pan con una onza de chocolate o una cata en plan sofisticado), nos faltaba tiempo, hiciera frío o calor, para salir corriendo a la calle. Durante el verano, ya de vacaciones, incluso con tiempo añadido, pues volvíamos a salir después de cenar mientras los mayores tomaban el fresco sentados a las puertas de las casas.


Meriendas
Meriendas de catas o de pan con chocolate

Nos juntábamos chicos y chicas del vecindario y jugábamos a todo, desde las cosas sencillas siendo pequeñines como la "gallinita ciega", el "corro", el "pillar" o el "escondite", a las de más edad: "aceitera vinagrera", "las matas", "pies quietos", "correcalles", el "rescate", el "látigo", la "pídola", las "prendas", que incluso tenía su vertiente erótica, o simplemente a hablar, a preguntarnos quién nos gustaba para ser el novio o la novia. Las chicas tenían sus propios juegos, como la "comba" o el "truque", y para los chicos: las "chapas", el "trompo", los "güitos", las "bolas", el "hinque", el "salto del moro", las "artesillas"...

También hacíamos travesuras, algunas de muy mal gusto, como poner un bote con agua en la parte de arriba de una ventana —a veces incluso de orina—, del que partía un bramante fino hasta una piedra en el suelo, cruzando la acera. Se preparaba la fechoría por la noche, en la semioscuridad, y como estaba previsto, el desgraciado que pasaba se llevaba por delante la cuerda y el bote se derramaba sobre su cabeza.


Jugando al trompo
Jugando al trompo

Otra travesura, ésta de día, era atar toquillones. Algunas mujeres de entonces no usaban abrigo, sino que se resguardaban del frío con una especie de toquilla grande (toquillón) hecha de lana, que se ponía sobre los hombros y se recogía en el pecho. Por los bajos tenían una especie de flecos colgantes de unos 10 ó 15 cm. de largo. La broma consistía en atar los flecos de un toquillón con los de otro que estuviera al lado. Cuando las dos mujeres se separaban, para irse cada una por su lado, se veían enganchadas una a la otra y con los toquillones... en el suelo.

Nos divertíamos con cualquier cosa, como echar un pulso entre dos, apostar a quién meaba o escupía más lejos, dar trompiquetas, subirnos en cancabolillos o a cuestas, imaginándonos en un torneo, a caballo, con espadas rudimentarias de madera o arcos y flechas de caña. Bastaba encontrar un montón de arena de una obra para pasar allí toda la tarde haciendo cuevas, o igual con la que se acumulaba en el callejón de las pasaeras, frente a la calle del Monte. Cuando llovía, era una gozada el agua que desde la Guindalera bajaba y cruzaba por allí la calle de la Reina, como un río.


Mear más lejos
¡A ver quién mea más lejos!

Conmigo, formábamos la tropa callejera mi primo Falín y su hermana Carmencita, Antonio y su hermana Isabelita, hijos del zapatero Cayo Mínguez; los hermanos Ortiz, que eran de Alcázar y su padre tenía un taller y venta de bicicletas en el segundo tramo de la calle de la Virgen; Isidorín, el de los almacenes Isasi (esquina de Reina con Paloma), y su hermana; el Buqueque y la Buqueca, Malrrasquilla, los Negus, Santiago Carrasco Asustaestrellas, Moratalla y, esporádicamente, Salucita García-Casarrubios, su prima Carmencita y alguno más de los alrededores que se incorporaba.


la tropa callejera

Yo, a su vez, era muy amigo de Maribel Ortiz, la de la Luz (su padre era el jefe de zona de Centrales Eléctricas Navarro, con oficinas y vivienda enfrente de mi casa); su familia y la mía tenían mucha amistad y yo me iba a jugar a su casa.

Al ir creciendo, la calle se nos quedaba pequeña y volabas a investigar otros lugares, que muchas veces era seguir a compañeros del colegio para conocer otros grupos de chicos y chicas.

Subirnos hasta el "Pozo las Eras" y, por la que nos parecía entonces enorme cuesta de San Sebastián, llegarnos hasta el Santo y luego volver por la del Cerrillo o por la Cambronera, fue el trayecto de nuestras primeras escapadas.


Pozo de la Eras
El Pozo de las Eras

La calle del Monte, su callejón sin salida y su travesía, donde había otra torrentera y se acumulaba agua y arena, eran habituales, Allí conocimos a otra panda, donde Quinito era el jefe. Y a León, que vivía justo en la esquina de la travesía; su abuelo (Diómedes) y su padre tenían una carnicería en la calle de Santa Ana, y su madre era de los Gavillas. Nos hicimos muy amigos de él, y con mi primo Falín y Antonio Mínguez éramos inseparables. Luego se marcharon toda la familia a Madrid —creo que vivían en la calle de Embajadores— y perdimos todo contacto.

Otra excursión, ya cada vez más lejos, era irnos por la calle del Monte, la carretera a Pedro Muñoz y, desde el cementerio, por lo que ahora es el "carreterín de los muertos" y por el Calvario hasta casa. Por supuesto que no estaba urbanizada toda esta parte como ahora, y para nosotros constituía una verdadera aventura. Recuerdo que había en el trayecto un montículo con varios barrancos alrededor que nos entusiasmaba, y que bautizamos como la "montaña de Covadonga". Muchas veces íbamos a tal paraje.


Montaña de Covadonga
Calle de Goya (el carreterín de los muertos) y el descampado

Otra torrentera famosa en Criptana era la que desde la Sierra bajaba por la calle del Caño y el lateral del Pósito (allí había otras pasaeras de piedra) hasta el Pozo Hondo, donde se encauzaba en un caz que se hacía profundo a la altura de las escuelas, entonces ya en descampado, en plenas eras (la famosa de Paco y otras). Siempre había un reguero que manaba en la fuente del Caño, y en los días de lluvia impresionaba la fuerza del agua, como un río, en el recodo de la entonces casa de doña Remedios (la casa hundía). Recuerdo que una vez la riada se llevó por delante el carrete de chucherías del pobre Memé, que perdió toda su mercancía. Por allí correteábamos, reteníamos el agua con presas ideando los más sofisticados sistemas de canalización o hacíamos competiciones de barquitos.


Caz del Pozo Hondo
Por aquí pasaba el caz que bajaba desde la sierra. Las escuelas eran la última construcción

Cruzar la vía del tren por el puente de Arenales o por el paso a nivel y alejarnos más allá de las bodegas Girona y de la fábrica de harinas de los Casado era toda una osadía, tanta como acercarnos hasta el cementerio y rodearlo.


Puente de la vía
Puente en la carretera de Arenales sobre la vía del tren


Paso a nivel
Barreras del paso a nivel en la carretera al puente de San Benito

Atreverse a ir a la sierra tenía su peligro, pues nada más subir por la calle del Caño entrabas en la zona de la temible banda de Bisturí y podías salir con una pedrada en la cabeza. Luego —las vueltas que da la vida— yo lo di clases particulares de apoyo en el Teresiano porque me lo pidió don José Sainz, y él, pasados los años, cuando se casó, le dio a su padre, Juan Manuel Sánchez-Calcerrada, el Bisturí original, practicante de oficio y alcalde comunista en algún período de la Guerra Civil, un consuegro nada menos que guardia civil.

El tirador, pues, en la Sierra, era a veces conveniente como arma defensiva. Lo hacíamos nosotros mismos o lo comprábamos en Chufitas, en la calle de Santa Ana. Consistía, como es bien sabido, en una horquilla de madera o de alambre fuerte que servía de mango y agarre a dos gomas unidas por una badana. En esta badana se colocaban piedras, preferentemente redondas (guijarros), y, tensadas las gomas, se disparaban, alcanzando distancia y contundencia. Pocos de nuestra generación hay que no conserven una señal en la cabeza por causa de una descalabradura.

No obstante, en la Sierra había espacio para todos, podías adentrarte más o menos hasta donde te apeteciera y subir y bajar por donde quisieras. Cruzando la depresión que desemboca en la calle Norte, por donde estaba el antiguo Asilo y la cueva de La Manguita, se llegaba a un farallón descarnado en la piedra con cavidades horadadas que dejaban ver formaciones de cuarzo. No creo que haya chico de mi época que no esquilmara la veta.


Sierra de los Molinos en los años cincuenta
Sierra de los Molinos en los años cincuenta

La mítica "Cueva de la Laguna" era otra posibilidad; se encontraba siguiendo los postes de la luz que pasaban por detrás de los molinos. Tenía dos bocas bajo una gran losa de piedra, una de entrada y otra de salida, y yo pase un par de veces, gateando, con la ayuda de una linterna. Otros lo hacían —una verdadera temeridad— con un trozo de goma encendido. A mitad de recorrido te podías incorporar un poco y había una bifurcación muy estrecha, con signos de derrumbe, que dicen que llegaba hasta la ermita de la Virgen de Criptana cuando allí se asentaba la fortaleza musulmana de Chitrana. Se contaba que hubo gentes que llegaron bastante lejos en ese otro camino, y que había grandes salas con restos de decoración, pero yo creo que mucho de ello era invención.


Cueva de la Laguna
Cueva de la Laguna

Sí existe una leyenda que nos transporta al año 43 del nacimiento de Cristo, y en ella se afirma que el Apóstol Santiago predicó en el cerro donde hoy se venera la imagen de la Virgen, dejando a los habitantes de la antigua Criptana (Chitrana) cuando se fue una imagen de María Santísima, que conservaron hasta la llegada de los musulmanes en el año 715. Se dice que la ocultaron en una gruta que distaba legua y media por el saliente (la hoy llamada Cueva de la Laguna), donde quedó en el olvido y sepultada. Luego, según otra leyenda, el lunes de Pascua de Resurrección del año 1222 la Virgen se apareció a un matrimonio de labradores que faenaban en la ladera del cerro.


Santuario de la Virgen de Criptana
Santuario de la Virgen de Criptana. Años cincuenta

En el camino para ir a la cueva se pasaba por una antigua cantera con una grieta en la roca de unos cuarenta centímetros. Arrastrándote por ella llegabas hasta un espacio más amplio con sedimentos calcáreos de estalactitas y estalagmitas.

En zona urbana, la plazoleta en la trasera de la Iglesia (entonces en construcción), era ideal con su suelo de tierra para jugar a las "bolas". Allí Falín, mi primo, demostraba que era todo un campeón, siempre que no participara El Gato, que era el mejor de todo Criptana.


La plazoleta
Jugando a las bolas en la plazoleta. Al fondo el Hogar del Productor. Años 50

En la contigua calle Murcia (entonces de García Morato) se concentraba un montón de chiquillería, y entre ella la que luego sería mi novia y con la que me casé, Trini Ossorio, pero que entonces ni me fijaba en ella. Acaso sí por estar repetida al tener una hermana gemela casi idéntica. Y sí seguro que competí con ella o fui compañero muchas veces en el juego del "pañuelo", que allí era muy habitual.


Gemelas Ossorio
Trini Ossorio, ahora mi mujer, y su hermana gemela Pili. ¿Quién es quién?


Gemelas Ossorio
De nuevo las gemelas Ossorio unos pocos años después,
con Nati Cedenilla, Begoña Ortega y otras amigas en una romería en la Virgen


Correrías infantiles
Correrías infantiles

Algunas veces representábamos obrillas de teatro, cobrando la entrada a una perragorda, y las más de las veces en casa de Falín, en el sótano o en unas camarillas que tenían por la parte de atrás. Casi siempre hacíamos un episodio de Matilde, Perico y Periquín, serial de humor muy en boga en la radio de entonces, o inventábamos nosotros el tema basándonos en cosas que sucedían en la calle o en el pueblo. Un año me trajeron los Reyes una máquina de cine, que también se incorporó a estas sesiones "educativas". Proyectábamos las clásicas peliculillas de cuento infantiles o confeccionábamos nosotros las nuestras, dibujadas en papel de envoltura interior de las tabletas de chocolate, que era el ideal, fuerte y transparente. Hasta poníamos anuncios en el descanso de los comercios de la calle y, ¡cómo no!, de nuestro puesto de chucherías, que lo teníamos.

También, espectáculos cirquenses: de equilibrio, payasos, magia y de malabarismo. Me entrenaba horas y horas con una escoba de las de palo sosteniéndola en equilibrio con el dedo índice, la nariz, la frente, los hombros, los pies… Conseguí una tremenda destreza que aún mantengo. Y lo hacía igualmente con unos platos de plástico que mediante una varilla se hacían girar y rotaban sobre ella. Falín tenía su momento de gloria con una exhibición de baile; él no, un bailarín recortado en chapa con brazos y piernas articuladas que sujetaba con un manubrio y apoyaba en una tabla. Golpeando la tabla rítmicamente con el puño, el bailarín ejecutaba un zapateado. Creo que era un antiguo juguete de su padre o de su abuelo.


Obrillas de teatro
Reprentábamos sketchs de Matilde Perico y Periquín y espectáculos cirquenses

En mi casa, sin lo amigos, también lo pasaba bien, y por lo general escondido por el corral, banduendo. Me entretenía muchas veces haciendo cosas en madera, como espadas o barcas, casi siempre talladas a fuerza de navajilla. A nuestro vecino Ruperto, el carpintero, lo tenía aburrido de pedirle tablas.

Otra especialidad mía era la de "domesticar avispas". Tenía suficiente materia prima en el corral de mis abuelos, comunicado con el nuestro, atraídas por el néctar de las uvas de una parra. Cuando andaban posadas en el agua de algún cacharro para beber, las empujaba e impedía que salieran hasta que aparentemente se ahogaban; luego descubrí que poniéndolas al sol poco a poco se reanimaban, pero mientras tanto había conseguido sacarles el aguijón y ponerles un hilo largo atado por la cintura. Cuando volvían a la vida por completo ya no picaban, aunque instintivamente lo intentaban, y al levantar el vuelo estaban controladas por el hilo que yo manejaba. Con ellas asustaba a mis primas de Arenales y de Pedro Muñoz, que todos los años, en el verano, pasaban larga temporada en casa de los abuelos.


Domador de avispas
Era especialista en domar avispas

Y en verano, la gran diversión era bañarnos todos los hermanos y las primas en un enorme baño de zinc que poníamos al sol a calentar. Estaba el pobre muy viejo, y lo cuidábamos como oro en paño, pero todos los años teníamos que llamar a un lañador, el hermano Juan, para que lo repasara con estaño.

Con lo animales debía tener obsesión, pues en alguna época que mi madre tuvo gallinas, jugaba con ellas, intentando cogerlas como si estuviera en un safari. Se resistían las condenadas, pero cuando las acorralaba, se asustaban y se acurrucaban. No me extraña el dicho de "eres más cobarde que una gallina". Luego mi madre se extrañaba que no pusieran huevos en varios días. Era una travesura, pero no tanta como la de aquel en el pueblo que decían que ponía inyecciones de alcohol a las gallinas.


El terror de las gallinas
El terror de las gallinas

Cuando hacía una "trastá", mi madre salía corriendo detrás de mí con la zapatilla en la mano. "¡Te las cargao chaquetón!", me gritaba, pero me salvaba por los pelos si llegaba hasta el barranco de mis abuelos y me subía por dentro a una parcilla: era mi refugio.

Para los de nuestra generación, ir al cine los domingos era sagrado, al Teatro Cervantes o al Rampie, a la primera función cuando éramos más chicos o a la segunda, pero siempre, con la paga reciente, cargados de chucherías.

Cerca del Rampie podíamos hacer nuestras compras en "el cuartillo" de Juandela (entonces en la calle Castillo, frente al cine), en el "confesionario" —eso parecía su puesto ambulante— de "María la que pincha" de la esquina de Valera, o en La Punciana, un poquito más alejada, en la carretera de Pedro Muñoz, esquina a la calle de la Paloma, en un cuarto con puerta a la calle que se mantiene como entonces, incluso con la fachada sin revoco.


Cine Rampie
Calle de la Reina en el cruce con la calle Castillo. A la izquierda estuvo el cine Rampie,
y alrededor el "cuartillo" de Juandela y el "confesionario"


La Punciana
Y aquí el cuarto de La Punciana, en la carretera de Pedro Muñoz esquina a la calle de la Paloma

Y si íbamos al Teatro Cervantes, allí mismo a la puerta, en el puesto de la madre de los Alcolado; enfrente, en La Pradilla (la mujer del Pradillo, claro), o en las piperas de la plaza: La hermana Castañera, La Pata Galana, La Santa Negra o La Dacia, que se ponía otras veces en la puerta de su casa, en la calle de Santa Ana. En la misma calle de Santa Ana, Chufitas y, ambulante, Memé.


Teatro Cervantes
El antiguo Teatro Cervantes en una fotografía de Semana Santa                                                               Una pipera de aquella época

En las chucherías de entonces, menos sofisticadas que las de ahora, no faltaban los caramelos de todo tipo, boletas de anís, la zaras, los chicles de boleta y de pastilla, figuras de masa de azúcar, pan de higo, chocolatinas, cigarrillos y monedas de chocolate, las chufas, castañas asadas en invierno y pilongas en todo tiempo, y las pipas, que vendían a granel, a perragorda la medida.

Otra variante podían ser los titos de la hermana Cordeles, las berenjenas de Foril, o los puestos de “alcahuetas", que convivían los domingos en la Plaza junto a las piperas.

En verano, los "helaetes" caseros, artesanos, ¡qué cosa más rica!, de cucurucho o de medida, ajustados con unas máquinas especiales entre dos galletas, y de Juandela, Piejo en la Plaza o del zapatero Mínguez, mi vecino, en plan ambulante, empujando su carrete y arrastrando su pata chula.

Y gaseosas y polos de hielo, en fresa, menta o limón, de Leovigildo en la calle Castillo o de Agudo en la calle del Caño y dentro del Teatro. Lo de tomar una gaseosa era muy habitual entonces; no había tantos refrescos como ahora y resultaba más barato. Y si además añadías una torta del Gato, merendabas como un rajá. Con la gaseosa hacíamos a veces lo que los ganadores de una prueba de coches, por ejemplo, hacen ahora, agitarla y... En la oscuridad del cine era muy corriente, y te ponían, claro, en expresión muy del pueblo, auple.


Chuches
Chuches de los años cincuenta: caramelos, piruletas, figuritas de azucar, boletas de anis, pipas, zara, altramuces y helados

Más tarde se fue introduciendo la heladería industrial: los helados Frigo en un local abierto en la calle de la Virgen por Jesús Sanz (antes herrero con don Demetrio) y luego en la calle Castillo, donde toda la familia, los Cabañero, pusieron después el bar Castillo (Los Pepes) tras dejar la repostería del Casino Primitivo. Y los helados Camy, en la confitería Niño, igualmente en la calle Castillo, con sus inaccesibles para nuestra precaria economía mostradores y vitrinas llenas de pasteles; sí los caramelos, y entre ellos los de malvavisco, que se guardaban en enormes botellones horizontales de cristal.


Helados y confiteria
Paipay de propaganda de Frigo, chapa anuncio de Camy y uno de aquellos expositores de caramelos

No todo lo que se compraba en los puestos eran chucherías, también los rollos de pistones, para utilizar en las pistolas de percutor, y los fistones, más grandes que los anteriores, que iniciaban su violenta y ruidosa combustión rozándolos con fuerza sobre el suelo o paredes, y que eran más efectivos si con ellos en la mano se aireaban girando el brazo repetidamente como un molinete.

Lo de la pólvora parece ser que era obsesión, pues en Navidad, y sobre todo tras la Misa de Gozos de los estudiantes, el estruendo de los petardos, que nos proporcionaba Chufitas, era enloquecedor. Tremendo petardazo producía también una mezcla que se hacía con azufre y pastillas de clorato potásico; explotaba poniendo una piedra encima y pegando un fuerte pisotón. Y, cómo no, las bombas con un terroncito de carburo dentro de un bote semienterrado boca abajo; si con otro bote echábamos agua encima o, simplemente, meábamos, cuando el carburo se humedecía desprendía gases, y al acercarle la llama de una cerilla, el bote volaba por los aires.


Pistolas
Pistolas, rifles y toda la parafernalia de pistones y corchos detonantes.
Y también los pistones o "fistones" de fricción, los petardos y, para variar, las pistolas de agua


Juguetillos de plástico
Primeros juguetillos en plástico como el controlador...aéreo o el cine...3D

Volviendo al cine, fue éste el gran espectáculo de nuestra niñez y juventud, la gran fábrica de sueños, prácticamente crecimos con él. Vimos grandes películas. Y siempre recordaré Scaramouche, una película de espadachines en la Francia pre-revolucionaria, con Stewart Granger y Eleanor Parker, que debió ser —creo— la primera que vi en color.

Muchos jueves había cine, con entrada de pago o con pases de invitación que daban con la de los domingos. Solían ser programa doble en sesión continua, con una película más o menos aceptable y otra verdadero bodrio, muchas veces de una serie mejicana del Santo enmascarado, que no nos gustaba ni a los chicos.


El cine
El maravilloso mundo del cine

Cuando llegaba el buen tiempo cerraban los cines normales y abrían las sucursales veraniegas al aire libre, con sesión sólo, obviamente, por la noche: en la calle del Caño, el Imperio, más bien un corral, y en la calle Veracruz, el Parque Cine Ideal, muy fresquito y agradable. Y el Capitol, en la carretera de Alcázar, en el antiguo taller de los Manolillos y por ellos administrado. En cualquier caso, era una verdadera gozada disfrutar de la película con un buen cucurucho de pipas, un bocata, un polo o un refresco; y de mayores, con un botellín de cerveza y, si se terciaba, fumándote un cigarro.

Había gente que se subía a la sierra para ver —pero no oír— las pantallas de los cines de verano. Las economías no estaban para muchos dispendios, y con tal de no pagar se hacía de todo, incluso acondicionar terrazas en alto en las casas cercanas a los cines y, por supuesto, intentar colarse.


Cines de verano
Uno de aquellos cines de verano

Muchos domingos por la tarde, antes de ir al cine, seguíamos el arroyo del Pozo Hondo hasta toparnos con las vías del tren. Allí nos fumábamos los pitos que habíamos comprado por suelto, prendíamos temerariamente fuego a algunos rastrojos y cardos y contábamos los trenes que circulaban. A veces saludábamos a los pasajeros con un movimiento de mano; pero las más de las veces, lo clásico era mandarlos a tomar por culo, haciéndoles el clásico corte de mangas. Siempre colocábamos monedas en los raíles al paso del tren, que quedaban aplastadas, con la figura de Franco desfigurada. Y siempre teníamos que hacer el camino de vuelta corriendo, pues el cine empezaba y no nos queríamos perder ni el Nodo.

De mayorcillos, con novieta, la fila predilecta del cine era la última, la de los "mancos", el único sitio donde se podía tener una cierta intimidad.


Andanzas por la vía del tren

El puesto de tebeos era otra de las distracciones cuando se tenía algo de dinero. La librería de Arias, en la esquina de la calle de la Virgen con la del General Pizarro, nos surtía, primero con La Concha tras el mostrador y luego con El Sordete y su mujer. Decenas de títulos colgaban desde una cuerda a lo alto del mostrador, prendidos con pinzas de tender la ropa. Los había de risa como el TBO, que dio nombre a todos los demás, con historietas tan conocidos como las de los inventos del profesor Franz de Copenhague o la familia Ulises, el Tío Vivo, DDT, Mortadelo y Filemón, Pulgarcito, Pumby, Jaimito... Tantos y tantos personajes que se hicieron como de la familia: Bonifacio y Carpanta, Zipy y Zape, Petra criada para todo, Las Hermanas Gilda, El loco Carioco, Rigoberto Picaporte solterón de mucha porte, Anacleto agente secreto, Pepe Gotera y Otilio, Botones Sacarino, Super López, Bartolo el as de los vagos, El reporter Tribulete, La familia Cebolleta, Rompetechos... o los de la desternillante 13-Rue del Percebe.


Librería Arias
Aquí estuvo la librería y puesto de periódicos y tebeos de Arias


Tebeos de risa
Tebeos de risa

Y de aventuras: El guerrero del Antifaz, El Capitán Trueno, El Cachorro, El Jabato, El Corsario de Hierro, Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas Bélicas, Mendoza Colt, El Aguilucho, Sargento Furia, El Cruzado Negro, Flecha Roja, El Llanero Solitario, El Coyote, Garras de Muerte, El Príncipe de Rodas, Apache, Diego Valor, Rayo Kit, El Espadachín Enmascarado, Las aventuras de Boro-Kay, Sigur el Vikingo, Pantera Negra, Bengala, Superman, Batman, Spíderman, Juan Centella


Tebeos de aventuras
Tebeos de aventuras

Y para las chicas: Florita, Mis Chicas, Azucena, Mariló, Sissí, Lily, Mary Noticias, Susana e infinidad de cuentos de hadas y encantamientos


Tebeos para chicas
Y para las chicas

Había sobres sorpresa con tres tebeos que resultaban más baratos, pero eran números atrasados que venían con un pico cortado y muy difíciles de cambiar, que eso también se hacía entre nosotros, mirando si estaban más o menos nuevos, doblados, sin pintarrajear o si eran de las colecciones de más éxito.

En la calle de la Reina, mi vecino Juanjito, aunque un par de años mayor que yo, era el que más tebeos tenía de todo tipo, y me los dejaba para leer. Y otro, mi amigo Antonio Mínguez, éste especializado en los del Capitán Trueno, El Jabato y El Cachorro.

Coleccionar cromos era otra de nuestras aficiones, y cualquier sitio resultaba bueno para consultar la lista de los que nos faltaban y cambiarlos por los "repes". Los pegábamos en los álbumes con engrudo, una pasta que se hacía con harina y agua. La mayoría de ellos salían entonces en las tabletas de chocolate y chocolatinas. Recuerdo las colecciones de Coches, Barcos, Aviones, Conquista del Espacio, Artistas de Cine, Sissi, Equipos de Fútbol, Boxeadores, Historia de las Armas, Animales, Plantas, Don Quijote, Blancanieves, La Cenicienta


Cromos
Colecciones de cromos

Ya había hecho la Primera Comunión en 1956, con un traje blanco de pantalones largos que anteriormente había utilizado mi hermano Valeriano, y al que luego cortaron las perneras y yo usé para los domingos. Tras la ceremonia hubo en mi casa invitación a chocolate con tortas del Caballista. Y hasta la hora de comer y por la tarde, como era costumbre, mi madre me llevó a recorrer todas las casas de familiares, vecinos y amigos para que vieran lo guapo que iba. Yo no estaba mucho por la labor, pero tenía la recompensa de las propinas que te daban, que fueron muchas. Lo inmediato fue que me compraron una alcancía (una caja de hojalata con su llave y ranura) para guardar el dinero, que yo recontaba con deleite, como si fuera un "judío".


Primera Comunión
Mi primera Comunión

Para prepararnos en la fe de Cristo íbamos a la Doctrina los domingos después de comer, en la ermita de la Madre de Dios, con Santiago, que tanto colaboró en la iglesia (el primer seglar que en el pueblo fue autorizado a dar la comunión), de catequista. Para que tuviéramos perseverancia y no faltáramos nos daban vales que en Reyes canjeábamos por juguetes o libros.

Una vez hecha la Comunión pasábamos a Acción Católica, la asociación internacional de seglares católicos fundada por el Cardenal Joseph Cardijn en 1920 dentro del seno de las propias parroquias. Los consiliarios o directores espirituales por aquella época y uno detrás de otro fueron dos curillas jóvenes, don José María Chicón y don Juan Miguel, que salieron tarifando por problemas de faldas. Con el tiempo, don Juan Miguel abandonó el sacerdocio. Pero los que verdaderamente llevaban todo el movimiento de jóvenes eran Manolo Briega, Manolo Santos y Paco Olmo. La sede de Acción Católica estuvo durante muchos años al principio de la calle de la Virgen, en el piso superior de una casa que derribaron para construir la actual y el pasaje hacia la calle de la Reina. En la parte baja tenían los Calcerrada, de Alcázar de San Juan, la "alcahuetería", que abrían sólo los domingos. En aquel piso pasábamos muchas horas, pues aparte de en él impartirnos la formación cristiana, funcionaba como lugar de reunión, como una especie de club.


La Acción Católica
Santiago, don José María Chicón y don Juan Miguel Villar


La Acción Católica
Aquí estuvo, al principio de la calle de la Virgen y frente a la Casa del Conde, la sede de Acción Católica

Durante el verano se organizaban marchas a la Huerta del Bajo, por el santuario del Cristo de Villajos; nos bañábamos y regresábamos por la tarde, después de todo un día de corretear por el campo. Noche también de camaradería, de juegos y canciones era la Vigilia de Santiago, en la ermita de San Isidro, sin que faltaran por ello sus momentos de oración y la misa mañanera.


Huerta del Bajo y San Isidro
La huerta del Bajo y la ermita de san Isidro al anochecer

Auspiciado por Acción Católica fue el Cine Parroquial, en una estrecha y larga dependencia del Convento con raquítica entrada por el callejón, y con programa de películas del más claro tinte nacional católico. Se abrió, supongo, para retirar a la juventud y a la infancia de la influencia perversa de las películas pecaminosas y libertinas que ponían en el Rampie y en el Teatro Cervantes.


Cine Parroquial
En esta fotografía del lateral del Convento, antes de su restauración,
se aprecia la puertecilla de entrada a lo que fue el Cine Parroquial

Y como club funcionaba el entonces flamante Hogar de la Falange y del Frente de Juventudes (luego ambulatorio de la Seguridad Social y ahora Centro de Asociaciones), al final de la calle Álvarez de Castro, junto a las escuelas del Pozo Hondo. Fue inaugurado el 30 de mayo de 1956 por José Luis Arrese, entonces ministro secretario del Movimiento.

El Frente de Juventudes fue instituido en 1940 como una sección de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, el partido que a imitación de los que sustentaron a Hitler en Alemania y a Mussolini en Italia creo aquí en España José Antonio Primo de Rivera. El objetivo de esta sección juvenil era proporcionar a la juventud masculina educación política, física y deportiva, cultural, moral, social y religiosa acordes con el Régimen fascista de Franco y formar la base de la futura militancia del Movimiento Nacional. Las chicas tenían la Sección Femenina, engendro bajo la dirección de Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador.


Hogar de la Falange
Aquí estuvo el Hogar de la Falange

El Frente de Juventudes tenía encomendada la docencia en las disciplinas relacionadas con la educación política, física y deportiva en los niveles de enseñanza secundaria y universitaria. En el Bachillerato teníamos una asignatura que era la Formación del Espíritu Nacional (FEN), de cuyo contenido cualquiera imagina por dónde iban los tiros: el Fuero de los Españoles, los Principios del Movimiento, el Sindicato Vertical y los diversos organismos que configuraban el entramado político de la Dictadura.

Como profesor de esta asignatura y también delegado local de la Falange tuvimos durante unos años a un tal don Jesús Negro, que vino impuesto por las autoridades competentes. Alto, atlético, muy guapito él, con bigotito estilo de la época y andares y comportamientos de gallito de corral, causó estragos entre las féminas en edad de merecer, y a más de una chuleó.


Frente de Juventudes
Fotografías de Franco y Jose Antonio que presidían todas las escuelas de la época,
libro de FEN, escudo del Frente de Juventudes y un viejo carnet de Falange

Aquello, aunque Franco lo mantuvo con mano de hierro por llamarlo de alguna manera hasta su muerte en 1975, la tímida apertura de España al exterior y su ingreso en la ONU en 1955 obligó a finales de la década de los años cincuenta y principios de los sesenta a hacer algunos cambios, y es así como el Frente de Juventudes se transformó en la Organización Juvenil Española (OJE), un híbrido entre la antigua entidad fascistoide y los Boy Scout, y cuya sede quedó en el mismo sitio. Para la Falange, por el contrario, hubo que construirse aprisa y corriendo otro hogar, la hoy Casa de la Cultura.

En la OJE fue nombrado jefe local el entonces maestro en "El Palomar" don Ángel Molina, para nada político, todo lo contrario, de gran carisma, que nos arrastró a toda la juventud, con alguna reticencia en mi caso por parte de mis padres, a apuntarnos en la nueva organización y a convertir sus sede y sus instalaciones en un lugar de convivencia. Pasábamos horas y horas jugando al fútbol (por fin un campo con porterías y no el recurso hasta entonces de las eras) o haciendo cualquier otro tipo de deporte, incluido el atletismo, que hasta entonces era desconocido para nosotros. También practicando el ping-pong, del que me hice verdadero especialista; y como el que ganaba cada partida seguía jugando, ocurría que muchas tardes no abandonaba la mesa de juego. Estuvieron de conserjes Otilio y después Casimiro, que todos los de mi generación conocimos, los dos malparados tras graves accidentes.


OJE
Uniforme, hebilla del cinturón y Libro de Actividades de la OJE

El carné de la OJE me salvó unos años después de un gran aprieto. Regresaba al pueblo desde Madrid en el tren, solo, con catorce o quince años, y pasó la "Secreta" (inspectores de policía) pidiendo la documentación, cosa muy corriente en esa época. Y como no tenía aún DNI ni iba acompañado al ser menor, me sacaron del compartimiento, con mi maleta en la mano, y querían echarme del tren en la primera estación que parara para ponerme allí en manos de las autoridades pertinentes. Menos mal que me acorde del carné de la OJE, que resulto ser mano de santo, incluso faltó poco para que tras las excusas se cuadraran ante mí saludándome.


Carnet de la OJE
Mi carnet de la OJE

Volviendo a las innovaciones políticas, éstas trajeron también como consecuencia que la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, pasara a ser Formación Política a secas, o incluso Formación para la Convivencia. El cambio se realizó en el año 1959, al iniciar yo el tercero de Bachillerato, y el libro para esta nueva etapa y curso fue Luiso. María, matrícula de Bilbao. Era una novela escrita por José María Sánchez Silva (un falangista), autor también de Marcelino, Pan y Vino, de la que había que sacar enseñanzas para nuestras propias vidas. Trataba de los afanes y esperanzas de una familia de Bilbao, los Urteche: el abuelo, un anciano lobo de mar, pretende que su nieto Luiso siga su carrera y comande, como hicieran sus antepasados, el barco María, de 6.000 toneladas, recientemente modernizado.


Formación Política
Algunos de los libros de Formación Política de finales de los cincuenta y años sesenta

Otros lugares de reunión eran los futbolines, el del Feliso, en la calle de la Virgen, donde su hijo Juli (compañero mío de colegio) tiene en la actualidad, en un local muy renovado, un comercio de "Todo a cien", y el de Moratalla, en la calle Castillo, mas arriba del bar del mismo nombre, con su padre de ayudante y él atendiendo también el despacho de los Transportes Crima, justo enfrente. Los dos tenían futbolines, que daban el nombre, billares y las primeras máquinas recreativas, mecánico-eléctricas (para nada electrónicas), que salieron al mercado, las famosas Flipper. El Feliso añadía a su negocio, además, la venta de tabaco (marcas americanas e inglesas que decían de contrabando) y hasta perdigones de plomo para las escopetas, que subiendo a la galería del patio por unas empinadas escaleras, donde vivían, te suministraba su mujer, La Boni, en unos liotes de papel. Era El Feliso todo un personaje, que hasta tuvo en tiempos un café con actuaciones esporádicas de cantantes, en un local en la calle de la Virgen, frente a la del general Pizarro, que también fue sede de los futbolines y luego de la pescadería de Manolín.


Futbolines
Aquí estuvo el futbolín del Feliso


Futbolines
Y aquí, a la derecha, el de Moratalla

El futbolín fue inventado por Alejandro Finisterre, un periodista y poeta gallego que estando en el hospital por haber sido herido en uno de los bombardeos de Madrid en la Guerra Civil, y viendo a muchos niños también ingresados que no podían jugar al fútbol, pensó en tan brillante idea.

Es un juego que requería y requiere reflejos rápidos, tacto delicado, control de la pelota, regate al contrario y disparo fuerte y seco o colocado. Se puede jugar individualmente (uno contra uno) o por parejas. Había verdaderos especialistas que se mantenían horas y horas jugando (lo normal era hacerlo al "pierde-paga", dejando los perdedores paso a nuevos rivales); otros en cambio, resultaban unos "mantas", que se dejaban golear y encima, por ser unos "manisos", acababan tiznados con el unte de las barras.

Si en el lance del juego se rompía alguno de los monigotes (futbolistas) de madera, presto llegaban a repararlo entre imprecaciones a las que ya estábamos acostumbrados ("tonto, jodío", "indio de la India puta", de los más celebrados del Feliso), y aprovechaban para engrasar las barras con el unte negro que tenían en un bote y aplicaban con una pluma de paloma. Los equipos tenían diferentes versiones, pero casi siempre un Real Madrid- Atlétic o un Madrid-Barca.


Futbolín
Futbolín


Flipper
Máquina recreativa Flipper

El juego del billar normal o de carambola se realiza con dos bolas blancas y una roja, impulsando con el taco una de las blancas para que golpee a las otras dos. La consecución de carambola válida da derecho a seguir tirando; en caso de fallo, pasa el turno al otro jugador, que tira con la blanca contraria a la que usó el anterior.

La modalidad a tres bandas, similar al anterior, obliga a que la bola jugadora haya tocado al menos tres bandas antes de completar la carambola.

En cualquier caso, las partidas, entre dos o más jugadores o incluso por parejas, podían acordarse a un determinado número de carambolas o a un tiempo establecido de antemano. El perdedor o perdedores eran, naturalmente, los que efectuaban el pago.


Billar
Mesa de billar, reloj para controlar el tiempo de juego, ábaco para marcar
las carambolas, tiza para la zapatilla de los tacos y taquera

En el billar americano, que apenas si se jugaba en Criptana, se requiere una mesa especial con seis agujeros, y en ellos deben introducirse quince bolas siguiendo reglas específicas a varias modalidades.

Y una especialidad autóctona de Campo de Criptana era las "105", variante del billar normal de carambolas, pero poniendo por medio diez piececitas de madera, como peones de ajedrez, que puntuaban individualmente por 10 cuando eran derribadas en una tirada con carambola. Era fácil llegar a puntuación tan alta, pero igualmente fácil, como en el juego de las siete y media, pasarse y quedar eliminado. Y a la incertidumbre propia del juego, se añadía el suspense por una bolita que cada jugador extraía de una especie de botella de cuero, y cuyo valor grabado en ella, conservado hasta el final en secreto, se sumaba a lo conseguido en el tapete. Así nadie sabía si algún jugador estaba a punto de llegar a la cifra ganadora.

Era muy propio de un tal Marcelo, campeón supremo en esto de las 105, rematar con la última carambola y, mientras dejaba el taco sobre el tapete lenta y ceremoniosamente, decir engreído a los abatidos perdedores y a todos los mirones: "Ésas son si no caen más".


Las 105
Las 105

Si ocasionar una avería en los futbolines provocaba que El Feliso te "soltara los perros", utilizar el taco del billar incorrectamente de tal manera que pudiera causar la rotura del tapete o que alguna de las bolas se saliera de la mesa y cayera al suelo, le producía los siete males: ¡se cagaba en todos los santos! Y si acaso se llegaba a ese extremo de hacer un "siete" en la franela —nunca vi el caso— supongo que hubiera salido corriendo a por su famosa escopeta, aunque el perseguido quizá estaría a salvo por eso de "fallas más que la escopeta del Feliso".

Recuerdo en parte unos malísimos ripios que en su día hice, no sé si por cachondeo o para presentarlos en algún trabajo escolar, dedicados a los futbolines del Feliso, una verdadera tontuna:

Se pasa por largos portales
como si fueran andurriales.
Adentrándonos en el patión,
ya se divisa el antrón.
Allí van tipos viciosetes…
como Marcelete.
Y de mala calaña…
como Metralla.
Según echas las pesetas,
caen las boletas.
El billar tiene cuatro aristas,
según dicen los billaristas…

También íbamos a jugar al billar o a ver jugar a los casinos, al de la Concordia y al Primitivo; había gente espectacular, e incluso algunos, como Ramón Cacharra, el padre, tenía su propio taco en un expositor con tapa de cristal.

Muchos domingos, cuando jugaba aquí la Unión Criptanense, íbamos al fútbol, al viejo campo Agustín de la Fuente, aún sin gradas y con terreno de juego de tierra. El más forofo de todos era el padre de mi amigo León, que no se cortaba un pelo en mentar a la madre de los jugadores contrarios y por supuesto a la del árbitro. Las rivalidades eran tremendas entre los pueblos, sobre todo con el Tomelloso, y rara era la vez que el refere no tenía que salir escondido en la cesta del utillaje del equipo visitante por esperarle a las puertas de los vestuarios una masa enardecida y con ganas de pegarle una paliza. El refere (referee) era el árbitro, y es que entonces se seguían utilizando muchas palabras inglesas, algunas con pronunciación muy a lo castizo, para referirse a lances o personajes alrededor de fútbol (Foot ball). Como corner por saque de esquina, ful (foul) por falta, Friki (free kick) por tiro libre, ligue (league) por liga, manager o mister por entrenador, orsa (or side) por fuera de juego o ten (team) por equipo.


Unión Criptanense
La Unión Criptanense al final de los años 60

Al final del verano, algunos domingos bajábamos también al Agustín de la Fuente para ver los buenos critérium ciclistas que se celebraban en la pista de ceniza que se montó alrededor del campo de fútbol, primero por el buen hacer y la clase de Perreta, y seguidamente por el entusiasmo que despertó la consagración nacional e internacional de Fernando Manzaneque y luego de su hermano Jesús.


Fernando Manzaneque

Con León, Falín y no me acuerdo si alguno más intentamos montar un grupo vocal, pues de tocar un instrumento no sabíamos ninguno ni papa, y que quedó sólo en eso, en el intento. Aún no había llegado la fiebre del rock, y nuestra línea iba más a lo Machín, Jorge Sepúlveda o, en el colmo de la modernidad, a los Panchos. Contemplado así a la distancia, debíamos resultar patéticos. Nos comprábamos revistas donde venían letras de canciones y ensayábamos en casa de la abuela de León, en la calle del Huerto Pedrero, llevando el ritmo con unas maracas y unos timbales que nos prestaba un tío suyo, el pequeño de los Gavilla, que actuaba en un conjunto. Había un bolero, Piel canela, que bordábamos:

Que se quede el infinito sin estrellas
o que pierda el ancho mar su inmensidad,
Piel Canela. Nat King Cole pero el negro de tus ojos que no muera
y el canela de tu piel se quede igual.
Si perdiera el arco iris su belleza
y las flores su perfume y su color,
no sería tan inmensa mi tristeza,
como aquella de quedarme sin tu amor.
Me importas tú, y tú y tú
y nadie más que tú...

Con el tiempo, luego fui testigo de los primeros balbuceos del conjunto de los Maestronic, con Paco Leal, Santiago Lucas, Honorio Leal, Tony y José Manuel Alcañiz, Antonio Bustamante y José Manuel Angulo Córdulo.


Los Maestronic 1
Una de las composiciones de Los Maestronic en 1965

Los Maestronic 2
Y otra de 1966

José Manuel Angulo
José Manuel Angulo Córdulo actuando en la Fiesta Ye-Ye de 2005 en Las Musas

Los amigos que en mayor o menor grado he tenido ha sido muchos; unos, pasajeros; otros han perdurado.

Por algún tiempo fui, vamos a llamarle amigote, de los hermanos Simó, que hicieron algún curso en el Teresiano (desde pequeños habían tenido los colegios en Madrid). Jugaban los dos muy bien al fútbol, y junto a su casa, en la bodega cerca de la estación del ferrocarril (ahora de los Huertas) había terreno para practicarlo. También nos bañábamos en una gran pileta con el agua que, tras pasar por varias cinas en cascada de sarmientos, venía de la alcoholera. Luego dieron en quiebra, se marcharon y no supimos más de ellos.

Igual con Casado, el de la fábrica de harinas en el camino del Puente de San Benito. No hacía mucha vida en Criptana. Sólo algún verano. Jugábamos en las montoneras de trigo, y no recuerdo haber visto ratas más gordas que las que allí había.

Juan Ignacio, un par de veranos, pues iba al colegio en Madrid; mientras su padre, notario, aquí estuvo destinado.

Ángel Luis Moreno (Pichi), Julián Escribano (Juli el del Feliso) y Juan Manuel Alcañiz eran compañeros del colegio y amigos; salíamos muchas veces juntos, y con ellos y Falín, mi primo, pasé varias veces a la casa tantos años desabitada y hoy desaparecida de doña Remedios Baillo, en el testero de la plaza del Pozo Hondo, la famosa casa hundía. Pichi era también el que posiblemente tuviera más gusanos de seda del pueblo, afición que nos transmitió a muchos entonces.


Gusanos de seda
Gusanos de seda

Casi seguro que los mejores callos de toda España se hicieron en el Casino Primitivo, cuando la repostería la llevaban los hermanos Cabañero, Pepe y Luis, especialidad que luego se llevaron al bar Castillo. Pues bien, si hay que dar puestos, los segundos serían los de mi tía Rosario, madre de Falín. A la manera tradicional, totalmente caseros, con horas y horas hirviendo, cambiando el agua y espumando continuamente, y luego dándoles el toque perfecto de la salsa, el picante y el añadido de todos los demás ingredientes. Siempre que los cocinaba —preparaba cantidad— nos invitaba a los amigos a merendar una tarde con suculento plato. ¡Una gozada!


Callos
Los callos que preparaba mi tía Rosario

A la casa de Pepe Bolita, en la calle de la Virgen, íbamos a menudo a jugar en los corrales, en el pajar o en las cámaras. Alguna vez nos acercábamos con él a la de su tío Primitivo, en la calle de la Reina, vecino mío y todo un figura; ya achacoso, le hacíamos rabiar cambiándole de sitio las cosas y quitándole las ristras de chorizos, y hasta cuentan —yo en esta ocasión no estaba— que un jamón.


Nochebuena de 1960
Nochebuena de 1960. Falín, Pepe Bolita, Santi, Daniel Olivares y yo medio dormido y con pinta de borracho.
Los del cartel y guitarra son otra cuadrilla con quienes hicimos esa noche camaradería

En el verano de 1961 me regaló mi padre una escopeta de plomos por aprobar el cuarto de Bachillerato y la Reválida —lo había preferido a un reloj—, y muchos días salía con Pepe Bolita a cazar pájaros por el campo, por la mañana temprano, andando o montados en un tílburi que tenían tirado por un caballo. Bien, pues antes de acabarse las vacaciones nos llegó la noticia de que iba a meterse a cura, y así lo hizo, sin contar nada a nadie. Mas igual que se marchó, al año siguiente regresó; no le debió ir bien, pero nada dijo ni nosotros le preguntamos. Pasados unos años escribió una carta dirigida a todos los amigos, una carta no demasiado clara pero sí contundente: renunciaba a nuestra amistad. Se marchó del pueblo y fue la última noticia que tuvimos de él.


Mi escopeta de plomos
Mi escopeta de plomos

La casa de Santiago Sánchez- Manjavacas (Santi) era igualmente muy habitual, tan grande, con tantos corrales y camarillas y tan cerca del Parque. Allí, después de una Semana Santa, cuando los chicos influidos por el ambiente jugábamos a sacar santos, hacía yo de “cristo”, atado a una cruz, que para sostenerla habían metido en un pequeño bidón, y todo iba bien hasta que de pronto el armatoste se venció y fui a parar al suelo. Me pude romper la crisma.


Calle de Antonio Espín
La calle de Antonio Espín, camino a la casa, frente al Parque, de mi tan próntamente desaparecido amigo Santi.
Entonces tan diferente a la actual, flanqueada por moreras y árboles de "pan y quesillo"

Luis Pedro Perucho vivía frente a la iglesia del Convento, y en su casa, que fue primera sede del desaparecido Casino de La Concordia (en 1920 pasó a la calle de Santa Ana, frente a la plazoleta de Don Ramón Baillo) y disponía de muchas habitaciones y cuartos para estar un poquito independientes, pasábamos horas y horas escuchando música, pues tenía muy buena colección de discos. Por otra parte, su padre y su madre eran amabilísimos, muy buena gente, y más su abuela, la María del Sastre, a la que teníamos que tener enterada de todo. De Luis decíamos: "Me gusta Peru (por Perucho), la madre de Peru, el padre de Peru y la abuela de Peru; pero lo que más me gusta de Peru es la prima de Peru". Y es que además de su prima Luisina, de la que todos los chicos de nuestra edad estábamos enamorados, tenía otra, rubia, de la familia de su padre, de Las Peruchacas que decíamos, que venía en el verano a la casa de sus abuelos, en la calle de la Reina, y estaba buenísima.


Casa de Luis Perucho
Travesía del Convento. Al fondo la casa que fue de mi amigo Luis Perucho

Otra chica de la que estábamos embelesados todos era la Penalba, rubia también, muy lánguida, e ideal además para dar "el braguetazo" por su fortuna y familia de la alta sociedad, pero totalmente inaccesible: iba sólo en el verano y siempre acompañada de alguna persona mayor a modo de "carabina" o guardaespaldas, y no se relacionaba con nadie ni tenias amigas o amigos.


Nochevieja de 1963
Nochevieja de 1963. En alto: Falín, yo, Pepe Bolita, Daniel Olivares y Paco Valera.
Abajo: José María García Casarrubios, Luis Perucho, Manolo Bachito y Santi

Ir a buscar a José Mari (José María García-Casarrubios) en la calle Castillo, significaba que invariablemente saliera su padre a abrirnos la puerta, dejara todo lo que estuviera haciendo y se pusiera de charla con nosotros, ofreciéndonos ya de mayores un cigarrillo Fetén, que era el tabaco que fumaba. Siempre estaba en casa con el traje puesto, en verano sin la chaqueta pero sí con el chaleco, del que pendía la cadena del reloj de bolsillo. Maestro durante toda la vida en las escuelas del Palomar, fue digno continuador de toda una saga familiar dedicada a la enseñanza que iniciara don Ramón López Manzanares, el "Maestro Manzanares", con calle en el pueblo.

Muchas timbas, de póquer generalmente, se organizaron allí por las noches, en el patio en verano y en el salón-comedor en invierno, al calor de una estufa de zoquetes. Y siempre con un mirón excepcional, un canario en su jaula que era el capricho de sus padres. Una vez hicimos tanto rabiar al pajarito que le dio como un síncope, se quedó tieso colgando de una pata del columpio. ¡Menuda papeleta! Menos mal que fue sólo un instante y enseguida empezó a revolotear.


Casa de José Mari

Con José Mari ocurrió un percance tremendo en el cercao de Ernesto Mellado, donde tenían el taller de calderería. Se habían juntado varios de los amigos —yo también faltaba— de comilona, de caldereta, y como el fuego se resistía en ponerse a tono, cogió un bote con gasolina y lo lanzó sobre las brasas. La llamarada fue espantosa, parte de la gasolina saltó sobre él y empezó a arder como una antorcha. Lo apagaron —tuvieron la serenidad suficiente para ello— como pudieron y rápidamente, abrasado, lo llevaron a don Antonio Ortiz, el médico, que le hizo la primera cura. Todo el verano lo pasó con vendajes y sin poder salir de casa, y aún le quedan las señales en los brazos, que fue la parte más dañada.


Casa de José Mari
A continuación del jardín de los Henríquez de Luna estaba la casa de José Mari. Aquí se aprecia el solar tras el derribo.
Era una casa manchega, de tapial, que mantuvieron siempre perfectamente encalada y con el zócalo en añil

La casa de Paco Valera, en la calle de la Paloma (siempre se decía la calle Corrales) era magnífica, dispuesta en torno a un patio principal con azulejos en las paredes, cubierto éste con montera de cristal y rodeado por columnas que sufrían el peso de la galería cerrada superior. Por el mismo patio, lleno de plantas, se accedía al piso superior a través de una preciosa escalera. Tenía infinidad de habitaciones, no en vano vivían allí dos familias, las dos hermanas Martínez-Santos casadas también con dos hermanos, los Valera. Toda la casa rezumaba empaque: las puertas altísimas, de buenas maderas; las lámparas y apliques, todos de estilo modernista; los excelentes muebles y hasta una capilla con friso tallado en madera. Fue una pena que se derribara.


Casa de Paco Valera
En el solar que ocupa actualmente el edificio de tres alturas de la derecha, estuvo la casa de Paco Valera

Por el corral, cámaras y cocinillas de esta casa campeábamos nosotros a nuestras anchas. Y si acaso no teníamos espacio suficiente nos acercábamos hasta la que tenían en el campo, donde fue célebre —y muy recordada siempre— la vez que, friendo unos huevos, al ir a servirlos a un plato se cayeron al suelo. Bien, pues como si no hubiera pasado nada: se recogieron con las manos, en plan "almorzá", tierra incluida, y todos a mojitear. ¡Tan ricos que nos estuvieron!


Huevos fritos
¡Tan ricos que nos estuvieron!

A Paco Leal un año el verano le vino desastroso: se bañó en una alberca nada más llegar, sudando de darle a la bicicleta, y para colmo el día no estaba muy caluroso y él andaba resfriado, tal vez con algo de fiebre. Debió ser la reacción tan mala que agarró una pulmonía, complicada con inflamación de pleura. Tuvo que estar en reposo absoluto durante varios meses.


Nochebuena de 1964
Nochebuena de 1964. Arriba: Ángel Olivares, Garrón y Evaristo Alberca, que se agregaron a la foto. Y luego, por orden de cabezas:
Paco Leal, Rafael García Casarrubios (Falín), Gabriel Mellado, Luis Perucho, Chevi Escudero (también agregado),
José María Beltrán, yo (cuando se me caía la cerrita es que el alcohol hacía sus efectos) y Andrés Esteso

A Andrés Esteso y a mí nos dio una Feria por "visitar" —eran una tentación— todos los chiringuitos. La cantidad de botellines que nos metimos al cuerpo antes de entrar en la verbena seguro que hubieran dado positivo en cualquier prueba de alcoholemia. Pero nosotros lo pasamos tan bien, en ese estado especial de euforia sin llegar a la borrachera. Y la verdad es que en la verbena estuvimos geniales. Triunfamos.

Al siguiente año nos preparamos con antelación para ello, ahorrando y procurándonos un aporte extra recogiendo almendrucos. Íbamos a las lindes de las fincas y allí estaban los almendros, sin nadie que nos echara el alto. Cogimos dos saquetes y los llevamos a su casa, extendiéndolos en la cámara para que se secase la envoltura exterior verde y después, partidos, llevar la almendra a una mujer que por la zona de la Sierra la compraba. Pero la madre de Andrés no estaba muy de acuerdo con la operación, llamó por teléfono a la mía y todo se vino al traste.


Ciegos de botellines
¡Nos pusimos ciegos de botellines!

Aquel año, después de la Feria, en una tarde sin saber qué hacer en el parque, no sé a quién se le ocurrió dar un patadón a la valla que cerraba la verbena. El estruendo fue impresionante, al caer el panderón de rasillas, entre machón y machón, al suelo. La broma siguió, y entre risas y risas, todos los que estábamos allí nos pusimos ciegos derribando cinco o seis de aquellos tramos de la tapia. Al día siguiente, Paco El Guardia, el mítico jefe de la policía local, llamó a casa de Andrés y a la mía —alguien nos había delatado, y sólo a los dos— para comunicar que nos iban a poner una fuerte multa, como así fue, y para que nos presentáramos ante él inmediatamente. La reprimenda tanto en casa como en el ayuntamiento fue tremenda, y a pesar de que intentaron que diéramos más nombres, con algún casi conato de bofetón por medio, los dos nos mantuvimos callados.

No fue esa la primera experiencia con la policía, pues años antes, jugando en la plazoleta de la iglesia a tirarnos proyectiles de papel doblado con una gomita, sin querer lo hice sobre un hombre que por allí pasaba, que me agarró del cuello y me llevó al ayuntamiento. Menos mal que fue Modesto el policía quien estaba de guardia y todo quedó en una regañina.


Policía Municipal años 50
Plantilla de la Policía Municipal por los años 50.
En la fila inferior, el primero a la izquierda, Modesto, y el cuarto, Paco El Guardia

Julito Millán vivía en Madrid y sólo pasaba en el pueblo los veranos. Su padre, Antonio, de Criptana como la madre, era sastre, como lo fue también el abuelo. Eso se notaba, pues Julito llevaba siempre trajes impecables. Se metió a sacerdote, redentorista, pero se salió pronto. Sigue viniendo por el pueblo.

El padre de Daniel Olivares, El Angelete, era uno de los históricos en Criptana junto con el mío en el negocio de camiones. Él siguió el mismo camino, pero cuando se casó con Paquita Lucas y marcharon a vivir a Mataró se hizo profesor de autoescuela. De chicos era polvorilla pura, el primero en todo y el más decidido. Con el taxi recién comprado por su padre, un Seat 1500, para estrenarlo nos llevó una noche hasta la ermita del Cristo a velocidades supersónicas, y en muchos tramos con los faros apagados. ¡Nos los puso de corbata! Y al día siguiente —no le bastó la locura—, a Arenales, pero esta vez hasta él mismo se asustó, pues cogió a tal pastilla la curva del antiguo puente del Záncara —entonces con agua— que a punto estuvimos de salir volando hacia el río.


Seat 1500

Manolo Bachito, de otra familia tradicional de transportistas, también siguió con los camiones, que luego abandonó por otros negocios. Siempre, como Daniel, el primero en organizar… ¡la intemerata! Pero luego mucho más sensato —y sigue igual—, de la misma manera el primero en echar marcha atrás. Se casó con María Dolores Martínez-Santos, que desgraciadamente se nos fue tan joven.


Con el traje de los domingos
Con el traje de los domingos y dispuestos a triunfar. Vicente (primo del Rano), Manolo Bachito,
Gabriel Mellado, Luis Perucho, Daniel Olivares y el menda lerenda

Según las épocas, me he considerado amigo, aparte de los ya nombrados, de Iniesta y Andrés el de Las Guapas, José Mari Beltrán, Paco Bustamante y su prima Criptana, Gabriel Mellado y Carmen (hermana de Santi), Pili y Trini (mi mujer) Osorio, Visi Moreno, Loli Sepúlveda, María Dolores Aznar, Santiago Lucas El Rano, Miguel Ángel Olivares Veneno y su ex Pili Alberca, Vicente de Torres, Nati y Feli Cedenilla, José Vicente Aranda, Pérez Juanan, Encarnita Quirós, Begoña y Mabel Ortega, Conchita Manzaneque (de Menudo: La Menuda, claro), Piedaita Calonge, Ana Rosa Barrilero (de Arenales), Daniel Olivares (primo de Daniel el del Angelete), Carmencita Barrilero, Carmencita Vela, Milagros y Eduardo Agüero, los Porras (primos de Pepe Bolita), Jesús Jiménez (venía sólo en el verano con unas tías), Chon Atance, la Marchante, Nazario Lara, Campos, Honorio Leal, Honorio Cruz, Pepe Leal...


Amigos
En la fotografía de la izquierda (verano del 64): Andrés Esteso, Andrés el de Las Guapas, José Vicente Aranda, Nazario Lara,
yo, Rafael García Casarrubios y un primo madrileño de éste.
En la de la derecha (Nochevieja del 65) y por orden de cabezas: Eduardo Agüero, Gabriel Mellado, Andrés Esteso,
Paco Leal, yo, Rafael García Casarrubios y Luis Perucho


La panda
Gran parte de la panda de chicas y chicos en una romería de la Virgen

Y de todos ellos, aún y siempre amigos: Santi (del que me resisto a decir que ya no está entre nosotros), Falín, Luis Perucho, José Mari García-Casarrubios, Paco Valera, Manolo Bachito (también perdimos a su mujer María Dolores) y Julio Millán. Nos marchamos todos a Madrid, menos Manolo, y seguimos juntándonos con nuestras respectivas mujeres siempre que podemos, para cualquier celebración o acontecimiento familiar, cuando estamos en el pueblo y, en plan establecido, cada cierto tiempo para comer, comidas que vamos organizando cada uno por turno. En la mesa, presidiendo, colocamos un cuadro, con varios dibujos alusivos a nuestra peña de hermanamiento "Madrid-Criptana".


Los amigos
Amigos para siempre: Santiago Sánchez-Manjavacas (Santi) y su mujer Alicia, yo, Julio Millán, Paco Valera, Mari (esposa de José María),
Trini (mi mujer), José María García Casarrubios, Fini (esposa de Rafael), Juani y Luis Perucho,
Rafael García Casarrubios (Falín), Prado (mujer de Paco) y Manolo Bachito

Y no seguimos haciendo lo que, de más jóvenes, era el colofón ritual a cualquier salida nocturna en Madrid, con unas copas de más: terminar de madrugada en la fachada del antiguo Banco Español de Crédito, en la calle Alcalá, donde hay unos marcos expositores con los nombres en letras doradas de las distintas sucursales por toda España, cantando solemnemente debajo de donde aparecía Campo de Criptana —aún sigue— aquello de:

Hacer Click para abrir "Nuestro pueblo también tiene Reina,
nuestro pueblo también tiene Reina:
Virgen de Criptana, Virgen de Criptana,
Virgen de Criptana, Madre celestial…"
.

Nuestro pueblo también tiene reina...
Nuestro pueblo también tiene reina...

Retornando a las cosas del pueblo, el parque era el sitio ideal cuando éramos pequeños para corretear o para jugar a las "tres en raya" o a las "chapas", haciendo carreras ciclistas por recorridos de lo más sinuosos. Y de mayores, lugar para jugar, cortejar y retozar con las chicas o tener un momento de intimidad con la novia.

Otros lugares para el tonteo eran la calle Castillo, la de la Virgen y la Plaza, en un recorrido tras otro de arriba abajo, desde el quiosco de la música hasta el Cine Rampie, y sólo para ver tres o cuatro veces a aquella por quien suspirabas, por repetir otras tantas veces el hola o el adiós, por volver la vista atrás cuando te cruzabas y ver si ella hacia lo mismo. O por pararte y hablar durante largo rato…de nada.

Esa edad de los iniciales devaneos con las chicas, de las primeras novietas, nos hacía esperar con ganas la llegada de los Carnavales o de la Feria con sus verbenas, pues la ocasión de bailar se reducía entonces a los clásicos guateques, a las bodas o acudir al casi recién inaugurado Salón Hidalgo, en el Pozo Hondo, que nunca llegamos a considerar como discoteca. Además, en esos días —las cosas han cambiado mucho, sobre todo para las chicas— teníamos carta blanca para llegar a cualquier hora.


Verbena del Parque
Verbena del Parque

No fuimos panda de hacer muchos guateques, los recuerdo en casa de Santi o de Paco Leal. Todos entorno al tocadiscos, al pick up que se decía entonces con sonido de lata, para escuchar y bailar lo que en los años 60 eran los ritmos y canciones de moda. Sonaban por aquellos años: The Animals, The Beach Boys, The Beatles, The Bee Gees, Bob Dylan, Elvis Presley, The Mamas & The Papas , Simon & Garfunkel, Stevie Wonder, Cliff Richard, Sandie Shaw, The Rolling Stones, The Shadows, Paul Anka, Pétula Clark, Adamo, Los Plater, Johnny Hallyday, Adriano Celentano, Gianni Morandi, Gigliola Cinquetti, Jimmy Fontana, Mina, Patty Pravo, Peppino Di Capri, Pino Donaggio, Rita Pavone… Y muchos españoles y algún sudamericano: Cecilia, Conexión, Duo Dinamico, Formula V, Jeannette, Nino Bravo, Serrat, Raphael, Lone Star, Los Angeles Azules, Los Bravos, Los Brincos, Micky y los Tonys, Los Cinco Latinos, Los Llopis, Los Mustang, Los Pekenikes, Palito Ortega, Los Sirex, Luis Aguilé, Miguel Ríos…


Guateques

Siempre había alguien que tenía la mejor colección de discos de 45 revoluciones por minuto; los llevaba en un álbum en fundas de plástico que no dejaba tocar a nadie, y él mismo se encargaba de ponerlos. Mis manos en tu cintura. Salvatore Adamo

Como experto, empezaba con ritmos moviditos para bailar por suelto y animar el ambiente: samba, twist, rock and roll, madison, yenca. No quedaba más remedio que lucirse. ¡Había que deslumbrar! Daba así tiempo a que se formaran las parejas convenientemente según los amores platónicos que se tuvieran, declarados o no, para luego, con la música lenta, agarraditos, apenas sin moverse, de Adamo, por ejemplo, ¡tocar el cielo!

En la bebida, procurábamos esmerarnos para las chicas: Coca-Cola, Fanta, Mirinda, Tri-Naranjus, Ginebra Larios, Vermú Martini o Girona… Eran para muchas de ellas los primeros "cubatas".


Guateques

Durante los veranos, rara era la tarde que no había boda, y toda la panda solíamos colarnos en los bailes al menor descuido de los familiares o porteros, que tampoco ponían mucho interés en impedirlo. Se celebraban en el Salón Hidalgo o en el Cine Ideal (desmontadas las butacas), amenizados por las orquestas Mambo o Ritmo, formadas por músicos de la localidad, o por los Maestronic, el primer grupo pop del pueblo y salido de entre los amigos.


Baile en el cine de verano

El Salón Hidalgo fue la primera discoteca que se abrió en Criptana, en la segunda planta de un local erigido en el Pozo Hondo, en parte de la antigua casa hundía, con entrada por la rinconera de la calle Fernández Calzuelas. Sólo había baile los domingos por la tarde, que entonces no se estilaba eso de "fiebre del sábado noche". Para nosotros fue una grata novedad, pero lejos, por lo cutre, de algunas de otros pueblos, de Madrid, o de las que veíamos en las películas. Eran los tiempos en los que el twist hacía su furor, y la Margarita (de la confitería de la plaza) y El Gato (el de las tortas) daban siempre el espectáculo y lo demás les hacíamos corro.


Salón Discoteca Hidalgo
Aquí estuvo el Salón Discoteca Hidalgo

The twist. Chubby Checker

Recuerdo que una vez a Paco Leal —no sé cómo…o sí— se le cayeron sus gafas de culo de botella dentro de water de los aseos del Hidalgo, De pronto lo vimos todo compungido, con signos de estar piripi y haber vomitado, pidiendo ayuda desesperadamente, pues no veía ni torta. Imaginaos el estado de la taza… ¡Como para meter la mano! Tuvo que ser él, el pobre, remangándose todo lo que pudo, quien logró sacarlas, y después lavarlas, al tiempo que hacia lo propio con su brazo.


Salón Discoteca Hidalgo
Discoteca Hidalgo. 1967. Eufóricos tras el final del baile y con los instrumentos de los Maestronic: yo, Luis Perucho,
Juan José Manzaneque, Rafael García Casarrubios, Paco Leal (tapado y con el brazo en alto),
Angelito (primo de Luis Perucho), Pepe Leal, Andres El Tintorero y Andrés Esteso

Para las Navidades nos reuníamos siempre la familia de Falín (Rafael García Casarrubios) y la mía; mi madre y la suya eran primas hermanas y los matrimonios siempre habían sido amigos. La Nochebuena en su casa, la de los Manolos que decíamos cariñosamente por el padre, y la Nochevieja en la mía. Era una cosa tradicional, desde pequeños hasta que ya fuimos muy mayores y la familia por ambas partes fue aumentando con novios, novias, matrimonios y nietos. Lo pasábamos muy bien, y son recuerdos que guardaremos para siempre. También acudían mis tías, hermanas de mi madre, Laura y Palmira, las dos solteras, y no faltaba nunca en casa de ellos un tango bien bailao entre Manolo y Laura, que lo hacían divinamente, y además con discos auténticos de las primeras grabaciones de Gardel, de baquelita, en una gramola a cuerda preciosa, dorada, con forma de templo con cúpula. Por supuesto que todos acabábamos pintados los bigotes, cejas y patillas con el corcho quemado de las botellas de champán. Pues bien, ninguno de los chicos salíamos esas noches de casa hasta que la fiesta familiar no se diera por bien concluida. En mi casa, que eran muy liberales en cuanto a salidas nocturnas, y en la de Falín también, no hubo nunca otro impedimento.


Recuerdo de las antiguas Navidades
Recuerdo de las antiguas Navidades

Cuando llegábamos con los amigos —las chicas sí que tenían prohibida toda salida— es posible que ya fuéramos un poquito borrachines, pues nunca nos negaron el vino, aunque con sifón, el champán e incluso el culillo de coñac. Nos juntábamos en alguna casa, en la de Paco Leal varias veces y hasta en una de ellas hicimos tortas de sartén de madrugada, también en la de la abuela de Paco Valera, por la calle del Cardenal Monescillo, que estaba deshabitada, y muchas en la calle, cantando y gamberreando todo lo que podíamos, pero en cualquier caso bien provistos de bebidas que esa misma tarde habíamos comprado en la bodega de Chapa (El Bengalí), que destilaba licores de todo tipo y vendía a granel. Las chispas que cogíamos eran de campeonato con esos brebajes, pero la noche era larga y daba tiempo para que se pasasen. Menos mal que cuando llegaba a casa esos días estaban todos durmiendo, porque otra veces, algún sábado, o me encontraba a mi madre barriendo la puerta o ya preparada para irse a misa.


Nochevieja de 1964
Nochevieja de 1964. José Mari Beltrán, Gabriel Mellado, desconocido, José Vicente Aranda, Vicente (primo del Rano), yo,
Eduardo Agüero, Andrés Esteso, Paco Leal, Campos, Luis Perucho, Daniel Olivares y Rafael García Casarrubios

En el Casino Primitivo se hacían bailes de Fin de Año, algunas veces incluso con cena incluida, pero eran para gente mayor, de otro estilo, y caros. Ya de novio, sí fui varias veces.


Trini Ossorio
Trini Ossorio

En el año 1961 me fui a estudiar a Madrid, y en 1966 definitivamente, aunque siempre vuelvo al pueblo muchos fines de semana y en vacaciones. En el año 1967 empecé a salir en serio con Trini Ossorio, que ya para entonces vivía en Ciudad Real y pasaba en el pueblo temporadas con su abuela, al poco nos hicimos novios, y en 1973 —así eran los noviazgos entonces— nos casamos.

INDICE

77 EL LARGO Y CÁLIDO VERANO

Cuando éramos chicos, la llegada del verano y con él el cierre de los colegios era todo un acontecimiento. No habiendo cates por medio, tres meses de abandono total de libros y dedicación absoluta a las "cosas propias de nuestra edad, sexo y condición", que no eran otras que jugar y jugar y añadir además el "tonteo" con las chicas —otra forma de juego— de adolescentes. Intentar arrimarse a ellas, era empresa casi imposible en el invierno.

Fue una época irrepetible y fantástica. Aquellos años, los días eran más largos y daban mucho de sí. Ahora, de mayores, parece que se acortaran y no hay tiempo para hacer nada.


Tomando el fresco en la calle
En otros tiempos, la gente se salía a tomar el fresco a la calle y los chicos aprovechaban para jugar

El escenario era al principio la calle propia, en mi caso la de la Reina, con los chicos y chicas vecinos o de los alrededores. En la calle a todas horas, incluso por la noche, hasta "las tantas", pues la gente se salía a tomar el fresco a las puertas de las casas y había pocas ganas de entrar para pasar calor. Jugar y jugar sin parar: al fútbol, a las matas, a los pies quietos, al rescate, a las chapas, al trompo, a las bolas, a las artesillas y a tantos otros. Y también, para que las chicas no se enfadaran a cosas de ellas como la comba y el truque, o incluso, con su vertiente erótica, a las prendas. Y jugar sin miedo, pues no pasaban apenas coches y los carros tenían sus horas al atardecer, cuando regresaban los gañanes de las tareas del campo.


Artesillas
Jugando a las artesillas... o al tejo

Los espacios, con el aumento de edad, se fueron agrandando, y con ellos los amigos y las varias pandas de chicos y chicas: la Plaza y plazoleta de la iglesia, el Pozo Hondo, las eras, el Hogar de la Falange, la sierra, el parque... Incluso llegó el momento..., que el pueblo quedo corto.


Plazoleta
Plaza de Don Ramón Baillo (la plazoleta)

La sierra tenía su peligro, pues nada más subir por la calle del Caño entrabas en la zona de la temible banda de Bisturí y podías salir con una pedrada en la cabeza o que te cogieran "prisionero" y te hicieran los "galgos". Lo de los galgos era una cosa entonces que se hacía a los que se consideraban "enemigos" o como broma pesada. Consistía en sujetar al individuo, abrirle la bragueta e introducir tierra, hojarasca, piedras, agua y, más sádicamente, escupitajos, algún que otro sapo e incluso orines de los actuantes, no sin uno que otro sobo y estirón a lo bruto del pene.


Subir a la sierra
Enfilar la calle del Caño y subir a la sierra tenía su peligro...

Irse al campo, bordeando el pueblo o más allá, era muy propio de las largas tardes del verano. Para simplemente echar un partidillo de fútbol en las eras. Para coger grillos que luego, encerrados en un bote con agujeros para que respiraran, alimentábamos con hojas de lechuga. Para llevar a casa un manojo de espigas de candeal, bien granás, que cocidas estaban tan buenas, pero que si abusabas, se te "empezaba" la boca. Para entablar una batalla con espigas de lobo o con pepinillos silvestres (desconozco el nombre de la planta), que presionándolos, disparaban una especie de leche viscosa y maloliente del interior. Par coger cardos borriqueros y, con cuidado, quitando todas las espinas, confeccionarse una brocha. Para echar carreras de barquitos en el caz del Pozo Hondo. Para coger tarántulas en la sierra (nos meábamos en los agujeros y salían de sus madrigueras al exterior) y soltarlas en el momento adecuado con el consiguiente alboroto y gritos histéricos de las chicas. Para coger almendrucos o si se terciaba unos racimos de uvas o un melón. Para fumarse unos cigarrillos a escondidas. Para ir a tocar el tren. Para hacer un campeonato de quién escupía o meaba más largo. Par ver quién la tenía más grande. O para cualquier cosa... como simplemente ir a cagar, sin cohibirse, limpiándose el culo con una pámpana o con un canto.


Partidillo de fútbol
Partidillo de fútbol en las eras

Cagar en el campo

Una de las mejores distracciones era coger la bicicleta y lanzarse a hacer kilómetros por los caminos y carreteras, casi sin peligro ninguno porque apenas había tráfico. El único, los perros, que se cebaban ladrando y queriéndote morder cuando iban junto a un carro y adelantabas. Otro, que Jesús Manzanares (Gurrufus) y Guaguán, que eran los policías de tráfico y se ponían en la esquina de La Julia (cruce de la calle Castillo con la de la Concepción) con sus uniformes blancos, te pillaran sin chapa de circulación y te pusieran una multa. Y otro más, el pinchar, muy frecuente entonces, para lo cual había que llevar los apaños convenientes, desmontar la rueda, averiguar dónde estaba el pinchazo, pegar el parche, volver a montar e inflar. Y si no, regresar a patita arrastrando la bicicleta, como nos ocurrió a Andrés Esteso y a mí cuando estábamos en el apeadero del tren de Arenales, circulando por una senda que discurría paralela a la vía y él pinchó, sin llevar ninguno de los dos los avíos necesarios. Y yo por compañerismo, me apeé de la bici y le acompañe andando hasta el pueblo.


Hacer kilómetros con la bicicleta
Hacer kilómetros por los caminos, chapa de circulación, bombín, herramientas y parches para los pinchazos

Según las ganas que tuviéramos llegábamos hasta los pueblos cercanos o nos volvíamos a mitad de camino. Arenales, Pedro Muñoz, Alcázar, El Toboso, Miguel Esteban o El Puente de San Benito eran sitios habituales. Algo más mayorcillos incluso nos tomábamos un botellín de cerveza y regresábamos. Y más cercanos: a bañarnos en la alberca de alguna huerta, a San Isidro o el Cristo, La Virgen, el polvorín en la carretera Nieva o caminos desconocidos, a la deriva. No nos perdíamos nunca, porque la torre de la iglesia, siempre en el medio de casi todos los caminos, era la dirección segura a tomar en la vuelta.

El polvorín era una construcción —creo que aún aguanta—, de dimensiones considerables, en forma de U, construida en cemento y bajo tierra durante la Guerra Civil para almacenar armas y munición. No en vano, en Criptana se instaló un Centro de Reclutamiento e Instrucción de Carabineros, cuerpo de elite en el Ejercito Popular Republicano y que contaban con el mejor armamento disponible: fusil y carabina Mauser, pistola Campogiro y sable Puerto-Seguro. Daba un poquito de "yuyu" entrar en él porque decían que podía esconder alguna bomba sin explotar o por los signos evidentes de haber sido refugio ocasional de gentes banduendas por los caminos.


El polvorín

Cuando íbamos a Arenales siempre parábamos en la tienda de Julito, casi al lado de la iglesia. Era minúscula pero tenía casi de todo, incluso para tomar una cerveza con algo de comer. Era muy especial el Julito, algo sarasa, ávido de conversación y estaba enterado de todos los chismes del pueblo. Le hacíamos mucho de rabiar e incluso le robábamos pequeñas cosas sin importancia. Supongo que volaría hacia otros lugares, que era su máximo deseo.


Iglesia de Arenales
Iglesia de Arenales

La mayoría de las bicicletas de los amigos que formamos la panda durante nuestra niñez y adolescencia eran de la marca Orbea, BH o GAS. Yo, sin embargo, tenía una EGO, casi desconocida, comprada por mi padre en Alcázar para mi hermano Valeriano, pero que yo también utilizaba por turnos no sin algún conflicto. Posiblemente fuera de alguna fábrica de montaje de la zona de Eibar, en Guipúzcoa, como las otras. Pero que resultó a la larga de las mejores por su poco peso y al mismo tiempo fortaleza. Con frenos muy seguros, sillín cómodo y manillar agradable de empuñar. Y se mantuvo de pintura y de cromados perfecta hasta que con los años tuvimos que jubilarla. Claro, que la manteníamos perfecta de engrase y de limpieza, siempre a punto.


Mi bicicleta

Las bicicletas eran plaga por carreteras, caminos y por las calles del pueblo, pues constituían el transporte habitual incluso para la gente del campo cuando no tenían que acarrear ningún producto pesado y voluminoso. Luego vinieron las primeras motos, las Guzzi, y las Mobylettes, que había miles en el pueblo circulando a lo loco y haciendo ruido. Mi amigo Luis Pedro Perucho tenía Mobilette, y me iba con él muchas veces de paquete. Y también su padre una moto grande, enorme, una Bultaco, palabras mayores ya en cuestión de velocidad.


Las primeras motocicletas
Las primeras motocicletas: Guzzi y Mobylette (con una caja de bujías de repuesto, pues hacían "pelo" cuando se aceleraba demasiado)

Criptana era entonces un pueblo árido y seco. El abastecimiento de agua potable se hacía antiguamente a partir de dos fuentes, la del Caño y la de la Poza, que resultaban insuficientes. La canalización hasta las casas no llegó hasta la segunda década del siglo pasado con la traída de aguas desde la finca Perdigueras, entre Marañón y Cinco Casas, pero muy escasamente. Grifo había en casi todas las casas, pero caía de higos a peras y con muy poca presión, y casi nunca en las zonas más humildes y altas del pueblo. El remedio era hacer aljibes para almacenar el agua esos días que caía y bombearla con motores a un depósito de uralita o similar dispuesto en el tejado. Con esto, ya se podía disponer de agua en los grifos en cualquier momento y las gentes empezaron a construir cuartos de baños con "tos los adelantos". Antes, un retrete dispuesto en alto sobre un "barranco" o basurero, con un poyete y una tabla de madera con un agujero, en el que uno se colocaba y hacía sus necesidades. Y el aseo con una palangana y una tinajilla de agua al lado.


Fuente del Caño
La Fuente del Caño en otros tiempos

Aljibe
El aljibe de mi casa con la instalación de bombeo ya no utilizada. El motor es relativamente moderno,
pues ante hubo otro, y al principio una bomba manual que había que impulsar a base de mover una palanca

Todo ha mejorado con el tiempo. Y digo esto porque en los años 50 y 60, el agua era un bien tan escaso en Criptana que resultaba impensable que diera para tener piscina. Sólo en algunas casas de los grandes ricos del pueblo se decía que las tenían. Yo no las vi.

Y el agua, la tan deseada agua en un pueblo extremadamente de secano como el nuestro, era una verdadera ansia en verano para los chicos de nuestra edad. Algunos se arreglaban con una regadera en los patios de las casas, y en el colmo de la sofisticación, con un bidón, a manera de depósito, encaramado en alto y con una alcachofa de ducha con su correspondiente llave de apertura y cierre. Otros, chapoteaban en un lebrillo o en tinas de madera que se colocaban al sol para que el agua no estuviera muy fría.


Baño en el caldero
Baño en el caldero

En mi casa teníamos un enorme baño de zinc que colocábamos en el corral y llenábamos con cubos que sacábamos de un pozo, naturalmente de agua salobre como eran la mayoría en el pueblo. Estaba el pobre muy viejo, y lo cuidábamos como oro en paño, pero todos los años teníamos que llamar a un lañador, el hermano Juan, para que lo repasara con estaño. En él nos bañábamos de chicos y no tan chicos yo y mis hermanos (éramos cuatro varones) y mis primas de Pedro Muñoz y Arenales (las tres y dos de nuestra edad), que venían todos los años a casa de mis abuelos, al lado de la nuestra y comunicadas entre sí. El baño a veces por separado y otras de dos en dos, o de tres en tres, o como viniera al caso. Nosotros con nuestros catetos "meibas" como el que lució Fraga cuando lo del accidente del avión americano con bomba atómica en Palomares; ellas, bellas y morenísimas, con sus rutilantes bañadores a la última moda, que para eso muchos años venían directamente desde la playa, en Alicante, donde pasaban unas semanas. Acostumbrados en casa a estar solos, salvo mi madre todos hombres, era una novedad agradable lo de mis primas, y a ellas supongo que también por lo contrario.


La vieja bañera de cinc
La vieja bañera de cinc

La primera vez que yo vi el mar fue en 1955, con ocho años, y casi me puedo considerar un privilegiado. En el verano nos íbamos a menudo de viaje los hermanos con mi padre en el camión—era su oficio—, las más de las veces como recompensa por haber sacado buenas notas o por habernos portado bien. Aquella vez fue a Valencia, y muy cerca de la playa, aunque mi padre creo que pasó por allí dando un pequeño rodeo. Paró el camión y me pude apear y meter los pies en el agua durante unos instantes. La sensación fue indescriptible. No había tiempo para más, pues rápidamente teníamos que descargar el vino que transportábamos.


Playa de la Malvarrosa
La playa de la Malvarrosa en 1955

En estos viajes conocí muchos lugares, pero sobre todo San Esteban de Gormaz, El Burgo de Osma, Valladolid, Aranda y toda la zona vinícola de la Ribera del Duero eran de los sitios que más frecuentábamos, entonces sin la fama de ahora, pero con despachos y bodeguillas-cuevas —se descargaba en varios sitios en un mismo viaje— con mucha solera.

Premio incorporado a las excursiones en el camión era el comer y cenar fuera de casa, verdadera gozada entonces para chicos de nuestra edad. Una vez en Ocaña, en el restaurante situado sobre la gasolinera a la entrada del pueblo, inconfundible porque en un esquinazo mantuvo durante muchos años un enorme cartel publicitario de sidra El Gaitero, tuvimos una compañera en la mesa de al lado que me tuvo turbado durante tiempo. Era ya mayor, bueno, de unos treinta años, guapísima, como una artista de cine, y llevaba una blusa blanca totalmente transparente que dejaba ver un escueto y sugerente sujetador negro. Demasiado en aquellos tiempos para un chico de pueblo como yo.


Restaurante de carretera
El menú que me pedía mi padre era casi siempre un filete con patatas y de postre un flan

La segunda vez que vi el mar no fue hasta 1963, en Alicante, cuando, estudiando ya en Madrid, fuimos a jugar allí un campeonato de voleibol con el equipo de mi colegio, el Salesianos de Atocha, en el que jugaba. Y entonces sí que nos metimos todos en el agua.

Y es que chapotear en el agua, retornando a Criptana, era todo nuestro afán en aquellos calurosos veranos. Y lo teníamos difícil. Tan difícil como coger la bicicleta y en plena siesta hacerse unos kilómetros hasta llegar a alguna de las huertas que por entonces abundaban por la zona sur del termino municipal del pueblo, cercanas a la vega del río Záncara. Pero como gentes de secano, éramos capaces de aguantar el sol como nadie.

Las huertas eran un lugar verde y relajante, y zambullirse en las albercas, en sus aguas recién sacadas del pozo, valía la pena después de la "fogará" de los caminos. Los hortelanos nos dejaban, y raro era no acabar merendando con ellos a la caída de la tarde, a la sombra de un olmo, de una morera o de un chopo junto al cocero.


Alberca
¡Al agua, patos!

Mi primo Falín tenía huerta por la carretera de Arenales, y era a la que más íbamos, con motor de gasolina para sacar el agua de un pozo y llenar una balsa bastante grande. Cerca la de Montserrat, incluso mayor y cuadrada, que parecía una piscina. Entre otras, también la de Perucho, en la carretera Nieva, y la huerta El Bajo, ésta en el norte, por la ermita del Cristo de Villajos, a la que solíamos ir de excursión con grupos de Acción Católica.


Alberca
Algunas albercas eran cuadradas y parecían una piscina

Muchas de ellas no habían entrado aún en la modernidad y conservaban las viejas norias movidas por un burro o una mula vieja. Al voltear de la rueda, los arcabuces se sumergían en el pozo, elevaban el agua hasta la superficie e iban vaciándola a una especie de canalón que la conducía a la alberca, que actuaba como deposito para que el agua tuviera mas fuerza y discurriera por los tablares.


Noria
Noria arrastrada por una mula

Algunas veces nos acercábamos hasta el río Záncara, que entonces traía agua y además limpia. Justo debajo del antiguo puente en la carretera de Arenales era una buena zona, con una profundidad hasta más de la cintura, sin muchos juncos y demás hierbajos y a resguardo de miradas incluso de los mismos que pasaban por la carretera, de tal manera que alguna vez nos bañábamos desnudos por haber salido a hacer unos kilómetros con la bicicleta y no llevar bañador.


Antiguo puente sobre el río Záncara en la carretera de Arenales

Antiguo puente sobre el río Záncara en la carretera de Arenales
Antiguo puente sobre el río Záncara en la carretera de Arenales

Otro punto era el puente de San Benito, por la carretera del paso a nivel de la vía, pero pillaba algo lejos. Y más lejos La Cubeta, donde hubo un molino de agua para mover una fábrica de harinas y otro de un batán.

Pero el mejor lugar del río era "el sitio de la Menuda". Se llegaba a él por un camino a la izquierda, yendo por la carretera de Arenales, antes de llegar al puente del río, en un paraje cercano a las tierras que por allí tenia Menudo, con aguas poco profundas pero transparentes y el lecho de piedra. Con el estímulo añadido de podernos encontrar allí a las dos hijas, monísimas ambas y amiga la pequeña. El único inconveniente eran dos tremendos perros negros que cuidaban una finca cercana y que salían rabiosos ladrando nada más oler a alguien en el camino, Teníamos que pedalear como locos y salir rápidamente de su linde, porque, eso sí, en ese momento —estaban amaestradísimos— regresaban mansos hacia la casa.


Mapas de la zona
Camino al puente de San Benito y mapa de los alrededores de Criptana

Piscina —no muy grande— tenían en una casa en Arenales la familia de mi amigo Luis Pedro Perucho, con aguas limpias y cuidadas y el aliciente de poder bañarnos con su prima, de quien todos los chicos de nuestra edad han estado platónicamente enamorados.

La bodega de Simó, ahora de los Huertas, era otra posibilidad. Por algún tiempo, los hijos (Leopoldo y José) fueron al colegio Teresiano y éramos amigotes. Jugábamos al fútbol dentro de la bodega, que había espacio para ello, y después nos bañábamos en una gran pileta con el agua templada que, tras pasar por varias cinas en cascada de sarmientos, venía de la alcoholera.

Muchos iban a bañarse y yo admito que también una vez a las charcas de agua ahora secas que se formaban a ambos lados del camino de la Virgen —mejor las dos del lado derecho—, casi llegando al cerro. Eran aguas estancadas, verde oscuras, con multitud de juncos, ova, fango, guarrería e insectos. Una verdadera temeridad pensarlo ahora. ¡Para agarrar cualquier infección! ¡Y había ranas! Eso sí que fuimos muchas veces a coger. ¡Y hasta culebras!


Charca de la izquierda

Charca de la derecha
Charcas a izquierda y derecha en el camino al Cerro de la Virgen de Criptana

La charca de la izquierda tenía una pendiente muy pronunciada por la que nos deslizábamos en cuclillas y en la que un día tuve un pequeño accidente cuando, al perder la estabilidad, y dar con los dientes en las rodillas, me hice una brecha en un labio.

Y sin duda el mejor sitio para bañarse aquellos años en Criptana (finales de los 50 y 60) era un "cercao" de Agüero, de la panda de amigos, junto al Parque, con una enorme alberca e incluso espacio habilitado para tomar el sol. Su cercanía posibilitaba que allí pudieran ir las chicas. Era lo más parecido a una piscina pública, aunque con entrada restringida.

Con el despertar a la sexualidad, aquella alberca significó el escaparate erótico en tiempos de tanta escasez. Mientras nosotros ocultábamos las espaldas acribilladas de acné, ellas refulgían bellas y renovadas saliendo del agua, con el pelo mojado, oscurecido y abatido sobre sus caras y hombros y con aquellos cuerpos dorados, apenas cubiertos por los bañadores o los incipientes bikinis.


La panda en remojo

También podíamos salir fuera de Criptana, y lo más cercano era la piscina de Alcázar o las lagunas de Villafranca, no tan cuidadas como ahora, llenas de fango, pero cuyos cienos decían que eran muy buenos para la piel. O acercarse a Ruidera, el "Mar de La Mancha", entre las provincias de Ciudad Real y Albacete, con 15 lagunas a lo largo de 25 kilómetros.

No guardo buenos recuerdos ni de unas ni de otras lagunas. En las de Villafranca me hice una brecha considerable en el dedo gordo del pie derecho, supongo que con un vidrio dentro del agua. Aguante como pude, vendándome la herida con un pañuelo, sin decir nada hasta que regresamos al pueblo por la noche; iba invitado por unos tíos míos y consideré que no era cuestión de amargarles el día.


Lagunas de Villafranca
Las lagunas de Villafranca por los años 50

En las de Ruidera, en una excursión con Acción Católica, algo parecido, esta vez en el talón del mismo pie, y me curaron con un botiquín. Y otra vez, en un viaje con el autocar de Ángel Arteaga, intentando cruzar una de las lagunas a nado, me quedé desfallecido antes de alcanzar la orilla y me costó horrores lograrlo. De tal manera, que cuando pude llegar a tierra, perdí el conocimiento. Cuando pude recobrarlo tenía a todas las chicas arrodilladas junto a mí. Fue sólo un instante, pero me hice el remolón y me dejé querer.


Lagunas de Ruidera
Las lagunas de Ruidera por los años 60

En tiempos pasados, familias con la galera o el carro de balancín iban a las lagunas de Villafranca a tomar, después de terminar las eras, cinco o siete baños, porque según la tradición, tenían que ser nones, ya que si eran pares daban tercianas. Y los mayores ni siquiera se bañaban, respetando el dicho popular: "Desde cuarenta para arriba no te mojes la barriga". Incluso, se podían igual encontrar dentro del agua personas bañándose que animales (mulas y burros). También a la casa de baños del río Saona, en Santa María de los Llanos, en Cuenca; o al balneario de La Hijosa, cercano a Socuéllamos, con baños de agua caliente.


¡En los baños!
¡En los baños!

El recorrido entre la Plaza y el cine Rampie, en la calle Castillo, era el sitio del "tonteo" con las chicas, en un paseo tras otro de arriba abajo, y sólo para ver tres, cuatro o más veces a aquella por quien suspirabas, por repetir otras tantas veces el hola o el adiós, por volver la vista atrás cuando te cruzabas y ver si ella hacia lo mismo. O por pararte y hablar durante largo rato…de nada.


Antiguo quiosco de la música en la Plaza
La Plaza con el antiguo quiosco de la música

Esa edad de los iniciales amoríos, de las primeras novietas, nos hacía esperar con ganas la llegada de la Feria con sus verbenas, pues la ocasión de bailar se reducía entonces a los clásicos guateques o acudir al casi recién inaugurado Salón Hidalgo, en el Pozo Hondo, que nunca llegamos a considerar como discoteca.

El afán por salir fuera e ir a las ferias y discotecas de los pueblos de los alrededores, nos hizo plantear un año a unos pocos la posible compra de un coche de segunda mano. Y era nada menos que un Biscúter descapotable que tenían en venta los Manolillos, dueños de un taller mecánico junto a la gasolinera de la carretera de Alcázar que luego transformaron en el cine de verano Capitol. No llegamos a un acuerdo y fue lo mejor que pudo sucedernos, pues una compra de un coche viejo y malo, sujeto a muchas posibles averías, y además entre varios, no hubiera sido un buen negocio.


Biscuter
No sería posible describir los años cincuenta en España sin el Biscuter dada su popularidad, y que significó
el acceso del españolito a un vehículo de cuatro ruedas con un coste de sólo 25.000 pesetas

Y estaba el parque, donde hemos jugado, cortejado o retozado todos los chicos y chicas de Criptana. Nos buscábamos y evitábamos mutuamente, como en un juego de seducciones y rechazos recíprocos que traía muchas veces más angustias que alegrías. El doble sentido de las palabras, las bromas, las risas, los gestos, las intenciones confesadas o imaginadas, el juego consentido o no, los amores platónicos no declarados, lo que me han contado, lo que no me han contado pero sé, lo que si tú quieres, lo que si yo deseo... En fin, el juego del flirteo y del amor que cargaba el ambiente en la panda de una atmósfera electrizante, que llegaba al clímax al anochecer, cuando las parejas más que amigos se perdían en la espesura.


El Parque
El Parque

Y mientras estábamos los chicos y chicas en este trajín, la larga posguerra de la que veníamos, que duró prácticamente hasta el 52, a las penurias propias añadió, sin que nosotros nos enteráramos de nada, una terrible represión que se llevó por delante a miles de muertos.

Esa década de los 50 nos trajo el fin del bloqueo exterior con la firma de acuerdos económicos y militares con EE UU, el ingreso en la ONU, la independencia del Marruecos español, el lanzamiento del 600 por la SEAT, la aparición de la ETA, la creación de Televisión Española y la emigración masiva a las ciudades y al extranjero, sobre todo a Francia y Alemania.

Y la de los 60, el desarrollismo económico, las revueltas estudiantiles, el incidente de Palomares en el que el ejército estadounidense perdió un bombardero con armas nucleares en la costa almeriense, la independencia de Guinea Ecuatorial y la entrega del enclave de Sidi Ifni a Marruecos.


Décadas prodigiosas
La creación de TVE, el Seat 600 y Fraga bañándose en Palomares para tratar de demostrar que no había peligro radioactivo

Y a nivel mundial, la URSS que había sido aliada de los países que derrotaron a Alemania y las demás naciones del Eje, rápidamente se vio transformada en el "enemigo de occidente" y el mundo vio formarse lo que se conoció como "Guerra Fría". Poco después, la guerra civil en China, encaramó a Mao Zedong, quien instauró en la parte continental de su nación un régimen totalitario de base comunista, reconocido como República Popular China. Esta disputa entre los dos nuevos ejes mundiales, se intensificó notablemente con la guerra de Corea y la posterior división del país en dos estados diferentes. En 1959 triunfó la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro. El decenio de los 60 trajo consigo el inicio de la guerra de Vietnam. En el 63 se produjo el asesinato de Kennedy. En el 67, la captura y muerte de Ernesto Che Guevara. En el 68, los rabiosos días de mayo en París con la revuelta estudiantil que se extendió a toda Francia. Ese mismo año, la invasión de Checoslovaquia por tropas soviéticas que ponen fin a la llamada "Primavera de Praga", Y en el 69 EEUU logró colocar al primer ser humano sobre la superficie lunar.


Grandes convulsiones mundiales
Mao Zedong, Fidel Castro, John F. Kennedy y el Che Guevara

Convulsiones mundiales
El Mayo del 68 y la llegada del hombre a la Luna

Eran tiempos también de otra revolución. Las faldas comenzaron a acortarse. Los pantalones vaqueros vestían a la juventud. El rock estaba naciendo y aparecieron movimientos sociales como los "hippies" que se harían notar en sus protestas anti-guerra y se esparcieron por todo el mundo. Y surgieron los Beatles.


The Beatles
The Beatles


En el año 1967 empecé a salir en serio con Trini Ossorio, que ya para entonces vivía en Ciudad Real y pasaba en el pueblo temporadas con su abuela. Ella tenía 17 años y yo 20, y la palabra amor significaba igual para los dos. Una tarde, al final del verano, al despedirnos, le entregué una novela de Ágatha Christie —nos intercambiábamos libros— con la recomendación de que leyera una nota que había en el interior, sin decirle nada más. Era una nota en la que me declaraba y le pedía si quería ser mi novia.


Trini Ossorio
Trini Ossorio

Al día siguiente bajamos como siempre al parque y ni yo pregunté ni ella comentó nada. Apenas si hablamos caminando, y si lo hicimos fue de cosas intrascendentes. Era ya atardecer y las primeras sombras empezaban a cubrir la arboleda. Nos sentamos en nuestro banco de siempre, el de todos los días, y nos encendimos un cigarrillo. A través de las volutas de humo percibía lo que sus ojos me decían. Cogió mi mano. Dejé de respirar y cerré los párpados. Cuando los abrí, sus ojos estaban muy cerca de los míos. Noté que mi nariz vibraba y que tenía, para conseguir respirar, los labios entreabiertos. Mi pecho subía y bajaba con precipitación. También ella tenía separados los labios. Su aliento me llegaba: sentía un vaho, un olor, una vida que emanaba de su piel, ahora tan próxima a la mía. Volví a cerrar los ojos, agobiados bajo tanta hermosura, bajo tanto placer nunca imaginado... Sus labios se posaron, en los míos. Nos besamos dulcemente. Respirábamos fuerte. Nos abrazamos, nos quisimos y nos juramos amor para siempre. "Soy feliz", dijimos a la vez. Y sonreímos...

INDICE

78 LA RADIO DE ENTONCES

La radio nació a la luz por primera vez en EE.UU. en 1920. En España fue en 1923 cuando se producían las primeras emisiones experimentales y cuando se empiezan a construir los primeros aparatos de la marca Iberia. El 14 de noviembre de 1924 nacía Radio Barcelona y el 17 de junio de 1925 Radio Madrid, emisoras que rápidamente se fusionan para formar Unión Radio, embrión de lo que catorce años más tarde se convertiría en la cadena SER. Todo esto transcurría mientras las primeras radios de galena costaban 60 Pts. y las de válvulas 490 Pts. Muy caras para el poder adquisitivo de la época.

Cuenta mi padre que un profesor que tuvo de Bachillerato en Criptana, don Fermín, poseía una de estas primeras radios de galena —posiblemente la primera que hubo en el pueblo— y que una vez, allá por 1926, llevo a toda la clase a su casa (una habitación en la ya desaparecida Fonda Pintor, en la calle de Santa Ana, al lado del casino de la Concordia, en terrenos hoy ocupados por la Casa de la Cultura) para que la escucharan. Sin duda era un adelantado, pues había transcurrido muy poco tiempo desde la implantación en España.


Primeros receptores de radio
Primeros receptores de radio a galena y de válvulas

La programación se reducía a música, algunas conferencias de divulgación cultural y a la información meteorológica, aunque poco más tarde la oferta aumentó con boletines de noticias, programas infantiles e incluso algún concurso en el que se ofrecía un premio a quien acertara el nombre de las intérpretes de unos cuplés radiados.

La audiencia era considerable, pues aparte de los que tenían aparatos en casa y hacían partícipes a la vecindad colocándolos a todo volumen cerca de ventanas y balcones (las más de las veces para darse "pisto" por poseer aparato tan moderno), la radio se escuchaba en lugares públicos como casinos y bares, todos sin perder ripio de cuanto por aquella caja mágica salía.

Durante la II República, Unión Radio se declara totalmente partidaria, convirtiéndose en su órgano oficial. Pero es el bando nacional durante la guerra el que le gana la batalla propagandística por medio del General Queipo de Llano a través de Radio Sevilla.


Queipo de Llano
El general Queipo de Llano arengando a la población desde Radio Sevilla

En 1937, Franco empieza a emitir su propaganda desde una emisora instalada en Salamanca, primer eslabón de lo que sería la cadena radiofónica más importante de España: Radio Nacional. Y terminada la guerra, son los tiempos del "parte", de aquél informativo con todas las emisoras obligatoriamente conectadas a la radio oficial que comenzaba con un marcial "tararí" y seguía con la voz de Fernando Fernández de Córdoba. Después, también con la de David Cubedo y, cómo no, con la de los extraordinarios Enrique Mariñas y Matías Prats, que además fueron los mejores locutores deportivos de los años cincuenta y sesenta. Este control de la información se mantuvo hasta 1976.

Matías Prats, polifacético, nos contaba mil y una anécdotas sobre la vida de los futbolistas. Entre sus retransmisiones más recordadas está la del gol de Zarra en el estadio Maracaná de Río de Janeiro el 2 de junio de 1950, durante el partido entre España e Inglaterra del Mundial de Fútbol de Brasil. Asimismo, el gol de Marcelino en el Bernabeu en 1966, en el partido de España contra la URSS de la Copa de Europa de Naciones. Y en su faceta de comentarista taurino, era una enciclopedia viviente sobre todos los entresijos del mundo del toro.


La radio de posguerra
David Cuvedo, Matías Prats y el famoso gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil de 1950

También eran tiempos, para obtener noticias no tan sesgadas, de la búsqueda en el dial de las emisiones de la BBC, Radio París o la Pirenaica.

La clandestina Radio Pirenaica. (Radio España Independiente), cuya primera directora fue Dolores Ibárruri, fue una referencia fundamental para los millones de españoles que querían saber lo que realmente pasaba en el mundo y en España. Fundada en 1941, su ubicación siempre estuvo rodeada de leyenda y confusión; había quien creía que se encontraba emplazada por algún lugar del macizo pirenaico, pero la realidad es que estuvo en Moscú y a partir de I955 en Bucarest. Dejó de emitir en 1977.


Radio Pirenaica
Instalaciones de Radio Pirenaica y Dolores Ibárruri, su primera directora y fundadora

Permiso para tener radio
El control gubernativo llegaba hasta el extremo de extender permisos
para disfrutar de una radio en casa. Y es que a traves de la onda corta
se podían escuchar las emisoras del extranjero, que se consideraban
altamente peligrosas. ¡Pero quién le pone puertas al campo!

A partir de los años cincuenta, la SER, Radio Intercontinental, Radio España y otras, ocuparon la parcela que más descuidada estaba, la del entretenimiento, hasta erigirse en pugna con RNE en emisoras espectáculo, animadoras del ocio de los españoles. Eran años en que la radio nos hizo soñar y llorar. Su expansión es tal que casi todas las familias tenían receptores, sucediéndose programas de éxito que paralizaban a los españoles en los horarios de máxima audiencia.


La radio nos hizo soñar y llorar

Pendiente del serial
La radio nos hizo soñar y llorar

Pero los concursos cara al público, las variedades, los seriales, las retransmisiones deportivas, el teatro, suponían salir al encuentro de unos recursos financieros que si, en el caso de RNE procedían de los presupuestos del Estado, en el de las emisoras comerciales guardaban una estrecha relación con su apelativo, la publicidad, los anuncios. Y es así, que a fuerza de oírlos, terminabas por sabértelos de "carrerilla".


Soy el rico Flan Chino El Mandarín, que ha venido del Pekín de la ilusión…

El Pekan y la Dalia, la mejor peletería, la mejor peletería que tenemos en Madrid. ¡Vaya que sí!...

—¿A dónde vas Pilar?, pareces una modelo.
—Me visto en San Ildefonso por muy poquito dinero.

—¡Goooool!, ¡gooool!, ha sido gol.
—Nada de gol, eso lo dirá el árbitro.
—¿Qué árbitro?
—El de la elegancia: Sastrería Vargas.

Un sabio me lo decía con muchísimas razones, no dejes de visitar la Casa los Pantalones.

Okal, Okal… Okal es lenitivo del dolor…

Si me quieres ver feliz, es preciso que me lleves, a los Almacenes Ruiz, de Hortaleza 19.

Nena, nena, voy a comprarme unos guantes, los más elegantes de todo Madrid…Mario Herrero, el mejor guantero del mundo entero.

¡Cuide sus cristalinos en Ópticas San Gabino! El Colacao. Yo soy aquel negrito...

Yo soy aquel negrito del África tropical,
que cultivando cantaba la canción del Cola Cao.
Como verán ustedes, les voy a relatar
las múltiples cualidades de este producto sin par.
Es el Cola Cao desayuno y merienda…

—Felipe... ¿ande te metes?
—En la ca del Tribulete.
—¿Es que te vas con la panda?
—¡Amos, anda! ¡Ojo!, que voy al Molino Rojo.

Almacenes San Mateo, si no lo veo no lo creo.

Para el otoño madrileño, Gabardinas Butragueño.

A mí, plín, ¡yo duermo en Pikolín!

Es torrefacto El Cafeto: ¿a quién no le gustará?...

¡Coñac Decano Caballero! Que Decano es el primero en solera, en sabor y calidad. Caballero, ¡que coñac!

La hora del cambio. Cambie a brandy Fabuloso. ¡Que cambiazo!
(que podía tener dobles lecturas y fue mirada con lupa por la censura de la dictadura).

Ese lava blanco, blanco, blanquísimo. Ese lava limpio, limpio, limpísimo.

Y tantos otros…

En mi casa teníamos un receptor Iberia colocado en el comedor en sitio preferente, en una repisa rinconera con su pañito de puntilla como era tradicional, rodeado del calendario del Sagrado Corazón y de fotografías familiares. En aquel aparato —casi siempre lo teníamos conectado a la SER— oíamos al mediodía un programa tipo magazín llevado por José Luis Pécker, uno de los locutores míticos de entonces (sus abuelos tuvieron un hotel en Alcázar de San Juan, al lado de la Estación). Y dentro de él un espacio, Siguiendo los deportes, con comentarios de Gilera, Paco Quílez Kilates, especialista en carreras de caballos, o Miguel Ors.


La radio de mi casa
La radio de mi casa

Las radios de mis abuelos
La radio de mis abuelos paternos y la de mi abuela Pepa, que sustituyó a otra más antigua

En ese programa de Pécker tuvimos un año la satisfacción de escuchar una entrevista con Francisco López-Casero, El Monarca, Alma mater de la Semana Santa de Criptana en aquellos años, que a través de las ondas hizo un bello canto de su solemnidad y recogimiento, comparándola con las mejores de España.


Míticos locutores de Radio Madrid
José Luis Pécker, Enrique Gil de la Vega "Gilera" y Miguel Ors

Por la mañana mi madre conectaba muchas veces con Radio Socuéllamos. Su locutora —creo que única— de nombre Petrita, conducía con voz muy atiplada un espacio con canciones dedicadas ("Para Pepi, de quien ella sabe y esperando le guste"): mucha Concha Piquer, mucho Juanito Valderrama y todos los éxitos del momento. Sintonía de las noticias de Radio Nacional de España

La hora de comer, a las dos de la tarde, coincidía con las noticias (el "parte") de Radio Nacional de España, transmitidas obligatoriamente por todas las emisoras. Eran pura liturgia, sagradas, casi todos en silencio, y más en la información del tiempo y del estado de las carreteras, pendientes de ello siempre, sobre todo en invierno por la profesión de mi padre: camionero. Nombrar la nieve o el hielo en casa era como nombrar al mismísimo demonio.


Cuadro de actores de Radio Madrid
Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Matilde Vilariño y Juana Ginzo, del cuadro de actores de Radio Madrid

La tarde era para los seriales, cultura lacrimógena de aquella época y el vivero de grandes profesionales: Guillermo Sautier Casaseca, José Mallorquí, Luisa Alberca, Remedios de la Peña, Enrique Franco, Rafael Trabuchelli, Enrique Aroca… Recuerdo entrañable para aquella mítica compañía de actores de Radio Madrid: Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Matilde Vilariño, Juana Ginzo, Maribel Alonso, Eduardo Lacueva, Doroteo Martí, Julio Varela… Al regreso del colegio encontrábamos a madres y abuelas planchando, zurciendo los calcetines o repasando la ropa con la oreja puesta, atentas al capítulo del día. Triunfan en aquella época: Lo que nunca muere, La sangre es roja, Un arrabal junto al cielo, Dos hombres buenos, El Coyote, Ama Rosa, Simplemente María, Lucecita…

Y todas ellas patrocinadas por Muebles López, de la calle Luchana, en Madrid.


Guillermo Sautier Casaseca y algunas de las míticas novelas radiofónicas
Guillermo Sautier Casaseca y algunas de las míticas novelas radiofónicas, llevadas también al cine o a fotonovelas

Cuadro de actores de Radio Madrid
Cuadro de actores de Radio Madrid (en este caso todos hombres)

Recuerdo que muchas tardes bochornosas de verano, al primer trueno que anunciaba la inminente tormenta, seguía el fallo de las líneas eléctricas y el consiguiente apagón, que para colmo coincidía con el tiempo de la radionovela.

Mi madre tenía una ventaja, y es que salía corriendo a casa de su amiga y vecina Tere, que disponía de transistor, y allí terminaba de oír el relato. Su marido, Paco Ortiz, era el jefe de zona de Centrales Eléctricas Navarro, que operaban entonces en un sector de las provincias de Toledo Cuenca, Ciudad Real y Albacete. Naturalmente, conocedores de las aplicaciones de la electricidad, que además les salía totalmente gratis, tenían la casa atiborrada de electrodomésticos —muchos de ellos, alemanes— que en el pueblo sólo veíamos en las películas, y entre ellos un transistor.

Fue en el año 1956 cuando apareció en EEUU la primera radio a transistores, que sustituyó rápidamente a la radio de válvulas convencional. En España tardaríamos algún tiempo en tenerlo, y su llegada no fue demasiado bien recibida. "No hay campo sin tractor ni hortera sin transistor" decían algunos. Pero el caso es que fue un gran adelanto, y no había gañán o pastor que no lo llevara consigo para hacerse compañía en las largas horas por el campo.


Transistor
Antiguo radiotransistor. El gran invento de entonces, pues funcionaba con pilas

En Radio Intercontinental, antes del serial de la SER y patrocinado por Reloj Festina y la Antigua Relojería de la calle de la Sal, escuchábamos aquel famoso sainete de La portera y sus vecinos, desternillándonos con los chismes y el hablar castizo y chulesco de "la señá Patro". Elena Francis

Las largas horas de la tarde eran propicias para las confidencias, y nada mejor para ello que El consultorio de Elena Francis, en Radio Nacional, uno de los programas más recordados y emblemáticos de la radiodifusión en España. Atendía a las consultas de las oyentes, ya fueran de belleza, cocina, salud, jardinería... Pero sin duda fue evolucionando con el tiempo hasta convertirse básicamente en consultorio sentimental. Llegó a mantenerse en antena durante 37 años e hizo popular su sintonía: Indian Summer de Víctor Herbert.

Uno de los misterios que rodeaba al consultorio era la identidad de la Señora Elena Francis, en realidad un ser ficticio interpretado por diversas voces a lo largo de su trayectoria: María Garriga, Rosario Caballé y Maruja Fernández, locutora que con su personal voz encarnó durante más tiempo a este personaje. Detrás había un equipo de guionistas que se documentaba sobre los diferentes temas a tratar para buscar el consejo o respuesta más apropiado.


Consultorio Elena Francis
Maruja Fernández, una de las locutoras que más tiempo puso voz a Elena Francis, y Juan Soto Viñolo, uno de los guionistas

Los chicos tuvimos también nuestras radionovelas, como Diego Valor, el héroe del espacio, que narraba las aventuras interplanetarias de este personaje en su lucha contra las fuerzas del Mal. Se emitió en la SER desde finales de 1953 hasta junio de 1958 a las siete y cuarto de la tarde, patrocinada como no podía ser menos por Chocolates Valor.


Diego Valor
Tebeos basados en el serial radiofónico de Diego Valor

Tras el parte de las ocho, llegaban los programas estelares que han marcado la historia radiofónica de España.

En Radio Intercontinental, Ángel de Echenique, con su Auto de la fortuna, era una especie de "Bienvenido mister Marshall". Otro concurso famoso en esta emisora fue Ruede la Bola, para artistas noveles. En la SER, desde Barcelona, Avecrén llama a su puerta, presentado por Joaquín Soler Serrano, cuya popularidad se extendió a toda España, y a través de Radio Madrid: La melodía misteriosa, Conozca a sus vecinos, El pototeo o Doble o nada, donde un concursante, el doctor Salvá, adquirió celebridad y dinero contestando a preguntas tremendamente difíciles sobre el compositor operístico italiano Giacomo Puccini. También Un millón para el mejor, con José Luis Pécker, que luego se emitió por TVE.


Joaquín Soler Serrano
Joaquín Soler Serrano y libro que escribió el doctor gaditano Jesús Salvá
explicando los avatares de su paso por el concurso Doble o nada

La película Historias de la radio (1955), de José María Sáez de Heredia, narra precisamente tres historias cuyo nexo de unión es la radio, un mundo en el que los sueños se cumplen. Sueños como el de los participantes en un concurso que promete 3.000 pesetas al primero que llegue vestido de esquimal a la emisora; o el del ladrón que contesta la llamada telefónica en el piso que está robando; o el de los vecinos de un pueblo que buscan dinero para un niño enfermo. Tres historias distintas, enlazadas a través de un locutor y de su prometida, que retratan las ilusiones de una época.


Historias de la radio
Historias de la radio

En variedades, los favoritos fueron Fiesta en el aire o Noche del sábado de Radio Nacional de España, y Cabalgata fin de semana de Radio Madrid.

Cabalgata fin de semana supuso para los españoles el asistir a través de la imaginación a un gran espectáculo radiofónico de constante entretenimiento. Ciertamente, no era para menos teniendo en cuenta la amenidad y verborrea con la que era llevado por su pareja estelar de presentadores: Boby Deglané, sustituido luego por José Luis Pécker, y Carmen Pérez de Lama. El programa empezaba a las 22’30 horas de los sábados; el final no era conocido ni por los propios locutores.


Cabalgata fin de semana
Boby Deglané en Cabalgata fin de semana

Dentro de los programas de ayuda, Todo para los chicos, dirigido por Joaquín Peláez en la SER, que se inició en 1962 y en él nació la idea de lo que después sería la llamada Operación Plus Ultra: llevar a 16 niños de brillantes y ejemplares comportamientos por toda la geografía de España a bordo de los aviones de Iberia


Operación Plus Ultra
Joaquín Peláez y lo niños de la Operación Plus Ultra
Ustedes son formidables

Y Ustedes son formidables, con Alberto Oliveras, también en Radio Madrid de la SER, los miércoles a las diez y media de la noche. "Que sean grandes o chicos. No importa pobres o ricos, ¡ustedes son formidables!...": así comenzaba su emisión, con la música de fondo de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Entre sus mayores logros, la recaudación de algo más de tres millones de pesetas en 1961 para los damnificados de una riada en Sevilla y la reconstrucción de un asilo de ancianos en Pola de Siero. También nos dio a conocer la ejemplar figura de Vicente Ferrer, misionero y jesuita que por entonces se afanaba en poner un poco de progreso en La India. Superó los 17 años de permanencia en antena y dejo de emitirse en 1977.

Colaborador con Oliveras en el programa fue Joaquín Prat, que participó en otros muchos. En 1964, en Radio Madrid Madrugada, alcanzó el éxito, y en 1970, junto a la actriz Laura Valenzuela, protagonizó el serial Más allá de las estrellas.


Alberto Oliveras
Alberto Oliveras y su programa Ustedes son Formidables. En la segunda fotografía acompañado de Joaquin Prat

Series de humor familiares y entrañables como Matilde, Perico y Periquín, forman parte de la memoria. Empezó a emitirse por toda la SER en 1955, interpretada por Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa y Matilde Vilariño que daba vida al travieso de Periquín, que casi siempre terminaba "cobrando": "¡Mama, pupa, nene no!". La emisión dejo de emitirse tras el fallecimiento de Pedro Pablo Ayuso en 1971.


Matilde, Perico y Periquín

Gila empezó como humorista gráfico, pero el éxito le llegó en 1951 cuando actuó en Madrid como espontáneo en el teatro de Fontalba, donde contó un improvisado monólogo sobre su experiencia como voluntario en una guerra. En la década de 1950 actuó en Radio Madrid. Cuando abría la boca y empezaba a hablar era capaz de arrancar la risa a cualquiera. Con su inseparable teléfono, iniciaba una conversación sin sentido con un desastroso enemigo de una guerra imaginaria que nada tenía que ver con la que él vivió en España. Celebradísimo fue su monólogo sobre uno que le toco un millón y llama a su jefe para ponerlo de vuelta y media y comunicarle que ya no volvería a trabajar; inmediatamente, tras enterarse que el premio era en realidad un sillón, tiene que deshacer el entuerto. O aquel de otro que cuenta las excelencias de su piso recién comprado, con tabiques como de papel de fumar (tiene la ventaja, decía, que los vecinos no pueden oírte, pues cuando ponen la oreja en la pared…se transparenta) y habitaciones que para abrir las puertas antes había que retirar los muebles.


Gila
Miguel Gila

Luis Sánchez Polack "Tip", antes de formar con José Luis Coll la famosa pareja "Tip y Coll" la formó durante catorce años con Joaquín Portillo, "Tip y Top". Primero trabajaron en la radio por separado, Tip con su personaje Don Poeto Primavero de la Quintilla y Top interpretando zarzuelas radiofónicas. Juntos intervinieron en Estampas y sainetes, Los tres gazapito, Apunta, nene, ¿Ha perdido usted el juicio?, Juvenil y Cortefiel o De viernes a viernes, todos en Radio Madrid.


Tip Top y Tip y Coll
Parejas de Tip y Top y de Tip y Coll
Yo soy el Zorro, zorro, zorrito...

"Yo soy El Zorro, zorrito, para mayores y pequeñitos; yo soy El Zorro, señores, de mil amores voy a empezar". Con esta cancioncilla iniciaba el argentino Pepe Iglesias El Zorro su programa, que se convirtió en un verdadero espectáculo familiar. Su prodigiosa garganta era capaz de crear las voces de una amplia gama de personajes —muchos creían que detrás de él habían más actores—, como los que integraban, por ejemplo, el "Hotel La Sola Cama", donde había bronca toda la semana. De entre ellos, muy recordado el del Finado Fernández, un individuo al que le pasaban las historias más disparatadas y graciosas, las cuales siempre terminaban con un "... y de Fernández nunca más se supo". Actuó en la Cadena SER en la década de los cincuenta durante varias temporadas.

Sus frases las empleaba todo el mundo en la calle, en el trabajo, con los amigos: "Seré bereve..." en lugar de seré breve; "está loca la pelota"; "¡Ay que risibilidad me dan las cosas risibles!"; "A mí me gustó. ¿A ti te gusto?" o "Viejo, tomate la pastilla”, con acusado acento porteño. Y en los bares y tiendas comenzó a pedirse "morrones en lata", una conserva por él inventada que tenía muchas aplicaciones.


Pepe Iglesias El Zorro
Pepe Iglesias El Zorro

Para charlas religiosas las del padre Venancio Marcos con aquel programa que empezaba: "Obrerito que me escuchas, acércate a la radio. ¿No es verdad, picarón, que engañas a tu patrón?". De precaria salud, eligió para sus actividades apostólicas este tipo moderno de periodismo radiofónico que se mantuvo durante cerca de 30 años a través de las distintas emisoras en las que colaboró.


Padre Venancio Marcos
Libro del padre Venancio Marcos basado en sus charlas en la radio

Lo que no faltaba nunca, a las doce en punto de la mañana y en Radio Nacional de España, era el rezo del Ángelus. No en vano el Estado se declaraba católico, apostólico y romano.

Programas musicales hubo muchos y todos muy buenos: Discomanía, El gran musical y Los cuarenta principales en la SER, Caravana musical en La Voz de Madrid, Vuelo 605 en varias emisoras o Alta Fidelidad en RNE.

"La canción más dulce, la que llega al alma, y la que llena de alegría, ¡te la traerá Discomanía!" Así sonaba todos los días la sintonía de este programa, conducido por el chileno Raúl Matas, que a finales de los 50 nos ponía al corriente de lo más "ín" del momento de la música pop.


Discomanía
Raul Matas y su Discomanía

El gran musical nació en el año 1962 de la mano de Tomás Martín Blanco, y se emitía los domingos por la mañana a las 12 horas. Por el desfilaron las más famosas figuras de la canción moderna, convirtiéndose en poco tiempo en el de mayor popularidad de las ondas españolas. En 1970 pasó a llamarse Los 40 principales, con Rafael Revert al frente, nombre que tomó de una sección que ya existía en el anterior. Además de impulsar, dar a conocer y promocionar la música, en ellos se formaron grandes locutores: José María Íñigo, Miguel de los Santos, Constantino Romero, Mariano de la Banda, Pepe Domingo Castaño, Pepe Cañaveras o Joaquín Luqui ("Que fuerte, que fuerte, Beatles, Paúl Mccartney").


El gran musical
El gran musical, que se emitía desde distintas discotecas de Madrid.
En la foto, desde la desaparecida y mítica Sala Consulado en la calle de Atocha

El gran musical
El gran musical. En el centro Tomás Martín Blanco. Y alrededor, empezando por la izquierda: Rafael Revert,
Miguel de los Santos, Constantino Romero, Mariano de la Banda, Pepe Domingo Castaño, Pepe Cañaveras,
Joaquín Luqui (¡qué distinto a su fisonomía posterior!) y un jovencísimo José Mariá Íñigo

Ángel Álvarez, piloto de aviación, comenzó a combinar su profesión con la de comentarista de discos en 1960, en un programa dedicado a la música joven denominado Caravana musical, en La Voz de Madrid. En 1963 se inició la emisión en Radio Peninsular de su programa Vuelo 605, que luego pasó por Radio Madrid, Cadena Minuto y la M-80, y también puso en marcha Alta Fidelidad en Radio Nacional de España.


Ángel Álvarez
Ángel Álvarez

Los domingos eran de Carrusel deportivo. Allí estaba Vicente Marco y sus conexiones con todos los campos de España:

"Desde Oviedo, Manso Menéndez".

"Desde Sevilla, Juan Tribuna"

"Desde Madrid, Pepe Bermejo"…

Y todo ello con los concursos intercalados de Juan de Toro y el Anís Castellana.


Carrusel deportivo
Vicente Marco y Juan Tribuna

Comenzó Carrusel deportivo su andadura en la SER en 1954 y aún sigue, con Vicente Marco al frente hasta el año 1982. El éxito de este programa ha llegado incluso a la música; Martirio cantaba así:


Taquitos de jamón,
chopitos y gambas,
yo me jarto de comer
y por la tarde le dejo…
pa’ que escuche Carrusel


Le hacían competencia e igualmente siguen Radiogaceta de los deportes, que empezó a emitirse en 1953, o Tablero deportivo, ambos en RNE.

Y los domingos también, después de las noticias de la noche, y todo en la SER, primero una comedieta muy agradable y siempre jocosa, Estampas y sainetes, con la intervención de todo el grupo de actores de la emisora. Comenzaba siempre con una voz imperiosa que destacaba sobre un fondo de música de zarzuela: "¡Pepi, Juaní, Matilde, niños!..., ¡venid!, que empiezan los sainetes". Era el reclamo para que ya todos estuviéramos sentados en la mesa y dispuestos a cenar.


Estampas y sainetes

Seguía un espacio de Pepe Palau, documentadísimo, que nos daba a conocer la música que se editaba en los Estados Unidos. Llevaba sus propios discos al programa, que, según decía, compraba en sus viajes a Nueva York o se los mandaban los muchos amigos que allí tenía. Era un enamorado de Frank Sinatra y del jazz.


Pepe Palau
Pepe Palau y su Música de última hora.
Estaba enamorado de la música americana, del jazz y de Frank Sinatra

Y antes de acostarnos, las crónicas de Salvador Rapallo "Taleguilla" o de Carlos de Larra "Curro Meloja", críticos taurinos de honesta veteranía, en programa patrocinado por las bodegas de Zoilo Ruiz Mateo (Una voz sale del tendido: "Fino Tío Mateo, de Palomino y Vergara").

Muchos fueron los locutores especializados en tauromaquia, además de los antes comentados y de Matías Prats: Antonio García-Ramos, Rafael Campos de España, Manuel Lozano Sevilla, Luque del Pino "Curro Fetén" o Meléndez Inchausti "Pepe-Hillo".


Cronicas taurinas
Salvador Rapallo Taleguilla, Carlos de Larra Curro Meloja, Rafael Campos de España y Matías Prats entrevistando a Manolete

Desde 1925 comenzaron a adaptarse en Radio Madrid las grandes obras del teatro universal, y en 1942 se inició la célebre serie Teatro del aire, que se mantuvo durante más de treinta años. Muchos colegios e institutos seguían la emisión como elemento vivo de trabajo para la asignatura de Literatura.

Y en Radio Nacional de España, con audiencia similar, el Teatro invisible.

El criminal nunca gana, en la SER, era una especie de teatro breve que intentaba moralizar a los oyentes con historias donde el malo siempre perdía y era encarcelado.


Teatro del aire
Teatro del aire en la SER. La fierecilla domada, de William Shakespeare

Con los años, los boletines informativos se hicieron más aperturistas, aunque controlados por RNE, y siempre será recordado Victoriano Fernández Asís, que con su España a las ocho, dio a conocer las voces de aquellos míticos corresponsales: Cirilo Rodríguez, Carlos Riera, Hermida… Eran ya los últimos años del franquismo.


Boletines informativos
Victoriano Fernández Asís y Jesús Hermida

El momento cumbre de la radio, ya en democracia, posiblemente sea en "la noche de los transistores", el 23 de febrero de 1981, con el Congreso de los Diputados ocupado en un intento de golpe de estado y casi todos los profesionales relatando los hechos en directo. Inolvidable José María García aupado encima de un coche. Se afirma que la conspiración fracasó por la actitud enérgica del Rey y por la firme postura democrática de la radio.


El 23F
José María García el 23F informando a las puertas del Congreso


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En la página web (http://fonotecaderadio.com) se puede encontrar la mejor colección quizá de archivos sonoros de la radio española. Para entrar directamente en ella hacer "click" en el icono del altavoz.

INDICE

79 LA TELE QUE VIMOS

Tras varios años de pruebas y ensayos, el 28 de octubre de 1956, desde un chalet del Paseo de La Habana, en Madrid, saltó a las ondas la primera emisión oficial de Televisión Española, que sólo pudo seguirse en los apenas 600 televisores que había en la capital. Su precio —en torno a 30.000 pesetas— era prohibitivo para la gran mayoría de ciudadanos.


Estudios de TVE en el paseo de la Habana
Primeros estudios de TVE en el paseo de la Habana de Madrid y la famosa Carta de ajuste que precedía
a las emisiones para poder sintonizar bien el aparato

Un par de documentales de NODO, los Coros y Danzas de la Sección Femenina de la Falange, la cantante Mona Bell y un acto religioso completaron el programa inaugural de TVE.

La famosa Carta de ajuste que servía de guía para sintonizar tonos, brillos y la propia señal, precedía el comienzo de cada una de las emisiones. Hoy en día, al ser las emisiones continuas ha desaparecido para los ojos del espectador.


Una de aquellas primeras televisiones
Una de aquellas primeras televisiones

Jesús Álvarez, Matías Prats y David Cubedo fueron los tres pioneros de la información en TVE. Los boletines, sin imágenes, eran leídos en directo tras pasar la censura. Y Blanca Álvarez o Laura Valenzuela presentaban actuaciones musicales con la misma naturalidad con la que anunciaban frigoríficos, detergentes o medias.


Locutores pioneros de TVE
Locutores pioneros de TVE: Jesús Álvarez, Matías Prats y David Cubedo

Locutoras pioneras de TVE
Locutoras pioneras de TVE: Blanquita Álvarez y Laurita Valenzuela

Mariano Medina fue el primer "hombre del tiempo". Se valía de un mapa de cartón y puntero para contar sus predicciones meteorológicas, pero al principio él no aparecía en pantalla, sólo parte de su brazo. Le siguió Martín Rubio, que se jugó una vez el bigote haciendo una predicción y lo perdió.


Los primeros hombres del tiempo
Los primeros "hombres del tiempo": Mariano Medina y Eugenio Martín Rubio

La música, el teatro y el cine ocuparon desde un principio un lugar destacado en la programación. Desde el Teatro Apolo de Madrid se solían ofrecer piezas del género chico en riguroso directo. Y la primera película que se emitió por la pequeña pantalla fue Sissi Emperatriz, en 1957.


Sissi emperatriz
Sissi emperatriz, la primera película que emitió Televisión Española, naturalmente en blanco y negro.

Los toros, como el fútbol, causaron siempre furor, y las gentes sin televisor en casa acudían a las de los vecinos, a los bares y casinos, que habilitaron salones especiales como si de mini salas cinematográficas se tratara, o hasta frente a los escaparates de las tiendas que los vendían y los ponían en funcionamiento como reclamo ante las miradas embobadas de los que allí se concentraban. Llegó la televisión justo a tiempo para que viéramos a los Bienvenida, Ordóñez, Dominguín, Manolo Vázquez, Antoñete... A la nueva hornada de los Camino, Ostos, El Viti, El Cordobés, Puerta, Curro Romero, Palomo, Miguelín, Teruel, Paquirri..., que cedieron a su vez los trastos a los Manzanares, Robles, Capea, Dámaso Gómez, Espartaco, Esplá, Yiyo, Ortega Cano o Roberto Domínguez. ¡Vaya tela!


Los toros en televisión
Antonio Ordóñez y Manuel Benítez "El Cordobés" detenido tras lanzarse de espontaneo al ruedo de Las Ventas, en Madrid, en 1957

Lo de ir a ver la televisión a casa de los vecinos fue inmortalizado en una secuencia genial de la película Atraco a las tres (José María Forqué, 1962) en la que Gracita Morales no tenía reparos en cobrarles cinco pesetas por el desgaste del aparato.

La Hora Philips fue el primer programa que trataba de buscar nuevos talentos musicales. La idea tuvo continuación años después con Salto a la fama, La gran oportunidad o Gran Parada.


Gran Parada
Mario Clavell en Gran Parada

En 1958 se emitió un espacio que declaraba sin remilgos sus intenciones: Cotilleo al aire libre, y poco más tarde llegaron Tico Medina y Yale, con otro parecido llamado Telemadrid. Observando el panorama actual, parece que todo estaba ya inventado.


Tico Medina y Yale
Tico Medina y Felipe Navarro Yale

En febrero de 1959 se inauguran los estudios de Miramar, en Barcelona. Por aquellas instalaciones pasaron figuras populares como Mario Cabré y José Luis Barcelona, que hicieron llorar de emoción a todas y todos con aquello de Reina por un día; también Mario Beut (Ayer noticia, hoy dinero o Sonría por favor), Gustavo Re (Noche de estrellas, Noche del sábado) o Federico Gallo, quien luego sería muy aplaudido presentando el espacio Esta es su vida.


José Luis Barcelona y Mario Cabré
José Luis Barcelona y Mario Cabré en Reina por un día

Estudios Miramar de Barcelona
Gustavo Re, Franz Johann y Federico Gallo (además de hacerse famoso por Esta es su vida, retransmitió el Concurso
de Eurovisión entre 1961 y 1968, siendo este último año el del triunfo de Massiel. En 1973 saltó al mundo de la política)

Ese mismo año visitó España el Presidente de los Estados Unidos, Dwigth Eisenhower. TVE inauguró con aquella visita los grandes despliegues informativos.

El 15 de diciembre de 1960, Balduino de Bélgica se casa con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón en la Catedral de Bruselas. La boda real se retransmite en directo por la red de Eurovisión y en España se puede ver a través de TVE.

Por esos años, aprendimos a reír con Valentina, el Capitán Tan Tan, Tío Aquiles, los Hermanos Malasombra ("Somos malos, malasombra, somos malos de verdad") y Locomotoro, que cuando reía, "se le movían los mofletes". Comenzaron en Antena Infantil y luego protagonizaron Los Chiripitifláuticos. Y seguimos los retruécanos de Franz Johann y Herta Frankel con su perrita Marilín, austriacos afincados entre nosotros y convertidos en estrellas mediáticas de la España del Desarrollo.


Los Chiripitiflauticos y Herta Frankel
Los Chiripitiflauticos y Herta Frankel

En la temporada 1960/61 el FC Barcelona perdía la final de la Copa de Europa con el Benfica en Berna, en un desgraciado encuentro, pero antes, en octavos de final, eliminó al Real Madrid (2-2 en Madrid, con goles para el Barca de Suárez, en un memorable partido, y 2-1 en el Camp Nou). La alineación del Barcelona en el Bernabeu era mítica: Ramallets, Olivella, Garay, Gracia, Segarra, Gensana, Eulogio Martínez, Kubala, Kocsis, Suárez y Czibor. Y la del Real Madrid no menos: Vicente, Marquitos, Santamaría, Casado, Vidal, Pachín, Canario, Del Sol, Di Stefano Puskas y Gento. Este partido, recuerdo que lo vi en el Casino Primitivo, en Criptana, en un salón acondicionado que pusieron en el piso de arriba. Los del Madrid achacaron el empate al arbitro inglés, mister Ellis, cuando la verdad es que los "meamos", y a los pocos forofos del Barcelona que allí estábamos (Antonio Cedenilla, Andrés Esteso, José Vicente Escudero Chevi, los que luego serían mis cuñados, Amadeo y Pablo Osorio, y yo) a punto estuvieron de lincharnos.


El Barcelona elimina al Madrid de la Copa de Europa
El Barcelona elimina al Madrid de la Copa de Europa el 23 de noviembre de 1960.
Al finalizar el partido se abrazan Suarez y Di Stefano

El 1 de mayo de 1963 nacieron aquellos rombos que orientaban sobre el contenido moral de los programas, hoy sustituidos por un icono que habla de las edades recomendadas para su visión.

En 1964 se inauguraron las instalaciones de Prado del Rey, en un acto celebrado en el que luego sería famoso Estudio 1. Por allí, en Gran teatro, Fila cero o Estudio 1, pasaron los mejores actores españoles que hicieron populares las mejores obras teatrales clásicas y modernas, realizadas por magníficos profesionales como Juan Guerrero Zamora, Pedro Amalio López, Gustavo Pérez Puig, Fernando García de la Vega…


Estudio 1
Instalaciones de TVE en Prado del Rey inauguradas en 1963. Gustavo Perez Puig y su mítica versión de Doce hombres sin piedad
para Estudio 1. El reparto de lujo: Jesús Puente, Pedro Osinaga, José Bódalo, Luis Prendes, Manuel Alexandre, Antonio Casal,
Sancho Gracia, José Mª Rodero, Carlos Lemos, Ismael Merlo, Fernando Delgado y Rafael Alonso. ¡Ahí es nada!

Marisa Medina fue una de las presentadora más populares de los años 60 y 70, y Miguel de la Cuadra Salcedo de los primeros reporteros en ofrecernos una visión de lo que por entonces pasaba en la escena internacional, muchas veces jugándose la vida. Cuando iba por tierras no civilizadas de la selva amazónica, se ganaba rápidamente el favor de las tribus porque retaba al mejor de los guerreros en el lanzamiento de una lanza, y siempre ganaba. Y es que De la Cuadra Salcedo había sido campeón en el lanzamiento de jabalina, e incluso recordman mundial, pero su lanzamiento no fue homologado por utilizar un procedimiento, inventado por él, a semejanza del lanzamiento del martillo, que no se admitió por entrañar peligro para los espectadores.


Marisa Medina y Miguel de la Cuadra Salcedo
Marisa Medina y Miguel de la Cuadra Salcedo
Escala en Hi Fi

El programa Escala en Hi-Fi, presentado por el cantante Juan Erasmo Mochi, se convirtió muy pronto en uno de los más vistos y aplaudidos de la televisión. La idea era revolucionaria: utilizar actores (Gloria Cámara, Luis Varela o Maria José Goyannes entre otros) para simular en "play back" que cantaban la canción original.

Conocimos a familias lejanas que hablaban con voces en un español rarísimo y americanizado, como las de Lucille Ball (The Lucy show ) o la de los Cartwright en Bonanza o la de los Munster, parientes lejanos del conde Drácula


La familia Munster
La familia Munster
Familia Telerín

La Familia Telerín, muy simpática entre los mayores porque con su "vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar" mandaba a los niños a la cama y los padres se quedaban, tan tranquilos, disfrutando de la tele. Fue creada en 1964 por los hermanos Santiago y José Luis Moro y era la sintonía que todos los días, a las 20:30 en invierno y a las 21:00 en verano, indicaba que el día televisivo se había acabado para los más pequeños. Hubo varios anuncios, primero en blanco y negro y más tarde en color. La Familia Telerín estaba compuesta por Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín.


La familia Telerín
La familia Telerín. Ya va siendo hora de que los peques nos vayamos... a la cama

La Casa de los Martínez, que se mantuvo en antena durante cuatro años, y que cuando llamaban a su puerta, en vez de ser la vecina para pedirles un poquito de azúcar, era un famoso de turno. Hizo populares a Julita Martínez, Pepe Rubio, Lali Soldevilla, las Hermanas Hurtado y Rafaela Aparicio, a la que desde entonces se la llamó cariñosamente "la chacha de España".

Los Picapiedra, dibujos animados en la Edad de Piedra, pero con una sociedad idéntica a la de los Estados Unidos a mediados del siglo pasado. Pedro Picapiedra y Pedro Mármol, con sus sufridas esposas Betty y Wilma, reflejaban la clase media de la sociedad con sus salidas al campo, barbacoas en el jardín, partidas de boliche y troncomóvil familiar. Era un mundo de fantasía donde los dinosaurios, los tigres dientes de sable, los mamuts y otros animales ya extintos coexistían con los humanos, quienes usaban tecnología como la del siglo XX, pero mediante el uso de animales en lugar de aparatos eléctricos.


La Casa de los Martínez y Los Picapiedra
La Casa de los Martínez y Los Picapiedra

Series míticas americanas como Rin Tin Tin, protagonizada por el cabo Rusty, un niño que sobrevivió a un ataque indio en un tren que trasportaba a los colonos y tocaba la corneta en Ford Apache. Rin Tin Tin, un astuto perro pastor alemán, era su inseparable compañero.

En Furia se narraba la historia de Joy, un joven huérfano que es puesto bajo la custodia del ranchero Jim Newton, que le regala un hermoso caballo negro: Furia.

Daniel Boone, la historia de un aventurero y explorador del estado de Kentucky.

Los Intocables, con Robert Stack como Elliot Ness, el jefe de la brigada especial de la policía encargada de abatir a la mafia en tiempos de la Ley Seca.


Los Intocables
Los Intocables

El Virginiano, con las peripecias de un misterioso vaquero cuyo nombre nunca se conoció y que era el capataz del rancho Shilon, situado en un territorio indómito del estado de Wyoming.

La mayoría de chicos nos enamoramos de Elizabet Montgomery (Samantha), la bellísima protagonista de Embrujada. Y las mujeres envidiaban sus vestidos —siempre iba a la moda— y la facilidad que tenia para hacer las tareas domésticas con solo un movimiento de nariz.

En El Fugitivo, el Dr. Richard Kimble (David Janssen) era acusado, juzgado, encarcelado y sentenciado a muerte por un crimen que no cometió: el asesinato de su esposa. Cuando el inspector Gerard lleva a Kimble para ser ejecutado, el tren que lo transporta descarrila, el médico logra escapar y, con la ayuda del destino, convertirse en un maestro del escape pese al acoso que recibe y siempre en busca del hombre manco que supuestamente es el asesino.


Embrujada y El Fugitivo
Embrujada (Elizabet Montgomery) y El Fugitivo (David Janssen)

En El Agente de CIPOL, inspirada en las novelas de James Bond, Napoleón Solo (Robert Vaughn) era un resuelto agente secreto de una organización internacional de lucha contra el crimen, cuyo cuartel general estaba en Nueva York, camuflado como una tintorería. David McCallum interpretaba a su compañero Illya Kuryakin

Simon Templar, El Santo, se convirtió en el primer sex-symbol de la tele y héroe de chicos y chicas. Roger Moore, su protagonista, robaba, combatía el crimen, desafiaba la ley cuando era necesario, viajaba por todo el mundo, arriesgaba el pellejo, y todo ello sin despeinarse ni una sola vez.


El agente de CIPOL y El Santo
El Agente de CIPOL (Robert Vaughn y David McCallum) y El Santo (Roger Moore)

En Misión imposible, un grupo secreto comandado por James Phelps (Peter Graves) tenía como objetivo desarrollar misiones arriesgadas y difíciles tras el otro lado del Telón de Acero. "Si usted o algunos de sus miembros es capturado o muerto, negaremos el conocimiento de sus acciones. Este mensaje se autodestruirá en cinco segundos" era parte de la introducción a las complicadas aventuras de esta serie.

Super Agente 86, el anti James Bond, protagonizado por Don Adams, era una parodia a las películas y series de espionaje de tiempos de la guerra fría. Desde la entrada en la cabina telefónica que conducía al cuartel general de "Control", hasta el zapatófono, pasando por los escondites del agente 13, todo movía a la más completa hilaridad

También dejaron huella otras series como Ironside, el inteligentísimo abogado en silla de ruedas, o Los Invasores, aquellos extraterrestres que querían adueñarse de la Tierra.


Super Agente 86 e Ironside
Super Agente 86 (Don Adams y Barbara Feldon) e Ironside (Raymond Burr)

Narciso Ibáñez Serrador y sus Historias para no dormir fueron otro de los grandes éxitos de TVE. Títulos como El último reloj, El tonel, El hombre que vendió su risa, El transplante, El cuervo, El triángulo, El Asfalto, o El museo de cera, dejaron a muchos españoles faltos de sueño.

Cuando un millón de pesetas de entonces te hacía millonario, Un millón para el mejor pasó a ser el más popular de los concursos televisivos, y convirtió a una de sus ganadoras, Rosa Zumárraga Zunzunegui en la española más conocida. Joaquín Prat fue el primer presentador del programa y José Luis Pécker recogió el relevo.

Cesta y Puntos, con Daniel Vindel, triunfó inmediatamente. Se trataba de un concurso por equipos, basado en las reglas del baloncesto, en el que los colegios españoles ponían a prueba el conocimiento de sus alumnos.


Historias para no dormir, Un millón para el mejor y Cesta y Puntos
Historias para no dormir de Narciso Ibáñez Serrador, Un millón para el mejor cuando era presentado por José Luis Pécker,
y Cesta y Puntos con Daniel Vindel

Entre 1965 y 1968, Noche del sábado, con Tony Leblanc, especialista en decir frases que adquirieron gran popularidad. Como "lejía el Herrero, lava la señora, lava el caballero" y "paloma, palomita, palomera". O aquello de "estoy hecho un mulo" y "al Moreno lo mato, por mi madre", expresiones que pertenecían a Kid Tarao, el boxeador sonado que pasaba su vida entre el gimnasio y la Casa de Campo. Otros personajes por él interpretados eran Cristobalito Gazmoño y don Anselmo Carrasclás, el viejecito que tosía durante un buen rato: "Auuuuu, auuuuu,"… y al final decía: "ya".


Tony Leblanc
Tony Leblanc en sus papeles de Cristobalito Gazmoño y de don Anselmo Carrasclás

Los anuncios intercalados han existido siempre, para exasperación de los teleespectadores. Ya por los años sesenta, recuerdo una película española, interpretada por Mari Carmen Prendes, que lo dejaba bien claro. Llegaba el marido cansado a cenar y le preguntaba: “¿Qué nos ponen esta noche en la tele? Ella, resuelta, le contestaba: "Anuncios y El alma se serena" (éste era un programa religioso con el que acababa todos los días la programación)

En casa de mis padres, en Criptana, no hubo televisión hasta 1967, que fue el año que yo me independicé definitivamente en Madrid. Antes había estado un año de patrona, donde los huéspedes veíamos los programas que coincidían con las horas de las comidas y sobremesas, y muy de tarde en tarde cuando había fútbol o toros. Y durante cinco años que estuve interno en un colegio, sólo teníamos acceso a la televisión los domingos por la tarde. Nos pirriaba el musical Escala en Hi-Fi,

En el Festival de la canción de Eurovisión de 1968, en Londres, la cantante Massiel ganaba, por primera vez para España, el primer puesto con La, la, la, compuesta por el Dúo Dinámico. Y con polémica por medio, ya que Joan Manuel Serrat, el elegido en primer lugar para cantarla, quiso hacerlo en catalán. TVE se negó y optó entonces por Massiel para interpretarla. Al año siguiente, Salomé volvió a conseguir el primer puesto.


Massiel gana el Festival de Eurovisión en 1968
Massiel gana con La, la, la el Festival de Eurovisión de 1968

Entre 1968 y 1972 se emitió Colombo (Peter Falk), detective de la policía de Los Ángeles. Aparentemente despistado, con una gabardina vieja, fumando siempre un puro, conduciendo un Peugeot 403 y ¡sin pistola!, investigaba y resolvía los casos más sorprendentes, haciéndose pasar las más de las veces por imbécil para engañar así al sospechoso.


Colombo
Colombo
Tip y Coll

Galas del Sábado, fue un programa de variedades realizado por Fernando García de la Vega y estrenado en 1968. Consagró a Laura Valenzuela y a Joaquín Prat, sus presentadores, como una de las parejas favoritas de los espectadores. Durante mucho tiempo buena parte del público pensó que estaban casados, tal era su complicidad. Y otra pareja que triunfó fue la nueva que formó Tip con Coll tras su separación de Top. Participaron en el programa los cantantes de moda y los mejores humoristas españoles, intercalando las actuaciones musicales con diversos gags. Duró dos temporadas y se despidió en 1970. En un tiempo en el que nuestra tele no era precisamente glamourosa consiguió convencer a los espectadores de que los estudios de Prado del Rey eran algo así como un teatro de primerísima categoría en toda Europa porque, y eso es cierto, contrataban a los mejores.


Galas del Sábado
Galas del Sábado. Los presentadores Laura Valenzuela y Joaquín Prat y actuación de Tip y Coll

En 1965 comenzaron las emisiones en pruebas de la segunda cadena, el UHF que se decía entonces, y en 1966 las emisiones regulares, pero hasta el Mundial de fútbol de 1982, no tuvo una cobertura verdaderamente estatal. Su programación se articuló principalmente en la emisión de música clásica (Dirige Von Karajan, Música en la intimidad), en la exhibición cinematográfica (Cine Club, Filmoteca TV o Sombras recobradas), espacios dramáticos, ficciones en soporte cinematográfico (Cuentos y leyendas, Los libros o Los Pintores del Prado) y series documentales y pedagógicas.

El 21 de julio de 1969 se ofreció en directo la llegada del hombre a la Luna, en una memorable transmisión de Jesús Hermida. Fue de madrugada, y muchos españoles afortunados pudieron ver desde sus casas este hecho histórico que algunos creyeron una broma.


Jesús Hermida nos mostró la Luna
Jesús Hermida nos mostró la Luna

Al principio de la década de los 70 empezó a venderse la idea de que el Régimen, muy convenientemente modernizado, podría sobrevivir al propio Franco. Aparece así la serie Crónicas de un pueblo, en donde el maestro, el alcalde, el cura, el cartero, el alguacil, el médico..., las fuerzas vivas de la sociedad rural de entonces, divulgaban de forma popular y dicharachera la llamada democracia orgánica imperante entonces.

Y por esa misma época el Ministerio de Información ponía en funcionamiento por todos los pueblos de España El Teleclub. En Criptana también lo hubo, en la calle Convento, frente al taller de bicicletas de Joaquín, aunque ya por aquellos años eran mayoría las familias que disponían de televisor. Pero como en muchas zonas rurales faltaba de todo, además de en él ver los programas favoritos y de paso tragar una buena dosis de doctrina franquista, el teleclub servía para casi cualquier cosa: biblioteca, aula, salón de actos, centro de reuniones y de juego y hasta local para fiestas. Para los chicos y gente joven no dejo de ser una nueva versión de los locales de Acción Católica o de la OJE.


Crónicas de un pueblo
Crónicas de un pueblo

En 1971, Antonio Giménez Rico dirigió Plinio, serie basada en las novelas de Francisco García Pavón. Antonio Casal interpretó al jefe de la policía local de Tomelloso y Alfonso del Real a su inseparable amigo don Lotario. A la manera de un Sherlock Holmes y de un Watson manchegos, resolvían los delitos y crímenes que sucedían en el lugar.


Plinio
Plinio

En 1972, Narciso Ibáñez Serrador alumbra la primera temporada de Un, dos, tres... responda otra vez, que se convertirá en un clásico incombustible durante muchos años, y que contó con Kiko Ledgard y Valentín Tornos (don Cicuta), en su primera etapa. Se emitía en color, aunque pocos eran entonces los que disponían de los televisores adecuados. Kiko se sacaba el dinero del bolsillo y nos enseñó que usaba muchos relojes y un calcetín de cada color, aunque no eran precisamente sus piernas lo que mirábamos los espectadores.


Un, dos, tres
Un, dos, tres... responda otra vez

La Cabina, de Antonio Mercero y José Luis López Vázquez, sobrecogió al espectador en 1972. La censura no se dio cuenta que aquel guión de José Luis Garci, expresaba la opresión en que vivía el país, representado por aquella cárcel en forma de cabina telefónica.


La Cabina
José Luis López Vázquez en La Cabina
Los Payasos de la Tele

Informe Semanal, programa creado por Pedro Erquicia y aún en antena en la 1 de Televisión Española, es uno de los programas más veteranos y de más prestigio y calidad. Comenzó llamándose Semanal Informativo cuando vio la luz por primera vez el 31 de marzo de 1973.

Con El Circo de TVE y con aquel grito de "¿cómo están ustedes?" los payasos de la tele, Fofó, Gaby, Miliki, Fofito, y luego Milikito, hicieron las delicias de peques y mayores. Sus canciones son aún hoy como himnos de alegría. Gaby, Fofó y Miliki eran herederos de una larga tradición familiar circense, que se remonta al siglo XIX. Los tres eran hijos de Emilio Aragón Foureaux y sobrinos de José María y Teodoro Aragón Foureaux (estos formarían el grupo cómico Emig, Pompoff y Thedy).


Los payasos de la tele
Gaby, Fofó, Miliki y Fofito

En Estudio Abierto y luego Directísimo, de José María Iñigo, realizados en directo, cabían los humoristas, entrevistas y actuaciones musicales, y una sección titulada Mundo curioso donde se hizo célebre Uri Geller, aquel doblador mental de cucharas. Uno de los programas más recordados fue aquel en el que Paco Camino se dirigía a Palomo Linares con el término de "mushasho", cosa que a éste no le sentó nada bien y hubo un serio enfrentamiento con todos los teleespectadores como testigos.


Directísimo
José María Íñigo presentando Directísimo y detalle de la entrevista a Uri Geller

Multitud de humoristas, además de los citados Tip y Coll y el indiscutible maestro Gila, han pasado por los diversos programas de televisión a lo largo de los años, muchos de ellos con alguna frase que hicieron célebre. Y entre los pioneros, Cassen ("Es broma"), que entre chiste y chiste lo suyo era imitar, principalmente a Raphael.


Gila y Cassen
Gila y Cassen

Juanito Navarro siempre interpretaba exageradamente a personajes paletos de pueblo. Al principio formaba pareja con Lina Morgan.

Y Lina Morgan, nuestra gran cómica de la revista y de las varietés, luego sola, intervino a lo largo de su carrera en multitud de programas, siendo en 1996, con Hostal Royal Manzanares, el momento cumbre de su paso por televisión.

Eugenio fue un gran humorista catalán, seco y serio, que empezaba todos sus chistes con: "Y saben aquel que dice..." Martes y Trece. La Empanadilla de Móstoles

De Martes y Trece, dúo humorístico español formado por Josema Yuste y Millán Salcedo, ¿quién no recuerda sus programas antesala a las uvas de Nochevieja? Y sobre todas sus historietas y parodias, aquella antológica sobre la locutora Encarna Sánchez, la famosísima Empanadilla de Móstoles, recreación de la llamada de una oyente al programa de radio Encarna de Noche, donde a través de diferentes cambios de información la conversación se hacía cada vez más delirante y la locutora llegaba a perder los nervios. Enriquecieron el lenguaje coloquial con frases y tics como "qué potito", "qué herposo", "fijaté" o "herpanos y herpanas". Imitaban a todo bicho viviente, y celebradísima la que hacían a Paloma Gómez Borrero: "Desde Roma, Paloma, la corresponsal del Papa"


Lina Morgan y Juanito Navarro, Eugenio y Martes y Trece
Lina Morgan y Juanito Navarro, Eugenio y Martes y Trece

Chiquito de la Calzada comenzó su carrera como cantaor, pero la fama le llegó tras participar en el programa Genio y Figura de Pep Carroll a mediados de la década de los 90. Su éxito se debió a su particular manera de contar los chistes, incluyendo gestos y expresiones que pasaron a formar parte del lenguaje popular. Entre ellas,"jarrl", "pecador de la pradera", "quietor", "¿comorl?", "torpedo", "al ataquer", "peich", "por la gloria de mi madre" o "fistro".

José Luis Moreno, que incluso logró cierto éxito al principio como cantante de ópera, dio el salto a la televisión como ventrílocuo con los muñecos Monchito, Macario y Roquefeller. Dirigió varios programas, como Noche de fiesta, y actualmente es un reconocido productor y empresario audiovisual.

Ventrílocua igualmente, Mari Carmen, con los muñecos Doña Rogelia y Rodolfo, el león gay.


Chiquito de la Calzada y los ventrilocuos José Luis Moreno y Mari Carmen
Chiquito de la Calzada y los ventrilocuos José Luis Moreno y Mari Carmen

Pedro Ruiz, polémico humorista, periodista y presentador, empezó en programas deportivos, y él fue quien invento lo de "la moviola". Se inventó también lo de "pasmaooo", poniéndola en boca de su imitado, Alfonso Guerra, cuando ciertamente el entonces vicepresidente del Gobierno nunca pronunció esa palabra, pero tuvo tanto éxito que todo el mundo la asociaba a Guerra. Otra frase suya que logró impactar fue la de "Carolina, qué buena estás".

Y, ¡cómo no!, Esteso y Pajares, juntos y por separado; Zori, Santos y Codeso; Pepe Da Rosa; Cruz y Raya; Los Morancos y tantos otros.


Pedro Ruiz, Pajares y Esteso y Pepe Da Rosa
Pedro Ruiz, Pajares y Esteso y Pepe Da Rosa

Y también una pléyade nacidos a la fama o fortalecidos en su prestigio en las diversas etapas del Un, dos, tres, de Narciso Ibáñez Serrador, como Joe Rígoli, que interpretaba un personaje, Felipito Tacatum, concursante de pocas luces pero que siempre acertaba con las respuestas. A pesar del esfuerzo del presentador por quitárselo de encima, repitiéndole una y otra vez: "¿Se queda con el premio, o sigue?", Felipito siempre respondía: "Yo sigo", aún a riesgo de perderlo todo.

Bigote Arrocez, argentino, que empezó como cantante, pero logró su mayor popularidad gracias a su particular imitación de Cantiflas y aquella famosa coletilla de "piticlín, piticlín".

Beatriz Carvajal, lanzada a la fama por su personaje de "La Pelos", la prostituta tartamuda.

Fedra Lorente, que actuaba como "La Bombi", una chica con unos impresionantes pechos y una innata ingenuidad. Hizo famosas las muletillas: de "… ¿porqué será?"' o "…y eso duele".


Joe Rígoli, Bigote Arrocet, Beatriz Carvajal y Fedra Lorente
Joe Rígoli, Bigote Arrocet, Beatriz Carbajal y Fedra Lorente

Raúl Sénder nos traía múltiples figuraciones, entre ellas al despistado "Sherlock Holmes", que nunca sabía por donde tenía que irse. Su momento de mayor fama coincide con las etapas presentadas por Mayra Gómez Kemp en los años ochenta.

Arévalo, con personajes gangosos, pasotas o amigos de un tal "Moncho".

Las Hermanas Hurtado, "Las tacañonas", que siempre intervenían en la primera parte del Un, dos, tres y a veces en la subasta. Hicieron muy popular la muletilla de "hala vamos...hala venimos...".

Antonio Ozores intervino en muchos programas. Sus frases estaban llenas de palabras sin sentido y entre sus muletillas destacaban "no, hija, no" o "eso no se hace, caca". Al despedirse soltaba "...de todos los españoles", tras haber largado un discurso que nadie entendía ni papa.


Raúl Sénder, Arévalo, las Hermanas Hurtado y Antonio Ozores
Raúl Sénder, Arévalo, las Hermanas Hurtado y Antonio Ozores

El Dúo Sacapuntas, dos humoristas disfrazados de toreros, alias "El Linterna" y "la Pulga de Torremolinos", que hicieron circular de boca en boca muletillas como "22, 22, 22..." o "¿cómo estaba la plaza?" / "abarrotá".

Manolo Royo interpretaba a "Mc Royo" e hizo muy popular aquella frase de "aquí no pasa na".

Ángel Garó, siempre vestido de negro, tenía varios personajes, como "Juan de la Cosa" y sus adivinanzas "refinitivas"; "Pepe Itarburi", que nunca logró contarnos un chiste entero; "Maruja Jarrón" y su madre, que tenía que tener siempre cuidado con el escalón, y "Chikito Nakatone" con sus entretenidas sevillanas a lo japoné.

Y Pepe Viyuela, con disfraces como el de "Inventor" o el de "Frankestein". Sus famosos porrazos le hicieron favorito entre el público.


Dúo Sacapuntas, Manolo Royo, Ángel Garó y Pepe Viyuela
Dúo Sacapuntas, Manolo Royo, Ángel Garó y Pepe Viyuela

Volviendo al desarrollo cronológico de la televisión que vimos, Mundo Pop llegaba a nuestras pantallas cuando el régimen franquista daba sus últimos coletazos; se le considera uno de los primeros programas musicales verdaderamente underground. Dirigía el espacio Moncho Alpuente, con tan sólo 23 años y una pelambrera asombrosa, ayudado por otro melenas, Gonzalo García Pelayo, años después convertido el azote de los casinos, ya que con su hijo —son conocidos como Los Pelayos— utilizan un sistema de combinaciones matemáticas para triunfar en el juego.


Gonzalo García Pelayo y Moncho Alpuente
Gonzalo García Pelayo y Moncho Alpuente. Ayer y hoy

Los escotes en la España de los sesenta y primeros setenta eran algo inconcebible en la pequeña pantalla, así que en Televisión disponían de unos chales que tapaban púdicamente a las estrellas demasiado atrevidas. Hasta que en 1975, en abril, Rocío Jurado apareció en el programa Cambie su suerte, presentado por Joaquín Prat, con un modelo escotadísimo, para alegría de muchos espectadores y escándalo de los más reaccionarios.


Rocío Jurado
El famoso escote de Rocío Jurado cuando actuó en el programa Cambie su suerte de TVE, en 1975

Una mañana de noviembre de aquel año, 1975, Arias Navarro, entonces presidente del Gobierno, con una cara que parecía personaje salido de la Familia Munster, nos anunció que Franco había muerto. Fue el punto de despegue para grandes cambios en el país, y lógicamente, también en Televisión Española. Millones de españoles y de ciudadanos de todo el mundo siguieron las retransmisiones de los funerales y de la proclamación del Rey Juan Carlos I servidas por TVE, ya definitivamente con toda la emisión en color.


Muerte de Franco
Arias Navarro anuncia la muerte de Franco y proclamación de Juan Carlos I como rey de España

Había llegado la modernidad, y pudimos ver que los campos de fútbol de dentro de la tele eran iguales que los de verdad, incluso más vistosos por la enorme luz de los focos.

Félix Rodríguez de la Fuente, el naturalista que más ha hecho por la supervivencia y conservación de la fauna en España, ya en 1968 había presentado en Televisión Escolar, sentado delante de una tienda de campaña, en horario de mañana, un pequeño espacio titulado Félix, el amigo de los animales, con el que comenzó una larga y fructífera carrera que siguió con El Hombre y la Tierra y quedó truncada con su trágica muerte mientras rodaba nuevos trabajos en 1980.

La Clave, nacida en 1976, de José Luis Balbín, fue uno de los programas emblemáticos de TVE en la Segunda Cadena. El debate semanal sobre una cuestión de actualidad con unos invitados de excepción y una película previa que centraba el tema, muy pronto se convirtió en un termómetro con el que medir el grado de apertura del gobierno de turno.


Félix Rodríguez de la Fuente, José Luis Balbín y Alfonso Sánchez
Félix Rodríguez de la Fuente, José Luis Balbín y Alfonso Sánchez

Los niños se divertían con los dibujos animados japoneses de Heidi y descubrían el universo del magnífico programa infantil Barrio Sésamo. Era la primera generación de españoles que creció junto a Epi y Blas.


Heidi y Blas y Epi
Heidi y Blas y Epi de Barrio Sésamo

La segunda mitad de la década de los setenta es época de grandes éxitos televisivos. Prácticamente todo el país lloraba con La casa de la pradera, seguía las aventuras de Curro Jiménez ("Algarrobo, a los caballos") o aprendía historia con Napoleón y Yo, Claudio. La juventud bailaba con Aplauso, presentado por José Luis Uribarri.


La casa de la pradera, Curro Jiménez y Yo, Claudio
La casa de la pradera, Curro Jiménez y Yo, Claudio

Aplauso
José Luis Uribarri presentando Aplauso

España estaba cambiando. Las primeras elecciones democráticas fueron una auténtica fiesta para los españoles que votaban libremente por primera vez en muchos años. Ganó la UCD de Adolfo Suárez, y el despliegue informativo realizado por TVE fue luego una norma que se ha continuado con todas las posteriores noches electorales.

Llegó la transición entre anuncios de "Fa" que nos ponían como motos. Y Lalo Azcona se colocaba una corbata ladeada y nos daba las noticias de una manera como posiblemente nunca antes, ni nunca después, se hayan dado.


Anuncios de Fa y Lalo Azcona
Anuncios del desodorante Fa y Lalo Azcona

El 23 de febrero de 1981, la primera cadena de TVE estaba emitiendo en directo el debate de investidura de Calvo Sotelo, y a todos se nos heló la sangre cuando un fantoche con bigote irrumpió pistola en mano en el Congreso. Carlos Arias y Ángel Flores, operadores de televisión, grabaron casi media hora del momento poniendo en peligro sus vidas, aportando al mundo un documento audiovisual sobre la tentativa de golpe de estado. Inmediatamente, Prado del Rey fue ocupado por fuerzas militares y desapareció la información. Aquella noche los españoles sólo recibían noticias por la radio, hasta que un equipo móvil pudo llegar a la Zarzuela y el Rey desactivó el golpe hablándonos por la pantalla.


23 F
El 23 de febrero de 1981, el coronel Tejero de la Guardia Civil intento dar un golpe de estado

José María Calviño fue el primer director general de RTVE nombrado por el PSOE. Impulsó algunos programas provocativos como La bola de cristal, un infantil presentado por Alaska o Si yo fuera presidente, de Fernando García Tola. En series, triunfaron Falcon Crest y Dallas. Casi 22 millones de españoles seguían las peripecias de J.R.


La bola de cristal, Si yo fuera presidente, Falcon Crest y Dallas
Alaska en La bola de cristal, Fernando García Tola en Si yo fuera presidente, Falcon Crest
con la intrigante Angela Channing y Dallas con el malvado JR

En 1983 se originó un gran escándalo cuando en el musical Caja de Ritmos, dirigido y presentado por Carlos Tena, se incluyó el 23 de abril una actuación de Las Vulpess, que cantaron aquello de Me gusta ser una zorra. El periódico ABC aireó el asunto y dio pie a una querella criminal y a la dimisión de Tena.


Las Vulpes y Carlos Tena
Las Vulpes y Carlos Tena

En 1985 José Luis Uribarri ejerció como comentarista del Festival de Eurovisión, y desde entonces ha venido narrando las vicisitudes del concurso musical europeo ininterrumpidamente hasta su jubilación.

Nada más iniciarse el año 1986 contemplamos el primer desnudo integral en televisión, protagonizado por Cicciolina, en la gala ¡Viva 86! de Nochevieja. Aunque la primera persona en aparecer desnuda en la pantalla fue un hombre, en 1963, tras la final de la Copa del Generalísimo. En una de las entrevistas en el vestuario del Madrid, en segundo plano, se vio a Paco Gento como vino al mundo.

Y en 1986 se encarga de la dirección de televisión Pilar Miró, que quiso ser ella misma aquel año la realizadora del programa especial de Nochevieja, recreándose en los encantos delanteros de la cantante italiana Sabrina. Promovió el cine y las series de producción propia (Brigada central, La huella del crimen...), e introdujo la programación matinal, con Jesús Hermida al frente.


Cicciolina y Sabrina
Cicciolina y Sabrina Salerno, protagonistas de sonados destapes en TVE-1

La serie Verano Azul, de Antonio Mercero, realizada en los años ochenta y repuesta varias veces, se convirtió en un clásico de la televisión en España.

En la magnífica serie de Juncal, emitida en 1988, José Álvarez "Juncal" (Francisco Rabal) es un matador de toros al que una grave cornada deja inútil para el toreo en la plenitud de su gloria. Abandonado por todos, malvive en Sevilla con la única compañía de sus recuerdos y la de un limpiabotas, Vicente Ruiz, "Búfalo" (Rafael Álvarez El Brujo), antiguo forofo del torero.


 Verano Azul y Juncal
Verano Azul y Juncal

En 1989 TVE entró en el Libro de los récords, (El Guiness), por entregar el mayor premio hasta entonces en un concurso: 40 millones de pesetas. Fue en El precio justo, presentado por Joaquín Prat, que invitaba a los concursantes con su recordada muletilla: "¡A jugar!".


A jugar
Joaquín Prat y El precio justo

Las campanadas de fin de año siempre son complicadas: que si los cuartos, la bola que sube… Pero sin duda las de 1990 pasarán a la historia: la locutora Marisa Naranjo, una de las más conocidas presentadoras de continuidad, se equivocó, anunciando como cuartos lo que ya eran las primeras campanadas, y muchos españoles empezaron el año con las uvas en el plato. En diciembre de 1962 se había producido la primera transmisión, y desde entonces muchos han sido los rostros famosos encargados de dar comienzo al nuevo año. Durante algunos años, en la primera cadena, Ramón García, que a duras penas imponía algo de serenidad a la casi siempre incontinencia verbal de la acompañante de turno, como fue en el caso de la ínclita Carmen Sevilla


Marisa Naranjo, Carmen Sevilla y Ramón García
Marisa Naranjo, Carmen Sevilla y Ramón García

Televisión Española ya había dejado de ser la única televisión de España tras la aparición de las primeras cadenas autonómicas a partir de 1983. Fue el principio del final del monopolio televisivo, que quedaría abolido completamente con la llegada de las cadenas privadas en 1990.

Se generalizó así el uso del mando a distancia y el famoso "zapping", la mayor revolución en los hábitos de consumo televisivo. Pero aunque aquí no lo conocimos hasta entonces, ya en Norteamérica existía desde 1950 un modelo con cable con el explícito nombre de "Lazy Bones" (huesos vagos), y en 1956 apareció el "Space Command", sin cable, ambos desarrollados por la Zenith Radio Corporation.


Primeros mandos a distancia
Primeros mandos a distancia

A propósito del mando, dos anécdotas. La primera allá por los años setenta, cuando a un compañero de trabajo, muy amigo de las compras por correo (sobre catálogos bastante cutres de una firma comercial de Barcelona), se le ocurrió pedir lo que se anunciaba como ¡el invento del siglo!, el objeto de marras con el que poder encender o apagar el televisor sin necesidad de levantarse del sillón. Y claro que se lo mandaron: cinco metros de cable paralelo, un interruptor pera y, eso sí, con las instrucciones pertinentes para realizar las conexiones.

La segunda, una triquiñuela que utilizaba una conocida para tal menester: una vara larga con la que pulsar a distancia el botón, no sin cierta destreza para atinar convenientemente en el sitio adecuado.


Mando a distancia cañí
Mando a distancia cañí

La primera televisión propia que yo tuve fue en el año 1972, y se la compré de segunda mano —¡así eran las cosas antes!— a otro compañero de trabajo. Pero yo sí que le puse mando a distancia, y con un invento especial, una plataforma giratoria en una ventana practicada en la pared (hasta hace poco la conservaba, con otra televisión naturalmente) para poder verla en el salón y en el dormitorio. La instalación eléctrica era fija, empotrada, con mando en el salón y en la cabecera de la cama. Evidentemente, sólo servia para el encendido y apagado. En la trasera del televisor iba un cuadro, que ocultaba todo el tinglado y aparecía en una u otra dependencia.


Televisión giratoria en mi casa
Televisión giratoria en mi casa

Y retornando a las privadas, con ella vinieron las Mama Chicho y el "¡ay, qué calor!". Cristal encabezó la invasión de los culebrones venezolanos. Jesús Puente, con Su media naranja, inició el primer "reality-shows" a la española, en el que varias parejas contaban sus dichas y miserias ante la cámara. Luego le seguirían Paco Lobatón con ¿Quién sabe dónde? y Julián Lago con aquel "no conteste ahora, hágalo después de la publicidad" de La máquina de la verdad. Farmacia de guardia inauguró la moda de las telecomedias de ficción propias. Crónicas Marcianas supuso la consolidación de los "late shows", con su galería de personajes y "freaks", logrando millones de espectadores más allá de las 12 de la noche. Gran Hermano, la fábula apocalíptica que narró George Orwell en su libro 1984 dio pie a un programa polémico e inadmisible para algunos; el más innovador de la historia de la televisión para otros. Sea como fuere, su éxito ha provocado varios sucedáneos: Supervivientes, La Granja, La isla de los famosos, Gran Hermano VIP… Y, en fin, Aquellos maravillosos años se españolizó en Cuéntame cómo pasó, el capitán Furillo de Canción Triste de Hill street se transmutó en el Tito Valverde de El Comisario, y Fama se metamorfoseó en Operación triunfo.


La Mama Chicho
Las Mama Chicho

Un Mundo de Telavisión
Cristal, Jesús Puente con Su media naranja, Paco Lobatón con ¿Quién sabe dónde?, Julián Lago con La máquina de la verdad,
Farmacia de guardia, Crónicas Marcianas, Gran Hermano, Aquellos maravillosos años, Cuéntame cómo pasó,
Canción Triste de Hill street, El Comisario, Fama, Operación triunfo...

Ahora nos comen el coco con demasiados chismes del corazón.

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INDICE

80 LO QUE DESAPARECIÓ

Es una relación de instituciones, profesionales, industrias, establecimientos, edificios y lugares, parajes o rincones más emblemáticos desaparecidos.

Para una mejor ubicación en el entramado del plano de Criptana, damos previamente el nombre que tenían antes algunas de nuestras calles y plazas:


Pozo Hondo: Plaza del General Espartero / de los Caídos

Paloma: Corrales

General Pizarro: Luna / Travesía de Tiendas / Castelar

Plaza Mayor: de la Constitución / del Generalísimo Francisco Franco


Plaza del Generalísimo Franco
La Plaza Mayor, entonces del Generalísimo Franco, por los años 60

Hermanas Peñaranda: Angora / Bardón / Mediodía

Castillo: Marqués de Mudela / Pi y Margall / José Antonio

Concepción: el trozo del Pozo Hondo a la calle Castillo era conocido como la Cerca de los Frailes

Reina (dividida en tres partes): Huertas, Pintado y Ángel del Paraíso

Virgen: Magnes / Bardón / Empedrada / Árbol del Paraíso

Caño: Cruz Verde / Fuente / Gral. Primo de Rivera

Miguel de Cervantes: Torrecilla

Cristo: Villagordo

Soledad: Hospital / Pastrana / Alfonso XIII

Santa Ana: Iglesia / Bernardo Gómez

Murcia: Tiendas / Alfonso XII / García Morato


Criptana en 1915
Vista de Criptana en 1915

Pozo de las Eras: Plazuela de las Infantas

Tercia: Hontanilla de la Tola / Conde de las Cabezuelas / Calvo Sotelo

Cardenal Monescillo: Herriega / Tardía

Fernández Calzuelas: Pósito

Antonio Espín: Puente

Agustín de la Fuente: Paseo de la Estación

C/ de Caño y alrededores
  • Cine de verano Imperio, en el 8. Muy destartalado y que parecía más bien un corral. Dependía del Cine Rampie. El "gallinero", junto a la pantalla, eran simples bancos de madera.

    Cine Imperio
  • Bar Pepe (a la entrada del Cine Imperio).
    No es Acuarium,
    ni es Chicote,
    ni Gambrinus,
    ni Negresco;
    es Pepe en su bar terraza,
    a la entrada del cine Imperio.
  • Fabrica de gaseosas, sifones y polos de fresa limón y menta de Agudo, junto al cine Imperio, en el 6. Y con puesto también dentro del Teatro Cervantes. Una especialidad eran los polos con leche, pero más caros.

  • Carnicería, salchichería y venta de tripas para embutidos de La Hormiga, frente a Agudo.

  • Parque Cine Ideal, en la calle Veracruz, en el 4. Muy fresquito y agradable. Dependía del Teatro Cervantes. En él se celebraban también bodas, desmontando las butacas.

    Cine Ideal
  • Hostal Veracruz, en el 11.

  • Pescadería y frutería de Casero (Los Gatos), en el 14. Permanece un local más reducido de uno de los hijos.

  • Antigua zapatería de Francisco Iniesta Pinorra, con compostura de zapatos, en el 13, esquina a la calle Mayorazgo. Permanece una zapatería de uno de los hijos.

    Pinorra
    Francisco Iniesta Pinorra

  • Guarnicionería de Juan José Herencia, en el 15, en la otra esquina de Mayorazgo.

  • Clínica de enfermería y servicio de practicante de Juan Manuel Sánchez-Calcerrada, Bisturí, en la calle Mayorazgo.

  • Asilo de Ancianos, junto a la fuente del Caño. Antes estuvo en el solar del Teatro Cervantes y actualmente a la salida del pueblo, en la carretera de Alcázar.

    Asilo antiguo de Criptana
    Asilo antiguo de Criptana
  • Fragua de Dionisio Lilla, en la calle del Norte
C/ de Santa Ana y alrededores
  • Tienda de tejidos de Iluminado García (antes de establecerse en la calle de la Virgen), frente a la Iglesia.

  • Tienda de artículos de limpieza de Andrés Quintanar, junto al anterior.

    Iluminado y Andrés Quintanar

  • Hogar de la Falange, en la hoy Casa de Cultura. Tenían bar y sacaban terraza en el verano en la plazoleta de Don Ramón Baillo, junto a la Iglesia.

  • Pileta y fuente, con una bola del mundo en el centro, en la plazoleta.

  • Casino de la Concordia (cuando se fundó era Círculo de Bellas Artes y tras la Guerra Civil pasó a ser Hogar del Productor), frente a la plazoleta de la trasera de la Iglesia. Tenía delante una terraza con barandilla y escaleras de subida de piedra. Los bailes que organizaba en el Carnaval tenían fama en toda la provincia. Antes estuvo en la calle del Convento, frente a la travesía, en la casa de la funeraria.

  • Fonda Pintor, en el lateral izquierdo del casino de La Concordia.

    Calle de Santa Ana en 1947
    Semana Santa de 1947 al principio de la calle de Santa Ana. La iglesia empezó ese año
    a construirse, al fondo se ve el antiguo Teatro Cervantes, y la balaustrada de la derecha
    es la de la terraza del casino de la Concordia (El Hogar del Productor)

    Casino de la Concordia y Fonda Pintor
    El Casino de la Concordia, la Fonda Pintor y la fuente de la plazoleta de Don Ramón Baillo

    Propaganda del Casino de la Concordia
    Propaganda de bailes en el Casino de la Concordia

  • Posada de Boluda, en el solar de la plazoleta de Don Ramón Baillo.

  • Hotel Santa Ana, de los Felipones, en el 5

    Recuerdo un día en la cafetería (esta aún permanece), que una pareja joven de japoneses pidieron una botella de vino, y les sirvieron también un sifón como era la costumbre. Y ante las miradas atónitas de ambos, preguntándose cómo se manejaba tal artefacto, el camarero les indico con ademanes que debían apretar con fuerza el manubrio mientras canturreaba aquello de "sifón, sinfoneado, que le aprietas y hace fu". El muchacho siguió al pie de la letra el consejo, echó vino en los dos vasos y aplicó el sifón, que estaba lleno y con todo el gas. Y, claro, tanta fue la fuerza de salida y tan tremendo el susto, que todo saltó por los aires, las bebidas se derramaron y ellos y las sillas acabaron por el suelo. Por supuesto, con las risotadas inmisericordes de los presentes.

  • Oficina del Registro Civil, en el 4, tras la plazoleta.

    Plazoleta
    Otra imagen de la fuente de la plazoleta de Don Ramón Baillo

  • Bar Ruta del Quijote, en el 6.

  • Tejidos y muebles Camacho Hermanos, en el 7.

  • Caja de Ahorros de Cuenca, en el 15.

    Caja de Ahorros de Cuenca


  • Botica de don Bernardo Gómez, también ilustre director de la Filarmónica Beethoven y con busto en bronce en la plazoleta de la Iglesia, a continuación, esquina a la calle de Santa Teresa, en una gran casa que se conocía, claro, por las de los Gómez. El mancebo de la botica fue durante muchos años Andrés Quintanar.

  • Fontanería de Francisco Cuadra, en el 12, llegando a la calle del Gral. Pizarro.

  • Fonda de Aguedillo (en tiempos muy lejanos), frente a la calle del General Pizarro.

  • Paquetería y mercería de Higinio Torrente, en este mismo solar de la fonda de Aguedillo, frente a General Pizarro. Especialista en camisería, calcetines, tirantes y ligas para caballeros, y corsés y medias de seda.

    La Ruta del Quijote, Cuadra y Torrente

  • Horno de la pastelería Niño de la calle Castillo (antes de tenerlo en la calle de la Reina), en este mismo edificio, frente a Gral. Pizarro.

  • Tienda de tejidos y confecciones de Florentino Muñoz, "Floren", en el 17, en el mismo edificio antes comentado, sede actual del Banco BBVA.

  • Clínica veterinaria de don Feliciano León, en el 22, con el banco de herrería por la calle Murcia.

    Feliciano León
    Aún se conservan en el montante de la puerta del número 22 de la
    calle de Santa Ana las iniciales del veterinario don Feliciano León

  • Tiendecilla de chucherías y variantes diversas de Chufitas. Especialista en horquillas para tirachinas y petardos, por donde está el despacho de Loterías de los Cebolleta.

  • Eugenio Violero. Recadista. Junto al anterior.

  • Estanco de Cebolleta, en el 24, con venta también de licores a granel y de sogas. Permanece el despacho de Loterías.

  • Doña Adela, la comadrona, que tantos hijos trajo al mundo cuando las mujeres parían en sus casas, en el 36.

    La calle de Santa Ana en tiempos de la II República
    La calle de Santa Ana en tiempos de la II República

  • Viuda de José Vicente Olmedo. Comestibles. En el 25.

  • Comestibles Serrano, en el 27.

  • Relojería Díaz Ropero, en el 29.

    Vda. de José Vicente Olmedo y Relojería Díaz-Ropero
    La calle de Santa Ana se la denominó en tiempos de Don Bernardo Gómez

  • Guarnicionería de Prisillas, donde ahora Gráficas Díaz Hellín. También estuvo la guarnicionería por la calle del Matadero Viejo.

  • Ramón Sánchez Quintanar. Almacén de maderas, materiales de construcción y saneamiento, en el 31. Ahora en la carretera a Pedro Muñoz.

  • Alpargatería y zapatería de Las Guapas, en el 35.

  • Electro Santa Ana, en el 35.

  • Bar El Rincón de Pepe, también en el 35. Varias veces cerrado y reabierto de nuevo…

  • Tienda de Rametes, esquina con la plaza de Santa Ana. Luego se marchó del pueblo enrolado en una trouppe de circo, de músico.

  • Despacho de vinos de la Cooperativa Virgen de Criptana, donde la tienda de Rametes.

    Rametes y Cooperativa Virgen de Criptana
    Aquí estuvo la tienda de Rametes y luego el despacho de vinos de la Cooperativa Virgen de Criptana

  • Tienda de comestibles Carrasco, en la plaza de Santa Ana, en el esquinazo entre las calles de Portugal y de la Rinconada. Tenía de todo.

  • Anuncio en azulejos de Abonos Nitrato de Chile, sobre la puerta de la tienda.

  • Vinos Claudio, en la Rinconada de Santa Ana 1

  • Taller de bicicletas y motos de Julián Arteaga, en el 44. Permanece el taller que puso uno de sus oficiales en la acera de enfrente.

    Carrasco
    Tienda de comestibles de Carrasco

  • Pescadería y frutería Casero (uno de Los Gatos), en el 48. Existe un local más pequeño de un hijo de aquel, Sebastián.

  • Carnicería de León Ortiz, hijo de Diómedes, más allá de la pescadería.

  • Puesto de chucherías de la Dacia, al final de la calle, en el 53, en la puerta de su casa. Pero su sitio principal estaba en la Plaza, en la esquina de la hoy Casa Parroquial.

    La Dacia
    Puesto de chucherías de la Dacia

  • Peluquería de José Mota Manzaneque, a continuación de la casa de la Dacia.

  • "Labor" de Las Toribias, donde se enseñaba a las niñas a leer, escribir, a bordar y a rezar, frente a la casa de la Dacia.

  • Tortas del Caballista, tan afamadas para todos los de nuestra generación, igualmente frente a la Dacia.

    José Mota
    Peluquería de José Mota

  • Cordelería de los hermanos Nicéforo y Manuel de Ceja, hacia el final de la calle.

  • Guarnicionería de José María el de Ceja, hermano de los anteriores, junto a ellos y antes en la esquina de la calle de la Virgen con la del General Pizarro.

  • Tienda de comestibles de Abundio Escudero, en la calle de la Guindalera.

  • Bodega de Ramón Beamud, en la calle del Calvario.

    Abundio y bodega de Ramón Beamud
    Tienda de Abundio y bodega de Ramón Beamud

  • Coloniales Alarcos, en la calle de las Hermanas Peñaranda 8. "Quienes hacen sus compras en este almacén ahorran dinero", anunciaba en su propaganda.
C/ del general Pizarro

    Calle del General Pizarro
    Calle del General Pizarro

  • Consultorio médico de Don Julián Esteso, en el 3.

  • Clínica de enfermería y servicio de practicante de Julián Esteso (Julianete), Hijo del anterior, en la misma casa.

  • Almacén de tejidos de Domingo Esteso, padre y abuelo de los anteriores, en el 5, donde la farmacia, con vuelta a la calle Murcia. Se anunciaba como la "casa que más barato vende", y ofrecía, entre otras cosas, "colchas de seda importadas de la China, camas de hierro y todo tipo de muebles".

  • Faustiniano Hidalgo. Recadista. Junto a la tienda anterior.

  • Estafeta de Correos y Telégrafos, frente a la casa de don Julián Esteso.

  • Servicio de transporte postal y de viajeros de Marcelo. Acarreaba las sacas de correspondencia entre la estación de ferrocarril y la estafeta, y aprovechaba para subir o bajar también viajeros en su viejo coche, tipo diligencia, tirado por un caballo. Era una estampa que resultaba incluso anacrónica en aquellos tiempos.

    Almacén de Domingo Esteso y una evocación del viejo coche de Marcelo
    Almacén de Domingo Esteso y una evocación del viejo coche de Marcelo

  • Farmacia de don Félix Puebla, esquina a la calle Murcia, donde la actual de García-Reillo y antes de don Evelio.

  • Droguería y perfumería Mil- Ros, junto a la farmacia.

  • Peluquería de Ortas, luego de Aurio, frente a la farmacia.

  • Despacho de tocinos y jamones de Diómedes Ortiz (desapareció hace muchos años), luego en la calle de Santa Ana y también desaparecida.

  • Almacén de bebidas de Juan José Fernández (desapareció igualmente en tiempos bastante lejanos).

  • Tienda de comestibles y frutería de Lucas y antes de su suegro Toribio, a continuación de la farmacia. También periódicos y taxi.

  • Lola, la alpargatera, junto a la casa de los Granero. Su marido hacía y ponía persianas.

    Mil-Ros y Lucas

  • Papelería y periódicos de Arias (primero la Concha y luego El Sordete y su mujer Vicenta), junto a la alpargatería y esquina a la calle de la Virgen.

    Decenas de tebeos colgaban en una cuerda a lo alto del mostrador, prendidos con pinzas de tender la ropa. Los había de risa como el TBO, que dio nombre a todos los demás, con historietas tan conocidos como las de los inventos del profesor Franz de Copenhague o la familia Ulises, el Tío Vivo, DDT, Mortadelo y Filemón, Pulgarcito, Pumby, Jaimito...

    Y de aventuras: El guerrero del Antifaz, El Capitán Trueno, El Cachorro, El Jabato, El Corsario de Hierro, Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas Bélicas, Mendoza Colt

    Y para las chicas: Florita, Mis Chicas, Azucena, Mariló, Sissí, Lily, Mary Noticias, Susana e infinidad de cuentos de hadas y encantamientos.

Tebeos

C/ Murcia
  • Consultorio médico y clínica dental del doctor Valiño, en el 5, en la que fue casa de la familia de mi mujer.

  • Daniel Escribano. Recadista. En el 9.

  • Despacho de leche de los Escribano, con la madre Felisa en el mostrador.

    Daniel Escribano. Recadista

  • Zapatería de Miguel Campos, especialista en suelas de goma, en el 11, donde la bisutería El Capricho.

  • Relojería de Antonio Anento, que fue en tiempos también administrador del Teatro Cervantes, también en el 11.

  • Tienda de frutos secos de Santillos, especialista en almendras tostadas, igualmente donde El Capricho.

  • "Alcahuetería" de los Arias de Alcázar, junto al Bisutero.

    Calle Murcia
    Calle Murcia. A la derecha, la casa donde tuvo abierta consulta el pediatra y dentista doctor Valiño.
    Antes fue la casa familiar de mi mujer, los Ossorio Badía

  • Almacén de frutas de Bermejo, casi esquina a la calle del Gral. Pizarro, esquina de los pares.

  • Trinidad Briega, en el 16 (posteriormente en otros domicilios), comisionista y representante de diversos negocios y agente de seguros. Antes tuvo peluquería en la Plaza, en la calle de la Virgen y en la del Castillo (que traspasó luego a Los Pelos).

    Trinidad Briega

  • Taller de ebanistería de Ángel Herencia (luego en la calle de Isaac Peral, junto a la entonces bodega de Simpliciano), en el 25.

  • Zapatería de Valeriano Alarcón (con la madre, Manuela, muchos años al frente) en el 27.

  • Taller de costura de mi tía abuela Dolores Quintanar, en el 16.

    Especialista en dar la vuelta a los abrigos y pellizas, además de otras cosas que serían impensables hoy en día, como sacar de unos pantalones viejos del padre uno para el hijo. Hacía todo sin medir, sólo había que llevarle una prenda de muestra.

    Calle Murcia
    Zapatería de Valeriano Alarcón y evocación a mi tía abuela Dolores Quintanar

  • Mesón de Jesús Ortiz (en tiempos muy lejanos).

  • Mesón de Manuel Esteban (en tiempos muy lejanos).

  • Fragua de Canalejas, en el 34. Los hijos siguieron en el negocio: Manuel en el local de su padre y Ángel en el 47, casi frente por frente. Ahora es un nieto el que continúa la tradición familiar en el 50.

    Canalejas

  • Carretería de Machotas, al lado de Canalejas.

  • Carpintería de León y luego de su oficial Juan José Leal El Carpinterete, al lado de Canalejas.
Carpinterete
Juan José Leal El Carpinterete

C/ de la Soledad
  • Posada de Olmo, luego de Manuel Vaquero, esquina con la Plaza hace muchísimos años.

  • Alpargatería y cordelería de Isidro Torres Moreno, frente al Teatro Cervantes.

  • Clínica dentista de don Fernando Cilia, frente al Teatro Cervantes.

    Isidro Torres y Fernando Cilia

  • Tiendecilla de chucherías y de todo lo que pidieras de La Pradilla (la mujer del Pradillo, claro), frente del Teatro Cervantes. La hija, por supuesto, también era La Pradilla.

  • Clínica dentista de don Horacio del Barco, en una casa con varios vecinos que ocupaba el solar de la actual guardería.

  • Fotografía Muñoz, en el 6. Local luego regentado por los hermanos Esteban y Primitivo Molina.

  • Zapatería de Antonio Muñoz Escribano, especialista en "zapatos de lujo".

  • Comercio en general de Santiago Olivares, que incluía hasta la venta de azafrán, en el 12.

    Santiago Olivares

  • Portada y retablos de la ermita de la Soledad.

    Ermita de la Soledad
    Portada del s. XVIII de la ermita de la Soledad, desaparecida al final de los años 60.
    Y retablo mayor incendiado en 1936

  • Comestibles La Buchaca, en la plazoleta de la calle del Cristo.

  • Consultorio médico de don Salvador Martínez, hacia el final de la calle de la Soledad. Hacía las visitas domiciliarias en tartana.
Calle de la Soledad
Calle de la Soledad

Plaza Mayor
  • Quiosco de Ortas, con su mujer, Maruja, que vendían lotería de los ciegos, junto a la iglesia.

  • Antigua iglesia, incendiada en 1936

    Iglesia parroquial desaparecida en 1936
    Exterior y retablo mayor de la iglesia parroquial desaparecida en 1936

  • Quiosco de la Música, en el centro de la Plaza.

    Antiguo Quiosco de la Música
    Antiguo Quiosco de la Música

  • Antiguo entorno de la Plaza.

    Plaza años 40
    Antiguo aspecto de la Plaza por los años 40

  • Mercería de la Esmeralda, esquina a la calle del Caño.

  • Paco, El Carnicero, a continuación de la mercería.

  • Estudio fotográfico de la PBL, que eran de Alcázar, en la rinconada junto al Teatro Cervantes. Luego DUMNY, de Isidro de las Heras, que ejerció de manchego aunque no lo fuera, y posteriormente de Manzanares, Malmira.

  • Antiguo Teatro Cervantes, en el solar del actual.

    PBL y Teatro Cervantes
    Los estudios de la PBL y el antiguo Teatro Cervantes en fotografía tomada durante una procesión de Semana Santa

    Teatro Cervantes

  • Puesto de "helaetes" caseros de Piejo. Podían ser de cucurucho o de medida, ajustados estos últimos con unas máquinas especiales entre dos galletas. Se ponía generalmente a la altura del Teatro

  • Puesto de chucherías de la madre de los Alcolado, junto a la puerta del Teatro Cervantes. Ellos, en los descansos, recorrían los pasillos con un cajoncito colgado al cuello pregonando la mercancía.

  • Hospital Asilo de San Bartolomé, frente a la iglesia, en el solar del Teatro Cervantes. Cuando éste (el antiguo) se construyó en 1907, el asiló pasó a otro edificio junto a la fuente del Caño, y allí permaneció, regentado desde 1910 por una comunidad de religiosas de la Congregación de Ancianos Desamparados, hasta su traslado actual a la salida del pueblo, en la carretera de Alcázar.

  • Cafetería Los Molinos, más conocida como bar de Los legaña, en la esquina con Soledad.

    Legaña
    Bar de Los Legaña

  • Puesto de La hermana Castañera, junto a la puerta de Los Molinos.

    La hermana Castañera

  • Puesto ambulante de "helaetes" caseros de Cayo Mínguez, también zapatero remendón en la calle la Reina. Acudía a la Plaza a la hora de las sesiones de cine.

    Carrito de los helados

  • Antiguo Bar Eugenio, donde ahora el Bar La Plaza. Aquí ha habido un cambalache de nombres que nadie entiende con el que ahora ostenta la titularidad, pero ambos son retoños del que fundara Eugenio Jiménez.

  • Y antes que estos, al principio de los años 40 del pasado siglo, el Bar Ramírez, que no permaneció mucho tiempo.

    Bar Ramírez


  • Taberna de La Gabina "Bar Bejarano" (luego "Bar Los Faroles"), donde ahora Eugenio. Con estos ripios se anunciaba en los años 40:
    Si en este verano
    tú tienes calor,
    vete al Bejarano,
    el sitio mejor.
    Vermut y refrescos,
    cerveza muy fría,
    anchoas y mariscos
    y hay gambas del día.

    Y para la feria del 53:

    Cuando llegue usted al Parque,
    si llega con sofoquina, vaya a ver el tenderete
    que allí tiene La Gabina.
    Bejarano, Eugenio y Legaña
    Al fondo, el Bejarano, Eugenio y Legaña

  • Puesto de berenjenas de Foril, junto a las terrazas de los bares.

  • Puesto de titos (unos blandos y picantes y otros duros) de la hermana Cordeles, frente a las terrazas.

    Terrazas de la Plaza
    Las terrazas de la Plaza

    Las terrazas de la Plaza siempre han tenido su encanto, y era costumbre sentarse en compañía de una botella de vino de la tierra, generalmente blanco, y un sifón. No era usanza en Criptana dar tapa en las consumiciones; había que pedirlas y se cobraban, pero eran raciones individuales en unos platillos ovalados. Cada bar tenía su especialidad: el Bejarano, la salsa de asadura (¡sin palabras!); Eugenio, las gambas y los boquerones con gabardina, con un rebozado finísimo y crujiente, y Los Molinos, con los Legaña tras la barra, profesionales como la copa de un pino, el mero a la plancha. Alguien ha preguntado si en nuestro pueblo existe un mar donde se pesque ese mero tan característico ya en todos sus bares, ¡que no es mero y sí marrajo!, pero es que tiene ese sabor tan... especial. Bueno, y si esto no era suficiente, pues un cucurucho de titos o unas berenjenas.


    Especialidades de los bares
    Especialidades de siempre en los bares de Criptana

    Berengenas y titos
    Y siempre era buen momento para una botella de vino y sifón con unas berengenas de Foril
    o con un cucurucho de titos de la hermana Cordeles

    Otra característica de Criptana es su buen vermú, de categoría como el que embotellaban las Bodegas Girona, o más de pasto, servido incluso en chatos como el vino (costaban algo más) elaborado por las cooperativas. El mismo Eugenio, en su bodega, hacía un buen vermú, y Minguijón (el primero que lo elaboró en Criptana), además del ajenjo y otras yerbas en proporciones y fórmulas secretas, incorporaba higos secos para azucararlo. En cualquier caso, siempre ha sido un vermú negro, del que el prestigioso comentarista culinario de la revista Cambio 16, Xavier Domingo, decía: "Conozco pocos placeres del paladar tan gratos como una porción de anchoas, tocadas con un perfumado aceite de oliva virgen y unas gotas de vinagre de vino, regadas con un vermú negro de Campo de Criptana alargado con hielo y sifón…"


    Vermut negro de Campo de Criptana

    Y en la otra zona, junto al Ayuntamiento, la terraza que siempre ha sido estrella en el verano, ahora venida un poco a menos, la del Casino Primitivo.


    Terraza del Casino primitivo
    Terraza del Casino Primitivo

  • Soportales de la plaza. En las casas antiguas de esta zona de los bares. Eran buenos para guarecerse de la calina o de la lluvia.

  • Puesto de chucherías ambulante de Memé, en cualquier sitio pero principalmente en la Plaza.

  • Puesto de chucherías de La Santa Negra, junto a la puerta del Bar Bejarano.

  • Carnicería de Felipe Muñoz (luego trasladada a la calle de la Virgen, frente al banco Santander Central Hispano), donde el Hotel Sancho.

    Antiguos soportales de la Plaza
    Antiguos soportales de la Plaza

  • Bar los Hermanos, por la zona de los soportales.

  • Taberna de Domingo Flores, mi abuelo (a principios del siglo XX), por los soportales.

  • Frutería de Santiago Masa. En los primeros años del siglo pasado.

  • Puesto de aguardientes y taberna de José Antonio Briega (en las primeras décadas del siglo pasado), por esa zona de los soportales.

  • La Higiénica, peluquería de Trinidad Briega (en tiempos antiguos), a continuación del anterior. Luego se trasladó a la calle de la Virgen y por último a la del Castillo, que es la que hemos conocido de Los Pelos. El padre de ellos, Alfonso, que era oficial con Briega, se quedó con ella.

  • Tienda de comestibles de Arsenio Mascaraque, por esa misma acera.

    Los Hermanos y Arsenio Mascaraque

  • Tiendecilla de chucherías, plátanos y dátiles de La Pata Galana, igualmente por los soportales. Luego se trasladó a otro pequeño "cuartejo" por donde está Radio Panadero.

  • Parada del coche Arteaga.

    Parada del coche Arteaga
    Parada del coche Arteaga.
    Junto a la puerta del Teatro se ve a Chulán, el impedido que vendía tabaco generalmente junto a Muebles Herencia

  • Hostal Sancho, varias veces reabierto y cerrado de nuevo… Permanece el bar cafetería.

    Hostal Sancho

  • Puesto de "alcahuetas" de los Arias de Alcázar, por donde está el monumento a Cervantes. Convivían los domingos en la Plaza junto a todos los demás puestos.

    Puesto de los Arias

  • Banco Central, en la antigua casa de don Enrique Alarcón que hoy cobija un establecimiento de comida rápida. Luego pasó a la Calle Castillo.

  • Biblioteca Municipal, en el mismo local anterior de la casa de don Enrique Alarcón. Antes estuvo ubicada en la casa aneja al antiguo Ayuntamiento, en uno anterior al recién demolido; en la actualidad es una sección más en el ámbito de la Casa de la Cultura, en la calle de Santa Ana, frente a la iglesia.

  • El Nuevo Vulcano, almacén de ferretería, maquinaria, productos químicos y enológicos y gran surtido de juguetería de Ramón García Casarrubios, El Niño Bonito, en el 11, en la antigua casa de Alarcón.

    Casa de Enrique Alarcón
    A la derecha, la casa de Enrique Alarcón en 1958, año en el que fue bendecida la Iglesia Parroquial

  • Farmacia de Evaristo Quirós, en la esquina con la calle del cardenal Monescillo.

  • Comercio de "La Buena Estrella", antes de abrirse la farmacia de Quirós. Luego se trasladó al final de la calle de Santa Ana.

  • Guarnicionería de Ramón Sánchez Quintanar, en el 9, en la Casa Parroquial, que antes era conocida como la "Casa del cura", y que fue anteriormente propiedad de las hermanas Peñaranda.

  • Carnicería José Mary Muñoz, en el local anterior.

    La Buena Estrella
    Así se anunciaba el comercio de La Buena Estrella, ya trasladado al
    final de la calle de Santa Ana, en el Programa de Ferias de 1939,
    recien acabada la Guerra Civil

  • Puesto de chucherías de la Dacia, en la esquina de la Casa Parroquial. Otras veces se ponía al final de la calle de Santa Ana, en la puerta de su casa.

    Dacia Ortiz de la Guía era una mujer enlutada, de avanzada edad, de típicas sayas y pañuelo a la cabeza, que tras su puesto, hiciera frío o calor, nos surtía de chucherías y demás menudencias a la chiquillería de entonces. Tenía casi de todo, pero eso sí, perfectamente colocado y clasificado: caramelos variados, boletas de anís, zaras negras y rojas, chicles de boleta y de pastilla (los Bazoka), sifones o gallos de plástico llenos de anises, figuras de masa de azúcar, pan de higo, chocolatinas, cigarrillos y monedas de chocolate, cigarrillos de verdad, chufas, castañas pilongas, pipas, que vendía a granel, a perragorda la medida, "discretas" gafas de colorines, relojes de plástico, pelotas de badana con una goma…

    Pipera
    Un puesto de "chuches" de aquella época

  • Droguería y ferretería de Alfonso Molina, luego de Eugenio Fernández, en el 12, en la esquina de la Casa Parroquial.

  • Churrería de Florentino Sanz, que también freía buñuelos y servía horchata y refrescos, en el 13. Después siguieron sus hijos (Nati La Churrera, tan recordada) y luego Perreta.

  • Manuel Vaquero El Recadista, que murió a los 36 años de pulmonía, al lado de la churrería.

  • Pablo Ortiz, cuñado del anterior y al que sucedió en el oficio de recadista.

  • Salchichería de Manuel Sánchez, donde está Radio Panadero. Fue la primera tienda en el pueblo que puso frigorífico, y tenía también ganado y matadero por la calle de la Luna. Era indiano oriundo de Salamanca.

  • Bar Guitarra, donde Panadero.

    Alfonso Molina. Bar Guitarra. Florentino Sanz

  • Confitería, heladería y horchatería de la Margarita.

  • Las farolas de piedra.

    Las farolas de piedra
    Las antiguas farolas de piedra de la Plaza

  • Antiguas Casas Consistoriales. Donde el actual Ayuntamiento.

  • Cárcel de la Villa, adosada a la antigua Casa Consistorial.

  • Oficina de Correos y Telégrafos, dentro del edificio de la Casa Consistorial; luego fue trasladada a la calle del General Pizarro, a la calle Castillo y actualmente a la de la Virgen.

    Antigua Casa Consistorial
    Antigua Casa Consistorial. El edificio anejo fue en diversas épocas Cárcel, Juzgado y Biblioteca Municipal

    Otra imagen de la antigua Casa Consistorial
    Otra imagen de la antigua Casa Consistorial

    Nuevo edificio de la Casa Consistorial en los años 70
    Nuevo edificio de la Casa Consistorial en los años 70

  • Antiguo edificio del Casino Primitivo, donde el actual.

    Antiguo edificio del Casino Primitivo
    Dos fotografías del antiguo edificio del Casino Primitivo. Al lado se ve la mole de la Iglesia Parroquial desaparecida en 1936

    Casino Primitivo

  • Varios impedidos que ofrecían su mercancía por la zona: Violero, en silla de ruedas, vendiendo boletos de una rifa por la calle de la Virgen; Chulán, con dos muletas, comerciaba con tabaco sentado en un sillón de madera junto a la puerta de Muebles Herencia, y un tercero, El Manco la Virgen, marido de La Funas, trajinaba con tabaco por los bares, con una caja colgada al cuello.

    La Plaza por los años 40
    Y aquí la Plaza en todo su esplendor por los años 40
Plaza del Pósito
  • Estanco de Julio el de las Almarasas, en la casa que en tiempos hacía esquina con Cardenal Monescillo.

  • Fuente del Moco, frente al edificio del Pósito, luego trasladada a la calle del Caño

  • Pileta y fuente con la estatua de don Bernardo Gómez (el busto del músico preside actualmente el auditorio al aire libre de la plaza de Don Ramón Baillo).

    Pileta con el busto de don Bernardo Gómez
    Pileta con el busto de don Bernardo Gómez en el Pósito

    Bernardo Gómez
    Busto en bronce de don Bernardo Gómez,
    ahora en la plazoleta de Don Ramón Baillo y antes en la del Pósito

  • Imprenta de Gregorio Casarrubios Gorito, en el 2.

  • Ciclos Arias, en el 2, y tras desaparecer el anterior. Tenía este negocio de bicicletas antes de poner la papelería en la calle Castillo.

  • Pastelería de Matías González, abuelo de Milagros, con pastelería en la calle de la Virgen, y del antiguo alcalde José González Lara.

  • Almacén de bebidas de Inocencio Montero (después de cerrar el Bar Bejarano), en el 2.

  • Muebles Calonge, en el 3

  • Comestibles Serrano, en el 3.

    Comercios desaparecidos en el Pósito

  • Carnicería de Zenón Muñoz, en el 3.

  • Buñolería de Ángel Valbuena, por esa misma zona de los anteriores. Era hermano del Valbuena pintor de brocha gorda y tío de Francisco Valbuena, el genial artista.

  • Antiguo Pósito (almacén de grano), hoy Museo Municipal.

    El Pósito
    El Pósito, hoy Museo Municipal

  • "Pasaeras" del Pósito. Eran piedras cuadradas, de dimensiones adecuadas y dispuestas a lo ancho de la calle Fernández Calzuelas, para poder atravesarla sin mojarse los pies cuando en días de lluvia bajaba una fuerte riada por la calle de Caño desde la Sierra

  • Primer consultorio médico público de la Seguridad Social, precursor del Ambulatorio, en el edificio del Pósito, en la esquina izquierda.

  • Farmacia de Llopis, en el edificio del Pósito, en el lateral izquierdo.

    Antiguo aspecto de la plaza del Pósito
    Antiguo aspecto de la plaza del Pósito

  • Regalos, paquetería, radio y televisión Ramírez, en el mismo local de la farmacia.

  • Comestibles Julián Perea, igualmente en el edificio del Pósito, esquina a la travesía de Fernández Calzuelas.

  • Despacho de aceites de Juan José Manzaneque, en la casa del Conde, frente al local de Ramírez.

    Ramírez y Perea
C/ del Cardenal Monescillo
  • Café de Pepe El Chepa, esquina al Pósito

  • Martín Serrano. Recadista. En el número 3.

  • Posada de Ramón Rodrigo y de mi tía abuela Santiaga, en el 6, con "portá" por la calle de la Soledad.

    Posada de Ramón Rodrigo
    Patio interior de la posada de Ramón Rodrigo y la "porta" por dentro a la calle de la Soledad

  • Tienda de comestibles de Pablo Escribano Pablete y luego de Ángel Olivares Veneno, frente a la posada.

  • Fábrica de chocolates de Pablo Escribano y Pablo Fernández, en la parte superior de la tienda anterior.

  • Peña-Casino de Cazadores, en el local de la fábrica de chocolates cuando de allí desapareció para instalarse en la calle de la Virgen y ya sólo a cargo de Pablo Fernández.

  • Tejidos y confecciones Bernalte, en el 11.

    Martín Serrano, Casino de Cazadores, Pablete y Bernalte

  • Miguel El Alpargatero, que era valenciano (el negocio pasó luego a otros), frente a la Casa de la Torrecilla.

  • Seguros y Gestoría de Saturnino Censor, en la calle Cervantes 20.

  • Consultorio médico de don José de la Guía Bolliscas, en la calle de Cervantes.

  • Carpintería de los Tablas, en la calle Cervantes, esquina a cardenal Monescillo.

  • Almacenes el Arca de Noé, en el 26 antes de llegar al cruce con la calle de Doña Ana. Especialidad en medias de seda y camisas para caballero.

    El Arca de Noe

  • Almacén de bebidas La Morenita, de Juan José Arteaga, hacia el final, llegando a la calle Alcázar.

  • Comercio de Santiago Bustamante, en la calle Valenzuela 6, con género diverso como pianolas, relojes, bicicletas, escopetas, cubiertos de mesa, cámaras fotográficas, gabanes, gabardinas inglesas y un largo etcétera.
C/ de la Tercia
  • Alimentación Pepe, en un local estrecho esquina a la travesía de Fernández Calzuelas. Se trasladó a la misma calle, frente a la de Pío XII.

  • Pescadería y frutería de Ríos, al fondo de la calle de la Virgen, en el 4.

  • Banco Español de Crédito, junto a la pescadería, en la casa de Ignacio Olivares Pistolilla. Luego pasó a la calle Castillo, a la casa de los Henríquez de Luna.

  • Peluquería de Aranda, primero donde la actual tienda de Pepe y luego enfrente (y antes estuvo al principio de la calle de la Virgen, frente a la casa del Conde).

    Calle de la Tercia por los años 20
    Calle de la Tercia hacia el final de los años 20 del pasado siglo,
    al paso de una procesión indeterminada

  • Relojería de Paco Alberca, al fondo de la calle de la Reina. Era el marido de Elpidia, la hermana de Sara Montiel.

  • Deportes Manzaneque, en el 5, esquina a Reina. Ahora trasladada a la acera contraria y cerca de la plaza de La Tercia.

  • Almacenes de Manuel Antonio Olivares, en el tramo entre Reina y Convento, a la izquierda.

  • Calzados Segarra, en el 22, frente a Olivares.

  • Joyería de Rafaelito Mena, en el 22.

    Comercios Tercia

  • Taller de Bicicletas de Joaquín García Iniesta, en el 24, esquina a la calle del Convento.

  • Carbonería de José María Albacete, en el 15, bajando a la plazuela de la Tercia. También estuvo en la Calle del Maestro Manzanares 17.

    Taller de bicicletas de Joaquín García Iniesta
    En esta casa de la esquina entre las calles del Convento y de la Tercia, estuvo el taller de bicicletas
    de Joaquin García Iniesta, tan visitado por los chicos de nuestra época
C/ de la Virgen de Criptana
  • Acción Católica masculina, en el piso superior de una casa que derribaron para abrir en parte el pasaje hacia la calle de la Reina.

  • Peluquería de Aranda, en los bajos de Acción Católica, luego trasladada por dos veces consecutivas, a la vuelta, en la calle de la Tercia.

  • "Alcahuetería" de Calcerrada, asimismo en la parte baja del edificio donde estuvo Acción Católica. Sólo abría los domingos.

    Inicio de la calle de la Virgen
    Inicio de la calle de la Virgen

  • Tejidos y confecciones Cresal, en el 2.

  • Tienda de tejidos de Faustino López (un indiano oriundo de Cantabria), en el 4. Estaba regentada por sus sobrinos Santiago Sainz y Ricardo Rasines, y ofrecía también un surtido variado de sombreros, gorras y boinas. Al abandonar Ricardo pronto y morir Santiago muy joven, estuvo regentada por la mujer de éste, mi tía abuela Rosa Alarcos.

  • Farmacia de Juan Vidal Sureda (vino desde Mallorca), luego de López-Casero, en el 4. Ahora es propiedad de la hija de éste, Cristina López-Casero.

    Farmacia de Sureda
    Paso de la procesión de Semana Santa frente a la farmacia de Juan Vidal Sureda

  • Carnicería de Anastasio Muñoz, frente a Acción Católica, en la casa del Conde. Luego abandonó ese negocio y se dedico al transporte: Ramigar.

  • Acción Católica femenina, en la casa del Conde por la parte de Cristo Rey, frente a la tienda de electrodomésticos de Herencia.

  • Casa blasonada de los Quirós ("Después de Dios la casa de Quirós"), en el solar de la enorme casa de la esquina con Cristo Rey que edificó Iluminado García.

  • Posada del Sol, en esta casa que fue de los Quirós, pero desaparecida hace muchos años.

    Calle de Cristo Rey
    La calle de Cristo Rey en tiempos antiguos y el escudo de los Quirós

  • Carnicería de Carnemicho padre, igualmente en esta casona, por la parte de Cristo Rey. El hijo abrió luego otra en la calle Castillo.

  • Taberna de Gaona, también en la casona y desaparecida a principios del siglo pasado.

  • Pescadería de Policarpo Reillo, el último comercio en desaparecer de la casa de los Quirós antes de su derribo, y que se negaba a toda costa a hacerlo, de tal manera que puso una especie de pancarta con la leyenda: el "santuario" no se rinde.

  • Tienda de tejidos y confecciones de Iluminado García, en los bajos de la enorme casa sobre el solar de los Quirós, pero sólo por la parte de la calle de la Virgen.

    Policarpo Díaz e Iluminado

  • Tiendecilla de frutos secos que los chicos llamábamos "El Triángulo" por su forma y reducidas dimensiones, a continuación de Iluminado.

  • Papelería Moderna, en el 3. Luego se cambió a la acera contraria, al 22 entonces.

  • Frutería de la hija de la María "la que pincha", Petra, casada con un murciano, Pepe Molina, que un día "se marchó a por tabaco" y la dejó tirada. Por la casa que fuera de don Ramón y ahora es convento de las Concepcionistas.

    Papelería Moderna y José Molina

  • Helados Ilsa-Frigo, abierto por Jesús Sanz (antes herrero con don Demetrio) en el mismo local de la frutería anterior. Luego se trasladó a la calle Castillo, donde toda la familia, los Cabañero, pusieron después el bar Castillo (Los Pepes) tras dejar la repostería del Casino Primitivo.

  • El siglo XX, despacho de aceites andaluces de Victoriano Romeral, por esa misma zona pero desaparecido hace muchos años.

  • Consultorio médico de don Manuel Torres, en una enorme casa a continuación de Carreras, ahora sustituida por una de nueva construcción con la singularidad de tener un patio de luces abierto hacia la calle. Tenía su propio chófer para conducir el coche.

    Calle de la Virgen por los años 40
    Segundo tramo de la calle de la Virgen en el año 1948

  • Relojería de Galindo (padre), en el mismo sitio que la óptica actual.

  • Cafetería Bahía, en el lateral derecho del patio de luces antes mencionado.

  • Confitería y "Cordiales" González (los padres de Milagros, con otra pastelería frente a la calle del Gral. Pizarro, y del que fue alcalde, José González Lara), en la casa del médico.

  • Centralita manual de la Telefónica, en la enorme casa mencionada. Poner una conferencia interurbana era casi descabellado. "A Madrid tres horas de demora", te soltaba la telefonista como poco.

  • Salchichería de Andugar, igualmente en la gran casa.

  • Bar Sancho, también, cómo no, en la casa de don Manuel Torres, que daba para todo esto.

    Pastelería González y Bar Sancho

  • Tienda de tejidos de Antonio Gullón (a principios del siglo pasado), en el igualmente enorme caserón que sirvió de aparcamiento durante unos años y en el que hoy se levanta una moderna edificación.

  • Pescadería y frutería de Blas Ayllón, en el solar citado y luego en el segundo tramo de la calle, pasada la del Castillo.

    Los Ayllón eran tres hermanos que se establecieron al principio en el Pósito, donde se anunciaban como Pescadería Coruñesa. Vinieron de fuera, pero no de tierras galaicas y sí de tan manchegas como las de Bolaños. Además de la tienda abierta al público, vendían sardinas por todos los pueblos de los alrededores. Se separaron posteriormente: Blas, en el sitio citado; Ramón también en la calle de la Virgen, frente a la del Castillo, donde está Unicaja, y Ladislao en Villafranca.

    Los Ayllones

  • Bar Victoria, de Rafael Escribano El Feliso.

  • Serafín Blas Ochoa. Alquiler de bicicletas.

  • Carbonería de Simpliciano Olivares, en el caserón.

    Bar Victoria, Serafín Blas Ochoa y carbonería de Simpliciano Olivares

  • Guarnicionería de Andrés Santos, a continuación.

  • Platería González, igualmente en el caserón. En tiempos era el nº 20 de la calle

  • Droguería de Manolo Calzado, a continuación, en el 22 entonces.

    Manolo Calzado
    Manolo Calzado y los carteles publicitarios que hermoseaban la azulejada fachada de su droguería

  • Bazar de Antonio Carreras, en el 24. Carreras el de arriba, se decía, para diferenciarlo de Julián Carreras, el de abajo.

    Un acertijo de entonces:

    ¿En qué se parecen unas medias a la calle de la Virgen?
    Las medias y la calle tienen carreras por arriba y por abajo.

    Carreras de arriba y abajo
    Los nuevos titulares del antiguo comercio de Julián Carreras han tenido el buen criterio de conservarlo con el nombre
    de Casa Carreras. No ocurre así con el de Antonio, que desapareció. Ambos competían en la calidad de sus productos
    y hasta en el ingenio de sus propagandas comerciales

  • Congelados de Eusebio, Arreborrica, en el local anterior de Julián Carreras. Fue la primera tienda de pescado congelado que se abrió en Criptana

  • Tienda de comestibles Casa Camacho, a continuación de las monjas.

    Casa Camacho

  • Peluquería de Trinidad Briega, al lado de Camacho. Antes la tuvo en la Plaza y posteriormente en la calle Castillo. Ésta de la calle de la Virgen pasó luego a Esteban García, que la anunciaba con “buen trato, economía y limpieza”. Aquí estuvo después la de Ortas, más tarde trasladada a General Pizarro, frente a la farmacia.

  • Agencia de Lidio González, representante de multitud de productos.

    Lidio González

  • Frutería de Bermejo, semiesquina a Gral. Pizarro.

    Bermejo

  • Pepe El Naranjero, en el mismo sitio y anterior a Bermejo.

  • Futbolines del Feliso, donde ahora su hijo Juli tiene una tienda de “Todo a cien”.

  • Café del Feliso, con actuaciones esporádicas de cantantes, en el local frente a la calle del General Pizarro. También albergó este recinto durante algún tiempo los futbolines.

  • Tejidos Santiago Luján, "El Capricho", que también vendía muebles, casa fundada en 1912, en este local frente a Gral. Pizarro. Luego, y siempre antes de la Guerra Civil, se trasladó más arriba, en la otra acera, poco más allá de la travesía de Murcia.

    Luján

  • Pescadería de Manolín, en el local ya descrito frente a la calle del General Pizarro.

  • Calzados Julia, en la esquina con la calle Castillo.

  • Boutique Moza, en el mismo local anterior.

  • Pepe El Recadista, frente a la calle Castillo. Su viaje normal era a Madrid y ocasionalmente a Ciudad Real. Hacía el viaje en tren y se encargaba de recoger o llevar paquetes, comprar algún producto o realizar cualquier tipo de diligencia. También vendía cordeles. Cuando se jubiló se hizo con el puesto Faustiniano, y luego Matías, hijo de éste.

  • Carnicería de Felipe Muñoz, semiesquina con la travesía de Murcia.

    Manolín, Pepe El Recadista y Felipe El Carnicero

  • Salchichería de Melquíades, a continuación del Banco Santander Central Hispano.

  • Guarnicionería de Paco Herencia, junto a la salchichería.

  • Sastrería de Antonio Millán, en el nº 30, donde hoy se levanta una nueva edificación.

  • Droguería de Bautista, a continuación, en los bajos de la casa que fue de sus padres: Gabino y Visita. Ahora por la calle Lope de Vega.

  • Fragua y taller mecánico de Cabila, en la esquina con la travesía de Murcia (el padre y los hijos, Ubenceslao y Domingo).

  • Domingo Cabila, con servicio de taxi además del taller, en la travesía de Murcia.

  • Ferretería Nieto, a continuación, en el 15 entonces.

    Ferretería Nieto

  • Fábrica de galletas, chocolates y productos dietéticos de Pablete Escribano, en el 23, luego trasladada a la hoy Avda. de Juan Carlos I, en el 21, en una especie de chalé frente al Parque.

  • Fábrica de chocolates de Pablo Fernández, que sustituyó a la de Pablo Escribano (al principio fueron socios en la calle de Cardenal Monescillo). En distintas épocas tuvo tres marcas de chocolate a la taza en el mercado: Los Glotones, Pablito y Alfonsito.

    Bautista, Pablete Escribano y Los Glotones

  • Tienda de chucherías de Juandéla, en ese mismo local. Antes estuvo en la calle Castillo y ahora se ha trasladado a la parte final de la calle de la Virgen.

  • Taller de bicicletas de Ortiz, a continuación. Eran de Alcázar y vivían en la calle de la Reina

  • Clínica de enfermería y servicio como practicante de Aranda, donde hoy se ubica Correos

    Tercer tramo de la calle de la Virgen
    Tramo tercero de la calle de la Virgen en 1948


  • Horno de pan de Sopas, donde hoy está la oficina de Mafre.

  • Carnicería y salchichería Juan J. Cruz, en el 62, dos puertas más arriba del antiguo horno de Sopas.

  • Librería y tienda de juguetes de Juandela, esquina a la calle de La Paloma

  • Bodega de Jerónimo Millán, en el último tramo llegando al Calvario, frente a la calle de la Verónica.

    Bodega de Jerónimo Millán
    Bodega de Jerónimo Millán, a la derecha, sin uso pero en buen estado.
    Al fondo, El Calvario, y más alla... estaban las eras

  • Las eras de la Virgen, pasando el Calvario.

    Aparte de su misión fundamental, lugar donde se trillaba la mies, eran sitio donde los chicos jugábamos al fútbol. Algunas tenían "cuartillos", construcción muy austera, sin techumbre, a veces almenada, que servía para recoger a las caballerías... o para que creyéramos que eran imaginarios castillos que había que conquistar en nuestras interminables correrías.

C/ Castillo
    Calle Castillo
    Calle Castillo

  • Carnicería de Gregorio Muñoz, en el 2 (y varios comercios más).

  • Espumosos, polos y fábrica de hielo de Leovigildo Romeral, en el 4.

  • Bar Leo, luego Flor y La Espuela, en el 4.

  • Gráficas Flordy, en el 4. Antes estaban juntos Flores y Díaz-Hellín.

  • Estanco del Calero, a continuación de la imprenta.

  • Zapatería de Andrés Esteso, en el 6.

    Leovigildo, Gráficas Flordy y Andrés Esteso

  • Confitería Niño, a continuación de la zapatería. Además de los pasteles y caramelos, distribuían en Criptana los helados Camy.

  • Banco Central, ahora Santander Central Hispano, esquina a la calle de la Virgen.

  • Guarnicionaría de Juan José Flores El Perdío, que luego pasó a Paco Herencia, donde el banco.

  • Hojalatería de Arreborrica, a continuación. Luego la abrió en su casa, en la calle del Convento.

  • Talabartería de Juan Antonio Sánchez-Alarcos, en el 3.

  • Carnicería de Carnemicho, en el 5.

  • Pescadería de Manilio y Casto, en el 7.

  • Droguería y ferretería de José Vicente Molina, en el 9. Antes fue de su padre.

    Confitería Niño y droguería de Molina

  • Ultramarinos y coloniales de Valeriano Perucho, en la esquina con la calle de la Reina.

    Las tiendas de ultramarinos y coloniales han ido o van desapareciendo, enfrentadas en una desigual competencia con las medianas y grandes superficies comerciales.

    Se establecieron en muchos sitios a mediados del siglo XIX, fruto del comercio con las colonias americanas; proliferaron tras la pérdida de Cuba en 1898, cuando muchos españoles regresaron de la isla caribeña, y conocieron su esplendor en el siglo pasado, convirtiéndose sus repletos anaqueles en auténticos símbolos de opulencia y lujo alimentarios, tema común de sueños obsesivos e imposibles de cientos de ciudadanos en épocas de penuria.


    Tienda de ultramarinos 1920
    Una de aquellas tiendas de ultramarinos en 1920. Se aprecia la cuchilla del bacalao a la izquierda,
    la caja registradora y una máquina o molinillo para moler el café, todo sobre el mostrador.
    Al fondo, una torre de botes de conserva y anaqueles con bebidas. A destacar la pulcritud
    del dueño o encargado (parece que sea el de la pajarita) y de los dependientes


    Tienda de ultramarinos y bar
    En esta otra (al parecer bazar multifunción), además de los ultramarinos se ofrecen al público todo
    tipo de artículos de paqueteria, perfumeria, mercería, zapatillas, zapatos y ¡hasta servicio de bar!


    Tienda de ultramarinos 1949
    Y en esta tienda, fotografiada en 1949 y atendida por lo que parecen ser dos hermanos gemelos,
    se puede ver la bomba manual para expender el aceite, dos basculas antiguas y unas
    estanterias con zapatillas. ¡El cierre de la puerta es especial anti-robos!

    Aunque se comerciaba con algunos productos de ultramar, como cacao, café, especias y bacalao, y también con vinos envasados, licores, ¡champán! y otras exquisiteces, el grueso de la oferta estaba formado por productos autóctonos de la tierra: harina, garbanzos, lentejas, judías, arroz..., que se vendían a granel, directamente de grandes sacos, además de todo tipo de embutidos, jamones, quesos, conservas y aceite, que de grandes zafras pasaba a una especie de ingenio con grifo en el mostrador.


    Garbanzos, judías, lentejas

    A granel se vendían igualmente las sardinas en aceite "puro de oliva" (las sardinetas) —no recuerdo haber probado después otras tan buenas como aquellas—, el tomate en conserva y el riquísimo escabeche de bonito, para lo cual era necesario llevar un plato o tazón si queríamos que nos echaran el "caldillo".


    Sardinetas, tomate y escabeche a granel

    Me fascinaban aquellas vistosas y pintureras latas de carne de membrillo, utilizadas luego en casi todas las casas como cajas de costura o para guardar fotografías o tarjetas postales; las sardinas de cuba —¡qué ricas!—, perfectamente distribuidas y alineadas en sus barricas; las cajas de galletas surtidas, con sus papeles de "platilla"; las tabletas de chocolate, que siempre iban acompañadas de cromos para nuestras colecciones infantiles, y —¡cómo no!— aquellos inmensos botellones horizontales llenos de caramelos.


    Aquellas tiendas de ultramarinos

    Muchos son los recuerdos de niñez asociados a aquellas tiendas de ultramarinos: el mostrador de mármol macizo, tremendamente alto, que nos impedía ver los secretos que tras él se encerraban; la balanza de pesar, la máquina de moler café y la caja registradora, ingeniosos y enormes artefactos para nuestros atónitos ojos; el terrible espadón de la guillotina para cortar el bacalao, cuya rapidez y soltura de manejo provocaba en nosotros más de una convulsión; la pila de papel de estraza sobre el mostrador, con el que hacían unos envoltorios asombrosamente perfectos, y aquellas bolsas blancas de papel con la marca de la casa y leyenda: "Valeriano Perucho. Surtidos finos".


    Cortando el bacalao
    Cortando el bacalao

    Y es que la tienda de Valeriano Perucho, Mesié, fue toda una institución en Criptana. Recuerdo su carácter bonachón y su aspecto orondo y pulcro, siempre atento a que todo funcionara correctamente y saludando a la clientela con su característica risilla, pero siempre por fuera del mostrador. El que despachaba realmente era Serrano, enfundado en su guardapolvos blanco, y con un lapicero en la oreja con el que hacía las cuentas más rápidas que yo he visto en mi vida, de común anotadas en los mismos paquetes.


    Valeriano Perucho

    Y raro era que no llegara en cualquier momento Manuel Iniesta, Fariñas, cargado con un saco de azúcar u otros paquetes desde el almacén que tenían más abajo del "cuartillo" de Juandéla.

  • Peluquería de Trinidad Briega, y luego de Los Pelos. El padre de ellos, Alfonso, que era oficial con Briega, se quedó con ella.

  • Zapatería de Mena, tras la peluquería.

  • El "confesionario". Eso parecía el puesto de chucherías de "la María la que pincha", en la esquina de Valera y frente al Cine Rampie. Lo de "María la que pincha" era por su otro oficio de poner inyecciones.

  • Carnicería de Antonio Resa, en el 12, esquina a la calle de la Reina, trasladada ahora a ésta calle.

  • "Cuartillo" de Juandéla, a continuación de donde estaba la carnicería. Era el sitio habitual para proveernos de chucherías para ir al cine Rampie, justo enfrente, pero con entrada por la calle de la Reina.

  • Taller y tienda de repuestos de bicicletas de Julián Arteaga, El Sanatorio de las Bicicletas, en el tramo entre Reina y Convento, a la derecha.

    Julián Arteaga

  • Pescadería de Manolín (el padre y los hijos, de los que Juanan es el único que sigue en el mismo negocio y casi enfrente del que fue local de la familia).

  • Colegio de San Millán de segunda enseñanza (en las primeras décadas del siglo XX), en un antiguo y enorme caserón propiedad de los Henríquez de Luna. Tenía patio interior con galerías y ocupaba tres o cuatro casas actuales (desde la pescadería de Juanan hasta la calle del Convento), e incluso daba de sí para albergar la posada en donde se alojó Azorín cuando aquí vino en 1905 para escribir uno de los capítulos de La ruta del Quijote. El enorme corralón trasero daba a la calle Convento.

    En los últimos tiempos, la única vecina que vivía en el inmueble fue Josefina Camacho, rodeada de gatos, que acaso eran los únicos que soportaban su mal genio. Empleada del Ayuntamiento, fue muy popular por su aspecto: muy bajita, entrada en años, pero super arreglada y super maquillada, con el pelo tirando a rojo, algo que en aquellos tiempos resultaba bastante atrevido.

    Caserón de los Henríquez de Luna
    Aquì estuvo, a la derecha, el enorme caserón de los Henríquez de Luna, que en parte albergó la posada
    en donde se alojó Azorín cuando aquí vino en 1905 para escribir uno de los capítulos de La ruta del Quijote

  • Agencia de Trasportes Crima, en el caserón. El encargado era Vicente Martín y luego Moratalla. Había que subir tres o cuatro escalones para acceder al local.

  • Futbolín de Moratalla, enfrente de Transportes Crima. Aprovechaba para compaginar los dos negocios

  • Churrería de una viuda e hijas (todas muy enlutadas) que vinieron de fuera y aquí se establecieron durante unos años, a continuación de Crima.

  • Peluquería de Melitón, en el caserón y haciendo esquina con la calle del Convento. También con escalones de subida.

  • Confitería La Pilarica, en la esquina de la calle del Convento, pero ya en el nuevo edificio.

    Transportes Crima

  • Antiguo Bar Castillo, donde el actual, esquina a la calle Convento. Tras estar ocupada una pequeña parte del local por los Helados ILSA Frigo, cuya representación en Criptana la tenía Jesús Sanz (antes herrero con don Demetrio), luego toda la familia (los Cabañero) pusieron el bar, llamado cariñosamente "el de los Pepes", tras dejar la repostería del Casino Primitivo en el año 77. Ocupaba los bajos de una casa vieja hoy dividida en dos inmuebles.

    Eran los Cabañero de El Bonillo (Albacete), y el primero que vino al pueblo fue el padre de don Demetrio, Sinesio, para hacerse cargo de la repostería del Casino Primitivo. Luego se trajo a sus hermanos pequeños Pepe y Luis.

    Fueron tanto el Casino como el Bar con los Cabañero verdaderas escuelas de hostelería, y muchos fueron los que con ellos aprendieron el oficio. Los calamares fritos los hacían insuperables, con un rebozado ligerísimo a base de muy poca harina con sifón, tiernos y crujientes a la vez, con un olor color y sabor característicos, y que todos los bares de Criptana imitan. Meterse en el Teatro Cervantes y ver la película comiendo un bocadillo de calamares en aquellos panecillos que hacían entonces, redondos, era un placer sólo reservado a los dioses.


    Calamares

    La leche merengada para tomar en la terraza de la Plaza y el masagran (combinado muy frío de café con gaseosa y una rajita de limón) eran otras de sus especialidades, pero sobre todo, entre los diversos platos de raciones, los callos, ¡sus famosos callos!, casi seguro que los mejores de toda España, gelatinosos, con mucha careta, manos de ternera y jamón. ¡Una gozada! Se siguen haciendo en el bar actual, a la manera tradicional, totalmente caseros, con horas y horas hirviendo, cambiando el agua y espumando continuamente, y luego dándoles el toque perfecto de la salsa, el picante y el añadido de todos los demás ingredientes

    María Antonia (la Marianta), una amiga de mi familia, bellísima persona, que ayudaba a mi madre en las tareas más duras, se ganaba la vida trabajando con los Cabañero en la cocina, preparando los callos y otras manducatorias.


    Leche merengada, masagrán y callos
  • Cuartel de la Guardia Civil, en el tramo siguiente hasta la carretera de Pedro Muñoz, en el 30. Era una casa vieja y destartalada cuyo solar perteneció en tiempos al convento carmelita cercano y luego al Estado tras su desamortización en 1836.

  • Correos y Telégrafos, en el antiguo solar de la Guardia Civil.

  • Banco Español de Crédito, en el 32, en los bajos de la magnífica casa de don Miguel Henríquez de Luna, de finales del siglo XIX.

    Casa de los Henríquez de Luna
    Antigua sede de Banesto en la casa de los Henríquez de Luna

  • Consultorio médico de don Dámaso Alegre, en la acera izquierda, en el 25.

  • Farmacia de Guijarro, en el 25. Algunos años estuvo en la calle de la Concepción 27, semiesquina a la del Castillo.

  • Perfumería de Guijarro, a continuación de la farmacia.

  • Transportes Ramigar, en el 29.

  • Espartería de Salcedo, a continuación de Ramigar.

  • Bar Manolo, en el 35.

    Perfumería Guijarro, Ramigar y ultramarinos de Juan José Manzaneque

  • Tienda de ultramarinos, aceites y jamones de Juan José Manzaneque, en el 35, esquina a la carretera de Pedro Muñoz. Luego se quedó con ella uno de los hijos de Serrano (dependiente en la tienda de comestibles de Perucho), el mayor.

    Tienda de la Julia, se decía, por ser ella (la mujer de Juan José Manzaneque) la que despachaba, y luego las hijas. Las hijas eran una cosa especial, una morena y otra rubia, Josefina y Pilar, las dos de muy buen ver y espectaculares, siempre arregladísimas y con un encanto especial. A muchos hombres —y chicos— no nos importaba que nos mandaran a comprar a la tienda de la Julia. A la mayor, Josefina, y al entonces su novio —de Villarta de San Juan— les llamaban El Hombre del Tiempo y la Fiesta del Movimiento. A él por llevar una trenca con capucha, como esos frailes de cartón que mueven una varita indicando las previsiones meteorológicas, y a ella por sus llamativos andares.

    Ultramarinos y coloniales

  • Bar España, en el 48, bajando hacia el Tumbillo. Primero fue de Manolo, que luego puso otro bar en el nº 35, y que ya ha sido indicado, y luego de Francisco Monreal, Capirre. Abrió éste también un mesón enfrente, pero no calculó bien y los excesivos gastos de la construcción terminaron por hacer inviable el negocio, y pasados los años un nuevo bar frente a la trasera del edificio del Pósito.

    Las especialidades de Capirre eran las higadillas fritas con ajos y los calamares y sepia a la plancha. Nadie ha podido igualar su maestría en estos tres platos.

    Sepia a la plancha

  • Carnicería de Zenón, esquina a la calle del Huerto Pedrero.

  • Consultorio médico de don Antonio Ortiz, en una enorme casa que derribada dio para construir el mesón de Capirre antes aludido y otra casa que es semiesquina con la carretera. Tenía chófer para el coche.

  • Comestibles Carrasco, en el 45.
Carrasco

Tumbillo y alrededores
  • Despacho de pan de la Honesta Manzaneque regentado por mi tía Laura Alarcos, frente a la casa donde vivía la matriarca fundadora de la empresa.

    Calle Castillo
    La calle Castillo a su llegada al Tumbillo. ¡Qué tiempos!

  • Repuestos Murillo, en el 48, siguiendo el orden de numeración de la calle Castillo.

    Repuestos Murillo

  • Calderería de Juan José Fernández, Coleta, anterior a la casa donde se ubicaba la tienda de Repuestos Murillo.

  • Fragua de Antonio Romero, en el mismo Tumbillo, oficialmente Avda. de Agustín de la Fuente 2.

  • Enorme anuncio en azulejos de Abonos Nitrato de Chile, sobre la puerta de la fragua.

    Nitrato de Chile

  • Consultorio médico de don Honorio Leal, en la Avda. de Agustín de la Fuente 1.

  • Fábrica de Harinas, pastas y pan de Honesta Manzaneque, en la Avda. de Agustín de la Fuente 3 y en la calle de Pedro Muñoz.

  • Bodega de Agüero, en la calle de Pedro Muñoz, junto a la fábrica de fideos de la Honesta Manzaneque.

  • Panadería de Antioco Alarcos, en la Avda. de Agustín de la Fuente 5.

  • Panadería de Fernando Laguna, por la zona que fue de la Honesta.

    Honesta Manzaneque

  • Bodegón El Rocinante, en Avda. de Agustín de la Fuente, a la izquierda, bajando hacia el Parque.

  • Gallina Blanca Purina, piensos y alimentos para animales de compañía, casi llegando al Parque.

    Gallina Blanca Purina

  • Falsas acacias de la calle Antonio Espín (árboles de "pan y quesillo"), desaparecidos en la última remodelación.

  • Tonelería de Gregorio Manjavacas, al comienzo de la calle de Antonio Espín, a la izquierda.

  • Barbacoa JJ, en Antonio Espín 3.

  • Abonos Medem, Sociedad Anónima Cros, y Nitrato de Chile representados por Jesús Sepúlveda, al principio de la calle del Duque de San Fernando.

  • Bodega de Sepúlveda, en Antonio Espín, a la derecha, tras pasar la calle del Duque de San Fernando.

  • Bodega de Montoro, en Antonio Espín, a la izquierda, frente a la de Sepúlveda.

    Calle de Antonio Espín
    La calle de Antonio Espín en la actualidad, monda y lironda
C/ de la Reina y alrededores
  • Clínica veterinaria de don Francisco Reillo, tío de don Evelio G. Reillo, el farmaceútico, al principio de la calle, en el 2.

  • Estanco de María Bustamante, en el 6.

  • Imprenta de Jerónimo Muñoz Quirós, en el 1.

    Imprenta de Muñoz Quirós

  • Fragua de Matías, al principio de la calle, en el 1. Espacio muy modificado por la construcción de nuevos edificios y del pasaje a la calle de la Virgen.

  • Sigelio López, fábrica de navajas y afilador, en su minúsculo taller junto al anterior.

  • Academia de la Banda de Música, frente a la casa de los Barreda.

  • Fonda Lucas, frente a los Barreda.

  • Teodoro el taxista, cuñado de Sara Montiel, el la casa de la Fonda Lucas.

  • Fragua de Rafael y sus hijos, en el 10.

  • Tinte Valencia, en el 12.

    Tinte Valencia y el Cine Rampie

  • Cine Rampie, en el tramo siguiente, a la derecha, esquina a la calle Castillo, en todo el solar de la casa en cuyos bajos estaba la juguetería Merlín y sigue la pescadería de Juanan.

    Tanto en el Rampie como en el Teatro, vimos grandes películas; prácticamente crecimos con el cine: era el gran espectáculo de nuestra generación, la gran fábrica de sueños.Un espectáculo total donde directores, actrices y actores se convirtieron en verdaderos mitos, estrellas —a veces fugaces— de un firmamento virtual de emociones y ensoñaciones.

    Cine Rampie
    Aquí, en la calle de la Reina, esquina con la del Castillo, estuvo el Cine Rampie

  • Autoservicio Perucho (luego supermercado diverso), en el 35.

  • Carretería de Julio Casero, en el 37. Luego de Manuel Sánchez.

  • Joyería y Relojería de Pablo de la Guía, en el 37

  • Horno obrador de la Pastelería Niño, en el 39, donde hoy se levanta una casa nueva retranqueada hacia adentro.

    Desde allí salía Licerio, yerno del fundador de la primitiva pastelería, con enormes bandejas de pasteles, sobre las manos y sobre la cabeza, en perfecto equilibrio, para llevarlas al local de la calle Castillo.

    Licerio. Pastelería Niño
    Licerio. Pastelería Niño

  • Corresponsalía del Banco Hispano Americano de Francisco Perucho, en su propia casa, en el 41. La casa de las Peruchacas, se decía, que tras pasar por otros dueños, fue derribada para levantar un nuevo edificio de viviendas.

    Antes vivieron allí los Ruescas, que tenían bodega y fueron los que pagaron para traer la luz al pueblo.

  • Centralita de la Telefónica (trasladada desde la calle de la Virgen), en el 20. Desapareció cuando el servicio se hizo totalmente automático.

    Antigua central telefónica
    Antigua central telefónica

  • Carpintería de los Bustamante, en el 22.

  • Bodega de Pistolilla, en el 24.

  • Una zapatería para niños de escasa vivencia, en el 28.

  • Tiendecilla de Carrasco, en el 30.

    Estaba en semisótano y había que bajar unos peldaños. Y era su mujer, Rosario, la que la atendía: toda clase de hortalizas, manojos de alfalfa para los conejos y cualquiera de los productos de su huerta. También otros comestibles, incluidas las sardinas de cuba y los tomatillos secos al sol, de tan amplio uso en Criptana. Era cómoda porque a cualquier hora te atendían.

    Tiendecilla de Carrasco

  • Despacho de pan de Martiniano López, en el 45.

    Tras el mostrador estaba Teresa Beamud (madre de las peluqueras —casi a la misma altura— de la calle Convento), la Juli (hermana soltera de Martiniano) y luego una chica joven, la Yeni.

    El horno lo tenían en la calle de San José, paralela a la del Monte, que antes fue molino de piensos con el padre (Francisco).

    Panadería de Martiniano

  • Taller de costura de Delfina Ortiz, en el 49.

    Cosía a mi madre, y era entonces una especie de salón de modas donde además de realizar los patrones que venían en las revistas especializadas, recogía las sugerencias de las clientas, hacía ella sus propias creaciones o plagiaba los vestidos de las actrices o de las figuras populares de la época.

    Taller de costura de Delfina Ortiz

  • Centrales Eléctricas Navarro, en el 53.

    Era una pequeña compañía eléctrica, muy familiar, con padres e hijos trabajando juntos, que luego fue absorbida por Unión Eléctrica. Allí se ubica ahora un transformador eléctrico.


    Casa de la Luz
    Centrales Eléctricas Navarro. La Casa de la Luz

  • Carpintería de los Porrero (Pepe y Julián), junto a la de Ruperto (ahora el hijo) y frente a la compañía eléctrica.

    Carpintería

  • Zapatería de remiendos de Cayo Mínguez, El Zapa, en el 42.

    Nunca le faltaba gente en el taller, discutiendo en animada tertulia de toros, fútbol, de las cosas del pueblo o del Gobierno si fuera menester, que me imagino que sí, dada su militancia comunista.

  • "Fábrica de abonos" de la hermana Palomaras, en el 42.

    Actuaba de basurera y no es que fuera empleada municipal; lo que hacía era ir por las calles recogiendo boñigas de las caballerías, las llevaba a su casa, dejaba que pudrieran en el barranco y luego vendía el producto a algún agricultor. "Hay gente para to", que dijo el Guerra.

    Boñiga de mula

  • Almacenes Isasi, en un amplio local, en la acera derecha, con vuelta a la calle de la Paloma.

    Repartía paipais de propaganda y el lema de la casa era: "Tenemos casi de todo". En los últimos tiempos fue decayendo su negocio y "no tenían casi de nada", pero prestos se disculpaban: "Lo tenemos pedido al viajante".

    Almacenes Isasi

  • Estanco de Carmen (durante muy pocos años), en parte del local de Isasi.

  • Muebles Pascual Calonge, en otra parte del local de Isasi.

  • Relojería y platería de Anfiono Ortiz, en la calle de la Reina 45, semiesquina a Paloma.

  • Zapatería de Ucendo en otra de las esquinas con Paloma, en una casa conocida como la de "Las Venancias", que pasa por ser la más antigua del pueblo.

    Casa de las Venancias
    A la derecha, los locales abandonados de los antiguos Almacenes Isasi; cruzando la calle de la Paloma,
    la Casa de las Venancias, y, al fondo, el Pozo de las Eras

  • Almacén de vinos y licores de Flor Violero, en el 73.

  • "Pasaeras" de la calle del Monte. Para salvar la riada que en días de lluvia bajaba desde la Sierra.

  • Tienda de comestibles de Jovito, hermano de la Jovita, la primera mujer del pintor Valbuena, en la plaza de las Infantas (El Pozo de las Eras)

  • Horno de cochura de la Angelita, al principio de la calle del Monte, a la izquierda.

    La gente aportaba los ingredientes, y después de una tarde de trajín, en grandes cestos se llevaban a casa las magdalenas, rosquillos, galletas, tortas o demás dulces tan habituales en fiestas de Navidad o Semana Santa.

    Horno de cocer de la Angelita

  • Taller de Faustino Mellado (padre de los Mellado Merchán: Genaro, Rafael, Pepe y Ernesto), sartenero y lañador, en la calle del Monte, a continuación del horno.

  • Fábrica de gaseosas y sifones La Manchega, de Antonio Carmona, en el 2 de la calle del Monte.
fábrica de sifones de Carmona

C/ del Convento
  • Colegio Teresiano, esquina con el Pozo Hondo. Luego estuvo en el Hogar de la Falange (en la calle del general Álvarez de Castro) y terminó sus días al final de la calle del Cristo.

  • Acción Católica, en el mismo sitio que el Teresiano, cuando éste fue trasladado.

    Colegio Teresiano
    Aquí estuvo el Colegio Teresiano y luego la sede de Acción Católica

  • El Teleclub, esquina a la calle Tercia, frente al taller de bicicletas de Joaquín.

  • Carpintería de Teodomiro y Desiderio, frente a la casa de los Penalva. Antes Teodomiro estuvo en el Pozohondo, al lado del taller de los Peina.

    Calle del Convento en 1940
    Calle del Convento en 1940

  • Primer local que tuvo el Teatro Cervantes, en las dependencias del antiguo convento de carmelitas (desaparecido por los años treinta del siglo XIX, tras las leyes desamortizadoras), junto a la iglesia.

  • Capilla de Santa Teresa. Estaba adosada a la iglesia del convento a la altura del crucero. Desapareció en 1936 al abrirse la travesía.

  • Capilla de la Virgen de los Dolores, junto a la anterior e igualmente desaparecida en 1936.

    Teatro Cervantes y antiguas capillas del Convento
    Primera sede del Teatro Cervantes y capillas desaparecidas del Convento

  • Escuelas del Convento, en el lateral izquierdo de la iglesia.

    Cuando el convento fue clausurado, se declararon en venta todos sus bienes y quedó sólo el templo y algunas dependencias que el Estado reservó para el Ayuntamiento, y que éste ha dedicado a lo largo de los años a varios menesteres.


    Escuelas del Convento
    Antiguas Escuelas del Convento

  • Cine Parroquial, en una estrecha y larga dependencia del Convento con raquítica entrada por el callejón lateral.

    Era polivalente, de invierno y de verano (el calor se combatía con polos y gaseosas; el frió con el abrigo puesto), y con un programa de películas del más claro tinte nacional católico. Se abrió, supongo, para retirar a la juventud y a la infancia de la influencia perversa de las películas pecaminosas y libertinas que nos venían de Hollywood.

  • Casino de La Concordia, en la casa frente a la travesía. En 1920 se trasladó a la calle de Santa Ana, frente a la Plazoleta de la trasera de la iglesia parroquial.

    Cine Parroquial y Casino de la Concordia
    Por la primera puerta, a la derecha, se entraba al Cine Parroquial.
    Al fondo, la primera sede del Casino de la Concordia

  • Librería de la Maruja, a la izquierda, pasado el Convento.

  • Gráficas Díaz-Hellín, junto a la librería. Ahora en la calle de Santa Ana.

  • Peluquería de las Mónicas, a continuación de las anteriores.

  • Discoteca Kriptonita, en el 30, en la magnífica casa en esquina con la calle Castillo.

    Discoteca Kriptonita
    Segundo tramo de la calle del Convento. En esta casa se abrió durante un tiempo la discoteca Kriptonita

    Discoteca Kriptonita

  • Frutas y pescados de Casto Muñoz Manzaneque, en esa cera de la casa anterior y unos metros más hacia adelante.

  • Carbonería de Serrano (El Niño Blando), por los corrales de la parte trasera de un enorme caserón que ocupaba tres o cuatro casas actuales con frente por la calle Castillo.

  • Paquetería, salazones y coloniales de Salvador de la Osa, en la mitad del tramo comprendido entre las calles Castillo y Paloma, a la izquierda, donde la academia de informática de los hijos.

    Casto, carbonería de Serrano y De la Osa

  • "Peluqueras de la calle Convento" (Teresa Flores Beamud, su hermana Isabel y la madre Teresa), en el 63.

  • Taller de hojalatería de Arreborrica, a continuación.

  • Taller mecánico y transportes de Ramón García Casarrubios, varias casas antes de llegar al cruce con la calle de la Paloma, e igualmente a la izquierda.

    Casarrubios

  • Clínica de enfermería y servicio como practicante de don Avelino, frente al taller de Ramón.

  • Tienda de comestibles de Pablo Fernández (tuvo también fábrica de chocolates en la calle del Cardenal Monescillo, asociado con Pablo Escribano, y después él sólo en la calle de la Virgen), cruzando la calle de la Paloma, a la derecha.

    Esta tienda fue antes del padre de don Leonidio, el maestro, y luego, precisamente, las hijas de éste, Carmen e Isabel, la regentaron durante unos años. Ahora es una droguería.

    En otra de las esquinas, en diagonal con la anterior, también tuvo tienda Pablo Fernández, que pronto convirtió en almacén.

Pablo Fernández
Final de la calle del Convento. En el cruce con la de la Paloma hubo casi siempre una tienda de comestibles

Pozo Hondo y alrededores
  • La "Casa Hundía", de doña Remedios Baillo, en el testero de la plaza.

    Era tremenda de grande, de dos plantas, con una fastuosa fachada al Pozo Hondo y articulada alrededor de un gran patio porticado cubierto con montera de cristal. La zona de servidumbre para criados, gañanes, cuadras, almacenes de aperos de labranza, múltiples cámaras y un enorme corral se extendía por la calle del Convento y la actual de Pío XII.

    Dio para que en sus terrenos se instalara el Mercado Municipal de Abastos y en la actualidad varios edificios de viviendas y dependencias municipales como la Casa de la Juventud, el Centro de Servicios Sociales, la Escuela de Música y el local de ensayo de la Filarmónica Beethoven...

    La casa Hundía
    La Casa Hundía, en el testero del Pozo Hondo, esquina a la calle del Convento

  • Mercado de Abastos, en la calle Pío XII con trasera por la del Convento, en el enorme solar de los corrales de la Casa Hundía.

  • "Labor" de Eulalia Flores, que enseñaba a las niñas a leer, escribir, a bordar y a rezar. En una casa anterior al ya desaparecido Mercado de Abastos.

  • Salón Hidalgo, la primera discoteca que se abrió en Criptana, en la segunda planta de un local erigido en el Pozo Hondo, en parte de la antigua Casa Hundía, con entrada por la rinconera de la calle Fernández Calzuelas.

    Sólo había baile los domingos por la tarde, que entonces no se estilaba eso de "fiebre del sábado noche". Para nosotros fue una grata novedad, pero lejos, por lo cutre, de algunas de otros pueblos, de Madrid, o de las que veíamos en las películas. Eran tiempos en los que el twist hacía su furor, y la Margarita (de la confitería de la plaza) y El Gato (el de las tortas) daban siempre el espectáculo y los demás les hacíamos corro.

    Salón Hidalgo
    Aquí estuvo la Discoteca Salón Hidalgo

    Bailando el twist

  • El caz del Pozo Hondo.

    Torrentera famosa en Criptana era la que desde la Sierra bajaba por la calle del Caño y el lateral del Pósito (allí había unas "pasaeras" de piedra para cruzar la calle de Fernández Calzuelas) hasta el Pozo Hondo, donde se encauzaba en un caz que se hacía profundo a la altura de las escuelas, entonces ya en descampado. Por allí correteábamos, reteníamos el agua con presas ideando los más sofisticados sistemas de canalización o hacíamos competiciones de barquitos.

  • Fábrica de hielo, gaseosas y sifones El Oso Blanco, en el Pozo Hondo, a la derecha, nada más dar la vuelta a la calle de Fernández Calzuelas. Su enorme portada estaba frente a la desaparecida Cruz de los Caídos.

  • Guarnicionería de Chichones, en la calle Cervantes, más abajo del colegio de las Monjas.

    El Pozo Hondo
    El Pozo Hondo

  • Lejías Casero, en la Calle del Palomar 25.

  • Escuelas del "Palomar", en la esquina de las calles Palomar y Valenzuela.

  • Casa de los Expósitos, en la calle Valenzuela, en lo que despues fueron las escuelas del Palomar y que era propiedad del hospital-asilo de San Bartolomé. Allí eran recogidos los niños abandonados por sus progenitores, que preferían quedar en el anonimato. De tal labor se encargaba un matrimonio que allí vivía y el ayuntamiento corría con los gastos de manutención hasta su traslado a la Casa-cuna primero de Toledo y luego de Ciudad Real.

    Escuelas del Palomar
    Aquí estuvieron las escuelas del Palomar


  • Carretería de Eladio Olivares, en la segunda casa, a la derecha, tras el inicio de la Avda. de Sara Montiel.

  • Carretería de Abel y Santiago Calonge, junto a la ermita de San Cristóbal.

  • Carretería de Paco Calonge, la misma de los anteriores y posteriormente.

  • Carretería de Julián Vela Cortezas, a continuación de la de Abel.

    Carretería

  • Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, hoy de San Cristóbal

    Fue erigida en 1702 para que la población que trabajaba en las eras existentes hacia el oeste de la villa pudiera cumplir el precepto festivo de oír misa. Albergaba la talla de la Virgen que desfilaba y desfila en las procesiones de Semana Santa. Esta imagen es la única que se salvó de todas las que procesionaban antes de la Guerra Civil.

  • Carretería de los hermanos José y Severiano Lucas, en la calle Buendía.

  • Horno de cochura de la Alejandra, en la calle Buendía.

  • Yesería de Licerio, en la Avda. de Sara Montiel, esquina a la del Matadero Viejo, en el solar donde se levanta hoy Mercadona.

  • Matadero Viejo, entonces en las afueras del pueblo, en lo que hoy es la calle que lleva ese nombre. En 1911 fue trasladado junto a la vía férrea.

  • Cementerio antiguo, erigido en 1805 y ubicado en parte de lo que luego fue la yesería de Licerio y hoy Mercadona. Precisamente, al construirse el supermercado, aparecieron restos de osamentas. Y la capilla anexa era la Soledad antes indicada.

    Antiguo cementerio
    Solar y tapias del antiguo cementerio

  • Las eras del Pozo hondo.

    La yesería de Licerio y las escuelas de Pozo Hondo fueron durante muchos años las últimas edificaciones del pueblo por esta zona. Después estaban las eras; y la de Paco El Carnicero, la más representativa.

    Las eras
    Las eras

  • Discoteca Nivel-42, en la Avda. de Sara Montiel, pasando la calle Lope de Vega.

  • Antigua piscina Municipal, hacia el final de la avenida.

    Discoteca Nivel

  • Hogar de la Falange, del Frente de Juventudes y luego de la OJE (ha sido después ambulatorio de la Seguridad Social y ahora Centro de Asociaciones), al final de la calle Álvarez de Castro, junto a las escuelas del Pozo Hondo.

  • Pepe El Tornero, al principio de la calle Álvarez de Castro.

  • Alcoholera de los Agapitos (con orujo y lías), junto al anterior.

  • Fragua de Pepe Torres, en la calle de la Serna, esquina a Gran Capitán.

    Hogar de la Falange
    Aquí estuvo el Hogar de la Falange, del Frente de Juventudes y luego de la OJE (Organización Juvenil Española).
    También fue segunda sede (provisional) del Colegio Teresiano

  • Carpintería de Teodomiro, en un corralón junto al taller de los hermanos Carrión, en el Pozo Hondo.

  • Cuadras del muletero y gitano Andrés y de sus hijos Andrés, Pedro y Alejandro, compartiendo el corral con Teodomiro.

  • Fragua de Peina (el abuelo y luego el padre de los hermanos Carrión), en el mismo sitio que el taller actual.

  • Juan Leal, con servicio de taxi (no en vano se le llamaba Juanito el del coche), varias casas por delante del taller de los Carrión, donde la curva de la plaza se hace más profunda.

  • Clínica veterinaria de don Demetrio (con Jesús Sanz como oficial herrador), en el Pozo Hondo, frente a la casa de los Granero que albergó en su día el Colegio Teresiano.

Viejos oficios
Viejos oficios

C/ de la Concepción y alrededores
  • Tienda de José Mary Quiñones (Almidón), al principio de la calle y por la de Fontanilla.

    Para las ferias de 1944 dejaba bien clara su intención:

    Este pequeño negocio no tiene sucursales. Tenemos algo de ultramarinos, un poco de hilaturas, algunas madejas (…) y procuraremos tener para estas fiestas tradicionales de Ntro. Patrón el Stmo. Cristo de Villajos algún que otro artículo más.

    Almidón

  • Imprenta la Constancia, de Rafael Muñoz Alberca Pájaro Frito, en la calle Fontanilla, en el número 2.

    Pájaro Frito
    Rafael Muñoz Alberca Pájaro Frito

  • Sastrería de Francisco Bravo, en la calle Fontanilla.

  • Laboratorio fotográfico de Alfredo (padre), creador de toda una saga, donde ahora lo tiene un nieto.

  • Sastrería de Teodosio Moreno, Totó, en la casa que después fue de Alfredo.

  • Fragua y taller de reparación de maquinaria de José Vicente Arteaga, en el 10, en plena Tercia. Con servicio rápido de autos entre Criptana y Alcázar.

  • Fragua y taller de Rosario Salido, en el mismo sitio anterior (estaba casado con una hija de José Vicente Arteaga).

    Coche Arteaga
    El primer coche Arteaga


  • Sastrería de Francisco Fernández Villafranca, en la Tercia

  • La Tercia, que da nombre a la plaza.

    Edificio del siglo XVI que era el lugar donde se almacenaban los productos de las "tercias" que recaudaba la Orden de Santiago. Los diezmos se dividían en tres montones, llamados tercias, que se entregaban: una al Obispo, otra al Cabildo diocesano y otra al clero local.

    La Tercia
    La Tercia

  • Horno de cochura de la Vicenta, pasando la plaza de la Tercia, frente a la travesía del Convento.

  • Consultorio médico de don José Minguijón, hacia la mitad del tramo entre las calles Castillo y Paloma, a la izquierda.

  • Tiendecilla de chucherías de La Punciana, cruzando la calle de la Paloma, en la esquina, a la izquierda.

  • Carretería de los hermanos Amaro y Bartolo Torres, en la calle de la Paloma, más conocida como calle Corrales, en la cera de los pares, antes de llegar al callejón.

  • Marcial, con servicio de taxi, al final de la calle de la Paloma, cera de los impares.

  • Flecha´s Bar, en la Avda. de Juan Carlos I, pasada la calle Pedro Muñoz.

  • Bodegas Nieto Barrilero, en el 60 de la calle de la Concepción, donde ahora hay una urbanización de casas unifamiliares.

    Bodega de Nieto Barrilero

  • Bodegas Ruiz, en la calle de Pedro Muñoz 2. Ahora de Eusebio Amores.

  • Fábrica de licores La Garza Real, en la calle de Pedro Muñoz 4

    La Garza Real

  • Bodega de Chapa (El Bengalí), con anisados, licores y coñacs, en la calle de Blasco Ibáñez 2.

    Destilaba licores de todo tipo que vendía a granel —el garrafón de entonces—, mucho más baratos que los de marca conocida. Allí nos surtíamos del brebaje necesario para los guateques y para las fiestas de Nochevieja. También hacía zarza, una especie de jarabe muy espeso que mezclado con agua fría servía para elaborar unos estupendos refrescos (zarzaparrilla), lo más parecido a una Coca Cola.


    El Bengalí
    Bodega de Chapa en 1924

  • Tienda de comestibles de las hermanas Olivares, Las Veneno, en la calle Blasco Ibáñez, frente al taller de los Mellado.

  • Fábrica de harinas de José Luis Alarcos (antes de su padre Eliseo), en la travesía de Blasco Ibáñez 17.

    José Luis Alarcos

  • Carretería de Amador Salido, en la travesía de Blasco Ibáñez, frente a la fábrica de harinas de Alarcos.

  • Bodega del Conde, cruzando Blasco Ibáñez, en la esquina, a la derecha.

  • Tienda de comestibles de Carmelo, a la izquierda, frente a la bodega del Conde.

  • Fomento Vinícola, en la gran manzana entre la travesía del Monte y la calle Oriente. Allí tenía Ramón García Casarrubios, El Niño Bonito, la bodega y su casa. Hoy es una urbanización de casas unifamiliares.

    Fue el Niño Bonito todo un personaje, al que muchos no muy desacertadamente compararon, salvando las distancias, con el Juan March criptanense, y como aquel, metido a todas las actividades imaginables, algunas arriesgadas y en el límite de la ilegalidad. Generaba dinero con todo lo que tocaba, multiplicaba el dinero como por arte de magia, su visión comercial llegaba a límites increíbles: era capaz de vender hielo a los esquimales, para él lo importante no era tener dinero sino ganarlo. De él se dijeron muchas cosas: que fue especulador, estraperlista, tramposo, acaparador, aventurero, osado, emprendedor, cerebro, ambicioso, genio de las finanzas, mecenas, filántropo.

    Sus negocios más visibles fueron el comercio con maderas, con caballos percherones, el almacén de ferretería El Nuevo Vulcano en la Plaza y la bodega, donde embotellaba —una rareza para la época— vinos blancos, tintos, secos y olorosos a la manera de Jerez, moscateles y quinados.


    El Niño Bonito

    En Madrid tenía unos almacenes de distribución en la calle Amaniel, y una oficina para sus "otros negocios" nada menos que en el número 2 de la plaza de Oriente, para así deslumbrar a sus posibles clientes: para tratar de engañarlos y engatusarlos, estaba claro. Y por supuesto, para dejar más boquiabiertos a esos incautos, tenía confabulados a secretarias o ayudantes para que interrumpieran la conversación con anuncios al estilo de "le llaman a usted desde París…, o desde Roma…, o anuncian de Barcelona que el barco acaba de atracar…". Siempre elegantísimo, y de magnífico aspecto, decía que todos los días pasaba ante nuestras narices un mirlo blanco, y que sólo algunos como él estaban capacitados para no dejarlo escapar. Naturalmente, esa situación de estar siempre en la cuerda floja, le hizo dar en alguna ocasión con sus huesos en la cárcel.

    Su casa, junto a la bodega, tenía salones decorados como si fueran de un palacio, con artesonados de escayola, estatuas, pinturas y bella escalera de mármol.

  • Carretería de los hermanos Díaz-Hellín (Los Nipópolos), en la calle Oriente.

  • Lavadero de Los Agapitos, en el esquinazo de Concepción con la calle del Monte.

  • Recambios Huertas, frente a la desembocadura de la calle del Monte.

    Agapito y Huertas


  • Bodega de Leal y Monserrat, con chimenea de alcoholera, en el 71, en el esquinazo entre la calle de Don Melitino y la carretera. Ahora de los Huertas.

    Bodegas

  • Bodega de Juan José Leal, en la calle de Don Melitino

  • Bodega de Juan José Flores, en Don Melitino

  • Bodega de Angulo, en Don Melitino

    Bodegas

  • Bodega de Domingo Flores, en la calle del Gral. Peñaranda.

  • Bodega de Velasco, arrendada durante un tiempo a mi abuelo Antioco Alarcos, en la calle Delicias.

    Bodega de Velasco

  • Bodega de don Julián Esteso, en la carretera, el número 74 en la numeración de la calle de la Concepción. Luego fueron bodegas Luimer y ahora pertenecen a los Huertas.

    Luimer


  • Bodega de Minguijón, que se asoció con Sinesio Cabañero (repostero en el Casino Primitivo), a continuación de la de Esteso e igualmente ahora de los Huertas.

  • Bodega de Amadeo Badía, en la calle de Socuéllamos.

  • Bodega de Mena, ahora Cooperativa de la Virgen de Criptana.

    Bodegas


  • Aparicio, el chatarrero, pasando el cementerio a la izquierda (ahora son nietos los que llevan el negocio).

  • Balneario del Carmen, de León Sañoso, "con baños fríos y calientes de agua fuertemente mineralizada, espaciosas cuadras para las caballerías y variado servicio de refrescos, cervezas, vinos, gaseosas y fiambre diverso para meriendas", en la carretera de Pedro Muñoz (unas ruinas a la izquierda pasado el cementerio).
Balneario del Carmen

C/ de Isaac Peral
  • Clínica veterinaria de don Tomás Ortolozábal, al principio, nada más dar la vuelta al Tumbillo.

  • Bodega de Castellanos El Gitanillo, con alambique de orujo (aparato de alcohol, que se decía), a continuación del veterinario.

  • Clínica veterinaria con herrador de don Ángel Herreros (el padre) frente a la desembocadura de la calle de Ángel Briega

  • Carpintería de Los Pinchos, por la zona de los chalet antes de llegar a la calle de la Serna.

    Calle de Isaac Peral
    Principio de la calle de Isaac Peral (la carretera Alcázar)

  • Bodega de Maroto, al principio de Maestro Manzanares, a la izquierda.

  • Bodega de Los Parrillanos, donde el actual supermercado EROSQUI.

  • Primera gasolinera en Criptana, con un surtidor de aquellos que tenían depósito de cristal y se observaba bajar y subir el carburante, y plantado en la esquina con la calle de la Serna. Fue primero de La Rubia y luego de Valeriano Lorenzo.

    Gasolinera de Valeriano Lorenzo
    Valeriano Lorenzo con una lata de aceite y un bidón para el rellenado manual

  • Bodega del Montañés y luego de Simpliciano Olivares, en el 19. Ahora es la de Castiblanque.

  • Taller de ebanistería de Ángel Herencia, junto a la entonces bodega de Simpliciano. Antes en la calle Murcia.

  • Taller mecánico de los Gavilla, frente a la bodega de Simpliciano, con trasera a la calle del Gran Capitán.

    Bodega de Simpliciano Olivares

  • Bodega de Manzaneque, El Regalao, antes de llegar al supermercado DIA.

  • Clínica veterinaria de don Ángel Herreros (hijo), con Mora de oficial herrador, donde el actual supermercado DIA.

  • Taller mecánico de Dionisio de la Torre, donde el actual de Los Capotos.

  • Taller mecánico de Los Manolillos, antes de la gasolinera de Valeriano Lorenzo SL.

  • Cine de verano Capitol, en el antiguo taller de Los Manolillos y por ellos administrado.

    Los Manolillos

  • Clínica de enfermería y servicio de practicante de Ventura, en la calle Juan XXIII

  • Discoteca Mr Charly, en República de Costa Rica 7.

  • Confecciones Pier-Glas S.A., en República de Costa Rica s/n.

  • Fabrica de confección de señora Consiga S.A., en República de Costa Rica s/n.

    Discoteca Mr Charly

  • La Cañamona, quintería a mitad de camino entre Criptana y Alcázar. Allí hubo también un crematorio de mulas y animales muertos, de los que se aprovechaban las grasas para untar los ejes de las ruedas de los carros y el resto para abono de los campos
La Cañamona
La Cañamona

Y por todo el pueblo
  • Cueva de La Marcela, en la Sierra.

  • Discoteca Las Musas, en la Sierra. Ahora reabierta como restaurante y de usos múltiples.

    Cueva de la Marcela y Las Musas

    Cueva de la Marcela y Las Musas
    Invitación de la antigua Discoteca Las Musas y una estancia de la Cueva de la Marcela,
    recuperada afortunadamente para el Restaurante Las Musas

  • Bodegas La Mapa, de Hilarión Escobar, en la calle del Cristo, frente a los pozos.

  • Horno de pan de La Alcuzona, en la calle del Cristo, esquina a la de la Paz.

  • Tienda de La Tuerta, con venta de vino, junto a la anterior.

  • Fragua de Sebastián Casero, en la calle del Cristo.

    Calle del Cristo
    Calle del Cristo

  • Tortas del Gato, por la calle de Miguel Esteban.

  • Carbonería de Foril, polifacético, con su mujer, claro, la Forila, en la calle Miguel Servet.

    Aún tenían tiempo para comerciar con otro tipo de géneros y para preparar y vender berenjenas en la Plaza, y él para ser matarife de gorrinos por las casas cuando eso se estilaba.

  • Ultima Sede del Colegio Teresiano. en la calle del Cristo y esquina a Miguel Servet.

    Colegio Teresiano
    Última sede del Colegio Teresiano

  • Bodega de Evaristo Sánchez Quintanar, en la calle de Alcázar.

  • Bodega de Ramón Ortiz Cacharra, en la calle de Alcázar

  • Fernando El Diablo, también conocido simplemente por El Colchonero, en la calle de la Luna.

  • Garrigós, el trapero, por la calle del Sol (son los nietos los que comercian ahora con papel usado y cartones)

  • Fábrica de galletas, chocolates y productos dietéticos de Pablete Escribano, en la Avda. de Juan Carlos I, en el 21, en una especie de chalé frente al Parque.

  • Bodegas Ludeña, en la Avda. de Juan Carlos I, pasado el parque, a ambos lados.

    Bodegas Ludeña

  • Bodega de Acha, más abajo de la de Ludeña, cruzando la carretera de Arenales.

  • Batán en el río Záncara de Román Muñoz Rufián.

  • Bodega de Julio Bénézet (elaboraba champán), en Arenales de San Gregorio.

    Bodegas Bénézet

  • Exportadora de vinos S.A., junto a la estación. También se llamó en algún momento Bodegas Criptana. Es la actual del Vínculo.

  • Abonos Martínez Salido (por la Fábrica de Huesos, se conocía), en la Barriada de la Estación 6.

    La Esportadora de Vinos y la Fábrica de Huesos

  • Quiosco de verano del Bar Los Molinos, en el Parque. Estaba adosado a un lateral del recinto de la Verbena, donde se abría otra barra, y frente a la calle Colón.

  • Cooperativa La Unión de Albañiles. Almacén de Materiales y Fábrica de Mosaicos, en la calle Colón, frente al Parque.

    Cooperativa  Unión de Albañiles
    Cooperativa Unión de Albañiles. Fiesta de Navidad de 1947
    Arriba (con la fotografía cortada): Julián Muñoz, Paco Angulo, Juan Manuel Molero, Conrado Castiblanque, Águedo Alarcos y José Luis Manzaneque.
    Ligeramente desplazados más abajo: Braulio Molina, Jesús Castellanos, Francisco Casarrubios, y Felipe Ramírez. Fila central: Jesús Sepúlveda,
    Enrique Fernández, Manuel Campos, Aniceto Castiblanque, José Alarcos, Domingo Amores, Juan José Amores, Juan Antonio Fernández y Rafael
    Muñoz (apenas si se aprecia). Abajo: Alfredo Castiblanque, Teobaldo Casarrubios, Juan José Amores García, Juanito Castiblanque,
    Jacinto Poveda, Aniceto Castiblanque y José Lucas

  • Pozos de la Villa, en la calle de ese mismo nombre, frente al Parque.

  • Bodega de Eugenio Jiménez, en la calle Miguel Henríquez de Luna

  • Bodega de Rubín, luego de Cosme González, junto a la de Eugenio.

  • Pista para pruebas ciclistas, alrededor del campo de fútbol Agustín de la Fuente.

    Era de ceniza y se montó por el buen hacer y la clase de Perreta y para encauzar después el entusiasmo que despertó la consagración nacional e internacional de Fernando Manzaneque y luego de su hermano Jesús.

    Fernando Manzaneque

  • Bodegas Simó, en la calle de Mompó 2. Actualmente de los Huertas

  • Bodega de Luis Esteso, en la Avda. de Agustín de la Fuente, junto a la estación.

    Simó y Esteso

  • Sociedad Vinícola Manchega, embrión de la Cooperativa del Carmen, frente a la estación. Ahora es de los Huertas.

  • Bodega de Julián Morales en la calle Antonio Espín

  • Bodega de Castellanos, en Antonio Espín esquina a Colón.

  • Bodegas del Marqués de Mudela, en la Barriada de la Estación.

  • Bodegas Girona. Eran las antiguas del Marqués de Mudela.

    Bodegas Girona

  • Fábrica de harinas de Casado, en el Camino del Puente.

    La Ceres Manchega


  • Autocares Víctor, por el barrio de las Charcas, en la calle de la República de Chile
Los transportistas pioneros

Valeriano Flores, mi padre, fue el primer transportista en Criptana, y su empresa, establecida antes de la Guerra Civil y continuada por mis hermanos, aún sigue junto a las creadas por Gregorio Olivares y la de autobuses de Ángel Arteaga. Otros históricos de aquella época o sus herederos han sucumbido:


La primera camioneta de mi padre
La primera camioneta de mi padre: una Chevrolet de cuatro ruedas con radios
de madera, matrícula AB 3296, comprada en 1928.
  • Garrón, en la plazoleta de la calle del Cristo.

  • El Sastrecillo, en la esquina de Doña Ana y la plazoleta de la calle del Cristo.

  • Trinidad Olivares, en la calle del Calvario.

  • El Angelete, hermano de Trinidad, en la calle de la Virgen 19, con servicio también de taxi.

  • Daniel Olivares, hermano de los anteriores, en la esquina de la travesía del Monte con la calle de la Concepción.

    El primer Pegaso de mi padre
    En 1950 compró mi padre el primer camión con motor diesel que por aquí se veía,
    un Pegaso II Z-202, de 140 CV, matrícula M 85972, el mofletes

  • Los otros Arteaga, en la calle de Santa Ana, frente a la de Santa Teresa. Guardaban los camiones y luego los autobuses en la calle del Monte.

  • Leonardo Recio, transportes y carbones, en el 26 de la calle de la Concepción.

  • Boluda, en la calle de la Serna, esquina a Fontanilla.

    Camión Barreiros
    Otros se decantaron por los Barreiros

  • Evaristo Alberca, Bachito, en la calle de Santa Ana, en el 30, más allá del estanco de Cebolleta.

  • Pedro Alberca Bachito, en la calle de la Concepción, antes del esquinazo con la de Pedro Muñoz. Enseguida puso el servicio de taxi y coche al punto (su famosa "rubia") tres días a la semana a Ciudad Real y dos a Madrid.
De Criptana en Madrid

De vinos

La gran urbe madrileña siempre atrajo a gentes de Criptana para establecer allí sus negocios, preferentemente ligados ahora con la construcción y años ha —y de ellos vamos a hablar— con el vino. Poner en la capital un despacho de los entonces recios vinos manchegos fue el ideal de muchos pioneros que a ello se atrevieron:

  • Mi abuelo Domingo Flores, El Chato Pelines —mote que hemos heredado hijos y nietos—, fue el primero en hacerlo allá por 1926, o al menos no tengo yo constancia de otro anterior. Tuvo mi abuelo sus negocios y sus enredos, comenzó con una taberna en la Plaza Mayor de Criptana y mantenía una pequeña bodega, pero vivía del juego; era su profesión y de él sacaba su beneficio hasta que lo prohibieron. Entonces surgió lo de irse a Madrid con toda la familia y abrir un despacho de vinos al por mayor con merendero y taberna más arriba de Cuatro Caminos, en Tetuán, entonces pueblo no anexionado a la Capital. La casa era nueva, de tres alturas, y hacía esquina a la ahora calle de Bravo de Murillo, a unos cien metros del desaparecido Cuartel de la Remonta y muy cerca asimismo de la antigua plaza de toros de Tetuán. Ocuparon el primer piso y el local con tres puertas en el bajo, con sótano, donde tenían seis tinajas de cemento para el vino. El mayor de los hijos varones, Valeriano, mi padre, al principio con no más de doce o trece años, ayudaba y servía vino en unas mesas que sacaban a la puerta, y siempre había pululando por allí gente de Criptana, sobre todo muchachos que estaban haciendo la mili en el cuartel cercano. Más allá estaba el barrio chabolista de La Ventilla, lleno de traperos y chatarreros.

    Despacho de vinos, merendero y taberna de mi abuelo Domingo en Madrid
    Actual calle de Bravo Murillo en Madrid. Antiguo pueblo de Tetuán.
    Aquí estuvo el despacho de vinos, merendero y taberna de mi abuelo Domingo Flores

    Pero no les fue bien y regresaron pronto, vendiéndolo todo. Mi abuelo siguió con la bodega y otras cosas, y empezó con un negocio del que también fue pionero en el pueblo: el de los transportes, en una camioneta Chevrolet con radios de madera en las cuatro ruedas, y con mi padre al volante ¡sin carné de conducir!, pues no tenía la edad.

    Por aquella época Tetuán era un lugar recogido, simpático y acogedor, lleno de paradores, mesones y ventorrillos. Los domingos se desplazaban desde Madrid centenares de familias a pasar el día, pues ya se estaba en el campo y resultaba muchísimo más barato que la capital, y además se venían cargados de vituallas para toda la semana. Se utilizaban las tartanas de Álvaro El Maquines y las del Comizo, que partían desde Cuatro Caminos, hacían el recorrido de ida y vuelta y no salían hasta que no se llenaban de viajeros. Otros preferían los tranvías arrastrados por mulas, aunque descarrilaban con mucha frecuencia, sustituidos al poco de estar mi padre allí por los de vapor e inmediatamente por los eléctricos. El Metro no llegó a Tetuán hasta 1929.


    Tranvía de mulas

  • Mi otro abuelo, el materno, Antioco Alarcos, tenía una panadería en el entonces paseo de la Estación, hoy Avenida de Agustín de la Fuente, pero dado su carácter tan emprendedor la dejó para meterse en otros negocios, y entre ellos el del vino, con una bodega arrendada en la calle Delicias y despachos en Madrid, Vigo y dos pueblos de A Coruña: Foz y Cariño. Todo esto ocurría unos años antes del advenimiento de la Segunda República.

    Era mi abuelo, aparte, un defensor a ultranza de las libertades y de la democracia, y fruto de ello fue su lucha en política por los menos afortunados, por los descamisados. Cuando en las elecciones municipales de 1931 se presentó en Campo de Criptana por Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, al que perteneció casi desde su fundación, salió elegido concejal con gran cantidad de sufragios y luego nombrado alcalde en varios periodos. Repitió en las de 1936, y en este caso fue el más votado. Sus gentes lo adoraban. Sin lugar a dudas fue el personaje más carismático de la República en Criptana, con funestas consecuencias para él.

    Su lucha por las clases más desfavorecidas hizo que pusiera el despacho de vinos de Madrid a disposición de las Bodegas Populares Manchegas (BOPOMAN) de la Cooperativa de Colonos y Arrendatarios de Campo de Criptana, que él había promocionado. Estaba en la calle de San Gregorio, 25 (ahora número 11), por el barrio de Chueca, en pleno centro de la ciudad, y en la parte de arriba tenían un piso. A dos pasos se encontraba la Casa del Pueblo del PSOE y la UGT, en la esquina de la calle del Piamonte con las de Góngora y Gravina, donde se organizó el tremendo alboroto en los primeros días del llamado Alzamiento Nacional, con todas las calles cercanas repletas de una multitud que pedía armas para proteger a la República. Era y sigue siendo una zona típica del tapeo y de las salidas nocturnas.


    Despacho de vinos y taberna de mi abuelo Antioco en Madrid
    Calle de San Gregorio en Madrid. Despacho de vinos y taberna de mi abuelo Antioco Alarcos

  • Ramón Beamud, casado con mi tía abuela Vicenta, y que tuvo una bodega en la calle del Calvario, arrastró a la familia a Madrid antes de la guerra para abrir el Bar Los Molinos en la calle del Cardenal Cisneros, esquina a Gonzalo de Córdoba, en pleno barrio del entonces incipiente y castizo Chamberí. Despachaban vinos a granel que llevaban del pueblo, y su amplitud daba para tener mesas de mármol para partidas de mus y dominó y hasta dos futbolines. Estaba decorada con paneles pintados con temas de Criptana y no faltaban carteles de Sara Montiel y Fernando Manzaneque. Sucumbió por los años ochenta del pasado siglo y hoy su lugar lo ocupa una tienda de recipientes y materiales plásticos.

    Gran Bodega Los Molinos en Madrid
    Despacho de vinos y taberna Gran Bodega Los Molinos en Madrid

    Por toda esta zona, extramuros de la antigua cerca histórica de la ciudad, y que se edificó al principio clandestinamente como tantos otros arrabales, proliferaron los aguaduchos y ventorrillos al tener tan cerca los Pozos de la Nieve en la hoy glorieta de Bilbao. Proporcionaban la necesaria materia prima para la refrigeración y para la elaboración de helados, sorbetes, granizados y la tan madrileña agua de cebada. Originariamente, aquellos que se refugiaron en Chamberí, fueron aquellos que no podían pagarse un cuarto en la superpoblada ciudad y que no cabían materialmente en los miserables barrios del sur. De ahí el cariz popular que el barrio tomó desde su fundación. El casticismo propio del sur madrileño vino a rebrotar en el punto opuesto de la ciudad. La calle del Cardenal Cisneros fue de las más densamente pobladas del arrabal, con la animación característica chamberilera en sus bares, mesones, casas de comida y despachos de vino. Hoy sigue siendo una zona en la que parece que todo Madrid se concentrara allí en los fines de semana.


    Gran Bodega Los Molinos en Madrid
    Propaganda del Bar Los Molinos en Madrid

  • Ramón García Casarrubios, El Niño Bonito, como ya apuntábamos en los establecimientos desaparecidos de Criptana, fue todo un "figura", siempre metido en mil negocios y a cual más comprometido. Adelantado a su tiempo, embotelló todo tipo de vino en su bodega, Fomento Vinícola, de la calle de la Concepción. Hasta se atrevió con los secos y olorosos a la manera de Jerez, y como ariete de ventas, abrió un despacho de distribución en Madrid, en la calle Amaniel, junto a la antigua fábrica de cervezas y de hielo de la Mahou, que había sido fundada en 1890 y que allí estuvo hasta 1962, y junto al mítico El Cangrejero, aún en pie, que alardea de la mejor cerveza y las mejores conservas de Madrid.

    Y todo ello en barrio canalla, en pleno centro de la capital, que acogió en su día la movida madrileña y que aún recuerda el bullicio estudiantil que proporcionaba la antigua Universidad Central de la calle de San Bernardo. En sus bares y tabernas circulan personajes tan dispares, que sin darte cuenta, a golpe de cerveza, vino, vermut y tapas, te encuentras recorriendo el mundo sin despegar el codo de la barra.


    Fomento Vinícola en Madrid
    En el solar del actual edificio en chaflán entre las calles de Amaniel y Bernardo López García, en Madrid,
    estuvo el despacho de distribución de Fomento Vinícola de Ramón García Casarrubios, El Niño Bonito

  • Los Legaña, primero los padres y luego los hijos (Juan Antonio, Jacinto y Manolo), tuvieron un bar, Los Molinos (ahora con otro nombre), en la Plaza, esquina a la calle de la Soledad. Fue uno de los más emblemáticos de Criptana, famoso por sus tapas, su terraza y su decoración, con paneles pintados con temas de molinos y escenas quijotescas. Luego Francisco Valbuena lo modernizó, conservó algo de lo antiguo e incorporó a nuestra Sara Montiel a los demás iconos criptanenses. Por los años 70 se marcharon del pueblo y quedó con el bar una de las hermanas y su marido, Vicente.

    El mediano de los Legaña, Jacinto, puso un bar en Madrid por la zona de Usera, que aún conservan arrendado a otros. Y el pequeño, Manolo, abrió también en Madrid otro bar, por el que posiblemente todos los criptanenses en Corte hemos pasado. Se trataba del Museo del Jamón, en la calle de las Huertas, en pleno barrio de las Letras, uno de los cogollitos de la movida madrileña y a dos pasos de la iglesia de Jesús de Medinaceli. Estaba decorado como mesón castellano y lo del museo era mero pretexto, pues todos sabíamos que allí se cocinaban pitanzas que hubieran dejado atiborrado hasta el mismo Sancho Panza. No hacía falta rogarle mucho a Manolo para que en cualquier momento improvisara unas gachas o unas migas. Disfrutaba él, disfrutaba su mujer en la cocina y disfrutábamos los que allí acudíamos. Pero, ¡ay!, también le llegó la hora de la jubilación. De una inquieta jubilación, más bien, que trata de rellenar, ayudando a los hijos, o haciéndose cargo él mismo, de otros locales por la zona.


    Mesón Del Jamón
    En el local de la derecha, en la calle Huertas de Madrid, estuvo el Mesón del Jamón.
    En la otra fotografía, Manolo Legaña cuando estaba en Criptana


  • También tuvieron despachos de vino en Madrid, María La del Sastre, en la calle Colegiata; Mauricio Castellanos, junto a la Gran Vía, por detrás de La Telefónica; Evaristo Alberca, Bachito, por el Parque de las Avenidas, y Manzaneque, El Regalao, en el barrio de San Blas.
De los transportes

Otro aspecto de la relación Criptana-Madrid eran los transportes.

  • El de viajeros estaba servido por el tren, los llamados "rápidos", que procedentes de Valencia, Alicante, Murcia o Cartagena te acercaban a la capital a hora bien temprana, o los "correos", por la noche, en el trayecto inverso.

    Rápido

  • ¡Cómo no!, el coche Arteaga —el autobús, se entiende—, que desde la Plaza, a las seis de la mañana, frente al bar Eugenio, te plantaba tres horas después en Madrid en la Avda. de Menéndez Pelayo, junto a la verja trasera del Retiro, o si convenía mejor, por la zona de Atocha. La hora de regreso eran las seis de la tarde, menos los viernes, que la adelantaba a las cuatro y media.

    Coche Arteaga
    En la Avda de Menéndez Pelayo, junto a la verja del Retiro y frente a la taberna Casa Martín,
    que recogía encargos, paraba en Madrid el autobús de Arteaga

  • Otra opción era el taxi o coche al punto como se decía antes, y la "rubia" de Pedro Alberca, Bachito, hacía el servicio dos días a la semana, y otros tantos a Ciudad Real, y además hacía encargos en plan recadero. En Madrid, paraba en la plaza de Tirso de Molina, en un bar junto al hoy Nuevo Teatro Apolo.

    Rubia de bachito
    Por aquí paraba en Madrid la rubia de Bachito

  • Por los años sesenta, cuando tanta gente de Criptana empezó a trabajar en Madrid, sobre todo en la construcción, los Arteaga, de la calle de Santa Ana, abandonaron el negocio de camiones y pusieron dos autobuses para transportar a diario a los obreros. Igual lo hacía Víctor, y varias furgonetas, como la de Colorín, que murió un día de la Virgen de Criptana en Valdemoro, tras despistarse y salirse de la carretera en el viaje de vuelta.

  • Dos empresas de transportes, entonces con sede central en Criptana y ambas de paquetería, hacían el servicio a la capital. RAMIGAR, en la calle Castillo 29, tuvo su primera delegación en Madrid en Tomás Bretón 11. Irrisarri, como propietario de CRIMA, tuvo a Vicente Martín y luego a Moratalla como encargados en la oficina de la calle Castillo, a continuación del cine Rampie, en un antiguo y enorme caserón que ocupaba tres o cuatro casas actuales (desde la pescadería de Juanan hasta la calle del Convento), y en Madrid la primera sede se encontraba en Doctor Fourquet 5.

    Ramigar y Crima en Madrid
    En las calles de Tomás Bretón y del Doctor Fourquet tuvieron sus primeras sedes
    en Madrid los transportes Ramigar y Crima respectivamente
Colofón
  • No podemos olvidar, aunque nos salgamos a todas luces del tema de este artículo, de lo más simbólico de Criptana en Madrid, al menos para algunas generaciones, y que no es otra cosa que uno de los marcos expositores en la fachada de la sede central del antiguo Banco Español de Crédito, en la calle Alcalá, esquina a Sevilla, edificio que en su día se levantó para la compañía de seguros La Equitativa. En ellos, con letras doradas, estaban los nombres de los primeros pueblos y ciudades que acogieron sucursales de la entidad bancaria. Y en uno, justo frente a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, estaba nuestro pueblo: CAMPO DE CRIPTANA. Para muchos de los que nos fuimos a Madrid a estudiar o trabajar, era colofón ritual a cualquier salida nocturna, con unas copas de más, terminar de madrugada frente al reverenciado rótulo y, de forma solemne y emocionados, cantar aquello de:
    "Nuestro pueblo también tiene Reina,
    nuestro pueblo también tiene Reina:
    Virgen de Criptana, Virgen de Criptana,
    Virgen de Criptana, Madre celestial…".


    Después, sin decir palabra, cada mochuelo a su olivo, a dormir la mona.
Nuestro pueblo también tiene Reina
Nuestro pueblo también tiene Reina...
INDICE

81 LA EMIGRACIÓN

Muchos fueron los que tuvieron que coger la maleta y salir de los pueblos manchegos en busca de mejor porvenir, llevando clavadas en su alma añoranzas y recuerdos de toda una vida, sin saber cuándo o en qué condiciones volverían o si regresarían alguna vez


En busca del mejor porvenir

Las gentes no encontraban empleo y los trabajadores tenían que coger su maletilla de cartón o de madera, sus míseras ropas y sus precarias alpargatas, tomar el tren, y con rumbo incierto, ir en busca de trabajo con que poder sacar adelante a su familia.


Tomar el tren con rumbo incierto

El tradicional problema del campo, donde los latifundios implicaban pésimas condiciones de vida para los jornaleros, su progresiva mecanización y la desaparición de muchos oficios artesanos por la aparición de productos manufacturados tuvo en La Mancha un énfasis especial. Muchos fueron los manchegos que durante la década de los cincuenta y sesenta marcharon y produjeron una gran crisis demográfica. Otros también fueron arrastrados por el señuelo de la gran ciudad, con su fácil acceso a la educación para los hijos. El destino fue la Europa Comunitaria, País Vasco, Cataluña, Madrid y la región Valenciana. Criptana sufrió un gran despoblamiento y una gran transformación, mucho más grave y profunda que la ocurrida con la Guerra Civil. Familias enteras abandonaron el pueblo, muchas con vergüenza, de noche, dejando en las tiendas alguna que otra deuda. Entre lo años 1950 y 1960 se registró un descenso de casi mil habitantes.


La enorme tristeza de dejar a los suyos

Ya durante la segunda República se había iniciado la emigración, primero a las ciudades y luego a las regiones industrializadas, como Madrid, Cataluña, el País Vasco o Asturias. Tras la guerra civil, muchos salieron de España al exilio: a todos los países de Europa y a América.

En la posguerra, la política autárquica franquista impidió la emigración, pero la situación económica española era muy deficiente y la necesidad de mano de obra en Europa muy grande. Cuando se permite, la partida se hace masiva, en general campesinos sin tierra con escasa cualificación. Más de dos millones de españoles emigraron a partir de los años cincuenta, la mayor parte irregularmente. Aceptaron los trabajos más duros y con peor salario: la construcción y el servicio doméstico en Francia, la industria química y metalúrgica en Alemania, la hostelería y la industria en Suiza, la minería en Bélgica... Aquellos hombres y mujeres vivieron sus primeros meses en barracones, en ocasiones en antiguos campos de concentración, en residencias colectivas, incluso en naves y antiguos establos, como lo fue el caso de los temporeros agrícolas.

El 80% de aquellos emigrantes volvieron a casa. Sufrieron el desarraigo y la incomprensión de un país que nunca ha reconocido el esfuerzo que hicieron.


¡Vente a Alemania, Pepe!

Además de esta emigración a Europa, se produce un auténtico éxodo del campo a la ciudad en los años 60. El destino fueron las ciudades industriales de España: Barcelona, Valencia, Madrid, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza y Alicante. Gracias a ese proceso la población española pasa de ser mayoritariamente rural a ser plenamente urbana (más del 70%), el país se industrializa y las rentas del campo pueden sostener a las familias que viven de él.

La corriente migratoria en Europa empezó a descender a partir de 1967, ya que se exigía una mayor cualificación a los inmigrantes, y se detuvo y provocó un proceso de retorno a partir de la crisis de 1973.


Del pueblo a la ciudad

En la actualidad España, lo que son las cosas, es un receptor de emigrantes. Son personas jóvenes que no pueden sobrevivir en sus países de origen y están dispuestos a trabajar en condiciones y en trabajos que muchos españoles no aceptaríamos nunca. Muchos no puedan entrar legalmente, y se jueguen la vida para conseguir llegar a España. Desde ese momento se ven obligados a vivir en condiciones marginales y a aceptar trabajos que están fuera de la legalidad.


Cayuco

INDICE

82 LA MILI

La "Mili" era la forma coloquial de llamar al servicio militar obligatorio. Es una contracción de la palabra milicia. A los que iban a la mili se les llamaba quintos, y el nombre viene de cuando el rey Carlos III impuso esta obligación. Decía la ley que la quinta parte de los mozos de todas las poblaciones deberían realizarlo. En 1999 se produjo el último alistamiento; era la quinta del 82. Se ha suprimido pues el servicio militar obligatorio, dando lugar así a un ejército profesional. Aquella mili con soldados de reemplazo es pura nostalgia, pertenece a una España que ya no existe.


Soldados españoles de finales del siglo XIX
Soldados españoles de finales del siglo XIX. En la fotografía de la izquierda, dos de
tiempos de Alfonso XII. En la otra, soldado en la Guerra de Filipinas

La mili siempre fue algo más que cumplir con los deberes militares. El cuartel supuso un rito de paso en la vida de los jóvenes de entonces, donde se nos reconocían unos derechos que nos permitían ingresar en el mundo de los adultos. La mili, además, constituía un elemento perturbador tanto en el mundo rural como en el urbano, justo en el momento en que iniciábamos o intentábamos encauzar nuestra vida profesional o los estudios académicos.

Pero para otros suponía un "cambio de aires", aprender a leer y a escribir, sacarse el carnet de conducir automóviles, adquirir alguna formación profesional, conocer mundo y relacionarse con gente de otras regiones.


Reclutas en instrucción

Cumplidos los veinte años, a todos los mozos nos tallaban en el Ayuntamiento, y al que llegaba a la talla establecida y no alegaba ningún impedimento físico o de otro tipo, era declarado "soldado útil para servicio". Así gritaba el empleado municipal encargado de la tarea. Por el contrario, aquel que no daba la talla o presentaba alegación, se consideraba "soldado útil pendiente de fallo" a expensas de los correspondientes reconocimientos médicos y del dictamen del expediente abierto en la Caja de Reclutas, la 141, de Ciudad Real, en nuestro caso.


Artilugios para tallar a los quintos
Artilugios para tallar a los quintos

Además de la baja estatura, enfermedades y defectos físicos graves, pies planos, cortedad de vista o cojera, la viudedad de la madre podía ser otro de los motivos que evitaba al mozo tener que incorporarse al servicio militar si acaso era necesario su concurso para el sustento familiar. Por esta misma razón llegaban a gozar de exención los hijos de padre sexagenario o los que tuvieran ya otro hermano en la mili. En algunas ocasiones, también los mozos casados y con obligaciones familiares, o al menos con reducción del tiempo de servicio.

Examinado el expediente, el mozo pasaba de nuevo por la incertidumbre de que su solicitud se admitiera y fuera declarado inútil total, en cuyo caso se libraba de hacer el servicio militar. Pero existía también el riesgo de que la inutilidad fuera temporal, revisable cada cierto tiempo por si las circunstancias variaban, con la posibilidad siempre latente de ser llamado a filas en otro momento mientras no se tuvieran cumplidos los veintiocho años. Se decía entonces de él que "se había enganchado".


Dar la talla
Dar la talla

Cómo librarse de la mili

Y, he aquí, el curioso escrito dirigido por un mozo ya en filas para librarse de la mili:

“Estimado señor Ministro de Defensa, permítame presentarle respetuosamente el caso siguiente, referente a mi situación personal, con el fin de solicitar mi baja inmediata de mi deber del servicio militar.

Estoy casado con una viuda de 42, la cual tiene una hija de 25 años. Mi padre se ha casado con esta última. En la actualidad mi padre se ha convertido pues en mi yerno puesto que se ha casado con mi hija.

Por consiguiente mi hija que es también mi nuera, se ha convertido en mi suegra, ya que es la mujer de mi padre…

Mi mujer y yo hemos tenido un hijo en enero. Este niño se ha convertido en el hermano de la mujer de mi padre, lo que equivale a ser el cuñado de mi padre. Como consecuencia, es ahora mi tío puesto que es hermano de mi suegra.

Ahora bien, como hemos dicho, ya sabemos que mi hijo es también mi tío.

La mujer de mi padre en Navidades ha tenido un niño que es a la vez mi hermano, ya que es hijo de mi padre, y al mismo tiempo mi nieto puesto que es hijo de la hija de mi mujer. Como resultado, soy ahora el hermano de mi nieto, y como ya sabemos que el marido de la madre de una persona es el padre de esta persona, resulta que soy padre de mi mujer, y hermano de mi hijo. Por consiguiente soy mi propio abuelo.

Por este motivo, Señor Ministro, le ruego que me conceda el derecho a regresar a mi hogar, ya que la ley prohíbe terminantemente que el padre, el hijo, y el nieto sean llamados a fila al mismo tiempo. Confiando en su comprensión, le mando un muy cordial saludo.”

Naturalmente, fue eximido del servicio militar obligatorio con la siguiente mención en su expediente: “Estado psíquico inestable y preocupante, con trastornos mentales agravados por un clima familiar muy perturbador…”


Ruego a usted señor Ministro...

Y no faltaban los casos de hijos de familias ricas o pudientes que se libraban de la mili mediante el pago de cierta cantidad de dinero, de manera legal en tiempos pretéritos y fraudulenta en más actuales.


Redención militar
Redención del Servicio Militar mediante pago de dinero

La incorporación a filas tenía lugar al año siguiente de haber entrado en caja y de haber sido tallados, se iba al ejército por lo tanto entre los veinte y los veintiún años, pero antes se celebraba el sorteo del lugar de destino. En otros tiempos se realizaba éste en la localidad de nacimiento, en los correspondientes ayuntamientos, con los mozos, familiares y curiosos allí congregados. La suerte se echaba entre la Península, las Islas, Ceuta, Melilla e incluso Cuba, Filipinas, Guinea, Marruecos, Sidi Ifni o el Sahara cuando, según las épocas, algunos de estos territorios pertenecían o estaban bajo la soberanía de España. De antemano, y en el tablón correspondiente, se habían anunciado dos listas, una con los destinos y la cantidad de reclutas que correspondían a cada uno de ellos, y otra con los mozos por orden alfabético y numerados. La distribución se hacía rápida, bastaba con sacar el número del mozo que iniciaba la lista de destinos, y a partir de él todos los demás.


Sorteo de quintos
Sorteo de quintos

El resultado rápidamente corría de boca en boca, y pronto acudían amigos y familiares a las casas para celebrar con gran jolgorio el buen destino o, por el contrario, acompañar en la pena a los padres y novias si había tocado fuera de la Península. Algunas familias lo llevaban francamente mal, y se comportaban como si estuvieran de luto durante todo el tiempo que el hijo estaba en el servicio, pero piénsese, si nos remontamos a bastantes años, que para algunos era la primera vez que salían de su pueblo.


Sorteo de quintos
Antiguo bombo y papeletas de sorteo

Para los quintos, con pena o sin pena, era su día, e incluso su año, pues ejercían de protagonistas en cuantas fiestas y eventos se celebraban. Solían juntarse, gritando por las calles sus canciones de tono subido y pidiendo propinas para pagarse alguna comilona, donde la juerga y el exceso en la bebida —para algunos en otros tiempos casi rito iniciático— era causa de más de un altercado o gamberrada y de que casi siempre dejaran constancia, antes con burdos chafarrinones de brea y más tarde con sprays multicolores, de la pintada que invariablemente proclamaba: "Viva los quintos de 1947", o del año que fuera. De todo ello, sobre todo en los pueblos, decir de alguien que es “quinto mío”, que pertenece a la misma quinta, suele llevar implícito el concepto de amistad.


Mozos celebrando el sorteo de quintos
Mozos celebrando el sorteo de quintos

Mozos celebrando el sorteo de quintos
Y también estos otros

Mediados los setenta del pasado siglo, estos vivas rituales de los quintos empezaron a compartir espacio en los muros con pintadas a favor de la insumisión, movimiento pacifista que trajo como consecuencia la ley de Objeción de Conciencia y Prestación Social Sustitutoria.

Evidentemente, en nuestro tiempo no existía ni se reconocía la objeción de conciencia y la insumisión se castigaba con cárcel y posterior servicio militar en batallón disciplinario.


Insumisión

Volviendo al sorteo, hubo en otras épocas unos quintos llamados "de cuota", que pagaban una cantidad de dinero al Gobierno para elegir cuerpo y lugar donde querían hacer el servicio militar, siendo de su cuenta el costearse la comida y la ropa militar. Naturalmente, pocos podían permitirse estos dispendios. Y los hubo también que, habiéndoles tocado África o más lejos, intercambiaban el puesto con otro compañero de mejor destino, con dinero por medio, claro está.


Quintos de cuota

Los voluntarios tampoco entraban en sorteo, elegían Arma y lugar, pero ingresaban con menos edad y estaban más tiempo.

Con los años se fue modificando el Reglamento de Quintas, y una de las primeras medidas fue el no celebrar los sorteos en los ayuntamientos y hacerlo en la Caja de Reclutas de la provincia. También fue progresivamente disminuyendo el tiempo en filas y aparecieron los llamados "excedentes de cupo", gentes que sobraban, que sólo iban a la instrucción durante tres meses y luego les daban permiso indefinido, o que incluso, posteriormente, recibían la cartilla de licenciamiento, sin más ni más.

Esta suerte la hubieran deseado los movilizados durante los años de la Guerra Civil y siguientes, que marchaban pero nunca sabían cuando regresarían, y menos los que lo hicieron en zona republicana, que no les valió el tiempo de contienda y tuvieron después que sufrir sorteo y nueva incorporación al Ejército.


Mi padre y mi suegro en la Guerra Civil
Mi padre, Valeriano Flores, y mi suegro, Sotero Ossorio, en la Guerra Civil

Otra forma de hacer la mili era ingresando en las Milicias Universitarias. Fueron creadas en 1940, pero los antecedentes se remontan a 1808, cuando 300 estudiantes de la Real Universidad de Toledo, junto al batallón que formaron los entonces cadetes de Artillería de Segovia y otro de estudiantes de la Universidad de Santiago, partieron a combatir al invasor francés. Y durante la guerra civil, estudiantes universitarios, o al menos con el título de bachiller, constituyeron la cantera de los alféreces provisionales en el bando nacional y de los tenientes en campaña en el republicano.

A las Milicias Universitarias tenían acceso todos los mayores de 18 años que cursaran estudios superiores, con el privilegio de elegir Arma y lugar, que habitualmente era el del domicilio. Se realizaba en dos cursos, con dos partes en cada uno de ellos, una primera teórica, compatible con los estudios, y otra práctica, el primer año en campamento y el segundo ejerciendo con el empleo de sargento o alférez en el regimiento elegido.


Milicia Universitaria
Agrupación de la MIlicia Universitaria en las Islas Canarias

Yo hice la mili en 1971, en el primer llamamiento o reemplazo —entonces eran ya cuatro en el total del contingente anual— y dos años después de lo que correspondió a mi quinta, la del 47, por haber pedido prorroga por cuestión de estudios. Me tocó en la Península, en el Ejército de Tierra, y realicé los primeros meses de campamento en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) nº 1 de Colmenar Viejo, a unos 36 km. de Madrid, dentro de la 1ª Región Militar.

El 14 de enero —un día infernal de frío— estaba citado por la mañana en la Caja de Reclutas de Ciudad Real, entonces casi al final de la calle de Toledo, en la plaza de España, y hoy Rectorado de la UCLM. Y como no conocía a nadie de Criptana —todos más jóvenes que yo, supongo— acudí acompañado de varios amigos de Ciudad Real, ya que mi novia vivía allí, también llamados a filas y con prorrogas incluso de más años. Nos dieron el petate, las primeras disposiciones y la orden de presentarnos a las doce de la noche, y para nuestro asombro —casi todos íbamos con cierta aprensión por informaciones de amigotes que pasaron antes por la situación, que mitad para darse valor y fanfarronear y mitad por acojonarte, contaban cosas terribles—, tratándonos amablemente y con respeto.


Antigua Caja de Reclutas de Ciudad Real
Antigua Caja de Reclutas de Ciudad Real en el Regimiento de Artillería de Información y Localización,
antes sede de distintos regimientos y en su fundación en 1787 Real Casa de Caridad (de la Misericordia)

Pero a la noche cambio todo de color, y los malos augurios se cumplieron con creces. Nos recibió un sargento descerebrado y ya metido en años —su nivel seguro que no daría para más—, que nos mandó que formáramos en fila de tres y nos bajó la moral por los suelos: menos hijos de puta —que yo creo que también—, nos llamó de todo. Allí tuvimos que pasar en fila para que nos dieran el primer chusco y un inmundo brebaje, todo grumos, que decían que era café con leche, y que nos servían desde unos grandes perolos de aluminio en la cazoleta de nuestras cantimploras. Permanecimos en el patio del cuartel mas de tres horas, para luego, en el colmo de la maldad o de la mala leche, trasladarnos andando y en formación hasta la estación del ferrocarril por la ronda que circunvala Ciudad Real, pero, ¡cielos!, en vez de por el camino más corto, ¡no!, al contrario, rodeando toda la ciudad, con temperaturas bajo cero y con una continua agua nieve en todo el recorrido. Llegamos sobre la seis de la madrugada a la estación, donde nos esperaba un tren especial sacado del museo de los horrores, casi diría que veterano en mil y un rodaje de películas de vaqueros, y que no pudimos ocupar hasta la siete, tras habernos antes suministrado dos bocadillos, uno de sardinas en aceite y otro de mortadela, que nos dijeron que era todo condumio hasta la noche. Arrancamos hacia Madrid y Colmenar hacia las ocho, y no llegamos hasta las tres de la tarde, donde nos esperaban unos autobuses para trasladarnos al CIR.


Primera putada
Primeros pertrechos militares y primera... putada

¡Sólo faltó que nos atacaran los indios!
¡Sólo faltó que nos atacaran los indios!

Ese día cayó en Madrid una nevada como no se recordaba desde hacía tiempo, y con esas temperaturas gélidas, calzado no apropiado, y al aire serrano, tuvimos que aguantar todos los allí congregados de las diversas provincias —decían que unos cinco mil reclutas— las primeras arengas patrióticas, órdenes pertinentes de funcionamiento inicial y la distribución por compañías. En esto tuve suerte —no me abandono en toda la mili—, pues pidieron gente que supiera oficios, y como tenía la Maestría Industrial, levante el brazo y me destinaron, aunque separándome de mis amigos de Ciudad Real, a la Compañía 12. Fue verdaderamente providencial.


CIR nº 1 de Colmenar
CIR nº 1 - Campamento de San Pedro - de Colmenar Viejo

Las impresiones de los primeros días no fueron demasiado malas. Se comía aceptablemente —los comentarios sobre Colmenar coincidían en que era el CIR más grande y cuidado, de España—, en el desayuno arramplaba con varios estuches de mantequilla que dejaban mis compañeros de mesa, y las cenas, que eran las mas flojas y daban libertad para pasar de ellas, no iba al comedor y las hacía con los de Ciudad Real en la cantina, que era barata, con buenos bocatas y trasegando vino de San Fernando, el único a la venta. O en la compañía con lo que traía del pueblo y guardaba en la taquilla. Muchas veces también con porras que pasaban vendiendo en una furgoneta, recién hechas, mojadas en café o chocolate de máquinas expendedoras que había por doquier.


Cantina de reclutas
Cantina de reclutas

Y es que a esa edad nuestra se suspiraba por el "papeo", e invariablemente el toque a fajina era uno de los más esperados del día. El "turuta" de turno anunciaba que el "rancho" nos aguardaba en el comedor.

Toque de fajina para ir al rancho
"Soldadito de España no tengas pena,
que al toque de fajina, barriga llena"
.



Comedor de reclutas
Comedor de reclutas

El plan de trabajo consistía en gimnasia e instrucción por la mañana, con un bocadillo sobre las once, invariablemente de mortadela, y por la tarde la clase teórica y tiempo libre.


Bocata de media mañana
El bocata de mortadela de media mañana

Además de la cantina, teníamos un pequeño economato para realizar nuestras compras —de tabaco negro, sólo Mencey— y un salón bastante amplio para cine, con proyección de películas no muy antiguas y sin repetirlas ningún día.


Cajetilla de Mencey

Se tocaba diana por la mañana a las siete, y tras vestirnos rápidamente, formábamos en el exterior, se izaba la bandera, se pasaba lista y leían las órdenes del día.

Toque de silencio Toque de diana
"Quinto levanta, tira de la manta.
Quinto levanta, tira del colchón,
que viene el sargento
con el cinturón..."



Después, antes del desayuno, teníamos un tiempo para el aseo. Los retretes eran del tipo de plato turco, los manteníamos bastante limpios y era obligatorio el papel higiénico, cuya compra corría por nuestra cuenta y guardábamos en la taquilla. Hoy podría parecer todo esto surrealista, pero en esos tiempos no era muy raro utilizar papel de periódico, que atascaba los desagües, y no te dejaba el "ojete", precisamente, en estado de revisión.


Los retretes
Los retretes

El toque de bajada de bandera era a las ocho de la tarde, y el de retreta para recogerte en la compañía a las nueve, también en formación y con nuevo pase de lista y lectura de los servicios del día siguiente. Podía tocarte guardia, que era el peor, cocina o limpieza, bien de la propia compañía o en instalaciones generales. A mí, a los pocos días me toco cocina. ¡Una enormidad! Cualquier cosa que se diga siempre quedará escasa. Ollas exprés cuya tapa se levantaba con grúa. Descomunales perolas que necesitaban varias personas para manejarlas. Miles de platos para lavar y secar, que aumentaban si el postre era arroz con leche, por ejemplo. Todo el día acarreando legumbres, enormes trozos de carne o cajas de pescado; pelando y cortando patatas, cebollas y todo tipo de verduras, y sobre todo barrer, barrer y fregar continuamente, pues los cocineros ayudados por soldados veteranos allí destinados, todo lo tiraban, ¡cabronazos!, al suelo. Terminabas reventado y después de las diez, cuando ya se había tocado silencio y todos estaban acostados. La única recompensa era ponerte como el "kiko" de comer todo lo que quisieras, incluso las exquisiteces que preparaban los cocineros para ellos.


La cocina
La cocina

Ese día que estuve en cocina cortaron el pelo a todos los reclutas de mi compañía y repartieron la ropa de soldado, el "kaki", con lo que me tocó estar con la mía propia y con largas greñas un tiempo más. La gente me miraba como a un bicho raro, pues éramos poquísimos los que deambulábamos por el campamento de tal guisa. Los de Ciudad Real me tomaban el pelo y me preguntaban si estaba enchufado de algún alto capitoste o general.


El corte de pelo
El corte de pelo

El 25 de enero nos hicieron el reconocimiento médico, y todo lo que se cuenta sobre ello es verdad. Tras las pruebas de rigor, vino el tanteo de los cojones y las vacunas, y entre ellas, ¡cómo no!, la famosa en la espalda. Puestos en fila, con el torso al descubierto, iban pasando soldados enfermeros sucesivamente: el primero te daba un brochazo de yodo, mojando, cual pintura se tratara, de un bote; otro iba clavando las agujas, que sacaba de una lata cuadrada de envase de carne de membrillo, en la espalda, y por último, después de tener la banderilla clavada un buen tiempo —alguno se mareó—, llegaba el del enorme jeringón, que aplicándolo en las agujas clavadas, suministraba la dosis indicada.


Los terribles jeringones
Los terribles jeringones

Muy poca es la ilusión que produce la inyección

La Compañía estaba al mando de un capitán, que tuvimos la suerte que fuera "poco militar", nada estricto en disciplina. Su máxima aspiración era tratar de hacernos la vida más agradable, dentro de las posibilidades que él podía manejar, y sobre todo, conseguir que aprendieran a leer y a escribir un gran número de compañeros —yo mismo estaba sorprendido y me llamaba la atención que en esos años pudiera suceder tal cosa— que eran analfabetos o casi.


La Compañía 12
La entrada a la Compañía y la taquilla

El teniente —teniente Colmenar, por cierto—, famoso en todo el campamento, era todo lo contrario, militar hasta la médula, paracaidista, boina verde y no sé cuantas cosas más, pero buena gente y noble. Llevaba prácticamente la compañía, y de él se contaban historias que mezclaban actos de valor y cabal cumplimiento de sus deberes militares con otros de rebeldía a sus superiores, por lo que estaba allí medio confinado y sin el ascenso a capitán que por su edad correspondía. La oficialidad la completaban dos alféreces de complemento, naturalmente jovencísimos, que continuamente estaban desbordados. Ayudaban varios cabos chusqueros, reenganchados de quintas anteriores, que eran precisamente los peores, haciendo bueno el dicho ese de "cuando a un tonto se le da un látigo…". Esta figura de los reenganchados o chusqueros se contemplaba entonces, y como máximo se llegaba después de años de servicio profesional a brigada.


Las literas
Las literas

La gimnasia, a cargo del teniente Colmenar, claro —él lo llevaba todo—, resultaba extenuante. Corría y saltaba como una cabra, y aún seguía con fuerzas cuando toda la compañía estaba por los suelos, derrengada.


La gimnasia
La gimnasia

La instrucción, tan consustancial con el ejército: aprender a formar, a desfilar, hacer los giros, los movimientos con el fusil, conocer las órdenes de mando y toques de cornetín y corneta, a mí me parecía una tontería y una pérdida de tiempo; al fin de cuentas, todo consistía en que desfiláramos bien el día de la Jura de Bandera. Sólo cuando lo hacíamos con música o cantando nosotros, resultaba agradable. Para colmo, muchas veces terminábamos castigados, corriendo con el CETME en alto y con el teniente cabreado —os podéis imaginar—, y todo por culpa de los más de un niñato gilipollas e inconsciente que tenía por compañeros —en esto se notaba mucho la diferencia de edad—, que no sabían distinguir entre un momento de broma y otro de seriedad, y que la mitad de las veces o estaban en babia o eran tontos del culo, sin el más mínimo indicio de coordinación en los movimientos, que cambiaban el paso continuamente, y que cuando ordenaban girar a la derecha, por ejemplo, atropellaban al resto y giraban a la izquierda.


La instrucción
La instrucción

En las clases teóricas se aprendía el funcionamiento y limpieza del fusil CETME y poco más. Bastaban un par de días, pero con el personal de la clase... Cuando eres del grupo de los más espabilados existe el peligro de que los otros se mofen de ti o que te tengan más respeto. Yo creo que pasó esto último, y también por parte de los oficiales.


Fusil de asalto CETME
Fusil de asalto CETME

Cuando el Ejército recibió el fusil de asalto CETME en 1957, su creador, El Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales (cuyo acrónimo da nombre al fusil), creía haber logrado una de las mejores armas del mundo por su diseño y potencia de fuego. Su empleo en 30 naciones y medio siglo de servicio les ha dado la razón y lo ha convertido en mítico. Sustituía al anticuado rifle Máuser, y hoy él, a su vez, esta siendo sustituido por el G-36, fabricado por la firma alemana Heckler & Koch,


Mosquetón Mauser
Mosquetón Mauser

Nuestra compañía, además de contribuir con reclutas en los servicios de guardia, cocina y limpieza (supongo que en menor proporción que otras), era la encargada del mantenimiento, para ello fuimos seleccionados cuando pidieron gente con oficio. Se formaron brigadas de carpinteros, electricistas, fontaneros, albañiles..., y la suerte fue que nuestro capitán necesitaba colaboradores para poner en marcha ciertas ideas que le bullían en mente; pidió delineantes, personal con experiencia en oficinas y gente que supiera dibujar y pintar. Y allí que me presenté yo con otros siete, no sin el recelo de que me tomaran el pelo con la broma típica tantas veces oída, la de aquel que acude a la convocatoria de los que sabían escribir y le entregan una escoba para barrer.


¡¡A ver quién sabe escribir!!

No fue así, pues nos dedicamos a hacer las orlas de varios reemplazos, estadillos, encuestas, organigramas, acondicionar una sala de lectura, catalogar los libros y decorar la compañía, especialmente con un gran mural en el frente del dormitorio de reclutas: don Quijote embistiendo al rebaño de ovejas, creyendo ver él a un ejército enemigo. Yo llevé, aprovechando una salida de fin de semana, a los quince días de estar allí, una edición del Quijote con la famosa escena que nos sirvió de muestra, e igualmente los materiales de pintura y pinceles necesarios. Pero el verdadero artista era un compañero, Clemente, del que me hice muy amigo; yo solamente le ayudaba. De otro amigo de aquel grupo, un tal Montesinos, supe luego que lo había pasado muy mal en el cuartel al que fue destinado, ya que tenía antecedentes penales por estar metido en política y haber sido detenido por la policía en alguna huelga de estudiantes.


Boceto del mural de la Compañía 12
Boceto del mural que pintamos en la Compañía 12 del CIR de San Pedro, en Colmenar Viejo:
Don Quijote envistiendo a los que creía soldados de un ejército enemigo

Amigos en el CIR de Colmenar
Amigos en el CIR de Colmenar Viejo. Yo soy el de la derecha

Lo importante de aquella comisión especial es que nos hicimos muy amigos de todos los mandos y nos librábamos multitud de veces de ir a instrucción, e incluso de ir a hacer prácticas de tiro en el cerro de San Pedro, a unos cuantos kilómetros. Claro, que de esto último, el resto de la compañía sólo fue una vez, ya que a la segunda, y debido a la cantidad de nieve acumulada, a punto estuvieron de sufrir un grave percance. La tercera vez que estaba programado ni se intentó.


Cerro de San Pedro en verano y en invierno
El cerro de San Pedro en verano y en invierno

Lo de las nieves fue permanente durante casi todo el tiempo de campamento. Para darse una idea baste con decir que cuando llegamos nos encontramos con una costra de hielo sucio en el suelo y la entrada de la compañía con dos escalones; luego, cuando mejoró el tiempo a finales de febrero y desheló, aparecieron otros más. Y es que el intenso frío fue casi problema de supervivencia. Por las noches bajaba la temperatura hasta 10 o 15 grados bajo cero, y la única forma de combatirlo era cerrar a cal y canto las ventanas —la zorrera que se formaba, todos fumando, era impresionante, y andábamos fatal de la garganta—, acostándote vestido, incluso con más ropa que durante el día, bebiendo coñac —todos guardábamos la botella en la taquilla, aunque estaba prohibido— y remetiendo bien las mantas y tapándote hasta el cocote, sin moverte para no desabrigarte. Menos mal que no hubo ningún gracioso que te quitara las mantas, porque hubiera supuesto congelación segura, como le ocurrió a uno haciendo guardia, que al hacer el relevo se lo encontraron muerto. Otro también murió de meningitis.


Las Compañías y la amiga para las noches
CIR de Colmenar. Se pueden apreciar las escalerillas de entrada a las compañías.
A la derecha, la amiga con la que nos acostábamos todas las noches

Se habla siempre de la mili en términos amables —Qué risa, lo mal que lo pasamos—. Del pasado permanecen los buenos recuerdos y a los malos siempre se les termina por encontrar algún acomodo Pero verdaderamente, en Colmenar, en el primer reemplazo del año 71, el frío fue un problema bastante serio.

Durante el día, la salida del sol daba un alivio, pero muchas veces teníamos que ponernos el tres cuartos, no el nuevo de salir a la calle, el de "bonito" como allí se decía, si no otro cochambroso y guarro del que salían lascas de mugre si apalancabas con las uñas, Parecíamos el ejercito de un país bananero, el que pintaba Ivá en la Puta mili. Tengo fotografías con las cejas y los mocos helados que parecemos estar en Siberia. Claro, que la fotografía más particular y que todo el mundo guardamos es aquella con nuestra cara en un duro de los de papel.


Como en Siberia
¡Como en Siberia!
De los agachados, yo soy el de la izquierda

Fotografía del duro
Y la famosa fotografía del duro

Debido al mucho ejercicio, al aire y al sol entre nieves, adelgacé y me puse súper bronceado en invierno. En el primer rebaje de fin de semana que pude ir a Ciudad Real, mi novia cuando me vio, y además con tan poco pelo, decía que parecía un marine americano. La vuelta desde Ciudad Real al campamento la hice varias veces en un taxi que me enteré que hacía ese servicio. Era un coche muy grande, de esos que llamaban un haiga, americano, con trasportines acoplados. Nos traía a diez soldados y a las seis de la mañana del lunes nos dejaba en las mismas puertas del campamento. La entrada era sigilosa, y con enseñar el carnet de soldado los que estaban de guardia te daban acceso.


Entrada al CIR de Colmenar
Entrada al CIR de Colmenar

No ocurría igual con las multitudinarias salidas, que te hacían formar para pasar una rigurosa revista de ropa, uñas, pelo, botas y demás historias, y que, desgraciadamente, a muchos echaba para atrás. La impresión que yo tenía de todo esto es que cuando más te puteaban y te trataban como a un perro era cuando estabas fuera del ámbito de tu compañía: estas revistas, las guardias, la cocina..., y más si el que estaba al mando era un chusquero.

Alguna vez hubo también revista o revisión de taquillas, pero creo que hacían la vista gorda y era una mera formalidad.


Carnet de recluta
Mi carnet de recluta

Dos veces a la semana, por la tarde, en ropa de deporte o con sólo los calzoncillos, y con la toalla y el jabón en la mano, íbamos a las duchas, que estaban un poquito apartadas. Nos enjabonábamos rápidamente en unas piletas —el intenso frío obligaba a hacerlo— y corriendo, todos en pelotas, pasábamos por un largo pasillo con chorros de agua a presión y muy caliente —la única en todo el campamento— que salían de las paredes. Terminabas medio escaldado.


Preparados para las duchas
Preparados para las duchas

El tema del sexo estaba controlado. Con las espuertas de bromuro que debían echar en la comida, el frío, y el sólo ver tíos, apenas si te ponías.

Uno de los momentos más esperados del día era cuando repartían la correspondencia. Había que estar muy atento porque la leían muy rápido y prácticamente la lanzaban al aire. Si tenías, todo era alegría; si no, ... melancolía.


La correspondencia

Dos veces tuve problema con la gorra. La primera, con la de campaña, que me la quitaron en la cantina. Ir sin gorra era una falta gravísima. Y además, ¿cómo saludabas a los mandos sin ella? Pero en pocos minutos me pusieron en contacto con la mafia de veteranos que las vendían, usada naturalmente pero no "capada" (era una broma, más bien putada, que consistía en romperte el plástico interior de la visera) y casi seguro que robada por ellos o por su camarilla. Tenían montado así, ¡cabrones!, su negocio. La segunda, con la de paseo o "bonito", en Madrid, en un fin de semana, que me la deje olvidada en un bar cercano a la estación de Atocha. Me di cuenta cuando estaba ya bajando a la estación del metro, pero volví corriendo y allí estaba. ¡Menos mal!, porque esa vez sí que hubiera sido grave. ¡Cómo me presentaba el lunes en el campamento sin ella! Y después de todo, qué suerte tuve de no cruzarme con alguien del Ejército o con "Pili y Mili", los de la PM (policía militar), que merodeaban frecuentemente por Atocha y me hubieran emplumado.

Aquello me dejo marcado durante años. Salía de mi casa y siempre tenía la sensación de que algo me faltaba, y hasta que hacía un repaso y apreciaba que era la obsesión por la gorra no me tranquilizaba.


uniformes de recluta
Los uniformes de campaña y de paseo (invierno y verano) y sus gorras

A pesar de la nieve, un día a finales de febrero salimos de maniobras por la zona, cerca del embalse de Santillana, con comida de campaña en el macuto y el "chopo", o mejor la "novia" (el Cetme) bien agarradito. Nos separamos en tres grupos al mando del teniente y los dos alféreces, y por caminos distintos y orientándonos con una brújula y el mapa correspondiente tuvimos que reunirnos de nuevo en un paraje indicado. Salió todo bien y fue un día agradable y de camaradería.


Aquel día de maniobras
Aquel día de maniobras

En el campamento hice el curso de cabo, aunque el examen se realizaba ya en los destinos. Y precisamente con el destino me siguió acompañando la suerte. Mi amigo Luís Perucho estuvo en el Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1, en Madrid, y le fue muy bien; otro amigo, José María García-Casarrubios —ambos de Criptana—, como tenía derecho a elegir por ser maestro, pidió estar con él, y yo, para no ser menos, en una encuesta que nos hicieron sobre diversas cuestiones, en la de preferencia de Arma y cuartel del Ejército ese fue el que indiqué sin mucho convencimiento. Y ese fue el que me concedieron y dieron a conocer unos días antes de prestar juramento de fidelidad a la Bandera.

La Jura, el 28 de marzo, salió perfecta, emocionante, con las familias presentes, que fueron invitadas posteriormente a visitar el acuartelamiento y a un aperitivo en los comedores. Después, un permiso de tres días.


Jura de la bandera
La jura de la bandera

La incorporación a los cuarteles, el 1 de abril, se hizo rápida y bien organizada: cada uno de nosotros sabía en dónde tenía que concentrarse y en qué camión subirse para el traslado. Después de pasar lista y estar completo, el vehículo salía a su destino. La casualidad fue que el conductor era un viejo conocido de Herencia, compañero de estudios, y de familia de camioneros como las mía, Abengoza.


Transporte de reclutas
El transporte de los reclutas hacia los cuarteles de destino

Al llegar al cuartel nos hicieron formar y nos volvieron a tratar como a putos reclutas; el pase a veteranos aún tardaría. Nos quedaba más mili, según el dicho, "que al palo de la bandera", o de comer aún muchísimos chuscos. Así que, otra vez vuelta a empezar, con el bocazas del sargento de turno mentándonos a nuestra madre a más de otras lindezas.

“Cuando yo me incorporaba,
tú recluta te reías
porque he dejado a mi novia
que era lo que más quería.
Hoy las cosas han cambiado,
recluta calamidad,
y la novia de un recluta
con un veterano va.
Quinto peluso no llores más,
mira tu “padre”, mira tu “padre”,
qué alegre está…”

Menos mal que vino a rescatarme mi amigo José María para llevarme a su compañía —ya lo tenía todo arreglado—, la de Plana Mayor y Servicios. Muchas veces este tipo de ayuda valía más que la de un general. Además él, ya cabo y veterano de la quinta anterior, tenia cierta “mano” por desempeñar un cargo curioso dentro del organigrama del cuartel, el de Visita de Hospital, cargo que heredó del otro amigo, Luís, y que luego a su vez me traspasaría a mí.


Mis amigos José María Y Luis
Mis amigos de siempre José María García-Casarrubios y Luis Perucho.
Primero Luis, luego José María y yo por último, fuimos pasando los tres por el Regimiento Mixto de
Ingenieros nº 1 y por el cargo de "Visita de Hospital". ¡Era un chollo!

El cuartel, en la carretera de Extremadura, Cantón de Carabanchel-Campamento de Madrid, Acuartelamiento de San Fernando, pertenecía a la División Acorazada Brunete nº 1, y era muy conocido por tener en la puerta como garita para el soldado de guardia un pequeño castillo, símbolo del arma de Ingenieros. Su coronel entonces, don Guillermo Díaz del Río Jáudenes. En 1988 desapareció de la zona y hoy se encuentra en la Base Cid Campeador en Castrillo del Val (Burgos).


Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1
Instalaciones abandonadas del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1 - Cuartel de San Fernando

Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1
Detalles del pequeño castillo, símbolo del arma de Ingenieros, que servía de garita, y de la puerta de entrada.
A la derecha, emblemas de la División Acorazada Brunete, del arma de Ingenieros y del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1

Aparte de mi compañía, donde estaban todos los enchufados —muchos ni aparecían por allí— había un batallón de Zapadores y otro de Transmisiones, que se encargaban de agilizar el movimiento de la División e impedir la del enemigo. Sus tareas incluían la construcción de caminos y puentes, tendido de campos de minas, detección y limpieza de obstáculos y establecimiento de comunicaciones tácticas entre las unidades. Casi siempre estaban de maniobras y apenas si teníamos relación con ellos. A mi cuartel pertenecían todas las grandes máquinas, pontones y puentes barcaza que salían en los desfiles del 12 de octubre, entonces Día de la Raza. Y otra compañía, medio pirata, era la de los "Vikingos" —así la denominábamos—, que iban por su cuenta, tenían horarios distintos, estaban rebajados de todo servicio y los tenían como mano de obra para construir un polideportivo para los mandos militares. Los veíamos subir por la mañana en camiones, con una pinta de brutos tremenda, y luego regresaban bien entrada la tarde.


Vehículo lanzapuentes Leguan
Vehículo lanzapuentes "Leguan"

Las primeras semanas fueron bastante jodidas, pues aunque salía a las dos de la tarde y me iba a casa, tenía que volver al toque de retreta y dormir en el cuartel. Todas las mañanas seguíamos haciendo instrucción —los reclutas, claro— y el cabo furriel parecía que la tenía tomada conmigo: me chupé en nada de tiempo tres guardias, un retén y una imaginaria vigilando el dormitorio de la compañía, el tercer turno de cuatro para más coña, que te partía la noche y ya no podías conciliar el sueño.


De nuevo la instrucción
De nuevo la instrucción

Las guardias duraban 24 horas, alternándose dos en puesto (que iba variando a lo largo del día) y dos de descanso ininterrumpidamente. En el Cuerpo de Guardia, a la entrada del cuartel, había literas, mesas, sillas, armero y nunca faltaba por la noche un perol grande de café caliente y otro de coñac, éste por reminiscencias, supongo, de tiempos de guerra, cuando se mandaba a los soldados al frente de batalla embravecidos por una ardiente arenga y por cantidades ingentes de alcohol. Hoy dicen que se recurre a substancias sicótropas.


Cuerpo de Guardia
Cuerpo de Guardia

El peor puesto durante el día era la garita de entrada, pues tenías que parar a todo el que pretendiera acceder, y en caso de ser oficial del ejército, avisar con tiempo al cabo de guardia para efectuar el saludo reglamentario, Cuando llegaba el coronel del cuartel, aún peor, pues ya debía estar formada toda la guardia, con oficiales, sargento y tropa. Por la noche cualquier puesto daba "yuyu" cuando te quedabas solo, y más si alguien se acercaba y le tenías que gritar aquello de: "¿Quién va?" Y en caso de no ser reconocible y no contestar a la petición de: "¿Santo y seña?" (se daba la consigna todos los días en el Cuerpo de Guardia), disparar sin contemplaciones. De todas maneras, en mi cuartel, a pesar de que ya ETA existía, la disciplina estaba bastante relajada, y prueba de ello es que salvo dos balas que metías en el cargador del Cetme, el resto hasta diez te las daban en un liote con gran cantidad de vueltas de papel celo alrededor. ¡Vaya, que para unas prisas!


Una de las garitas de vigilancia y zona del depósito de agua
Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1.
Una de las garitas de vigilancia y zona del depósito elevado de agua, también con puesto de guardia

Pero cierto es que terminar la guardia era un relajo. El toque de relevo significaba la alegría para unos y, claro, la "jodienda" para otros.

"Guardias venid, venid, venid,
guardias llegad, llegad, llegad,
unos irán al polvorín
otros irán a la Principal.
Si tienes guardia, jódete
que yo también la tuve ayer..."

Sí se ponía todo patas arriba cuando le tocaba el cargo de capitán de semana a Fermín Manso, de Zapadores, estricto a rajatabla en las ordenanzas militares y el coco del cuartel. No olvidaré que uno de aquellos primeros días, terminamos todos los que teníamos servicio de retén para emergencias arrestados en prevención, por el delito de no llevar el material que manda la reglamentación, que sin lugar a dudas no era de incumbencia de la tropa.


Esperando turno en el Cuerpo de Guardia
Esperando turno en el Cuerpo de Guardia

Al poco, y gracias a mi amigo José María, me dieron destino de escribiente en oficinas. Todas estaban bajo el mando del capitán Amillo Figueroa, de mi compañía, la de Plana Mayor y Servicios. Era un gran tipo, distante pero muy amable y correcto, y prácticamente el "amo" del cuartel, pues además de ser el jefe de todo ese negociado administrativo y burocrático, era público que pertenecía al poderosísimo entonces y temido SI, el Servicio de Inteligencia del Ejército.


Aquellas viejas máquinas de escribir

Mi oficina era la Sección 1º (S-1), nada siniestra, todo lo contrario, con fauna (algunos de los nombres no son los verdaderos) de variado pelaje: en primer lugar el jefe, el capitán Vadillo, entrañable donde los haya y ya mayor, que nos trataba como a hijos. Se jubiló aquel año después de haber entrado en el ejército durante la guerra civil. Le seguía por orden de graduación, que no por responsabilidad ni por capacidad de trabajo —no daba ni golpe—, el brigada Malinas, que todos los días abría el armario del material de escritorio —nosotros administrábamos y servíamos a todas las dependencias y cogía un "puñao" de folios, cuadernos, lapiceros, bolígrafos, borradores o incluso sacapuntas, y con todo el morro del mundo decía: "Je, je, para la niña". Debía tener el tío una librería en su barrio y del cuartel se llevaba el material. ¡Negocio redondo! Otro que tal bailaba era el también brigada Olmedo, que dicen que “asaltaba a mano armada” todos los días los almacenes de la cocina, y no sólo por llevarse el pan, al cual creo que tenían derecho oficiales y suboficiales. También el surtidor de gasolina (para las máquinas y los vehículos militares, no para los particulares); pero en esto creo que abusaba hasta el coronel. El sargento Hernández era el único suboficial que se ganaba el sueldo en la oficina, por lo menos tenia varias tareas a su cargo.


La S-1

El resto éramos tropa, variando continuamente según los reemplazos, pero entre los más peculiares: mi amigo el cabo José María, que no pisaba por allí casi nunca, pues andaba escaqueado, de permiso, ejerciendo el cargo de Visita de Hospital o haciendo el curso de Cabo 1º. Arrieta, vasco, que a la segunda semana de estar allí fue separado debido a que alguien denunció su simpatía con Eta; inmediatamente regresó, ya que el delator erró de plano: resulta que era sobrino de la entonces alcaldesa de Bilbao y seguidor de Blas Piñar.

De todos los de oficinas, como manejábamos información sensible que podía ser utilizada para fines perversos, pedían referencias; el Ayuntamiento de Criptana mandó a casa de mis padres un alguacil para rellenar una encuesta.


La S-1

Más compañeros: Vaquero y Cabrerizo, uno cacereño y el otro conquense, ambos maestros e igual de raro el uno que el otro. El cabo Jiménez, sustituto en lo del hospital cuando José María estaba de permiso. Almeida, del que conocíamos todas sus andanzas amorosas, y especialmente la forma de las tetas de su novia Maripuri. Olivares, manchego de Daimiel y enchufado del capitán Amillo ("De Daimiel, somos de Daimiel...", le cantaba, parodiando el himno de su pueblo); me lo encontré al cabo de los años trabajando en una tienda muy conocida y especializada en materiales de encuadernación, propiedad de la familia del capitán. El cabo Gutiérrez, mi sustituto a su vez en el cargo famoso del hospital, y al que luego cedí yo los trastos cuando me licencié, pero de eso aun queda mucho. Pensé antes cederlo —la cosa se hacía así, siempre que Amillo estuviera de acuerdo— a uno de Criptana que ya no he vuelto a ver más, a Pepe Mascaraque, pero estaba en una compañía de Zapadores y era muy complicado el traslado.


¡Viva el trabajo!
¡Viva el trabajo!

Éramos los soldados los únicos que dábamos el callo en la S-1; aunque tampoco había demasiadas cosa que hacer y perdíamos el tiempo miserablemente día tras día. Pienso ahora en los que no tenían un destino fijo, nada que hacer mientras no les tocara algún servicio, en lo torturante y aburrido que podía ser el tiempo estando manga por hombro, en las tardes interminables en la cantina para los que no eran de Madrid, aficionándose a la bebida y al juego.

Mi principal cometido en la S-1 era rellenar las Cartillas Militares; tengo pues el honor de haberme yo licenciado a mí mismo, con mi puño y letra. Los de mi quinta fuimos el último año que la teníamos verde; luego cambiaron de formato y eran de color blanco.


Cartillas Militares
Cartillas Militares. La verde fue mi reemplazo, el del 47, el último que la tuvo, pero como hice la mili
con dos años de prorroga, conviví con los que ya la tenían blanca

La cocina en el cuartel era buena. Tenían presupuesto para unos setecientos soldados y no comían más de cien, los que estaban de servicio cada día y pocos más. Yo la probé, pues eso, los días que tuve que quedarme allí obligatoriamente. Sé de un suboficial, por circunstancias que no vienen al cuento, que tras su mes reglamentario de cocina ingresó en su cuenta bancaria trescientas mil pesetas, ¡de aquellos años! ¿Alguna gratificación especial, acaso?

La vida en la mili cambió totalmente para mí cuando a las pocas semanas me concedieron el pase pernocta —¡ya podía dormir en casa!—, conseguido también con mi ya proverbial "potra" o más bien previsión: aunque vivía solo en Madrid desde hace años, estaba censado en Criptana en la casa de mis padres, y nunca me había preocupado en cambiarme de censo; afortunadamente sí lo hice unos meses antes de ingresar en el ejército.


Pase pernocta
Mi "pase pernocta", renovado de un primero concedido en mayo de 1971.
Lo de vivir en Madrid con mis padres me lo inventé; yo vivía solo,
y mi nombre constaba en el censo como cabeza de familia

Otra de mis previsiones fue ahorrar lo suficiente para poder pagarme desayuno, comida y cena y seguir corriendo con todos los gastos de mi casa. Recuerdo —eran otros tiempos— que llegué a reunir ochenta y tres mil pesetas.

Me tenía que levantar temprano, y el transporte hasta el cuartel lo hacía primero en el metro, hasta la estación de Ópera, y allí, a las espaldas del Teatro Real, cogía el Bus 39 que me dejaba en la misma puerta del Regimiento.


Situación del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1
Situación del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1

El 14 de mayo me examine para cabo y, declarado apto, el 7 de junio fui ascendido a ese empleo con antigüedad del día 1. Otro cambio fundamental, pues inmediatamente fui nombrado Visita de Hospital, ya que mi amigo José María fue ascendido al empleo de cabo 1º, y con la recompensa añadida de disfrutar de 15 días de permiso por cada dos meses en el cuartel, además de quedar rebajado de cualquier otro tipo de servicio. Aquello de llevar galones —los compré en una tienda de efectos militares que había junto al metro de Campamento— significó asimismo que pasaba de recluta a veterano o padre. Con el tiempo llegué a ser el más antiguo de la oficina, el abuelo, el cabo-comandante de la S-1.


Nombramiento de cabo
Nombramiento de cabo

Carnet de cabo y galón
Carnet de cabo renovado del inicialmente concedido con fecha de 1 de junio de 1971.
Galones de hombrera del empleo de cabo

El cargo de Visita de Hospital era muy peculiar. Consistía en ir todos los días al hospital militar Gómez Ulla, visitar a los enfermos ingresados del cuartel, fueran oficiales, suboficiales o tropa —muchas veces no había nadie—, interesarse por ellos, realizar los encargos que te solicitaran y hacer un informe por escrito al capitán Amillo sobre la evolución de la enfermedad y estado anímico del ingresado. Muchos soldados aprovechaban en la mili para operarse de deformaciones en los pies, juanetes fundamentalmente, pues tenían fama los cirujanos del Gómez Ulla en esta especialidad.


Nombramiento del cargo de Visita de Hospital
Nombramiento (algo deteriorado) del cargo de Visita de Hospital

La visita estaba programada para las tarde, pues a las seis y media un comandante nombrado cada semana como Visita de Hospital de toda la División pasaba revista a los que íbamos de cada cuartel, que teníamos además que poner nuestro nombre y firma en un libro de registro: "Por el regimiento Mixto de Ingenieros nº 1, el cabo José Flores". Sin embargo yo, que era el único cabo —en otros cuarteles realizaba esta función un teniente o un sargento— la realizaba por la mañana, como habían hecho todos mis antecesores. Me salía del cuartel a las doce, con mis trinchas (correajes) puestas, pues iba a de servicio aunque no fuera de armas, con mis credenciales que daban fe del cargo, sin miedo al sargento de guardia que te pudiera hacer revista de pelo, botas y demás historias y negarte salir, y por supuesto sin ningún miedo a la policía militar, que es más, me saludaban con todo respeto.


Hospital Militar Gómez Ulla
Antiguo Hospital Militar Gómez Ulla

Me iba andando hasta el metro de Campamento, y desde allí al de Carabanchel, y justo enfrente estaba el hospital. Realizaba la visita si es que teníamos algún enfermo, firmaba el libro de registro que ponían a la una y media —alguna vez tenía que esperar y siempre era el primero— y rápido me marchaba a casa. Nunca pasó nada, pero siempre tuve, incluso después de acabar la mili, el temor a que me llamaran para pedirme cuentas, aunque, eso sí, el servicio lo cumplía perfectamente.

La visita se complicaba si acaso el enfermo era oficial, por el respeto y trato debido, pero eso ocurrió dos veces y fueron ambos amabilísimos conmigo.

Todos los soldados cobraban por aquella época creo que unas ochenta pesetas al mes, los cabos ciento cincuenta y yo otras mil más por lo del hospital, que luego pedí me subieran a mil quinientas y me lo concedieron. Me pagaba el sargento Barriga, que hacía honor a su apellido y era el secretario de Amillo. También me suministraba tacos de billetes del metro.


Metro de Carabanchel
Salida del Metro de Carabanchel con la mole al fondo de las nuevas instalaciones hospitalarias

Los cabos 1º eran entre otras cosas los encargados de dirigir la instrucción por las mañanas, y cuando le tocaba de semana a mi amigo José María, trataba de ayudarle y hacer bulto porque la mitad de la gente se escaqueaba y él podía incluso sufrir arresto. Coincidió una vez con la anunciada visita del general de la División, y había que preparar una parada militar en su honor. Nos ejercitábamos con la ayuda de dos cabos gastadores que alguna otra compañía nos prestó y desfilando con marchas militares que ponían por los altavoces. El último día con la propia banda del Regimiento y con los toques reglamentarios de un sargento turuta, ya mayor éste, con no demasiadas luces, que incluso recibió reprimendas delante de todos del —¡cómo no!— capitán Manso.

Aprendimos el himno del Arma de Ingenieros:

"Soldados valerosos
del Arma de Ingenieros
cantemos a la Patria
con recia fe y amor.
¡Arriba nuestro lema!:
"Lealtad y Valor".
El Santo Rey Fernando
nos guía y nos protege,
Castillo con trofeos,
de roble y de laurel,
nos da su fuerza y gloria,
triunfaremos con él.
Con fortaleza, lealtad y valor,
gloria a España, al Ejército y al Arma,
los Ingenieros, daremos con ardor..."

El padre de mi novia murió en Madrid, ingresado en un hospital, en el mes de Agosto, y no fui durante tres días al cuartel. Llamé por teléfono al sargento Palacios, de mi compañía, y fue suficiente. Ignoro si en otros cuarteles hubiera bastado con la llamada o me tendría que haber presentado por la mañana para pedir el correspondiente permiso. Desde luego, la ley militar prescribe situación de alerta a la primera falta, indagaciones a la segunda, y declaración de prófugo a la tercera, con lo que se da orden de busca y captura para el ingreso en prisiones militares o en batallones disciplinarios.

Ya trabajaba por aquella época en el Colegio Salesianos Atocha, y cuando llego el mes de septiembre me pude reincorporar a dar clase, aunque sólo por la tarde. Iba vestido de soldado, pues no tenía tiempo ni para comer. Me levantaba temprano y desayunaba fuerte, al estilo inglés. No faltaban los huevos fritos con jamón o beicon, arenques ahumados, café con leche, galletas y fruta. ¡Muchísimo!, pero ya sólo tomaba una merienda cena cuando llegaba a casa y me acostaba pronto.


Vista aérea del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1
Vista aérea del Regimiento Mixto de Ingenieros nº 1

Había disfrutado de dos turnos de vacaciones y en Navidad también pude ir a Criptana, hasta el 1 de enero, pues el 2 me incorporaba al cuartel. Fue la primera vez que pasaba el día de Reyes en Madrid, solo, y bastante triste, sin que el roscón que me compré para mí solito pudiera evitarme la melancolía.


Mi penúltimo permiso
Mi penúltimo permiso

Pero todo tiene su fin, y a principios de marzo de 1972 me llamó el capitán Amillo y me comunicó que no podía licenciarme sin hacer una guardia como cabo, que era lo tradicional. Y la hice, el día 5 de ese mes entraba a las ocho de la mañana en el Cuerpo de Guardia para no salir hasta el día siguiente a la misma hora, y nada menos que con el capitán Fermín Manso de semana. El evento se proclamó en la correspondiente Orden del Día y también circularon carteles de mano anunciando la "corrida". Triunfo absoluto con salida a hombros.


Mi primera y única guardia de cabo
Orden del 4 de marzo de 1972 anunciando mi guardia de cabo para el día siguiente.
Fue la primera y la última, y casi la despedida de la mili


Cartel de mano de mi guardia de cabo y última Visita de Hospital
Cartel de mano que circuló anunciando la corrida (mi guardia de cabo) con afamados toros astifinos de don Fermín Manso.
Orden de mi última Visita de Hospital

El 8 de marzo cumplí con la última Visita de Hospital, me fui una semana de vacaciones y el 15 volví para entregar toda la ropa, incluidos los calzoncillos y las magníficas botas, despedirme de mandos y compañeros y recoger la cartilla que yo mismo había ido rellenando y ahora me entregaban firmada con la licencia y un mes antes de lo que me correspondía. Bien que en ella se especifica: licenciado el 15 de abril de 1972 con Servicio Eventual en la 1ª Región Militar y paso a la situación de reserva para el 15 de enero de 1973. Adscrito a la Zona de Reclutamiento y Movilización nº 11 de Madrid, en el cuartel Infante Don Juan de paseo de Moret 3.


La licencia
La licencia y las botas

En este cuartel tenía que haberme presentado todos los años —en los pueblos se hacía en el de la Guardia Civil— para pasar revista, ya que la licencia no era definitiva hasta que no pasaran dieciocho años y en cualquier momento te podían movilizar. Nunca lo hice.

Estuve en la mili exactamente catorce meses, muy distinto de los ocho años que se hacían en 1800 o de los dieciocho meses del no tan lejano 1968.

INDICE

83 OTROS EDIFICIOS O LUGARES DE INTERÉS

Estos son algunos edificios o lugares que considero de importancia en Criptana y de los que no he hecho en los apartados anteriores una mención suficiente.

Casa del Conde de las Cabezuelas

Situada en la Plaza Mayor, 3, y de grandes dimensiones, data del siglo XVII. En su fachada destacan una interesante balconada de madera y escudo de la familia de los Baíllo, uno de cuyos miembros fue titulado Conde de las Cabezuelas a finales del siglo XVII. El abandono sufrido durante los últimos años ha deteriorado notablemente su estado.


Casa del Conde
La Casa del Conde

El Pósito

Se encuentra en la plaza del Pósito, fue construido a principios del siglo XVI y su evolución como institución es conocida a través de documentos conservados en el Archivo Municipal desde 1548. Era almacén de grano con una doble función: realizar préstamos en especie a los agricultores y regular el mercado del trigo para evitar o atenuar posibles conflictos sociales.


El Pósito
El Pósito, hoy Museo Municipal

Fue ampliado en el siglo XVIII —su época de apogeo— durante el reinado de Carlos III. Tras la guerra de la Independencia comenzó su declive y, tras diversos avatares, pasó a ser propiedad municipal en 1991. Su restauración para albergar actividades culturales concluyó en abril de 1996. Hoy es Museo Municipal.


Escudos en la portada del Pósito
Escudos en la portada del Pósito

Es una construcción en piedra (mampostería y sillar), de planta irregular, en dos alturas, en la que destaca la portada, con arco de medio punto enmarcado con una ornamentación de raíz plateresca consistente en dos pilastrillas que, siguiendo antecedentes mudéjares, quedan colgadas y sostienen una ligera cornisa sobre la que se levanta un ático decorado por tres escudos: en el centro el Escudo Imperial de Carlos I circundado por el Toisón de oro y flanqueado por dos de menor tamaño con la cruz de la Orden de Santiago bajo cuya jurisdicción estuvo la villa de Campo de Criptana.

Casa de la Torrecilla

Construida a principios del siglo XX y perteneciente en su día a una familia de la nobleza criptanense, ha sido rehabilitada por varias escuelas taller y convertida en Hospedería. Es admirable el zaguán, el patio y las escaleras. Se encuentra situada a escasos metros de la Plaza Mayor, en pleno centro de la localidad.


Casa de la Torrecilla
Patio de la Casa de la Torrecilla

Casa de la Tercia

Es un edificio de una planta, cubierta de teja árabe y fábrica de mampostería que se levanta en la esquina de la calle de la Concepción con la plaza de la Tercia. Presenta grandes sillares de piedra rojiza que se encuentra también en otros monumentos de la localidad. Data del siglo XVI y era el lugar donde se depositaban los diezmos, contribución que los agricultores debían pagar a la Iglesia (en Criptana a la Orden de Santiago) y que consistía en un diez por ciento de los frutos que se producían, abonándolos en especie, es decir con el propio producto cosechado. También de productos elaborados como queso vino, aceite y otros.


Casa de la Tercia
Casa de la Tercia

La palabra "tercia" venía del hecho de que una vez que se recogía este impuesto, se dividía en tres montones, llamados tercias, que se entregaban: una al Obispo, otra al Cabildo diocesano y otra al clero local.

Casa de Don Miguel

Data de finales del siglo XIX y fue construida en el número 30 de la calle Castillo según proyecto de su propietario D. Miguel Henríquez de Luna. En la planta baja estuvo instalado durante muchos años el Banco Español de Crédito. Es un bello ejemplo de la arquitectura modernista en la comarca y en él destacan su patio a la manera típica andaluza, el mirador sobre dos esbeltas columnas de fundición, su gran escalera de mármol y un magnífico vitral de san Miguel Arcángel.


Casa de don Miguel Henríquez de Luna
Casa de don Miguel Henríquez de Luna

Cruz de Santa Ana

Junto a la ermita de Santa Ana en la plazoleta del mismo nombre, hay una cruz grande, que sirvió de división al barrio de moros llamado Albaicín, fruto del asentamiento a finales del siglo XVI de familias moriscas procedentes del reino de Granada, y del que sólo queda el nombre. Allí comienza la pendiente más pronunciada que lleva a la Sierra de los Molinos. Albaicín proviene del árabe albayyazín, barrio en pendiente o cuesta.


Cruz de Santa Ana
Cruz de Santa Ana

Cruz de Santa Ana
Fotografías de la Cruz de Santa Ana en otros tiempos

Aldea de San Roque

El barrio o aldea de San Roque, en la vaguada oriental de la Sierra de los Molinos, constituyó hasta principios del siglo XX un enclave apartado en el que varios centenares de personas llenaban de vida las cuevas, algunas casas de labor y huertos diseminados en torno a la ermita de San Roque. De todo aquello sólo queda algún topónimo (calle de los Huertos), cuatro brocales de agua dulce (pozos de la Guindalera), unos pocos huertos sobreviviendo a duras penas, la ermita en última fase de ruinas y unas cuantas encinas centenarias.


Calle de los Huertos
Final de la calle de los Huertos. A la derecha, los pozos de la Guindalera.
Y sobre la fotografía, un dibujo de la antigua aldea de San Roque

Ruinas de la ermita de San Roque
Ruinas de la antigua ermita de San Roque

Cueva de Mambrino

Situada en la calle Barbero, en el límite con la Sierra, es el lugar común donde exponen su trabajo, especialmente de tema cervantino, Eloy Teno y Andrés Escribano. Eloy dando vida al hierro en figuras y murales. Andrés en su faceta de pintor grabador, escultor-ceramista y dibujante.


Entrada a la Cueva de Mambrino
Entrada a la Cueva de Mambrino

Obra artística de Eloy Teno y de Andrés Escribano
Obra artística de Eloy Teno y de Andrés Escribano

Casa de los Tres Cielos

Al pie del Cerro de la Paz y junto a los molinos, existe una zona, el llamado albaicín criptano, que pretende conservar un ámbito de casas típicas manchegas encaladas con zócalo añil, en estrechas calles, con algunas escalinatas. Entre las más populares está la "Casa de los Tres Cielos", antigua vivienda cueva restaurada y convertida en un magnífico hotel rural.


La Casa de los Tres Cielos
La Casa de los Tres Cielos

Las Musas

En plena Sierra de los Molinos, Las Musas, local sucesor de la discoteca del mismo nombre, de tanto éxito por los años 80, y que engloba también el ámbito de la antigua Cueva de la Marcela que abriera Francisco Valbuena como bar por los 60.

Un enclave mágico que es restaurante, discoteca, bar y terraza, con una oferta cultural amplia y sorprendente.


Las Musas
Las Musas

Cueva de la Martina

En la misma Sierra de los Molinos, otra vivienda cueva del siglo XVI, excavada en la roca y habilitada como restaurante, y que aun mantiene con los mismos nombres e historia las dependencias originales, acogedoras y cálidas en invierno y frescas cuando la calor.


Cueva de la Martina
Cueva de la Martina

Casa cueva La Despensa

En la glorieta de la Virgen de la Paz, esta casa cueva que en su día fue vivienda de molinero. Consta de patio de entrada descubierto, comedor con chimenea, despensa, dormitorio, cuadra y otras dependencias destinadas a guardar los aperos de labranza utilizados en otras épocas y los enseres habituales de una vivienda típica manchega.


Cueva La Despensa
Cueva La Despensa

Mirador de la Sierra

Frente a la ermita de la Virgen de la Paz se encuentra el mirador natural donde se divisa todo el pueblo y la inmensa e infinita llanura manchega.


Panorama desde el Cerro de la Virgen de la Paz
Panorama desde el Cerro de la Virgen de la Paz

Fuente del Caño

La ubicación de Campo de Criptana en altura, en plena ladera, se debe a la existencia de abundantes recursos hídricos en comparación con el entorno, pues la Sierra de los Molinos aparece salpicada de manantiales, como es el de la Fuente del Caño, que desde tiempo inmemorial brota y abastecía de agua potable a la población.

Antiguamente se encontraba situada en la calle de su mismo nombre, pero con su restauración se modificó el enclave quedando ahora al final de la calle Don Quijote.


El Caño
El Caño

El Caño en etapas anteriores

La Fuente del Moco

Villajos Lucas, en sus memorias sobre Campo de Criptana, felizmente recogidas en un libro editado por la Asociación Encinares Vivos de La Mancha, comenta que en el año1914 pusieron una fuente en la plaza del Pósito que provenía del manantial del Caño, con una cabeza de león en bronce y el agua que salía por la boca. Los chicos iban a beber y a "guarrear" y pasó por allí don Bernardo Gómez, el boticario y director de la Banda de Música, que al ver a todos los mocosos arremolinados tuvo el ingenio de bautizar a la nueva fuente como "Fuente del Moco", que ha pasado a la posterioridad incluso en su nueva ubicación junto a las “escalerillas” de subida al Cerro de la Paz.

En la plaza del Pósito se colocó por los años 60 del pasado siglo otra fuente también desaparecida con amplia pileta y busto en bronce de don Bernardo, el que preside actualmente el auditorio al aire libre de la plaza de Don Ramón Baillo.


Fuente del Moco y don Bernardo Gómez
Fuente del Moco y busto en bronce de don Bernardo Gómez

La Poza

Manantial de agua que se sitúa a unos centenares de metros al norte del casco urbano sobre la carretera a Miguel Esteban, en el camino al santuario del Cristo de Villajos y muy cerca de la ermita de San Isidro. Las cartas-privilegio medievales dadas a la villa por la Orden de Santiago ya lo mencionan, señalando que fue el Maestre D. Vasco Rodríguez en 1328 quién reconoció a los pobladores de los primitivos núcleos habitados del término (Criptana, El Campo, Posadas Viejas y Villajos) el derecho de acudir libremente con sus ganados a dicho manantial.


La Poza
La Poza

Los Pozos

Los pozos públicos de Campo de Criptana, como en otros muchos lugares, son escenarios de otros tiempos, cuando no existía el suministro de agua o tampoco se disponía de ellos en las viviendas. Afortunadamente, la mayoría se conservan.

Los había de agua salobre, con brocal, garrucha y pila: Pozo Hondo, Pozo de las Eras, Plaza de Santa Ana, Parque y calle del Cristo. En todos ellos los gañanes daban de beber a sus mulas y burros al ir al trabajo y a la vuelta.

Y de agua dulce: Guindalera, Virgen, de las Olivas, del Charco, del Salobral, del Acebrón, Concejo, Huerta del Bajo, el Pico y Villagordo.


Pozos de Villagordo
Los Pozos de Villagordo

Pozo de la Nieve

Es el mejor conservado de toda la provincia de Ciudad Real y hasta principios del pasado siglo sirvió para almacenar y conservar el hielo para su distribución y venta.

Se localiza junto al santuario del Cristo de Villajos, sobre una pequeña elevación del terreno. En el Archivo Municipal de Campo de Criptana se conservan documentos sobre su funcionamiento desde mediados del siglo XVIII, aunque su construcción podría datar de varias décadas antes. También aparece representado en dos documentos gráficos, un cuadro al óleo de Francisco Pizarro Reillo pintado en la década de 1850, y una fotografía fechada en 1912, que han sido de gran utilidad para su restauración.


El Pozo de la Nieve junto al santuario del Cristo de Villajos
El Pozo de la Nieve, a la derecha, junto al santuario del Cristo de Villajos

El Pozo de la Nieve en el cuadro de Francisco Pizarro Reillo
El Pozo de la Nieve, junto al santuario del Cristo de Villajos, en el cuadro de Francisco Pizarro Reillo

Se trata de un pozo de planta circular de más de seis metros de diámetro y casi siete y medio de profundidad, revestido al interior con obra de mampostería irregular de piedra cuarcita y con canal de drenaje en el fondo para evacuar el agua procedente del hielo derretido y favorecer la conservación del resto.


El Pozo de la Nieve
El Pozo de la Nieve. Obras de limpiado, pues se encontraba totalmente cegado, y en la actualidad, con el fondo de drenaje y visitable

El conjunto está cubierto con una construcción de planta cuadrada, lo más parecido a la original, con tejado a cuatro aguas, y rodeado por una era empedrada, elemento esencial en la explotación del pozo, ya que delimitaba el área de trabajo, permitía mantener limpia las inmediaciones para evitar que la nieve o el hielo se ensuciaran durante los trabajos de empozado y desempozado, y, en muchas ocasiones, se utilizaba como balsa, encharcándola en invierno para que sobre ella se formase el hielo.

El hielo se vendía transportándolo, preferentemente por la noche, sobre bestias de carga convenientemente protegidas por pieles de cabra, o en carretas cargadas de cestos envueltos en arpilleras.


Construcción exterior del Pozo de la Nieve
Construcción exterior del Pozo de la Nieve

Cuando éramos chicos, el pozo estaba lleno de escombros y se conocía como el "pozo de los deseos". Arrojando una moneda y pensando fijamente en una intención, decían que se cumplía. Sin duda que era una superchería para incautos promovida por los que de vez en cuando se encargaban de "limpiarlo"

La Hidalga

La quintería de La Hidalga, antigua villa romana, más allá del Santuario del Cristo de Villajos, era una finca propiedad de los Treviño. Ahora, con el beneplácito del Ayuntamiento y a pesar de las prohibiciones de construir en el entorno, se ha montado una especie de hotel rural y abierto un coto de caza particular con criaderos de perdices foráneas.


Exhibición de trilla en La Hidalga
Exhibición de trilla en La Hidalga

La laguna Salicor

De alta salinidad, es un humedal declarado Reserva Natural que constituye toda una anomalía hídrica en relación con un territorio adyacente tan seco. Se trata de una depresión cercana a la finca de La Hidalga, de unas 291 hectáreas, en donde se acumula el agua de lluvia, que a su vez se carga de sales a medida que avanza la primavera y el verano. Es utilizada por aves acuáticas como lugar de nidificación o invernada y en ella es posible observar especies como grulla común, avutarda, sisón, alcaraván y muchas más.


Laguna Salicor
Laguna Salicor

Laguna Salicor
Laguna Salicor. Fotografía mediante satélite y mapa de la zona.
1) Laguna de Salicor. 2) Finca de La Hidalga. 3) Santuario del Cristo de Villajos

La vegetación característica varía desde los albardinales (Lygeum spartum) y almajales (Saueda vera) que encontramos próximos a las orillas, hasta las formaciones Limonium que aparecen en zonas mas alejadas, donde la humedad es menor. Asociados a estas formaciones vegetales existen especies de singular interés como Lepidium cardamines, o, Microcneum coralloides, entre otras.

Muy cercana a la laguna se encuentra una enorme piedra semienterrada que presenta algunos grabados célticos.


Piedra céltica
Piedra céltica junto a la laguna de Salicor

Puente de San Benito

Situado sobre el río Záncara, en el kilómetro 9 del Camino de la Puente (a Tomelloso), se llama así porque hubo en su inmediación una ermita con ese nombre arruinada en 1813, y que a su vez fue construida sobre los cimientos de un antiquísimo monasterio de Benedictinos arrasado en tiempos de la dominación árabe.

Fue construido el puente entre 1798 y 1806 por orden del Supremo Consejo de Castilla. Consta de diez arcos y tiene calzadas a uno y otro lado. Dos ojos están cerrados y terraplenados desde que una enorme avenida de aguas (octubre de 1838) socavó sus cimientos. Se encuentra en muy mal estado de conservación y ha desaparecido parte de su bello pretil de hierro.


Puente de San Benito
Puente de San Benito sobre el río Záncara. Extrañamente... con agua

Patrimonio Arqueológico

En el Museo Municipal del Pósito se expone permanentemente una Muestra Arqueológica que representa una aproximación a nuestro pasado histórico, y que ha sido catalogada y dirigida por nuestro convecino y paisano Vicente Aparicio Arias, licenciado en Geografía e Historia.

Se han encontrado restos de los periodos del Bronce y del Hierro y de la época ibérico-romana en los siguientes parajes fundamentalmente de nuestro término municipal:


Restos arqueológicos
Huerta del Bajo. Mapa de los hallazcos arqueológicos en el término municipal de Criptana. Motilla (apilación de piedras
para fortaleza pastoril en la Edad del Bronce) del Montón de Trigo y ánfora encontrada junto al Puente de San Benito

Palomar de los Treviño
Palomar en la antigua huerta de los Treviño, ultimamente muy deteriorado

INDICE

84 LA TREMENDA GRANIZADA, EL TERREMOTO Y OTRAS DESGRACIAS

En el año 2007, en tiempos del reinado de Juan Carlos I, y siendo regidor de Campo de Criptana Santiago Lucas Torres, la villa sufrió una serie de calamidades que ni los más viejos del lugar recuerdan haber visto antes ni oído contar a sus mayores. Es como si alguien, algún cenizo o gafado, hubiera ejercido su nefasta influencia para colmar de desdichas a la vecindad. Nos vinieron mal dadas. ¡Vaya, que ni las diez plagas de Egipto!


La gran nevada de enero de 2007
La gran nevada de enero de 2007

Aunque la gran nevada del 26 de enero presagiaba todo lo contrario —año de nieves, año de bienes—, la malaventura, el maleficio, empezó en la Semana Santa. Se trabajaba intensamente por su declaración como Fiesta de Interés Turístico Regional, y con el fervor y fasto acostumbrado se pudieron celebrar los desfiles procesionales de Ntra. Señora de los Dolores, del Domingo de Ramos, de Jesús de Medinaceli, y del Rosario de la Penitencia, éste metido ya en el Miércoles Santo. Pero no fue así con los correspondientes al Jueves y Viernes Santo, los más espectaculares y preferidos de la religiosidad popular, que tuvieron que suspenderse ante el temporal y lluvia persistente que nos azotó durante esos días. Especialmente cruel fue para la hermandad de la Veracruz que preparaba el estreno del paso de la Santa Cena.


Semana Santa de 2007
Procesión del Paso en la Semana Santa de 2007

El Lunes de Pascua, fiesta de la Virgen de Criptana, puso el broche final a esta atípica Semana Santa. Discurrió el día llenó de nubes y claros, algo que no invitó demasiado a la participación de los vecinos. Sí subió gente al cerro; aunque en menor cuantía que otros años. Y ya por la tarde, con miles de criptanenses en el Calvario y en la calle de la Virgen para dar la bienvenida a la Patrona, minutos después de comenzar la procesión hubo de suspenderse ante el fuerte aguacero que se desató y resguardar la imagen en una casa. Después, cuando el jarreo de agua aminoraba y empezaban a abrirse los cielos, se decidió trasladarla a marcha rápida, acompañada de tambores que marcaban el paso, hasta la parroquia.


Virgen de Criptana 2007
Fiesta de la Virgen de Criptana de 2007

Apenas repuestos de los contratiempos, el 10 de mayo, cerca de las 8 de la tarde, una luminosa bola de fuego, seguida de un estruendo, surcó nuestros cielos. Era un meteorito de medio metro de diámetro, que se rompió afortunadamente al entrar en la atmósfera, y esparció sus fragmentos cerca de Puerto Lápice. ¿Acaso fue un signo del Maléfico?


El meteorito
El meteorito

Las desgracias sí que continuaron… Los agricultores acostumbran a mirar al cielo con la esperanza de que caigan cuatro gotas que alivien la sed de sus campos. Y es que en Criptana suele llover muy poco. No fue así en mayo del año de marras. Las lluvias torrenciales, con pedrisco que alcanzó el tamaño de huevos de gallina, comenzaron en la tarde-noche del día 22, y tras un breve parón en la mañana del 23, la situación empeoró sobre las 16.00 horas cuando una impresionante e histórica granizada cayó sobre el pueblo. Nunca se había visto nada igual. En tres horas se recogieron más de 100 litros de agua por metro cuadrado, y 240 durante todo el temporal en algunos de los pueblos afectados de la zona, concretamente en Alameda de Cervera, que registró el "pico" máximo de precipitación.


Granizada y lluvia torrencial de mayo de 2007
Granizada y lluvia torrencial de mayo de 2007

No fue la típica tormenta de primavera. El fenómeno atmosférico tan extraordinario se debió a una borrasca procedente del Norte de África que llevaba varios días estabilizada sobre La Mancha. De ahí que sus efectos fueran devastadores. En fotografías de satélite se pudo apreciar la gran mancha roja de las nubes estancadas sobre la comarca, un fenómeno poco frecuente, anómalo en nuestras tierras y catalogado en términos técnicos como "supercélula". El Instituto Nacional de Meteorología explicó que se trató de un tipo de tormenta inusual en España pero no en países como EEUU, y que se caracteriza por dejar a su paso precipitaciones muy intensas.

Las fuertes lluvias afectaron también a otros municipios manchegos como Pedro Muñoz, Tomelloso, Herencia, Daimiel, Villarrubia de los Ojos, Bolaños, Torralva, Manzanares, Villarta de San Juan, Villanueva de los Infantes, Madridejos, Camuñas, Villafranca de los Caballeros o Quero.


Supercélula causante de la tormenta de 2007
Supercélula causante de la tormenta de mayo de 2007

Especialmente alarmante fue la situación en Alcázar de San Juan, donde hubo que evacuar a 500 personas de los barrios más bajos y durante horas se temió que el dique de contención, que de forma natural conformaron las vías del tren, no pudiera aguantar la fuerza del casi millón de metros cúbicos de agua embalsada, lo que hubiera significado una tragedia. El agua descendía desde Criptana, que está a mayor altura, y el arroyo que discurre junto al casco urbano apenas podía absorber toda la corriente. La riada inundó todas las instalaciones deportivas municipales, afectó a 1500 viviendas y provocó daños severos en los tres institutos y en uno de los colegios de la localidad. RENFE tuvo que suspender el servicio entre Madrid, Comunidad Valenciana y Murcia durante horas. La ruta alternativa que se había previsto, utilizando el eje Madrid-Ciudad Real por la vía de alta velocidad, para unir la capital con el Mediterráneo, tampoco pudo ser utilizada debido a la tromba. La lluvia obligó además a cortar carreteras: a Alcázar de San Juan sólo se puedo acceder y de manera precaria por la N-420 y a Campo de Criptana por Puerto Lápice.


La tormenta en Alcázar de San Juan
La tormenta en Alcázar: la estación de ferrocarril y la balsa formada por las vías del tren

En Criptana, una casa no aguantó la presión de la torrentera y se vino abajo, tres estuvieron a punto de derrumbarse, el tejado de otras cerca de cincuenta se hundió al no soportar el peso del granizo, el de otras muchas resultó afectado y se produjeron inundaciones en plantas bajas, portales, garajes, sótanos y locales. Unas mil viviendas quedaron en total dañadas de una u otra manera, cerca de cien con graves daños estructurales, y entre 6 y 8 necesitaron reparación urgente antes de volver a ser habitadas. Se originaron igualmente cortes en el suministro eléctrico y falló por sobrecarga el servicio de telefonía móvil. En la casa de mis padres el granizo atascó los canalones, provocó numerosas goteras y rompió por completo la cubierta de cristal del patio y el toldo de lona por debajo de ella. Se habló de que fueron más de cien de estas monteras las destrozadas en el pueblo. Fue todo impresionante. Mi padre, con 93 años y sólo en casa, tuvo que retirar como pudo los muebles porque todo se inundaba y nadie podía ir a socorrerlo. El único de mis hermanos que se encontraba relativamente cerca —en Herencia— en el momento de la tormenta, no pudo regresar, con todas las carreteras intransitables, hasta después de las doce de la noche.


La tormenta en Criptana
La torrentera que se formó en una calle de Criptana y tamaño de las bolas de granizo caído

Como Criptana se encuentra en una suave ladera, la parte más perjudicada de la población fue la zona baja, entre el paso de la carretera N-420 y la vía férrea. Unos treinta vecinos tuvieron que ser desalojados de sus viviendas y durmieron en hoteles o en casas de otros familiares, ya que el nivel de agua llegó a alcanzar el metro y medio de altura y el alcantarillado o estaba atascado o era insuficiente para efectuar el desagüe. La bodega de El Vínculo, en plena estación del ferrocarril, sufrió de lleno el aluvión, aunque pudieron evitar que se anegaran las naves de barricas

A todo esto hay que añadir los destrozos en las vías públicas y caminos rurales y el arrasamiento del campo, donde el granizo y el agua perjudicaron gravemente a más de 7.000 hectáreas de viñedo, a unas 5.000 de cereal y a otras 1.000 de olivar, estimándose las pérdidas económicas en unos 8 millones de euros. Con todo el terreno anegado, que tardó días en drenar, parecía uno encontrarse en los arrozales del delta del Ebro y no en plena Mancha.


Viñas anegadas
Viñas anegadas

Desde que empezaron a recibirse las primeras llamadas al 112, cuando más arreciaba la tormenta, se estableció un operativo especial para atender todos los casos de emergencia, ayudar a las personas más necesitadas y trabajar para garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. Efectivos de la Policía Local, Protección Civil, Guardia Civil y Bomberos del 1006 formaron parte de este dispositivo, al que se sumaron desde el inicio numerosos particulares y operarios y maquinaria municipales y de Consermancha. Vinieron en ayuda también voluntarios de Protección Civil de las agrupaciones de La Roda, Villanueva de Alcardete y Argamasilla de Alba, ya que de otras poblaciones más cercanas estaban ocupados en las tareas de sus propias localidades. Igualmente alertados y disponibles estuvieron todos los medios sanitarios del SESCAM en el pueblo y el Hospital de Alcázar de San Juan por si hubiera sido necesaria su intervención.

Casi inmediatamente, el Pleno del Ayuntamiento, aprobó por unanimidad solicitar la declaración de zona catastrófica por los graves daños ocasionados y acordó crear una Oficina Técnica Municipal para atender a los afectados y colaborar en la peritación de los daños y en ayudar a los vecinos a efectuar sus reclamaciones ante las administraciones competentes.

El concierto para presentar el disco Criptana es música en el Auditorio Nacional de Madrid, con la Banda Filarmónica Beethoven dirigida por Luis Cobos y por su director titular, Miguel Romea, que se iba a celebrar el 24, al día siguiente de la tremenda tormenta, tuvo que ser suspendido. No estaban los ánimos para fiestas ni las carreteras aptas para la circulación de automóviles privados o de los 15 autobuses que se tenían contratados para el desplazamiento del personal. Luego, afortunadamente, se pudo llevar a cabo el 23 de junio. ¡La primera vez que una banda actuaba en el Auditorio!


La Filarmónica Beethoven en el Auditorio Nacional
Ensayos previos al concierto de la Filarmonica Beethoven en el Auditorio Nacional

Y como se estaba en plena campaña electoral para las Municipales (las votaciones fueron el 27 de mayo) muchas fueron las promesas y diligencias inmediatas del alcalde, y también de los presidentes de Castilla La Mancha y del Gobierno, que nos visitaron. Y hasta también lo hizo el jefe de la Oposición. El Consejo de Ministros aprobó ayudas de emergencia para los afectados por el temporal, y el Gobierno de la Comunidad destinó un fondo de 300 millones para el mismo fin. ¿Se vio algo de todo esto? ¿Llegó la ayuda a todos? ¿Fueron como en tantas otras veces los más avispados y aprovechados los que recibieron la subvención? Las dudas son lógicas. En la oficina de afectados abierta por el Ayuntamiento, el anunció apresurado, del que pocos se enteraron, y la necesidad de presentar una documentación, de complicada obtención y en un plazo de casi imposible cumplimiento, hizo que muchos no rellenaran la petición de ayuda. Sí que pasaron por las viviendas dañadas técnicos de la Comunidad haciendo el peritaje y fotografías de los daños, y parecía que nada tenían que ver con los trámites del Ayuntamiento. Y la Consejería de Agricultura convocó ayudas para la recuperación del viñedo. Ahí quedó todo. La inmensa mayoría hizo los arreglos por su cuenta. Sí hay noticias de algunos "afortunados", vamos a dejarlo ahí, que recibieron la ayuda, incluso con facturas superinfladas, y que el Gobierno de Castilla La Mancha concedió una subvención de 420.000 € para la reparación de infraestructuras y equipamientos municipales.


Pleno de autoridades
Pleno de autoridades nacional, autonomica y local en Criptana por la tormenta de 2007

Se ha dicho que la tremenda borrasca posiblemente no se repetirá en más de cinco siglos, pero no es la provincia de Ciudad Real ajena a este tipo de adversidades meteorológicas y de desgracias. La información que se tiene desde muy antiguo así lo corrobora:

Abenojar Fuerte precipitación de agua y granizo en 1998
Alcázar de San Juan Inundaciones en 1995 y 1998
Almadén Inundación en 1995
Almagro Inundaciones en 1784, 1785, 1789 y 1998
Almodóvar del Campo Inundación en 1959
Arenales de San Gregorio Inundación el 11 de mayo de 2004 (se cortó la carretera CR-1222 desde el km 0 al 19
Arenas de San Juan Inundación en 1996
Argamasilla de Alba Enorme tromba de agua en 1944
Argamasilla de Calatrava Inundaciones en 1995, 1996, 1997 y 2001
Calzada de Calatrava Tormenta de lluvia y piedra en 1973 (las cosechas de cereales, uva y aceituna quedaron arrasadas). Inundación en 1991
Campo de Criptana El 13 de junio de 1999, las fuertes lluvias ocasionaron el corte de la carretera N-420 entre los puntos kilométricos 293 a 296
Ciudad Real Inundaciones en 1944 (las aguas del Guadiana anegaron la central eléctrica de El Vicario, a unos nueve kilómetros de la capital), 1955, 1962, 1991, 1993, 1994, 1995, 1998 y 2000 (intensas lluvias con gran cantidad de granizo el 4 de mayo). En 10 minutos cayeron aproximadamente 20 litros por metro cuadrado, provocando inundaciones en numerosos bajos y sótanos de viviendas
Daimiel Inundaciones en 1860, 1993, 1995 y 1997
Fernancaballero Inundaciones en 1944, 1996 y 1997
Herencia Inundación en 1997 y 2001 (llegaron a caer 120 litros de agua por metro cuadrado)
La Alameda Inundación en 1995
La Solana Fuerte tormenta en 1991
Malagón Inundación en 1997
Manzanares Tormenta de granizo en 1991. Inundaciones en 1993, 1995, 1997 y 1998
Membrilla Inundaciones en 1993, 1994 y 1995
Miguelturra Inundaciones en 1684 (gran mortalidad epidémica), 1784 (128 casas de desplomaron parcialmente al reblandecerse los cimientos y 101 totalmente), 1709, 1767 (116 muertos) y 1991
Pedro Muñoz Inundaciones en 1991, 1995 (el fuerte viento levantó techumbres de uralita y derribó paredes y árboles) y 1997 (se desborda el río Záncara)
Picón Tremenda granizada en 1998 (el granizo recogido tenía unas dimensiones de 4,5 centímetros de diámetro y un peso de 60 gramos)
Piedrabuena Desbordamiento del río Bullaque en 1998
Porzuna Inundación en 1998
Pozo de la Serna La granizada de 1988 alcanzó una altura de 1 metro
Puerto Lápice Intensas lluvias en 1995. Inundación en 1996
Puertollano Inundaciones en 1961 (un muerto), 1966, 1991 y 1995
Ruidera Inundaciones en 1991 y 1997 (subió el agua en las lagunas hasta un nivel nunca visto, anegando zonas cercanas de chalets)
Santa Cruz de Mudela Tormenta de lluvia y pedrisco en 1834 (campos arrasados, 24 personas muertas y como consecuencia de epidemias otras 306), 1994, 1996, 1998 y 2003
Socuéllamos Desbordamiento —¡quién lo diría!— de río Córcoles en 1556 (numerosas victimas por epidemia), 1574, 1708 y 1771. Inundaciones varias en 1785, 1792 y 1999
Tomelloso Inundaciones en 1871, 1873, 1885, 1888, 1891, 1944, 1947 (se tuvo que levantar un tosco muro de cerca de 4 kilómetros de longitud y de unos 3 metros de altura, en 24 horas, con piedras y tierra, para evitar una catástrofe), 1993, 1994, 1995, 1999 (grandes daños en viviendas y viñedos) y 2003
Torralva de Calatrava Inundaciones en 1994 y 1998
Valdepeñas Inundaciones en 1723 (considerables pérdidas), 1759 (13 victimas mortales), 1821, 1859, 1892, 1897, 1899, 1979 (riada que provocó 22 muertos y 50 heridos, 150 familias perdieron sus viviendas y 1.000 animales se ahogaron), 1991, 1993, 1994, 1995, 1996, 1999 y 2003
Villanueva de los Infantes Inundaciones en 1994, 1995 y 1996
Villarrubia de los Ojos Inundaciones en 1991, 1994 y 1995
Villarta de San Juan Inundación en 1997
Viso del Marques Lluvias torrenciales con inundación en 1998

Siguiendo al hilo de nuestra historia, y por si no fuera poco… hasta tuvimos un terremoto. Seguíamos con el mal fario. El 12 de agosto, en torno a las 9:47 horas, un seísmo de 5,1 grados en la escala de Richter y con cinco eternos segundos de duración fue detectado por el Instituto Geográfico Nacional en la provincia de Ciudad Real. El epicentro se situó al sur de Pedro Muñoz, a unos cuatro kilómetros, en el paraje conocido por "La Noria del Agua Duz", muy cerca también de Campo de Criptana, Socuéllamos y Arenales de San Gregorio.

El temblor se sintió ampliamente en la zona, y aunque no causó víctimas ni daños materiales de importancia por su intensidad relativamente moderada, sobresaltó y sembró la alarma entre la población, pues el centro peninsular se caracteriza por una sismicidad baja y este fenómeno es muy poco corriente. ¡Vamos, que no nos despertamos todos los días con un terremoto!


Epicentro del terremoto
Epicentro del terremoto

Uno de los daños más significativos fue el hundimiento de un hastial del tejado del Teatro Municipal de Almagro sobre la fachada del inmueble, lo que destrozó la sala de conferencias de este edificio del siglo XIX. También aparecieron grietas en algunas viviendas y edificios de Criptana y de Villarrobledo.

Los vecinos, alarmados y aterrados, salieron a la calle, y muchos —era domingo— en pijama, pues aún durmiendo sintieron el movimiento de la cama. Otros quedaron petrificados, sin capacidad para reaccionar ante el tintineo de muebles, lámparas y vajillas, la caída de algún cuadro, libros y objetos menores de la parte alta de las estanterías, el crujido de las paredes o el retemblar de los tejados. Algunos incluso creyeron que lo de moverse el suelo era una sensación fruto de un ligero mareo. Mi padre sí que sintió un ruido sordo, prolongado, como de una tormenta, un viento que abrió y cerró de golpe las ventanas y luego el traqueteo de la casa.


Desperfectos en el Teatro Municipal de Almagro
Desperfectos por el terremoto en el Teatro Municipal de Almagro

El Instituto Geográfico detectó unas 15 réplicas en las horas posteriores de la mañana, pero ya sólo se notaron en los puntos más cercanos al epicentro, pues las de mayor intensidad no sobrepasaron los tres grados. Expertos de esta institución explicaron que la razón de que un terremoto de 5,1 grados de la escala de Ritcher —el más fuerte registrado en España en los últimos años— no causara daños de importancia y que, al tiempo, se sintiera en sitios muy alejados, aunque principalmente en Ciudad Real, Jaén, Toledo, Cuenca y Madrid, es que se generó en un punto muy superficial de la corteza terrestre, a unos dos kilómetros.

Otro elemento que contribuyó a reducir los daños es que la zona en la que ocurrió el seísmo no causa terremotos derivados del choque de placas tectónicas, las plataformas sobre las que se asientan los continentales, como sí ocurre en el área de Granada, sino que se trata de movimientos en fallas de la corteza terrestre más superficial.


Sismicidad en la Península Ibérica

Una de las mayores réplicas en días posteriores, de 3,1 grados en la escala de Richter, se produjo el 23 de agosto, pasadas las 4.30 de la madrugada, y nos pilló a muchos criptanense aún despiertos —era el día de la inauguración de la Feria— o en el primer sueño. De nuevo volvió ha oírse un gran ruido y luego empezó todo a vibrar. Esta vez el epicentro fue en Arenales de San Gregorio, y según los expertos, motivado por un proceso de ajuste que se iría poco a poco atenuando.

El último seísmo que se recordaba por nuestra tierra manchega fue por los años cincuenta del pasado siglo, y el más devastador en la Península Ibérica ocurrió en 1755, el conocido como "terremoto de Lisboa". El temblor, que provocó un tsunami con olas de casi 15 metros, destruyó parte de la capital portuguesa, causó daños en Huelva y Cádiz y se sintió en gran parte de Europa y al norte de África. Se estima que alcanzó los 8,5 grados en la escala Richter y que causó entre 60.000 y 90.000 víctimas mortales, según diversos cálculos.


Grabado del terremoto de Lisboa
Grabado del gran terremoto de Lisboa de 1755

En España, y en el último siglo, tres han sido los terremotos que se pueden considerar importantes. El 29 de marzo de 1954 se produjo uno de 7 grados en la escala de Richter en Dúrcal (Granada), pero no causó víctimas, ya que su epicentro se situó a 650 kilómetros de profundidad. El 19 de abril de 1956, con 4,7 grados, en Albolote (Granada), y ocasionó más de una decena de muertos y la destrucción de centenares de edificios tanto en esa localidad como en Atarfe y la misma Granada. Y el 28 de febrero de 1969, de 7,3 grados, a unos 350 kilómetros al sudoeste de la Península, en el Atlántico, que fue sentido de madrugada en España y provocó daños en casas de Isla Cristina y Huelva y al menos cuatro muertos por crisis cardiacas.

Continuando con el infausto 2007, el colofón fue la deslucida Feria, también medio arruinada por las condiciones meteorológicas adversas.

Sí se pudo disfrutar en la noche de inauguración, con miles de personas en la calle, de la procesión del Cristo de Villajos, del "Cobetazo" desde la Plaza Mayor, del animado desfile festivo hasta el Recinto Ferial, del espectáculo de los fuegos artificiales y de la fiesta verbenera en el Auditorio Municipal.


Sí hubo fuegos artificiales
Si hubo pólvora... pero al día siguiente empezó el mal tiempo

Pero está claro que era un año negro, y ya desde el día siguiente las inclemencias del tiempo, con intenso viento y frío y algún que otro chaparrón, fueron las verdaderas protagonistas, frente a todo lo programado en los festejos.

Por motivos de seguridad, "El baile del vermú" (es un clamor que estaba mejor en la Plaza, su sitio lógico) tuvo que celebrarse en el Auditorio Municipal, ya que la techumbre de la carpa habilitada para tal fin en el Ferial amenazaba desprenderse, peligro que no desapareció totalmente, pues no se procedió a un rápido desmontaje.

La actuación estelar de la famosa cantante Marta Sánchez tuvo su público, a pesar de que la noche se presentó fría y desapacible para tratarse del mes de agosto. Muchos comentaron que no era cuestión de desperdiciar unas entradas compradas con días de antelación.


Marta Sánchez en la Feria de 2007
Marta Sánchez en la Feria de 2007, algo tapadita por lo desapacible de la noche

Los conciertos de la Banda de Música tuvieron que celebrarse en el Teatro Cervantes, con muy poca capacidad. Y sólo el 27 de agosto, con condiciones climatológicas más favorables, la Filarmónica Beethoven pudo ofrecer el tradicional concierto popular en la Plaza Mayor.

En fin, un año, 2007, especialmente gafado, en el que no falto de nada: nieves, meteorito, diluvio, tremenda granizada, terremoto y hasta casi huracanes.

INDICE

85 PERSONAJES CÉLEBRES Y POPULARES

Son mis personajes, contemplados por alguien nacido en el 47 —yo mismo— que posiblemente tenga distorsionada la memoria por los muchos años de ausencia a diario del pueblo y sólo abarque mi etapa de juventud. No son necesariamente nacidos en Criptana, pero sí que ha transcurrido allí la mayoría de su vida, o al menos la que les dio celebridad, entendiendo también por celebridad en muchos de ellos la condición eminentemente popular.

Los ilustres históricos

  • Alonso Granero de Heredia. Arzobispo de las Charcas, en San Luis de Potosí y primer inquisidor de Méjico, muerto en 1586

  • Fray Francisco Pérez. Soldado, héroe en las campañas de Flandes, que renunció a honores, tomó el hábito de San Francisco y murió en olor de santidad en 1628.

    Tercios de Flandes
    Tercios de Flandes

  • Don Juan Ramírez. Teniente General de artillería y Gobernador del Saxo de Gante, que recibió en 1612 del Sr. Arzobispo de Colonia, Ferdinando, un relicario de las Santas Vírgenes y Mártires compañeras de Santa Ursula, y que él a su vez regaló a la iglesia parroquial de Criptana.

  • Cristóbal Galindo. Capitán famoso y heroico que dio la vida en el sitio de Ginebra.

  • Gregorio Baillo de la Beldad y Cárdenas. Primer Conde de las Cabezuelas. Título concedido por el rey Carlos II el 16 de Septiembre de 1.690. Abogado de los Consejos y Suprema Inquisición y miembro del Consejo de Hacienda en su Sala de Oidores.

    Escudo de los Baillo
    Escudo de los Condes de las Cabezuelas en la conocida como Casa del Conde, en la Plaza Mayor

  • El Condado de las Cabezuelas tiene su sede en Campo de Criptana, e incluye poblaciones de Ciudad Real (Campo de Criptana, Alcázar de San Juan, Tomelloso, Socuéllamos, Arenales de San Gregorio, Herencia y Pedro Muñoz) y Toledo (Villafranca de los Caballeros, Quintanar de la Orden y Quero) Siempre en poder de la casa de Baillo, en la actualidad lo está de la Casa de Bertrán de Lis, quien posee además el Marquesado de Bondad Real, (G. de E.)

  • Diego de Cuenca. Corsario temible contra ingleses y flamencos, después marino a las órdenes de Bazán en la Armada Invencible y más tarde Gobernador en las posesiones de América.

  • Fray Miguel de Quirós. Matemático y genealogista del siglo XVII. Tomó el hábito cisterciense de San Bernardo en el Monasterio de Santa María de Huerta, provincia de Soria; fue abad de Junquera y visitador general de la Orden. Imprimió un Super Himnum Animae Propheate in laudem Johannis Baptistae (1644) y diversos opúsculos y tratados matemáticos: Arte gnomónica para fabricar todo género de relojes de sol; Noticias de Aritmética y Tratado muy copioso de resoluciones de muchas dudas curiosas tocantes a números quebrados. También Epigrammata sacroprofana, De los linajes y apellidos de los más de los títulos y grandes de España, Árbol genealógico de los reyes de Portugal y Genealogía de la casa de los Duques de Medinaceli.

    La Armada Invencible
    La batalla entre la Armada española y la flota inglesa

  • Don Bartolomé Magnes. Prior del Real convento de Uclés, de la orden de Santiago. En tiempos, el primer trozo de la calle de la Virgen hasta la del Castillo se llamaba de Magnes.

  • Manuel García León. Tras una brillante carrera militar fue secretario del rey de Nápoles y virrey de Pescara. Tiene una calle dedicada (al principio de la calle Valenzuela y paralela a la del Palomar).

  • Rvdo. Fray Isidoro Morales. General de los Cistercienses, varón virtuoso y literato brillante.

    Calle de Manuel García León
    Calle de Manuel García León

  • Don José Antonio Fernández Calzuelas. Quizá uno de los más ilustres criptanenses, ilustrado en época de Carlos III, miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País, llegó a ser Capitán del Regimiento provincial de Milicias de Alcázar de San Juan. Vivía en la desaparecida casa conocida como de la Lerina, en la calle que lleva su nombre, frente al Pósito.

    Portada de la casa de Fernández Calzuelas
    Portada que perteneció a la casa de Fernández Calzuelas, hoy instalada en un lateral del Pósito

    Su fortuna era enorme y dejó, al morir en 1799 sin descendientes directos, en un acto de filantropía sin igual, tras cortas mandas a parientes y criados, la cantidad de un millón y medio de reales para los pobres de Campo de Criptana. El hecho, extraordinario en sí, provocó sin embargo, por el tremendo monto de la herencia, los interminables trámites oficiales, la ineficacia o mala disposición de quienes tuvieron que hacer el reparto, las sospechas de desviaciones fraudulentas de fondos y también la dificultad de obrar con equidad, graves alteraciones. Los sucesos ocurrieron a finales de junio de 1808 y en los meses siguientes: dos asesinatos, diversos incendios de cosechas y casas, ciento setenta y dos personas encausadas e intervención de fuerzas militares, son datos que nos hablan de la gravedad de la situación —con motín o asonada se llegó a asignar—, y todo coincidiendo con el inicio de la guerra de la Independencia contra Napoleón. Pero el tumulto, más que con movimientos patrióticos e insurreccionales, tuvo mucho que ver con la precaria situación, casi calamitosa, de las gentes más humildes de la población, aunque el derrotero político del país fuera el pretexto.


    Firma de Fernández Calzuelas
    Firma de José Antonio Fernández Calzuelas

  • Ignacio de Quirós. Profesor de derecho en la Universidad de Salamanca en el siglo XVIII. Pariente de Fernández Calzuelas.

  • Francisco de Quirós Santillán. Hijo del anterior y profesor de álgebra, trigonometría y arquitectura, Y también escultor. A él se debe la primera pavimentación de algunas de nuestras calles, como el tramo de la calle de la Virgen que va desde la del Castillo a la de la Paloma, que por ello se llamó en su día calle Empedrada, y la colocación de las desaparecidas "pasaeras" para cruzar la actual calle de Fernández Calzuelas, junto al Pósito, y la del inicio de la calle del Monte. A él se debió igualmente la figura yacente del antiguo Sepulcro. Vivía en la calle de la Reina, en la casa conocida como la de las "Venáncias", que parece ser que es la más antigua del pueblo.

    Casa de las Venancias
    Casa de las Venancias, en la esquina de la calle de la Reina con la del Monte

  • Don Juan Antonio de las Infantas. Deán de la Santa Iglesia Catedral de Toledo y colaborador del P. Florez en su obra La España Sagrada. En su honor la plaza de las Infantas, más conocida popularmente como la del Pozo de la Eras.

    Don Juan Antonio de las Infantas
    Portada de la edición original del tomo XVIII de la España Sagrada (1764) y licencia otorgada por
    don Juan Antonio de las Infantas para la publicación del Mercurio Histórico y Político

  • Jácome de Buendía. Militar y noble hacendado que tuvo su casa en la que antes fuera de su madre doña Josefa de Lizama, perteneciente hoy a los herederos de don Francisco Treviño (C/ Virgen y General Pizarro). Tiene calle dedicada (al final del Pozo Hondo, la siguiente paralela a Valenzuela). Parece ser que tuvo allí un molino de aceite conocido luego por el de Cereceda.
Alrededor de la Iglesia

  • Don Gregorio Bermejo. Párroco en Criptana durante muchos años, que en tiempos difíciles de escasez, cuando una y otra vez las obras de la iglesia tenían que ser suspendidas por falta de medios para seguir, no cejó nunca en su propósito, con todo el pueblo entre incrédulo y asombrado de ver cómo iban tomando cuerpo los sueños de aquel enorme, socarrón y pertinaz don Gregorio.

    Don Gregorio Bermejo
    Don Gregorio Bermejo y la iglesia parroquial en una postal de la época

  • Don Julio Gil. Sacerdote coadjutor por aquellos años 50 y 60 y fundador y director del Colegio Teresiano. Su fuerte era la Gramática. Para aprender a conjugar hacía recitar los verbos "desarzobisconstantinopolitanizar" y "desenguromentantingular". En Bachillerato elemental daba Latín; Historia del Arte, Filosofía y Griego en el superior, y preparaba para el examen de PREU. Y aún tenía tiempo, aparte de sus labores como sacerdote, para formar grupos de teatro de aficionados y representar obras en el Teatro Cervantes.

  • Don Santos Muñoz. Sacerdote coadjutor y profesor de Religión en el Teresiano.

  • Valero, primer sacristán y organista; Casimiro, segundo sacristán, y, ¡cómo no!, Francisco, el genial campanero.

    Don Julio, don Santos, Valero, Casimiro y Francisco
    Don Julio Gil y don Santos Muñoz, coadjutores. Valero y Casimiro, sacristanes, y Francisco el campanero

  • La Manuela. Mujer de Casimiro, el sacristán. Se encargaba entre otros quehaceres de cobrar los reclinatorios y sillas que usaban las mujeres en la iglesia del Convento (cuando era templo parroquial por estar el de la Plaza en construcción) para arrodillarse y sentarse. Era la costumbre. Los hombres se sentaban aparte, en unos pocos bancos laterales.

  • Valeriano Angulo, un simple maestro albañil, y su hijo José Vicente, verdaderos artífices de la iglesia parroquial. En muchos casos hubieron de enmendar la plana a los arquitectos y, desde luego, idearon los sistemas de construcción y resolvieron con ingenio los cientos de problemas que la obra planteaba por la precariedad y penuria de medios empleados.

    Antigua puerta del Convento. Valeriano Angulo y su hijo Jose Vicente
    Antigua puerta del Convento, por donde la Manuela cobraba las sillas y reclinatorios.
    Valeriano Angulo y su hijo José Vicente con otros operarios

  • Don Juan Miguel Villar, sacerdote consiliario o director espiritual de Acción Católica, y Manolo Briega, Manolo Santos y Paco Olmo, seglares, que eran los que verdaderamente llevaban el movimiento apostólico.

  • Santiago. Catequista (siempre colaborando con la Iglesia y primer seglar que en el pueblo fue autorizado a dar la comunión) que preparaba para la Primera Comunión en lo que entonces se decía ir a la Doctrina, los domingos después de comer en la ermita de la Madre de Dios. Para que tuviéramos perseverancia y no faltáramos nos daban vales que en Reyes canjeábamos por juguetes o libros.

  • Las hermanas Peñaranda. Carmela, Micaela, Victorina y Luisa, nacidas por los años 70 y 80 del siglo XIX, vivían en la Plaza, en la casa que ellas cedieron para vivienda del Párroco y hoy acoge diversas dependencias parroquiales, y luego en la calle de Santa Ana, esquina a la de Santa Teresa, y en ese barrio tienen calle dedicada, la que enlaza la de la Virgen de Criptana con la Costanilla. Hijas del general Peñaranda, don Ignacio Peñaranda y Baillo, determinaron desde su juventud constituirse en comunidad, a modo de beaterio religioso, dedicadas exclusivamente a la oración y a la ayuda a los más necesitados. Su generosidad fue tal, que quedaron literalmente pobres al vender poco a poco las muchas propiedades que les dejaron sus padres.

    Don Juan Miguel, Santiago el catequista y doña Luisa Peñaranda
    Don Juan Miguel Villar, Santiago el catequista y doña Luisa Peñaranda

  • Francisco López-Casero, El Monarca. Alma mater de la Semana Santa de los años 50, 60, 70... Era de la cofradía del Cristo de la Columna, y se le veía siempre sin capirote, con la capa recogida sobre el brazo y organizando la procesión del Jueves Santo en interminables paseos de arriba abajo.

  • Don Santiago Olivares. Sacerdote de la Orden de Misioneros del Corazón de María. Recluido en su casa, sólo le dejaron en su día, celebrar medio clandestinamente en el Convento misas para el eterno descanso de difuntos.

  • Jesús Antonio. Rezador casi oficial del rosario de difuntos, de larga trayectoria. Ya lo hacía también su abuelo.

  • Carmelo Díaz-Ropero Reillo. Organista, sacristán, modelista, maquetista, escritor...

  • El Pregonero, Bautista El Morenete y otros. Anderos. Habituales en la puja, que se realiza el Domingo de Ramos de cada Semana Santa, con todos los presentes en traje y corbata como la solemnidad del acto requiere.

    Francisco López-Casero, don Santiago Olivares y Carmelo Díaz-Ropero
    Francisco López-Casero, don Santiago Olivares y Carmelo Díaz-Ropero

Los maestros
  • Don Ramón López Manzanares. Director de una escuela subvencionada por el Ayuntamiento a principios del siglo XX y creador de una larga saga de maestros. De él se conservan unas Nociones de Analogía y Sintaxis de Gramática Castellana. Tiene calle dedicada (entre Isaac Peral y las vías del tren).

  • Don Especioso Perucho. Presbítero en la iglesia parroquial y fundador en 1918 de una escuela gratuita para pobres en la entonces llamada "Casa de la Culebra", frente a la actual plazoleta de Don Ramón Baillo

  • Don Domingo Miras. Maestro en la Escuela Graduada de Niños Nº 1, hoy del Sagrado Corazón, en el Pozo Hondo, en 1907, y director desde 1910 a 1937. Era también topógrafo y realizo el mapa de Criptana de 1910. Hoy el colegio público de la Avda. de Sara Montiel 30 lleva su nombre.

    Don Ramón López Manzanares, don Especioso Perucho y don Domingo Miras
    Don Ramón López Manzanares, don Especioso Perucho y don Domingo Miras

  • Don José María García Casarrubios y don Ángel Molina. Maestros durante muchísimos años en las Escuelas del "Palomar", y el último también jefe local de la OJE.

  • Don Leonidio Arteaga. Fue durante muchos años maestro y director de las Escuelas del Pozo Hondo.

  • La madre Rosario. La más emblemática entonces y alma del colegio de las monjas, el de Ntra. Sra. del Rosario de religiosas dominicas.

  • Don José Sainz. Cofundador del Colegio Teresiano junto con don Julio Gil. Don José era todo una institución en el Teresiano y prácticamente quien lo llevaba. Tenía una rara habilidad para dar tortazos de castigo: nos llamaba —ya sabíamos para qué y acudíamos cubriéndonos la cara con los brazos—, nos tiraba de la patilla, instintivamente hacia ella iban nuestras manos, nos descubríamos... y, ¡zas!, guantazo que te venia sin saber ni cómo ni por dónde.

  • Don Florentino Isern. Profesor en el Teresiano y maestro en las escuelas del Pozo Hondo. Era de él muy característica la frase: "¡Niño!, te voy a dar una patada... que te voy a mandar a la repulsiva luna".

    Don Leonidio Arteaga, don José Sainz y don Florentino Isern
    Don Leonidio Arteaga, don José Sainz y don Florentino Isern

  • Don José Antonio Sánchez-Manjavacas. Profesor de Lengua y Literatura en el teresiano y director de la biblioteca Alonso Quijano. Él fue el principal animador en Criptana de la Fiesta del Libro, el 23 de abril de cada año y el primero que intentó promover turísticamente nuestros molinos.

  • Don Venancio. Tenía una cultura enciclopédica y por su forma de ser y por su forma de dar las clases, rápidamente se convirtió en el profesor más carismático, en el "santo y seña" del Teresiano. Impartía clases de Geografía, Historia, Lengua, Inglés, Latín y Griego. Con él siempre estábamos cantando. Cantábamos los ríos, montañas, mares, cabos y golfos; cantábamos romances, canciones antiguas o que él se inventaba, y cantábamos al torpe que se equivocaba en una rueda o concurso de preguntas aquello de "Tu cabeza es dura, dura, durísima...", con la música de un conocido anuncio radiofónico de entonces de un no menos conocido detergente: "Esse lava blanco, blanco, blanquísimo...", y que llevaba también aparejado el ocupar el último puesto en la fila desplegada junto al entarimado de la pizarra.

  • Don Francisco Flores. Se hizo cargo del Teresiano en su última etapa y, como sacerdote, fue al tiempo capellán del Asilo de Ancianos. Con su mala salud de hierro, en el colegio puso alma y vida hasta que los tiempos avanzaron y en Criptana fue inaugurado un instituto. El Teresiano, en aquel momento, ya no tenía razón de ser y cerró sus puertas.

    Don José Antonio Sánchez-Manjavacas, don Venancio, don Francisco Flores, y don Rogelio Sánchez Ruiz
    Don José Antonio Sánchez-Manjavacas, don Venancio (fotografía pequeña), don Francisco Flores, y don Rogelio Sánchez Ruiz

  • Don Rogelio Sánchez Ruiz. Fundador y promotor del Centro Comarcal de Educación Especial María Auxiliadora y, más adelante, del Centro Ocupacional Comarcal de Atención a Discapacitados Psíquicos que lleva su nombre. Toda una vida dedicada a los discapacitados. Es hijo adoptivo y bien merecido de Campo de Criptana.

Los artistas

  • Sara Montiel. Considerada uno de los mitos más importantes del séptimo arte en todo el mundo, por su espectacular belleza y gran voz. Ha protagonizado o participado en unas 60 películas, entre las que destacan: Veracruz (1955), El último cuplé (1957), La Violetera (1958), Carmen la de Ronda (1959), Mi último tango (1960), Pecado de amor (1961) y Varietés (1971). Fue la primera actriz española en triunfar en Hollywood.

    Sara Montiel en Veracruz.1954
    Veracruz, 1954. Gary Cooper, Sara Montiel, Denise Darcel y Burt Lancaster

  • Enrique Alarcón. Decorador de cine y director de arte. Premio Goya honorífico en 1991. Su nombre permanecerá unido a algunos de nuestros títulos más emblemáticos, como El baile, de Neville; Calle Mayor, de Bardem; Los jueves, milagro y La vaquilla, de Berlanga; El cochecito, de Ferreri; Maribel y la extraña familia, de Forqué; Llanto por un bandido, de Saura; Los derechos de la mujer, de José Luis Sáenz de Heredia, y Tristana y Ese oscuro objeto de deseo, de Buñuel. Samuel Bronston le hizo responsable de la dirección artística y ambientación de El Cid, de Anthony Mann, y Rey de reyes, de Nicholas Ray.

    Enrique Alarcón
    Enrique Alarcón

  • Manuel Manzaneque. Actor y director teatral. En 1967 dejó su carrera como actor (diecisiete películas y siete de ellas como protagonista) para fundar y dirigir la Compañía Tirso de Molina, y con ella representó obras clásicas y contemporánea de prestigio por toda España. En 1992, con motivo de la Expo de Sevilla, lleva a cabo el que quizá sea su más ambicioso montaje, El Quijote, con Josep María Flotats y Juan Echanove como Quijote y Sancho respectivamente; se estrenó en Nueva York y llevó este montaje por varios países europeos y americanos. En sus últimos años se ha convertido en viticultor y posee una bodega y vino de denominación propia en la finca Élez de El Bonillo, en Albacete.

    Manuel Manzaneque
    Manuel Manzaneque en una de sus primeras películas, como director-propietario
    del Teatro Esproceda de Madrid y en su faceta de viticultor

  • Francisco Gómez de Ramón. Fundador en 1850 de la que hoy conocemos como Banda Filarmónica Beethoven de Campo de Criptana

  • Don Bernardo Gómez. Sucesor a su padre en 1879 en la dirección de la Filarmónica Beethoven. De gran cultura, farmacéutico, compositor, amigo de Chueca y socio número 50 de la Sociedad General de Autores —prácticamente socio fundador—, compuso numerosa obra, incluso zarzuela, que desgraciadamente no se ha conservado en su totalidad.

  • Manuel Angulo Sepúlveda (Maestro Angulo). Director de la Filarmónica Beethoven desde el final de la Guerra Civil hasta 1983.

  • Rafael Calonge (Falín). Director de la Filarmónica entre 1983 y 2003.

    Francisco Gómez de Ramón, don Bernardo Gómez, Manuel Angulo Sepúlveda y Rafael Calonge
    Francisco Gómez de Ramón, don Bernardo Gómez, Manuel Angulo Sepúlveda y Rafael Calonge

  • Los Tablas. Saga de los Calonge que ha tocado y toca en la Filarmónica Beethoven, aquí representados por uno de sus patriarcas: Ramón Calonge Bustamante.

    Ramón Calonge
    Ramón Calonge Bustamante, miembro de toda una saga de músicos: Los Tablas

  • Ángel Arteaga. Compositor y profesor del Conservatorio de Música de Madrid, desaparecido prematuramente en el apogeo de su creatividad

  • Manuel Angulo López-Casero. Catedrático de Música de la Universidad Autónoma de Madrid y compositor.

    Ángel Arteaga y Manuel Angulo
    Ángel Arteaga y Manuel Angulo López-Casero

  • Luis Cobos. Director de orquesta. Con tan sólo ochos años ingresó en la Filarmónica Beethoven En 1968 creo el grupo musical Conexión y a lo largo de la década de los setenta se dedicó a la producción musical y a dar conciertos de saxofón. Su gran oportunidad llegó en 1982, cuando la discográfica CBS le propuso adaptar al mercado español la iniciativa que con gran éxito estaba desarrollando en el Reino Unido Louis Clark al combinar pequeños fragmentos de música clásica al frente de la Royal Philarmonic Orchestra. El resultado fue Zarzuela, que unía y actualizaba en una única pieza fragmentos del género chico con fondos musicales contemporáneos. Luego siguieron otros proyectos. Aún colea su Concierto del IV Centenario del Quijote al principio del verano de 2005, reuniendo en la Sierra de los Molinos de Campo de Criptana, sobre el más sofisticado escenario allí jamás ubicado, a cerca de cinco mil personas sentadas y a otro gran numero de pie e imposible de calcular. Dio pie dicho concierto a la instauración del Festival "Tierra de Gigantes", que se celebra todos los años.

    Luis Cobos
    Luis Cobos

  • Maruja Perea. Soprano aficionada. Son muy recordadas sus actuaciones en las zarzuelas que con motivo del día de santa Cecilia organizaba la Filarmónica Beethoven.

  • Maribel Beltrán. Soprano y directora de la Coral Santa Cecilia.

    Maribel Beltrán
    Maribel Beltrán en su merecido homenaje en 2009 con motivo del Día Internacional de la Mujer.
    La fotografia del fondo corresponde a un concierto de la Coral Santa Cecilia en el día de su patrona

  • Los Maestronic. Grupo musical nacido por los años 60, que ha ido renovando sus componentes a lo largo de los años.

    los Maestronic
    Los Maestronic

  • Micaela Peñaranda y Lima (una de las hermanas Peñaranda), nacida a finales del s.XIX . Escribió novelas de un realismo estrechamente ceñido a la moralidad católica convencional de la época, como Así es el mundo, Sembrar con lágrimas y recoger con alegría o ¿Mudar de opinión?

  • Domingo Miras Molina. Dramaturgo: Una familia normal, Gente que progresa, Las brujas de Barahona, Egisto, Penélope, Fedra, Entre Troya y Siracusa , Aurora, La monja Alférez.

  • Raimundo Escribano. Pertenece al Instituto de Estudios Manchegos y ha publicado versos, relatos, ensayos y centenares de artículos en periódicos y revistas de España e Hispanoamérica.

  • Valentín Arteaga. Poeta y religioso teatino. Se dio a conocer como poeta en 1972 con el libro La esperanza del barro, al que siguieron otros. Ha publicado ocho libros en prosa y 22 poemarios. En junio de 2003 fue elegido Prepósito General de la Orden de Clérigos Regulares (los teatinos).

    Micaela Peñaranda, Domingo Miras, Raimundo Escribano y Valentín Arteaga
    Novela de Micaela Peñaranda. Domingo Miras, Raimundo Escribano y Valentín Arteaga

  • José González Lara. Alcalde de Criptana entre 1955 y 1971, poeta, escritor y miembro del Instituto de Estudios Manchegos.

  • Villajos Lucas. Nació en 1907 y fue jornalero como su padre, y "cuevero", como él solía decir (nació en el barrio de las "Cuevas"), y que sin apenas instrucción (leer y escribir y las cuatro reglas), sorprendió a todos como poeta y dejó para la posterioridad la crónica de las costumbres, vivencias y oficios de su época, hasta 1983 en que murió. Su magistral trabajo está recogido en un libro póstumo que se editó en 2009: Memorias, vidas y costumbres de un pueblo - Campo de Criptana.

  • José Aureliano de la Guía, nacido en 1963. Autor de varios libros de poesía, ha recibiendo múltiples distinciones por su obra. También ha hecho incursiones en el campo de la prosa e investigaciones lingüísticas en torno a la forma de hablar manchega y criptanense.

  • María Zaragoza, nacida en 1982. Articulista, ensayista y autora de novelas, relatos cortos, poesías o guiones cinematográficos, ha sido galardona en numerosos certámenes.

    José González Lara, Villajos Lucas, José Aureliano de la Guía y María Zaragoza
    José González Lara, Villajos Lucas, José Aureliano de la Guía y María Zaragoza

  • Francisco López-Casero Olmedo. Licenciado en Ciencias Económicas, profesor de Economía en el Instituto de Munich, escritor y conferenciante.

  • Luís Cabañero. Actor y director aficionado de teatro. En 1996 formo la compañía Aspaviento.

  • Lola Madrid, La Caneca. Actriz y directora aficionada de teatro. Lola es también presidenta de la Asociación de Hidalgos Amigos de los Molinos desde 1978 y vive y respira para defenderlos. Comparte, como ya hizo su padre, Caneco, esa pasión molinera con el teatro.

    Luis Cabañero y Lola Madrid
    Luis Cabañero y Lola Madrid

  • Francisco Valbuena. Conocido sobre todo por su faceta de pintor de La Mancha y del universo cervantino, fue un artista polifacético, un adelantado de su tiempo, que se adentró también con éxito en la escultura, serigrafía, decoración y fotografía. Su obra es temperamental, fuerte, de colores calientes y sobre todo viva.

    Francisco Valbuena
    Fotografía de los últimos años de Francisco Valbuena y una de sus obras


    Isidro Antequera. Aunque natural de La Solana, Campo de Criptana ha sido siempre su pueblo. En 1974 fundó la Escuela Municipal de Pintura, pionera en su día. Su pintura, de trazo grueso pero dedicada sobre todo a la luz y el color, muestra con total realismo, la época y el entorno donde le ha tocado vivir, su modo de ser y la belleza de sus gentes.

    Isidro Antequera
    Autorretrato de Isidro Antequera y una de sus obras

  • José Díaz. Pintor de la nostalgia urbana dentro de una neofiguración cargada de reminiscencias, ha incursionado también en la abstracción. Su formación es totalmente autodidacta y se fortalece en los ambientes artísticos madrileños de la década de los 50.

    José Díaz
    José Díaz y una de sus obras

  • Eloy Teno. Da vida al hierro en figuras y murales.

  • Andrés Escribano. Pintor grabador, escultor-ceramista y dibujante. Director de la Casa de Cultura y de la Universidad Popular

  • Paco Calonge. Cómico y showman. A los 17 años se inició en el mundo del espectáculo, formando parte de la Banda Cómica El Empastre, como músico y primer cómico. A los 25 actuó ya en solitario como humorista, y su salto a la televisión fue en 1992, con el programa de TVE-1 "Hola Raffaella".

  • Honorio Cruz, Jorge Fuentes y Rafael Castellanos. Toreros

    Eloy Teno, Andrés Escribano, Paco Calonge y Rafael Castellanos
    Eloy Teno, Andrés Escribano, Paco Calonge y Rafael Castellanos

Los deportistas

  • Rosina Alarcón. Jugadora de tenis por los años 30.

  • Hermanos De la Fuente Chaos, (Agustín y Alfonso). Eran de Madrid y jugaron por los años 30 en la Unión criptanense. Se casaron con muchachas de Criptana. Agustín, que jugó luego en el Atlético de Aviación (el Atlético de Madrid actual), murió muy joven, arrollado por un tranvía cuando iba, por fuera, en el pescante de otro. La avenida que baja a la estación y el campo de fútbol llevan su nombre. Alfonso llegó a ser médico de prestigio, catedrático y, en otra faceta, presidente de la Real Federación Española de Fútbol entre1956 y 1960.

  • Enrique Millán Alarcón. Super atleta que practicaba infinidad de deportes y en todos era bueno, primo del cineasta Enrique Alarcón. Jugó en la Unión Criptanense por los años 30.

  • Carnemicho. Jugador de la Unión Criptanense por los años 30. Su padre tenía una carnicería en la calle de Cristo Rey, por donde Muebles Herencia, y luego él la tuvo en la calle Castillo.

  • Birrí. El mejor futbolista que ha dado Criptana, sin lugar a dudas. Jugó en la Unión antes y después de la Guerra Civil y fichó por el Real Madrid en 1942.

    Alfonso de la Fuente Chaos y Birri
    Alfonso de la Fuente Chaos y Birri

  • Otros Jugadores de la Unión Criptanense: Mundo, con la misma planta que Ramallet, el mítico portero del Barcelona; Juanje y Perico, también cancerberos; los Machotas, Pinorra, Caneco, Palop, El Pregonero, Benja, Olmedo y su hermano pequeño —claro— Olmedete, Pachichi Cruz, el otro Pachichi (Utrilla) que fue policía; Juan Lorenzo, Campos, Julián Bustamante (Colodra), Rubisa, El Jaro la Hormiga, Verdú, Parreño, Piel de Coco... O más actuales, como Peñín, defensa izquierdo, que después en el Salamanca y en una eliminatoria de Copa Del Rey anuló a Dani, estrella del A. de Bilbao e internacional con España.

    Algunas de las viejas glorias de la Unión Criptanense
    Algunas de las viejas glorias de la Unión Criptanense

  • Perreta. Fue el primero que hizo que no interesásemos por el ciclismo en Criptana. A pesar de su figura chaparra, tenía clase y fueron muchos sus triunfos regionales.

  • Fernando Manzaneque. Ciclista profesional entre 1958 y 1968. Destacó en las carreras por etapas, donde podía desplegar sus habilidades en las largas fugas en etapas de montaña. Se caracterizaba por una gran regularidad, finalizando 11 veces la Vuelta a España, 6 de ellas entre los 10 primeros, y los 8 Tours de Francia que corrió. Consiguió 40 triunfos. Los más destacados fueron 3 etapas en el Tour de Francia, dos en la Vuelta a España y la clasificación general de una Midi Libre.

    1958, el primer año como profesional, fue glorioso para Fernando —Nando, como le decíamos aquí—, con su tercer puesto en la Vuelta a España y primer español. Acabada la carrera, absolutamente "todo el pueblo", con sus autoridades a la cabeza y Banda de Música, esperó en la estación su llegada a las doce de la noche en el "Cartagena", para recibirlo como se merecía. Hasta el tren lo homenajeó parando cinco minutos. Fue apoteósico ver a la multitud subir hasta el convento para que Fernando ofreciera el ramo de flores con que se le había obsequiado a la Virgen de Criptana, que allí estaba. Y a Ramonín, pasando la bicicleta con los brazos en alto y gateando de rodillas.

  • Jesús Manzaneque. Hermano del anterior y también ciclista, más fino corriendo y especialista en las carreras contrareloj (se habló de él incluso para que atacara el "record de la hora"). Nos deparó igualmente días de gloria y fue uno de los habituales en las famosas "Rutas del vino".

    Fernando y Jesús Manzaneque
    Fernando y Jesús Manzaneque

  • Otros ciclistas. También descollaron, entre otros, Carreño, Santiago Ortiz, Cecilio (el de los Manolis) y Manolo Quintanar (Boletas).

  • Purificación Ortiz, nacida en 1972. Atleta especialista en salto de longitud, 100 metros lisos y 200 metros lisos, considerada como una de las mejores atletas paralímpicas españolas. En su amplio palmarés se deben destacar cuatro medallas olímpicas: una de oro en salto de longitud, una de plata en 100 metros lisos y una bronce en 200 metros lisos (conseguidas en los Juegos Paralímpicos de Barcelona de 1992),así como otra de bronce en salto de longitud en los Juegos Paralímpicos de Atlanta de 1996. Licenciada en Derecho, ocupa un alto cargo en la ONCE

    Purificación Ortiz
    Purificación Ortiz

Alrededor de la salud

  • Don José Minguijón. Médico. Aquí se estableció (era de Arrancacepas, en Cuenca) después de una etapa en el Hospital de La Princesa de Madrid, aquí se casó con una criptanense y aquí abrió después una bodega. Entre él y sus amigos el pintor Zuloaga y escultor Juan Cristóbal compraron el molino El Burleta, cedido en la actualidad para su custodia al Ayuntamiento. Juan Cristóbal talló en madera de caoba la magnífica efigie del Cristo de la Expiración, que fue donada por don José Mingujón al pueblo de Criptana para recomponer la imaginería destruida en la guerra civil de 1936.

    Don José Minguijón con Juan Cristóbal e Ignacio Zuloaga en la puerta del Burleta. El Burleta en la actualidad. El Cristo de la Expiración
    Don José Minguijón (a la izquierda) con Juan Cristóbal e Ignacio Zuloaga en la puerta del Burleta.
    El Burleta en la actualidad. El Cristo de la Expiración

  • Don Honorio Leal. Médico. Persona muy atenta, sabia y muy agradable en el trato. No ponía ningún reparo en visitar a los enfermos a cualquier hora en sus casas —creo que incluso le gustaba—, sin prisas, dando conversación y preguntando por toda la familia. Siempre se le recordará como un hombre bueno.

    Don Honorio Leal
    Don Honorio Leal y su casa y consulta en el Tumbillo

  • Otros médicos. También muy queridos y populares por aquella época fueron don Salvador Martínez, don Manuel Torres, don Antonio Ortiz, don Julián Esteso y más tarde don Dámaso. E igualmente, otros de gran prestigio, nacidos en Criptana y que han desarrollado su labor fuera, como Ángel Escudero o Ramón Ortiz.

  • Don Horacio del Barco. Dentista. Tenía la clínica al lado del teatro Cervantes, además de otra en Alcázar.

  • Doctor Valiño. Médico pediatra y dentista con la clínica en la calle Murcia.

  • Don Félix Puebla. Boticario. En la esquina de la calle Murcia con la del General Pizarro, donde la actual de García-Reillo y antes de don Evelio, Y también entonces: Sureda, Quirós y Guijarro.

    Don Dámaso Alegre y don Ángel Guijarro
    Don Dámaso Alegre y don Ángel Guijarro

  • Julianete. Practicante. Hacía curas y ponía inyecciones, indiciones como algunos decían. Y también del gremio: Aranda, que se marchó pronto del pueblo, Bisturí, Ventura, y Avelino. Y las que hacían la competencia, sin ninguna preparación, sólo la destreza en poner pinchazos: La Apolonia, La Poli o “la María la que pincha”, que tenía una doble vida, pues su otro menester era el de pipera en un cajón de madera para resguardarse del frío en la esquina de la mercería Casa Valera, frente al cine Rampie.

  • Doña Adela. Comadrona. Antes nuestras madres daban a luz en las propias casas, con el único recurso sanitario de esmerar el aseo, ollas de agua hirviendo, lienzos limpios y la ayuda de la comadrona.

  • La Gavilla. Curandera. Tenía cierto don para remediar torceduras, contusiones, dolores lumbares y de ciática e incluso fracturas. Y no menos, La Julianeta y Josefa La Macarena.
Taberneros

  • Domingo Flores, El Chato Pelines. Mi abuelo. A principios del siglo pasado por los antiguos soportales de la Plaza. Allí se jugaba mucho, y él se salía del mostrador y era el mejor. Tanto, que cerro la taberna y se hizo jugador profesional, y de eso vivió hasta que en 1924 prohibieron el juego.

    Mi abuelo Domingo Flores y la zona de los soportales
    Mi abuelo Domingo Flores, el Chato Pelines, y la zona de los soportales que había antes en la Plaza

  • José Antonio Briega. Puesto de aguardientes y taberna igualmente por los soportales de la Plaza y en las primeras décadas del siglo pasado.

  • Pepe. Tenía el bar en la calle del Caño. "No es Acuarium, ni es Chicote, ni Gambrinus, ni Negresco; es Pepe en su bar terraza, a la entrada del cine Imperio".

  • Los Legaña. Cafetería Los Molinos (ahora reformada y con otro nombre) en la Plaza, esquina con Soledad.

    Legaña
    Cafetería Los Molinos, Legaña

  • Eugenio Jiménez. Bar Eugenio (ahora Bar La Plaza). Ciclista en su juventud, fue el primer manager que tuvo Fernando Manzaneque y el creador, impulsor y director de la carrera ciclista "Las rutas del vino".

    Eugenio Jiménez
    Fernando Manzaneque en el centro y, tras él, a la izquierda, Eugenio Jiménez

  • La Gabina y su hijo Ignacio Montero. Bar Bejarano (luego Bar Los Faroles), donde ahora Eugenio. Con estos ripios se anunciaba en los años 40: "Si en este verano tú tienes calor, vete al Bejarano, el sitio mejor. Vermut y refrescos, cerveza muy fría, anchoas y mariscos y hay gambas del día".

  • Los Cabañero. Eran de El Bonillo (Cuenca), y el primero que vino al pueblo fue el mayor de ellos Sinesio, para hacerse cargo de la repostería del Casino Primitivo. Luego se trajo a sus hermanos pequeños Pepe y Luis, que fueron taberneros hasta el final de sus días, y tanto en el casino como luego en el Bar Castillo, mas conocido como el de "Los Pepes", fueron verdaderos maestros de hostelería, y muchos fueron los que con ellos aprendieron el oficio.

Con negocios o establecimientos

  • Agudo. Fabrica de gaseosas, sifones y polos de fresa limón y menta en la calle del Caño, junto al antiguo cine Imperio. Y con puesto también dentro del Teatro Cervantes.

    Agudo
    Agudo

  • Higinio Torrente. Paquetería y mercería en la calle de santa Ana, frente a General Pizarro. Especialista en camisería, calcetines, tirantes y ligas para caballeros, y corsés y medias de seda.

  • Cebolleta. Estanco, lotería, venta de licores a granel y de sogas en la calle de Santa Ana.

  • Rametes. Tienda de comestibles en la plaza de Santa Ana. Luego se marchó del pueblo enrolado en una trouppe de circo, de músico.

  • El Caballista. Horno al final de la calle de Santa Ana, de donde salían las tortas tan afamadas para todos los de nuestra generación.

  • La Buena Estrella. Toda una saga familiar que se ha mantenido al pie del cañón en el comercio (ferretería, comestibles, droguería...) más antiguo del pueblo, primero durante unos años en la Plaza, donde la farmacia, y luego en la calle de Santa Ana.

    La Buena Estrella
    La Buena Estrella y uno de sus primeros anuncios

  • Abundio Escudero. Tienda de comestibles en la calle de la Guindalera.

  • Lola, la alpargatera. Taller y tienda en la calle del General Pizarro, junto a la casa de los Granero.

  • Concha Arias. Periódicos y tebeos en General Pizarro, esquina a la calle de la Virgen. Luego El Sordete y su mujer, Vicenta.

  • El Bisutero. Tienda de juguetes en la calle Murcia. Puestos por las ferias

  • Paco, el carnicero. Establecimiento en la rinconera del Teatro Cervantes, en la Plaza.

    Paco, el carnicero
    La Filarmónica Beethoven en una procesión de su patrona Santa Cecilia por la Plaza.
    Al fondo se ve la carnicería de Paco junto a los Estudios fotográficos de la PBL

  • Nati, la churrera. Establecimiento en la Plaza, a continuación de la Casa Parroquial. Antes, su padre: Florentino Sanz, que también freía buñuelos y servía horchata y refrescos.

  • La Margarita. Confitería, heladería y horchatería en la Plaza.

  • Policarpo Reillo. Pescadería. El último comercio en desaparecer de la casa de los Quirós antes de su derribo y de la posterior construcción del edificio esquinero entre las calles de Cristo Rey y Virgen.

  • Julian Carreras. Tejidos, confecciones, mercería y antes muchísimas más cosas en la calle de la Virgen

  • Manolo Calzado. Droguería en la calle de la Virgen.

  • El Feliso. Futbolines, billares y venta de tabaco americano en la calle de la Virgen.

    El Feliso
    Billares y futbolínes del Feliso

  • La Boni. Mujer del Feliso, que vendía perdigones de plomo para las escopetas en la misma casa, subiendo a la galería del patio por unas empinadas escaleras.

  • Pablo Fernández. Fábrica de chocolate en la calle de la Virgen. En distintas épocas tuvieron tres marcas de chocolate a la taza en el mercado: Los Glotones, Pablito y Alfonsito. Y tienda en la esquina de la calle Convento con la de la Paloma.

  • Pablete Escribano. Fábrica de chocolate, galletas y productos dietéticos en la Avda de Juan Carlos I, en una especie de chalé frente al Parque. Y tienda en la calle del Cardenal Monescillo.

  • Leovigildo. Fábrica de sifones, gaseosas y polos en la calle Castillo. Y bar: Bar Leo.

  • Ramón Arteaga. Comerciante de tejidos, Primero dependiente en Iluminado y luego con comercio propio en la calle Castillo: Galerías Ramar.

    Ramón Arteaga
    Ramón Arteaga Sánchez-Guijaldo, de Galerías Ramar

  • Valeriano Perucho, Mesié. Tienda de ultramarinos y coloniales en la esquina de la calle castillo con la calle con la de la Reina.

  • Moratalla. Billares en la calle Castillo.

  • El Niño Blando. Carbonería en la calle del Convento, por los corrales de la parte trasera de un enorme caserón que ocupaba tres o cuatro casas actuales con frente por la calle Castillo.

  • Arreborrica. Taller de hojalatería al final de la calle convento.

  • Manuel Antonio Olivares. Droguería y ferretería en la calle de la Tercia.

    Manuel Antonio Olivares
    Aquí estuvo el almacén de droguería y ferretería de Manuel Antonio Olivares

  • José Mari Quiñónez, Almidón. Tienda de comestibles y más cosas al principio de la calle de la Concepción y por la de Fontanilla.

  • Carmelo. Tienda de comestibles en la calle de la Concepción, frente a la antigua bodega del Conde.

  • Ramón García-Casarrubios, El Niño Bonito. Almacén de ferretería, productos enológicos y juguetería "El Nuevo Vulcano" en la Plaza, en la antigua casa de Alarcón, y bodega "Fomento Vinícola" en la calle de la Concepción, en la gran manzana entre la travesía del Monte y la calle Oriente. Todo un personaje, al que muchos no muy desacertadamente compararon, salvando las distancias, con el Juan March criptanense.

    El Niño Bonito
    Aquí, en la calle de la Concepción (carretera de Pedro Muñoz) y con vuelta a la del Monte, estuvo
    el gran complejo y residencia de Ramón García-Casarrubios Angulo, El Niño Bonito

  • Los Agapitos. Lavado de coches en la calle de la Concepción, junto a la desembocadura de la calle del Monte

  • Chapa. Bodeguero (El Bengalí) en la calle de Blasco Ibáñez 2. Anisados, licores y coñacs.

  • Honesta Manzaneque. En la avenida de Agustín de la Fuente. Creadora de una gran fábrica de harinas, panificadora y pastas para sopa, que extendieron luego a Socuéllamos, Aranjuez y Baena. Llegaron a emplear a más de trescientos trabajadores.

    Honesta Manzaneque
    Casa donde vivió Honesta Manzaneque y uno de sus primeros anuncios gráficos

  • Los Manolillos. Taller mecánico y luego Cine Capitol de verano junto a la gasolinera de Valeriano Lorenzo SL.

Muy populares en su profesión

  • Colaso. Deshollinador en las primeras décadas del siglo pasado. Siempre iba con la ropa sucia, llena de hollín, y la cara y las manos con tiznajos, y con sus utensilios de trabajo: una pequeña escalera, un saco de arpillera y escobas atadas a unos palos. Muy popular, los chicos se metían con él: Colaso, Colaso.

  • Francisco Iniesta, Pinorra. Zapatero remendón que tuvo su taller en la calle del Caño.

    Pinorra
    Francisco Iniesta, Pinorra

  • Don Demetrio Cabañero. Veterinario en el Pozo Hondo, frente a la casa de los Granero que albergó en su día el Colegio Teresiano.

  • Dionisio, Lilla. Tuvo la fragua en la calle del Norte.

  • Canalejas. Fragua en la calle Murcia.

  • Joaquín García Iniesta. Taller de Bicicletas en la esquina de la calle del Convento con la de la Tercia.

    Joaquín
    Joaquín García Iniesta, el de las bicicletas

    Antonio Romero. Fragua en el Tumbillo.

  • Juan Leal (Juanito el del coche). Servicio de taxi en el Pozo Hondo.

  • Teodosio Moreno, Totó. Sastre en la calle de la Concepción.

  • Pedro Alberca, Bachito. Servicio de taxi y coche al punto a Madrid y Ciudad Real (su famosa "rubia") en la calle de la Concepción.

  • José María, el de "La diaria". Era de Alcázar y fue el primero que puso transporte público con Criptana, un carricoche arrastrado por mulas. Y luego un coche con motor, "El Gavilán", que tenía en la parte de atrás un balconcillo, como los antiguos vagones de trenes, por donde se subía y bajaba el personal.

    Ángel Arteaga
    El coche Arteaga. "La segunda Caja de cerillas"

  • Ángel Arteaga. El famoso coche Arteaga —el autobús, se entiende—, con servicio a Alcázar de San Juan. Fue José Vicente Arteaga, su padre, con taller de herrería en la Tercia, quien inició el negocio con el coche de línea entre las dos poblaciones. Era tan pequeño ("La caja de cerillas" le llamaban), que mucha gente tenía que ir por fuera en los pescantes o incluso arriba en la baca. Hubo una segunda "Caja de cerillas”, algo mayor, pero también con tan poca fuerza que los viajeros tenían que apearse en las cuestas. Sobre esto se cuenta una anécdota: circulando por el paraje de La Cañamona, al adelantar a uno que iba andando por la carretera, Ángel le invitó a subirse al coche. Pero el caminante, todo serio y circunspecto, denegó la oferta por tener... prisa. Luego vinieron los autobuses mas o menos modernizados según las épocas, y la línea a Madrid.

    Ángel Arteaga
    Ángel Arteaga

  • Paco Torres. Carpintero, acomodador en el Teatro Cervantes y Tramoyista.

  • Gúmer. Ya era popular de pequeño porque ayudaba a su madre, portera en las Escuelas del Pozo Hondo; luego, empleado en la gasolinera de Valeriano Lorenzo, y además apuntador en las funciones de teatro dentro de la concha en la embocadura del escenario del Teatro Cervantes.

  • Don Juan García Sánchez. Era de Madrid y fue empresario y gestor durante muchos años del Teatro Cervantes. Cuando murió, su mujer, la Sra. Carmen, siguió como patrona.

  • Milagros González Lara. Confitera como ya lo fueron sus padres. Especialista en los famosos “Cordiales”. En la calle de la Virgen.

    Milagros González
    Milagros González Lara

  • Anita, la turronera. Cada feria levantaba su cuarto de madera, lleno de luz, en el paseo del Parque. Pero no era feriante de paso; ella se quedaba hasta después de Navidad, y la veíamos luego, envuelta en su luto y en compañía de su hija, en la calle de la Virgen, sentadas a orillas de un carrito plano, y después, con el frío, en la esquina de la Casa del Conde.

  • Hermanos Díaz-Hellín (Los Nipópolos). Carreros. Había muchos en el pueblo, y todos tenían trabajo.

  • Gregorio Manjavacas. Tonelero. Tenía su taller en El Tumbillo, al comienzo de la calle Antonio Espín.

  • Rafael Muñoz, Pájaro Frito. Impresor. "La Constancia" era la imprenta, en la calle Fontanilla.

    Pájaro Frito
    Rafael Muñoz, Pájaro Frito

  • Tomás, el lechero. Pasaba por las calles con su ganado de cabras que ordeñaba en las mismas puertas de las casas; luego con un borriquillo y grandes cántaras de leche de vaca.

  • Juan José Fernández, Coleta. Calderero. Aprendió el oficio en los astilleros de Valencia y abrió el taller en El Tumbillo.

  • El Gato. Tortero. En la calle de Miguel Esteban tenía el horno de tortas, que repartía en bicicleta por las calles.

  • Juan José Herencia. Guarnicionero en la calle del Caño. Había muchos, pues era un oficio pujante, pero luego cayó en declive al desaparecer las mulas.

  • Vicente Muñoz, El Jarete. Repartía piensos a domicilio con un motocarro y antes con un carrete tirado a mano. Y además, músico.

    El Jarete
    Vicente Muñoz, El Jarete

  • Fernando, El Diablo. También conocido simplemente por El Colchonero. Pregonaba por las calles su variado quehacer: "¡Se arreglan paraguas, colchones de lana y somieres!".

  • Leandro. Se ganaba la vida como intermediario en la venta de palomos y liebres, ya muertos, productos de caza furtiva, algún conejo, o pollos de los de entonces de corral, en este caso vivos. El pobre aguantaba como nadie el consabido regateo en el precio, muy compungido, casi medio llorando. "Pero mire, mire que pechuga tiene...". Otras veces hacía de buhonero y pasaba con una caja repleta de hilos "de todos los colores", de "agujas que cosen solas", botones, alfileres y cosas variadas de poco valor.

  • Garrigós. Trapero. Recogía por las casas ropas y trapos viejos, papel y cartón, y pellicas de liebres y conejos que se habían tenido secando pegadas sobre las paredes de cámaras o corrales. Cambiaban todas estas cosas por la mercancía que llevaban en la tartana, generalmente cacharros de loza y barro, sartenes y unas algarrobas para los chicos

  • Foril. Carbonero en la calle Miguel Servet. Y aún tenía tiempo para comerciar con otro tipo de géneros, para preparar y vender berenjenas en la Plaza y para ser matarife de gorrinos por las casas cuando eso se estilaba.

    Foril
    Degollando al cerdo. El quinto por la izquierda es Jesús Manzaneque, Foril

  • Las Mayas. Pasaban por las calles con una furgoneta, que era una especie de "Carrefour" en miniatura; llevaban de todo, desde papel higiénico hasta una lata de anchoas. Luego han abierto un restaurante y hotel.

  • Carasio, El Chato la Marusa y el hermano Juan. Estañadores y lañadores. Los cántaros, lebrillos, orzas, tinajas, pucheros, y fuentes de barro que se rajaban o rompían, no se tiraban —la economía de entonces no daba para más—, se guardaban para que el lañador los apañara uniendo con lañas y masillas especiales los trozos entre si. También, cuando los cacharros de porcelana se desportillaban o se salían, o las sartenes o peroles se desgastaban por el uso, estos humildes artesanos los reparaban con remaches o con gotas plomo y estaño que fundían con el cautín o soldador, caliente casi al rojo en un bote con ascuas.

  • Ramón Rodrigo. Posadero. Fue la última en el pueblo, un enorme caserón con la entrada principal por la calle del Cardenal Monescillo y las portás por la de la Soledad.

  • José María Albacete. Carbonero. Llevaba su producto a las casas como hoy hacen con el butano o con el gasóleo para calefacción. Ya empezó esta tarea de joven con su padre, y lo hacía con un carro y luego remolque tirado por mulas.

    José María Albacete
    José María Albacete

  • Pepe, el recadista. Tenía un cuarto abierto en la calle de a Virgen, frente a la del Castillo. Su viaje normal era a Madrid y ocasionalmente a Ciudad Real; su medio de locomoción, el tren, y se encargaba de recoger o llevar paquetes, comprar algún producto o realizar cualquier tipo de diligencia. Cuando se jubiló se hizo con el puesto Faustiniano Ceja, que recordamos con la nariz tapada con un esparadrapo por haber tenido en ella un cáncer, y luego Matías, hijo de éste. E igualmente recaderos o recadistas fueron Manuel Vaquero, Pablo Ortiz; Roberto Martín Serrano o Daniel Escribano.

  • Salcedo. Espartero. Siempre sentado en una silla de madera en la puerta de su casa, en la calle Castillo, dale que te dale con su pleita y el manojo de esparto bajo el brazo.

  • La Tonina y La Apolonia. Peinadoras. Realizaban todas las mañanas, de casa en casa, su función, además de ir contando todos los chismes que ocurrían en la vecindad, desarrollando el importante papel de "correo" del cotilleo.

  • Jerónimo Díaz-Parreño, el pregonero. Con su chaqueta gris oficial, pantalones de pana y correaje al pecho, convocaba a toque de trompetín cornicabra y cantaba por las calles con su cantinela característica, noticias o avisos que interesaba que todos conocieran: "De parte del señor alcalde, se hace saber...".

    El pregonero
    ¡¡De parte del señor alcalde... !!

  • Porrino. Barbero y peluquero a domicilio y también esquilador de mulas y borricos. No "despreciaba" la invitación a un trago de vino. ¡Qué peligro a últimas horas de la tarde!

  • Marcelo. Llevaba las sacas de correspondencia desde la estación hasta la oficina de Correos, y aprovechaba para subir o bajar también viajeros en su viejo coche, tipo diligencia, tirado por un caballo. Era una estampa que resultaba incluso anacrónica en aquellos tiempos.

  • Lesmes. Calero."¡Cal, cal blanca! ¡Cal para encalar!", pregonaba por las calles. "¡Cal en terroooón!".

  • Melitón. Peluquero en un cuarto abierto en la calle Castillo, en el desaparecido caserón de los Henríquez de Luna que en su día fue posada donde se alojó Azorín cuando aquí vino en 1905 para escribir uno de los capítulos de La ruta del Quijote.

  • Alfredo, Isidro de las Heras y Malmira. Fotógrafos. Retrataron el paisaje y el paisanaje de Criptana.

    Isidro de las Heras
    Isidro de las Heras y una de sus fotografías de los molinos Infanto y Burleta

  • Valbuena. Blanqueador y pintor. ¡Un verdadero genio! Sólo pedía libertad en su vena artística, y aquí te pintaba una guirnalda, allá una cenefa, unos pajaritos decorando el techo, los plafones... Era de figura muy menuda, no en vano en Carnavales se vistió varios años de Charlot, a quien imitaba a la perfección incluso en los andares. Hizo también sus pinitos con los pinceles y expuso algo, pero el verdadero artista, al que inició, fue su hijo mayor, Francisco Valbuena.

  • Mínguez, el zapatero. En plan ambulante, empujando su carrete y arrastrando su pata chula, en el verano vendía "helaetes" caseros, artesanos, de cucurucho o de medida, ajustados con unas máquinas especiales entre dos galletas.

  • Piejo. También vendedor de "helaetes" en la Plaza.

  • José María Cruz, El Tonto. Relojero y tamborilero delante de las procesiones de la Virgen de Criptana y del Cristo de Villajos.

    José María Cruz, El Tonto
    José María Cruz, El Tonto

  • Iríbar. Portero en la Verbena del recinto del Parque y en cuantos espectáculos hubiera organizados por el Ayuntamiento.

  • Paco, el guardia. Paco Mateo. Mítico jefe de la policía municipal de Criptana en tiempos del franquismo. Y con él, su cuadrilla de municipales: Blasete, El Churrero, Modesto, Isidro, Chaqueta, Guaguán y Gorrufus..., estos dos últimos guardias de tráfico. ¡Entonces éramos así de modernos!.

    Paco, el guardia
    Paco el guardia (el cuarto por la izquierda en la fila de abajo), junto con la plantilla de
    policías municipales en los primeros años cincuenta

  • La Maria Antonia. Colchonera. Vareaba la lana de los colchones para que quedara hueca y blanda, deshaciéndolos y volviéndolos a rellenar y coser de nuevo. También ayudaba por las casas en las tareas más pesadas, como el lavado de ropa, y en la cocina del Casino Primitivo y luego en la del bar Castillo.

  • La hermana Cordeles. Freía titos, normales o picantes, en su casa y luego los vendía en cucuruchos de papel estraza en la Plaza, junto a las terrazas de los bares. Era el mejor acompañamiento a una botella de vino con sifón.

  • La Sabas. Sabas Monreal , luchadora por las libertades, tuvo su primer despacho de pan y otros productos alimenticios en la calle Eras, y luego en la avenida de Juan Carlos I, y lo atendió durante 55 años, hasta su muerte.

    La Sabas
    Sabas Monreal

  • Juandela. Venta de chucherías. Primero en "el cuartillo" de la calle Castillo, frente al cine Rampie, y luego en la calle de la Virgen.

  • Chufitas. Vendedor de chucherías y variantes diversas en una tiendecilla por la calle de Santa Ana. Especialista en horquillas para tirachinas y petardos.

  • La Punciana. Chucherías en la calle de la Concepción, esquina a la de la Paloma.

  • Memé. Vendedor ambulante en un carrito de golosinas para los chicos.

    Cucurucho de pipas
    Cucurucho de pipas

  • La Pradilla. Mujer del Pradillo, claro, con tienda de mil cosas y también para los chicos: helados caramelos, pipas...

  • Los Alcolado. De chicos recorrían los pasillos del Teatro Cervantes con un cajoncito al cuello, pregonando su mercancía: pipas y caramelos del puesto que su madre tenía junto la puerta de entrada.

  • La hermana Castañera. "Pipera" con el puesto al lado del hoy Bar la Plaza. En los inviernos asaba castañas

    Cucurucho de castañas
    Cucurucho de castañas

  • La Santa Negra. Pipera con el puesto al lado del antiguo Bar Bejarano, hoy Bar Eugenio.

  • La Pata Galana. Con tiendecilla de chucherías, plátanos y dátiles en los antiguos soportales de la Plaza, por donde el Hotel. Luego se trasladó a otro pequeño "cuartejo" cercano al Rincón del Conde.

  • La Dacia. Pipera con puesto en la esquina de la Casa Parroquial. Otras veces se ponía al final de la calle de Santa Ana, en la puerta de su casa. Como todas las pipera, nos surtía de chucherías y demás menudencias a la chiquillería de entonces. Tenía casi de todo, pero eso sí, perfectamente colocado y clasificado: caramelos variados, boletas de anís, zaras negras y rojas, chicles de boleta y de pastilla (los Bazoka), sifones o gallos de plástico llenos de anises, figuras de masa de azúcar, pan de higo, chocolatinas, cigarrillos y monedas de chocolate, cigarrillos de verdad, chufas, castañas pilongas, pipas, que vendía a granel, a perragorda la medida, "discretas" gafas de colorines, relojes de plástico, pelotas de badana con una goma…

    Antiguo puesto de chuches
    Antiguo puesto de "chuches" y baratijas. Años 20 del pasado siglo

Los políticos

  • Ramón Baillo de la Beldad y Baillo de la Beldad. VIII Conde de las Cabezuelas, nacido en Campo de Criptana en 1889, diputado en las Elecciones Generales de 30 de abril de 1903 por Ciudad Real y senador por Burgos en la legislatura de 1908-1909 y por la provincia de Ciudad Real en la de 1910-1911. La plazoleta en la trasera de la iglesia lleva su nombre.

  • Ramón Baillo y Manso. Hijo de anterior, IX Conde de las Cabezuelas y también varias veces diputado a Cortes.

  • Faustino López. Alcalde de Criptana entre 1930 y 1931 (ya lo había sido antes en 1923) y último de la Monarquía Constitucional de Alfonso XIII. Era oriundo de Cantabria y se instaló en el pueblo tras su paso por América. Tenía una tienda de tejidos y la casa familiar en la calle de la Virgen, donde la actual farmacia de Cristina López-Casero.

    Faustino López
    Faustino López

  • Emilio Sepúlveda Muela. Militante del PSOE, primer alcalde republicano en Criptana tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, encabezando una mayoría de socialistas y republicanos.

  • Antioco Alarcos. Mi abuelo. Alcalde republicano en varias ocasiones: desde octubre de 1931 a noviembre de 1932, agosto y septiembre de 1933, y desde noviembre de 1933 a enero de 1934. Con 849 sufragios fue uno de los más votados en las elecciones de 1931. Perteneció casi desde su fundación a Acción Republicana, partido fundado por Manuel Azaña (presidente de la República de 1936 a 1939), pero que a partir de 1934 pasó a llamarse Izquierda Republicana al fusionarse con otros partidos. En las elecciones de 1936 fue el más votado, presidió por ello la sesión extraordinaria de constitución del Ayuntamiento y fue nombrado Concejal o Regidor Procurador Síndico, elegido por la Corporación para administrar y supervisar las cuentas del Ayuntamiento y defender los derechos de los ciudadanos frente a la Administración municipal. Fue mi abuelo con toda seguridad el personaje más carismático de la República en Criptana. Acabada la guerra, fue inmediatamente apresado, conducido a Alcázar de San Juan y asesinado en las tapias del cementerio, condenado a muerte por la jurisdicción militar.

    Antioco Alarcos
    Mi abuelo Antioco Alarcos

  • Gregorio Ortiz Arteaga. Alcalde republicano entre 1932 y 1933. Mayoría con la coalición del PSOE y Acción Republicana.

  • Manuel Vela López. Alcalde republicano en 1934. Mayoría socialista-republicana.

  • Luis Sánchez-Manjavacas. Alcalde republicano en 1934. Mayoría socialista-republicana.

  • Martín Marcos-Alberca Olivares. Alcalde republicano en 1934. Mayoría socialista-republicana.

    Alcaldes de la mayoría socialista-republicana
    Gregorio Ortiz Arteaga, Manuel Vela López, Luis Sánchez-Manjavacas y Martín Marcos-Alberca Olivares


  • Dionisio de la Torre. Alcalde republicano de Criptana entre 1934 y 1935 en el bienio Ceda-Partido Radical.

  • Aurelio López García-Yébenes. Alcalde republicano en 1935. Bienio radical-cedista.

  • Juan Manuel Santos Montes. Alcalde republicano entre 1935 y 1936. Bienio radical-cedista.

    Alcaldes del bienio radical-cedista
    Dionisio de la Torre, Aurelio López García-Yébenes y Juan Manuel Santos Montes

  • Juan Manuel Sánchez-Calcerrada. Alcalde republicano en 1936 por el Frente Popular.

  • Leovigildo Romeral Ortiz. Alcalde republicano en 1936.

  • Matías Olivares Rubio. Alcalde republicano entre 1936 y 1937 por el Frente Popular.

  • José María Bustamante. Último alcalde republicano en Criptana, entre 1937 y 1939.

    Últimos alcaldes republicanos
    Juan Manuel Sánchez-Calcerrada, Leovigildo Romeral Ortiz, Matías Olivares Rubio y José María Bustamante

  • Julián Esteso Cenjor. Primer alcalde franquista en Criptana durante unos meses de 1939.

    Primer alcalde franquista
    Julián Esteso Cenjor

  • José Vicente Moreno. Alcalde entre 1939 y 1940.

  • Alfonso Cereceda Morán. Alcalde durante unos meses de 1940.

  • Feliciano León Rodríguez. Tío de mi mujer por estar casado con una hermana de su madre. Fue alcalde entre 1940 y 1946. Era un buen hombre, buen médico y llegó a acumular en algún momento las direcciones del Hospital Nuestra Señora de Alarcos, de Ciudad Real, y la Dirección General de Sanidad de toda la provincia. La primera directiva del equipo de fútbol Unión Criptanense, fundado en 1925, estaba formada por Santos Ortiz, de presidente, junto a Agustín Pradillo y Feliciano León, que también eran jugadores. Luego fue presidente del Manchego de Ciudad Real

    Alcaldes franquistas
    José Vicente Moreno, Alfonso Cereceda Morán y Feliciano León Rodríguez

  • Fernando Alarcón Millán. Alcalde entre 1946 y 1948. Repitió entre 1953 y 1955.

  • Emiliano de Torres y de Torres. Alcalde entre 1948 y 1953.

  • José González Lara. Alcalde entre 1955 y 1971. Escritor y poeta (ya reseñado en el apartado de artistas). Tuvo un importante papel para la recuperación de los molinos al conseguir despertar el interés de diferentes gobiernos de Latinoamérica para que apoyaran la construcción de nuevos ejemplares que les representaran. Aquello le valió para ser distinguido como comendador de la Orden de Isabel la Católica, la máxima condecoración civil del Estado. En Ciudad Real llegó a ser el responsable del archivo de la Diputación Provincial, y desde este puesto propuso la formación de una editorial propia con un riguroso criterio de calidad, la hoy prestigiosa Biblioteca de Autores Manchegos. Fue miembro del Instituto de Estudios Manchegos y uno de los fundadores del Grupo Literario Guadiana.

    Alcaldes franquistas
    Fernando Alarcón Millán, Emiliano de Torres y de Torres y José González Lara

  • Antonio López-Casero. Farmacéutico. Alcalde de Criptana entre 1971 y 1977. Presidente en su día del Colegio de Farmacéuticos de Ciudad Real. Militante de UCD a través de uno de sus grupos integrantes, el Partido Demócrata Liberal. Diputado nacional en 1977 en las Cortes Constituyentes y Director General de Farmacia en el primer Gobierno de Adolfo Suárez.

    Alcalde en la Transición
    Antonio López-Casero

  • Ramón García-Casarrubios Quiñones. Alcalde designado entre 1977 y 1979 y electo por Alianza Popular entre 1983 y 1987.

  • Antonio González Manzaneque. Militante de UCD. Primer alcalde electo tras la vuelta de la democracia en Criptana, entre 1979 y 1983.

  • Joaquín Sánchez Ballesteros. Alcalde por el PSOE entre 1987 y 2003.

  • Santiago Lucas-Torres López-Casero. Alcalde por el Partido Popular desde 2003

    Alcaldes democráticos
    Ramón García-Casarrubios, Antonio González Manzaneque, Joaquín Sánchez Ballesteros y Santiago Lucas-Torres

Populares a secas

  • El tonto de la Lerina. Era de una familia hacendada que vivían en la desaparecida casa conocida como de la Lerina, frente al Pósito, que antes perteneció a don José Antonio Fernández Calzuelas, que por eso el nombre de la calle. Se pasaba nuestro personaje todo el tiempo en el Casino Primitivo, y a pesar de la escasa distancia de su casa, siempre iba en un coche de caballos con cochero, que tenía que pasar horas y horas en la calle, hiciera frío o calor, esperando a que saliera el amo.

    El tonto de la Lerina
    Portada de la casa donde vivió el "tonto de la Lerina", antigua de José Antonio Fernández
    Calzuelas, desmontada en su día y hoy instalada en un lateral del Museo Municipal del Pósito

  • La Bonifacia. Personaje curioso y popular de las ferias a principios del siglo pasado. Esta mujer, que enviudó joven, y que destacaba por sus aires masculinos —le gustaba participar en las tertulias con los hombres, entre los que se identificaba como uno más—, era la que en la traída de la imagen del Cristo de Villajos portaba la "jineta", emblema de la ya desaparecida Real Orden de Esclavitud del Santísimo Cristo de Villajos, que abría siempre la procesión. Vivía en el Pozo Hondo, llevaba siempre un pantalón debajo de las sayas y un madil de cuero como los herreros, fumaba como un carretero y se ganaba la vida haciendo pleita de esparto.

    La Bonifacia
    La Bonifacia

  • La Patona. Personaje muy popular y odiado por la chavalería de tiempos anteriores a la Guerra civil. Soltera, de aspecto hombruno, vivía en un cuartucho bajo en la calle de la Virgen y ejercía de vigilanta en el "gallinero" del Teatro Cervantes. "¡Que viene La Patona!", entre los chicos, tenía el mismo sentido de temor que luego aquello de "¡Que viene Paco, el guardia!". También estaba atenta a que nadie sobrepasara la línea de juego en el campo de fútbol. Daba palos con un vergajo o cordel. Hay una expresión muy usada en Criptana: "¡Eres más guarro que La Patona!".

  • El Bonillo. Esquilador de mulas y famoso personaje todos los años en los carnavales. Inventaba cuchufletas o letrillas de crítica hacia hechos locales o nacionales. Como la que en 1928, subido en un carro a manera de carroza y vestido de militar, parando de tramo en tramo y en todas las esquinas para echar el discurso, criticaba la intervención del Gobierno en el precio de la uva. Decía así: "Yo soy Primo de Rivera,/ defensor de los obreros,/ y he de quitar el abuso/ de todos los bodegueros".

  • Manuel Villacañas, Portillo. Tenía una especial facilidad para componer ripios, versos, coplillas o chascarrillos, que soltaba a todo aquel que se prestaba a escucharlo. Acabó sus días metido a Sancho Panza bufón por mil y un teatrillos de La Mancha.

    Portillo
    Típica postal quijotesca de los años 50 con
    Manuel Villacañas, Portillo, en el personaje de Sancho Panza

  • Manolo, El Mascarón. No faltaba ningún año a la cita del carnaval por los años 60 y 70, con su grupo de siempre, a cara descubierta, interpretando de manera jocosa algún hecho de actualidad. Murió joven y nos perdimos muchos años de disfrutar de su sana alegría y de su buen humor, a pesar de la apariencia de persona seria.

  • Las Alcuzonas y Nati, La Templa. Vestidas de máscaras, no se perdían igualmente ningún carnaval de aquellos años.

  • Orejetas. Famoso y popular en todos los sentidos. En los bailes de carnaval, la apoteosis final llegaba con el baile de la conga —en eso poco se ha cambiado— e, irremediablemente, con Orejetas —la chunga y pitorreo era general— fumándose un puro en el escenario de la orquesta, bailando con las animadoras (las chicas que acompañaban a los músicos) y haciendo gestos inequívocos de pretender —tirárselas—.

    Orejetas
    Orejetas

  • Bisturí. Hijo del practicante Bisturí. Era jefe de una banda de chicos por la zona de la calle del Caño y la Sierra. Adentrarse en este territorio tenía su peligro, pues podías salir con una pedrada en la cabeza. Luego —las vueltas que da la vida— yo le di clases particulares de apoyo en el Teresiano porque me lo pidió don José Sainz, y él, pasados los años, cuando se casó, le dio a su padre, alcalde comunista en algún período de la Guerra Civil, un consuegro nada menos que guardia civil.

  • El Gori. Ayudaba a los Calcerrada a vender "alcahuetas" los domingos en la Plaza. Se fue a Francia a trabajar y venía los veranos dándose “pisto” con un enorme transistor, más grande que una maleta, y a todo volumen por las calles.

  • La Josefina Camacho. Empleada del Ayuntamiento, vivía en una casa de vecinos de la calle Castillo, frente al hoy bar Castillo, en un antiguo caserón de los Henríquez de Luna que en su día fue posada donde se alojó Azorín cuando aquí vino en 1905 para escribir uno de los capítulos de La ruta del Quijote. La tal Josefina fue muy popular por su aspecto: muy bajita, y aunque entrada en años, super arreglada y super maquillada, con el pelo tirando a rojo, algo que en aquellos tiempos era bastante atrevido. Dicen quienes la conocieron de joven que daba mucho juego entre el sector masculino. Tenía muchos gatos —algunos blancos, de angora—, que eran, acaso, los únicos que soportaban su tremendo mal genio.

  • La Acacia. Con su cuadrilla de siempre, sin careta, con el único adorno de su propio pelo blanco y sus ojos azules, guardaba en tiempos más recientes el espíritu auténtico del carnaval de Campo de Criptana. ¡Quién no la recuerda vestida de virgen a lomos de una mula!

    La Acacia
    La Acacia

  • Marcelo. Jugador empedernido y campeón supremo en los billares del Feliso a las "105", variante autóctona en Criptana del billar normal de carambolas, pero poniendo por medio diez piececitas de madera, como peones de ajedrez, que puntuaban individualmente por 10 cuando eran derribadas en una tirada con carambola. Era muy propio de él rematar con la última carambola y, mientras dejaba el taco sobre el tapete lenta y ceremoniosamente, decir engreído a los abatidos perdedores y a todos los mirones: "Ésas son si no caen más".

  • Sorrastra. Jugador habitual de cartas. Personaje proverbial al que se recurría para ensalzar o desacreditar la suerte, el vicio o cualquier otra circunstancia, según los lances del juego, de los compañeros de partida.

    Sorrastra

  • Lamparilla y Calenturas. De la cuadrilla de peones del Ayuntamiento. Servían para todo y echaban mano de ellos las autoridades municipales para cualquier menester, incluso para reforzar a la policía. Los hijos, con los mismos motes heredados de los padres y quizá de los abuelos, también eran famosos entre la chavalería.

  • El Flecha. Supervisor de todo lo que tuviera que ver con el Ayuntamiento, hombre de confianza del alcalde de turno, acompañante habitual del mismo, medio guardaespaldas y casi comisario político.

  • Violero. Impedido en silla de ruedas que vendía boletos de una rifa por la calle de la Virgen.

  • Chulán. Otro impedido, con dos muletas, que comerciaba con tabaco sentado en un sillón de madera junto a la puerta de Muebles Herencia.

    Chulán
    Chulán junto al coche Artega y apoyado en la puerta del Teatro Cervantes

  • La hermana Palomaras. Tenía su propia "fábrica de abonos" en la calle de la Reina. Actuaba de basurera y no es que fuera empleada municipal; lo que hacía era ir por las calles recogiendo boñigas de las caballerías, las llevaba a su casa, dejaba que pudrieran en el barranco y luego vendía el producto a algún agricultor. "Hay gente para to", que dijo el Guerra.

  • El Cani. Rebuscador en el campo tras la vendimia o el agosto o "vete a saber". Recogedor de colillas de tabaco y habitual pedigüeño por las casas del pueblo.

  • Pajón. Siempre iba con un mono azul y al pobre, como le daban de vez en cuando ataques epilépticos, se tumbaba en el suelo espatarrado aunque fuera en medio de la calle.

  • Juanaco. Traje de pana negra, siempre manga por hombro y "libador asiduo de los caldos de la tierra".

  • La Manguita. Seca, enlutada, con sayas y pañuelo a la cabeza, Continua pordiosera de puerta en puerta. Vivía en una cueva.

    Bella panorámica desde la cueva de La Manguita
    Cueva de La Manguita. Toda la vida pasando penalidades..., pero, eso sí,
    disfrutando de este bello panorama desde su humilde morada

  • Manuel Iniesta, Fariñas. Disminuido psíquico. Ayudante esporádico en la tienda de comestibles de Perucho, en la calle de la Reina, para hacer recados y acarrear bultos de un almacén que tenían en la calle Castillo. Un hombre bueno y peculiar: se hacía tarjetas de visita para felicitar la Navidad y pedir el aguinaldo. En la página web oficial de Criptana, en la sección correspondiente a Asociaciones / Banda Filarmónica Beethoven, se cuenta la siguiente anécdota: Tenía dicho (Fariñas), primero al maestro Angulo y luego a Falín, que cuando se muriera tenía que ir al entierro la Banda de Música. Naturalmente, medio bromeando, se le contestaba que no tuviera cargo, que eso estaba hecho. Pues bien, el día de su fallecimiento (en 1990) se presentó su hermana en la Academia reclamando el compromiso, que había sido el único capricho de su vida, y que había dejado dinero para tal fin. No hubo manera de convencerla de que la banda ya no tocaba en entierros, así que hubo de presentarse en Alcázar, que era el sitio donde en sus últimos años vivió. Tuvo un entierro de ensueño A los pocos días se presentó la hermana y el primo a darnos una gratificación de cuarenta mil pesetas para que nos invitáramos, que no hubo manera de no admitir. Así terminó el amigo Fariñas, fiel a su pueblo hasta la muerte.

  • Caneco. Los Martínez de Madrid han sido molineros durante tres generaciones.

    El primero, en el molino San Antonio, al lado de la hoy Escuela Familiar Agraria, fue Doroteo Martínez de Madrid.

    Su hijo Salustiano, que nació acabando el siglo XIX, ayudaba en las labores de molinería, pero el legendario oficio entró en crisis por no poder competir con las modernas fábricas de harina y tuvieron que dejarlo.


    Caneco
    Salustiano Martínez de Madrid, Caneco

    Salustiano fue un personaje muy popular. Ya de niño, protagonizó una anécdota muy conocida en Criptana, al querer imitar lo que en la mitología clásica se cuenta de Dédalo, que con plumas y cera construyó alas batientes para que él y su hijo Ícaro pudieran escapar del laberinto del Minotauro, en la isla de Creta. Vamos, que quiso volar, y con cartón, plumas de gallina y unas cintas para sujetarse las rudimentarias alas a los brazos, se subió a una cina y, agitando rápidamente los brazos, se lanzó al espacio. El batacazo hubiera sido tremendo de no haber aterrizado en el montón de basura que abajo se encontraba.

    Con unos años más, pasó a ser mozo con los Penalva. El trato con gentes de mayor nivel cultural, le hizo despertar el interés por aprender. Descubrió el placer de leer, y muy pronto el teatro se convertiría en su verdadera afición.

    No tardo, junto con otros aficionados, en formar compañía para hacer representaciones en el Teatro Cervantes. En una de las comedias en las que intervino, interpretaba un personaje que no era de su agrado, pues nada más salir a escena tenía que decir: "Yo soy el gran Tomasón". No le gustaba el nombrecillo, y andaba dándole vueltas para encontrar algo más gracioso. Así, que el día del estreno, no se le ocurrió otra cosa que decir: "Yo soy el gran Caneco", y desde entonces dejó de ser Salustiano para convertirse en Caneco, el mote que él mismo se puso, porque quiso.

    Los avatares de la vida hicieron que cambiara su trabajo con los Penalva por el de enjalbegador, pero nunca le faltó el toque de genialidad: rotuló comercios, pintaba cenefas en las habitaciones de las casas que iba a blanquear y compuso poemas y letras de estudiantinas de Carnaval.


    El molino infanto por los años 50
    El molino Infanto por los años 50

    Pasados los años, a Caneco, nuestro paisano y decorador de cine Enrique Alarcón, que era copropietario del molino Infanto junto a Rafael Gil, director de cine, y Alfredo Fraile, director de fotografía (en 1948, con producción de CIFESA, habían rodado casi enteramente en Criptana Don Quijote de La Mancha), le propuso hacerse cargo de la custodia y puesta en marcha del molino. Y por espacio de 10 años cuidó de él, dejando el oficio de pintor para sus hijos e hijas. Volvió a lo que había sido de niño. Fueron sus mejores años sin duda. Y enseñó a su hija Lola —Lola Madrid, así es como se la conoce—, el viejo oficio de molinero. Fueron los últimos… Cuando cerraron el Infanto, se pararon los relojes de una época que jamás ha de volver.

INDICE

86 APODOS DE CAMPO DE CRIPTANA

(Agradezco a mi sobrino Abel Flores Ortiz su labor en la recopilación)

—Oye, ¿y tu de quién eres? —me preguntaban de chico.

—De Valeriano Flores —contestaba, sabiendo que no sería suficiente…

Y es que en todos los pueblos, y en Campo de Criptana por supuesto, se sigue conociendo a las familias por sus motes o apodos, que pasan de generación a generación. Mientras yo no dijera que soy de "Pelines", nadie me relacionaba. Acaso sí por el nombre de mi madre, "la Flor de Antioco", que era más popular.

Los apodos suelen ser por lo general apropiados y ocurrentes, pertenecen a nuestras raíces y debemos sentirnos orgullosos de ellos.

A-B-C-CH-D-E-F-G-H-I-J-L-M-N-O-P-Q-R-S-T-U-V-Z

Panorámica de Criptana
Panorámica de Criptana

A
Abundio
Adrianas, Las
Aguarones de Ansia
Aguarrica
Agudo
Agujero, El
Albareta
Alcuzonas, Las
Alemanes, Los
Alicates
Alpargatero
Anás
Anastasios, Los
Antoñicos, Los
Apreturas
Arenero, El
Artillero, El
Arreborrica
Arriscao, El
 
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B
Bachito
Bajatelato
Bala, El
Baleos
Balín
Baltasara, La
Barbas
Bartolas, Las
Beato, El
Bellotas
Benitillo
Berruga
Birrí
Bisutero
Bisturí
Bizcochos
Blanquillo, El
Bobo, El
Bocacha
Bocalobo
Bocatoro
Bociquin
Bodega
Bolañeros, Los
Bolas
Bolengo, El
Bolero
Boletas
Bolichas, Las
Bolita
Bolliscas
Bollitos
Bombi, La
Bonifa
Bonillo, El
Borlita
Botines
Brasero
Brujo, El
Bucarrilla
Buchaca
Buendía
Buqueque
 
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Arando
Arando

C
Caballero, El
Caballista, El
Cabecilla
Cabecillaladeá
Cabilas, Las
Cacharra
Cachas Negras
Cachetes
Caga en Alto
Cagastillas
Cagueta
Calenturas
Calero, El
Camborio
Cambrión
Camison de Seda
Campanero, El
Canario
Candileta
Caneco
Cani, El
Canije
Cantarillas
Cañabate
Capa
Capapollo
Capaverde
Capirre
Capoto
Caracateo
Caracero, El
Caragranizo
Carabina
Carabinero, El
Carasio
Caravino, El
Carbonero, El
Cardona
Carnemicho
Carpantas, Las
Carriles
Carruta, El
Casaca
Cascanta
Cascañeta
Cascas, Las
Castañero, El
Catarra, La
Catalán, El
Caudillo, El
Cazuela
Cebolla
Cebollero, El
Cebolleta
Cebollo
Cerocerosiete, El
Ceja
Ceja Blanca
Cementos
Centeno
Cerrita
Cesteros
Cestillo, El
Ciegas
Cisneras, La
Civil, El
Civilote
Coceros
Cojo Aguedilla, El
Cojo Cayo, El
Cojo Felipero, El
Cojo Majano, El
Cojo Mantecas, El
Cojo Niño, El
Cojo Paletilla, El
Cojona
Colchonero, El
Coleo
Coleta
Colmillo
Colorao, El
Colodra
Colorin
Confite, El
Convenencias
Cordeles
Cortezas
Costillones
Cota
Cotorro, El
Criminal, El
Cruceta
Cuatrovasos
Cuernos de Oro
Culocontento
Culofeo
Curilla, El
Curro, El
Cuquillo
 
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La siembra
La siembra

CH
Chaparro
Chaqueta
Chasquero, El
Chata Badía, La
Chata Bolas, La
Choto Cesteros, El
Chato de la Cuevecilla
Chato Gitano, El
Chato la Marusa, El
Checa
Chichanco
Chichancas, Las
Chicharras, Las
Chicharro
Chicharrón
Chichas, Las
Chichones
Chicote, El
Chimole
Chiqui
Chispa, El
Chite
Chivilla
Chocolate
Chorizo
Chorlito
Chorrilla, La
Chotila
Chuán
Chulo, El
Chupao, El
Churrero, El
Chuta
 
 
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D
Dacia, La
Desnudo, El
Diablo, El
Diente, El
Diente de Mula
Dios Grande, El
Domingona, La
Duerme
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La siega
La siega

E
Echababas
Entero
Espachurrá, La
España
Esquilarrabos
Estache
 
 
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F
Fariñas
Febrera, La
Felicitas, Las
Feliso, El
Flecha, El
Folión
Follaque
Forastero, El
Foril
Fuchi
Funes
 
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G
Gachasfollando
Gachona
Gafas, El
Galo
Gallego, El
Gaona
Garbancero
Garrota
Garrón
Gato, El
Gaullete
Gavilán, El
Gavilla
General, El
Giba
Gitano
Gitanillo, El
Gorila
Gorrino con Tirantes, El
Gorro, El
Gorrufos
Gricia, La
Guaguan
Guapas, Las
Guerrini
Guinda
Guitarra
 
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La trilla
La trilla

H
Habichuela
Habichuelo, El
Hermosillas
Higos en Torre
Hocico Toba
Hormiga, La
Hospitalero, El
Huevete
Hurón, El
 
 
 
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I
Inspector Gachet      
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J
Jaque
Jarete, El
Jaro Borrejo, El
Jaro Calandria, El
Jaro Coleta, El
Jaro Lancia, El
Jaro Malo, El
Jaro Mastín, El
Jaro Móstoles, El
Jaro Peuco
Jaro Tobías, El
Jaula
Jefe, El
Jeta
Jurao, El
Jumilla
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L
Lamparilla
Lapicero
Legaña
León
Lidio
Liebre, La
Liebro, El
Liendre
Liles
Lilla
Lili, El
Lina Morgan, La
Litri, El
Lobra, La
Lolo, El
Luchana
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Aventando
"Ablentando"

M
Macarena, La
Macarrones
Macuto
Machotas
Machuco
Madregachas
Maestrillo, El
Maete
Majano
Maina
Malaño
Malhuele
Malmira
Malrrasquilla
Mamao, El
Manazas
Manco la Virgen, El
Manchao
Manitas de cordero
Manito
Manguitas, La
Manolis
Manosnegras
Manosvueltas
Manquete, El
Manuelejas
Mantecas
Manzana, La
Maravillas
Marcos, Los
María del Manto
Marianete
Maria de Rapa
María del Sastre, La
Marragolpes
Masas, Los
Marotos, Los
Marotejos, Los
Mataespañoles
Matamoros
Matamulas
Mauflas
Mayer
Mayo
Mediobesito
Mediohuevo
Mediometro
Melonero, El
Mella, El
Mena
Mencitos
Mentiroso
Menudo
Merro
Mesié
Mierda, Don Manuel
Mijagotillas
Minaya
Mindolo, El
Minis
Millona, La
Minuto
Miste, El
Mítico, El
Místico, El
Mochuelo, El
Molinillo, El
Monene
Monago, El
Monarca, El
ElMónico
Monín
Monterilla
Monton de Mierda
Moño
Moñoardiendo
Moñozorongo
Moquilla
Moquita
Moreno Picatostes, El
Moragon, El
Morenete, El
Morquilla
Morete, El
Moro, El
Moteño
Muchasrrulas
Muda, La
Mueso, El
Mujer Peón, La
 
 
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La vendimia
La vendimia

N
Natas
Navajero
Nazarenas, Las
Negus, El
Nena, La
Nene, El
Niebla
Niño Blando, El
Niño Bonito, El
Niño la Sillera, El
Niño del Tango, El
Niño Goma, El
Nipópolo
Nueve, El
 
 
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O
Obispo, El
Ocho, El
Ojete
Ojo Azul
Ojos de Mochuelo
Orejetas
Orejón, El
Ovejo, El
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Recogiendo la aceituna
Recogiendo la aceituna

P
Pachichi
Pacha, La
Pacho
Paducha
Pajareta
Pájaro Frito
Pajalarga
Pajares
Pajarero
Pajarilla
Paje, El
Pajillas
Pajón
Palotes
Paletas
Palomero
Palomo, El
Panduro
Panraja
Panrajao
Panta
Pantalonas, La
Pantera Rosa, La
Panterilla
Panza Coco
Panza Morena
Pañales
Pañeretas, Las
Pañero, El
Pardillo, El
Párpados
Parra
Parrillano, El
Pastas
Pastora, La
Pata Galana, La
Pata Olivilla
Pataseca
Patajo
Patas
Patas Tuertas
Patín
Patitas
Patiti
Patona, La
Pavo, El
Pavonas, Las
Payasa, La
Peana
Pechecetes
Pecho Helao
Pedorrito
Peina
Pelao
Pelebona, La
Pelines
Peloestopa
Pelos
Peluchas, Las
Pellejilla
Pepe Canal
Pepe Hostias
Perchel
Perdío, El
Perragorda
Perreta
Peseta
Petenero
Petra Ojetes
Picacojones
Picatostes
Picola
Pichi
Pichirrichi
Pichón, El
Picola, La
Piejo, El
Piel de Coco
Pies Negros
Pijilín
Pilío, El
Pillo, El
Pincha
Pinchacacas
Pinchahuevos
Pinchamoros
Pincho
Pinorra
Pita
Pitufos, Los
Pinta
Pinturas
Piote
Pipa
Pisahuevos
Pisaflores
Pistolilla
Piter Stiguar
Pitete
Pocapena
Pocateta
Pocho
Pollastres
Pollito, El
Pollo, el
Polvos
Poni, el
Porras
Porrino
Potaje
Potito
Potra
Potro
Pregoneros, Los
Prensa
Prisillas
Pucheretes
Pulguilla
Punano
Punciana, La
Puntapuros
Puntaillas
Punteritas
Putilla, El
Putete, El
Putita, La
 
 
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Esquina Pelines
Este enclave frente a la Fuente del Moco y entre las calles del Caño y de la Virgen de la Paz, es conocido entre las gentes del barrio por "Esquina Pelines".
Y es que mi abuelo Domingo, El Chato Pelines vivió de chico con sus padres y los primeros años de casado en una casa que hubo anteriormente en esa esquina.
Lo de Pelines es casi seguro que fuera el mote que ya tuviera mi bisabuelo y que lo arrastrara de ascendientes anteriores.
Ya un antepasado nuestro, mi tatarabuelo Casimiro Flores Marcos-Alberca, vivió en el siglo XIX por la zona, en el número 6 de la calle de la Veracruz

Q
Quemao, El Quintillo Quinito Quirino
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R
Raja
Rajamanta
Rametes
Rana, La
Ranetes
Rancio
Ranito
Rapa
Raspa
Ratón
Regalao
Regino
Reinamora, La
Reque, El
Remi
Rey, El
Rico Lloron, El
Rigodón
Rija
Ronchin
Rosco, el
Ropasuelta
Rubisa
Refa, La
Rumí
Ruso, El
Rute
 
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S
Sabañones
Salchi, El
Salchicheras, Las
Salchicherete, El
Salero
Salivilla
San Juan
Sanguijuela
Sanmerquillos
Santa Negra, La
Santa de Trenta, La
Santana
Santillas
Sañoso
Sapo la Patata, El
Sardinilla
Sastrecillo
Sastres, Los
Seco, El
Señorito Domingo
Serio, El
Sevilla
Siempreduras
Sofoca
Soga, La
Soldadito de Chocolate
Soldadito de Plomo
Soleta
Solvito
Somera
Sopa, la
Sopicas
Sordo Ojales, El
Sordo la Prisca, El
Sorrastra
Sudán
Sudores
 
 
 
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El pastor
El pastor

T
Tablas
Tachuela
Taira
Taire
Talego
Tanete
Tano
Tarito
Tasjasas, Las
Tarta
Templao, El
Telares
Teta
Tinajeta
Tiricacas, Las
Titi, El
Tintin
Titulero, El
Tobarra
Toboseño
Toboso
Tocina, La
Tonto, El
Tonto la Adelina
Tonto la Guerra, El
Tonto Lerina, El
Torete, El
Tornajo
Trabicas
Tragatramas
Trajines
Trancos
Treintalibras
Tren, El
Trepillas
Tres Cerditos, Los

Trescoles
Trigueros
Tronchaesquinas
Tronchao, El
Tronchastiles
Tronera
Truena
Tuerto las Gaseosas
Tuerto Oreja, El
Tuerto Rija, El
Tule
Tullío
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U
Uno, El Uñas negras    
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Sentada en el poyete
Sentada en el poyete

V
Vacatuerta
Veneno
Vilches
Villorro
Violinas, Las
Viejo, El
Virutas
Virute
Vivanco
Vivillo, El
Vizcodiente, El
 
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Z
Zamarra
Zancona, La
Zapaterete
Zapo
Zapatos Blancos, El de los
Zorongo, El
Zorrita, La
Zorrita, El
Zorruno, El
 
 
 
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Al ataque
¡Al ataque!

INDICE

87 VOCABULARIO CRIPTANO-MANCHEGO

La riqueza del lenguaje popular en Criptana ha sido muy importante y deberíamos tratar de no olvidarlo. Es parte de nuestra cultura. Afortunadamente, muchas de las palabras y expresiones propias de esta forma de hablar se siguen utilizando hoy en día, sobre todo por la gente mayor.

A-B-C-D-E-F-G-H-I-J-L-LL-M-N-O-P-Q-R-S-T-U-V-Z

Pegando la hebra con una botella de zurra
Pegando la hebra con una botella de zurra

A

A cascaporrillo. A trocho y mocho.

A lo que vamos. Centrarse en el asunto, ir al grano.

Abarca. Calzado tosco de cuero crudo que cubre sólo la planta de los pies, con reborde en el entorno —a veces con suela tosca de goma de neumático—, y que se asegura con cuerdas y correas sobre el empeine y el tobillo.

Abarrer. Dejar el plato limpio.

Abarruntar. Barruntar, prever, presentir.

Abarrunto. Ataque de rabia.

Abarcas
Abarcas en el Museo del Carro y Aperos de Labranza de Tomelloso

Ablentar. Batir la mies una vez trillada y echarla al aire para separar el grano de la paja.

Abocicar. Agacharse para beber agua. También se dice cuando se pasa de un envase a otro algún líquido u otro artículo. "Abocica más para que se llene antes". "No abociques tanto que se saldrá". "Si quieres beber agua del caño te tienes que abocicar".

Aborruñao. Hecho una bola.

Abotardao. Atocinao, atontao, hinchado de cara y cuerpo, por atracarse de comer o de beber.

Abuelos. Parte del cabello que aparece por la zona posterior del cuello.

Abundio. Tonto

Aburrir.Término para describir que se ha colado el balón al tejado del vecino.

Aburrir la pelota
Aburrir la pelota

Abutragao. Gordo y seboso con falta de agilidad, sin cuello por la abultada papada.

Acacharse. Curvar el espinazo, normalmente para recoger algo.

Acapachar. Acobardar, acoquinar, acorralar, dominar, vencer a alguien.

Acelerarse. Ponerse nervioso.

Achares. Celos.

Achuchar. Enfrentar o atusar a un perro contra otro perro, animal o persona; también se utiliza para las personas como sinónimo de empujar o incordiar, y si es entre un hombre y una mujer significa agarrarse fuerte o arrepretarse, meterse mano.

Achuchón. Enfermedad o dolencia debida a un malaire o una malavuelta.

Achurrascar. Tostar levemente.

Achares
Achares

Acipotao. El que no se entera de nada o tiene costumbres borreguiles.

Acoquinar. Pagar la ronda en el bar.

¡Adiós ninón! ¡Que te crees tu eso! ¡Ni hablar!

¡Adiús! Interjección de sorpresa que se puede entender como ¡ahí va! o ¡atiza!

Adormiscao. Medio dormido.

Afoto. Fotografía.

Agarrao. Parte de la comida que se quedaba pegada en los peroles o sartenes.

Agkco. Asco. Ejemplo de la forma tan característica del criptano de aspirar suavemente la "s" al final de sílaba, sobre todo en el interior de las palabras.

Agarrao
Agarrao de unas gachas

Agoril. Escondrijo, sitio oculto. "Salir del agoril", equivale a levantarse de la cama.

Agonías (Ser un). Persona de poco ánimo, llorica, o que es muy agarrado y no se gasta un duro aunque le sobren las perras.

Aguachirle, aguachirre o aguachirri. Guiso con demasiado caldo y poca chicha y sustancia.

Aguardar. Estar esperando a que llegue o suceda algo.

Aguardentaos. Pastelillos que además de otros ingredientes llevan añadido de aguardiente en la masa.

Aguate. Dícese de cualquier bebida que está rebajada con agua o adulterada de tal manera que ha perdido sus propiedades."Este chocolate está muy aguate".

Agüelo. Abuelo

Ahí sos quedáis. Es una forma de despedirse.

Agüelos
Agüelos

Ahuecar. Largarse por si las moscas.

Aínas si vienes. Anda si llegas.

Airazo. Viento que sopla fuerte.

Ajilipollao. Dícese cuando uno está despistado de más, o es imbécil y aún encima no lo sabe.

Ajoatao. Especie de salsa mayonesa hecha con patata, yema de huevo, ajo, aceite y sal.

Ajuntar. Dícese cuando se tiene amistad con alguien para reunirse y pasar el rato.

Al amanecío. Por la mañana, a primera hora del día.

Al anochecío. Cuando ya es de noche.

Al boleón. Al azar.

Ajuntar
¿Te ajuntas?

Alante. Adelante, delante

Alboroque. Invitación a los amigos por la adquisición de un bien importante.

Alcagüeta. Cacahuete.

Alcontao. Ya mismo está hecho.

Aliviar. Acelerar el paso. "Alivia que vamos tarde".

Almenaque. Almanaque

Almendruco. Fruto del almendro, en su primera cubierta verde. También se aplica a tonto y ceporro.

Almodrote. Se aplica a cualquier guisote pastoso y revuelto, tipo potaje; también a desorden, lío.

Almorranas. Hemorroides.

Almenaque
Almenaque
Chapucilla casera con estampa de Singer y faldillas de Unión Española de Explosivos

Almorzá. Cantidad de cualquier cosa, líquida o sólida que cabe en el hueco formado por las dos manos juntas.

Almorzar. Comer a media mañana haciendo un alto en el trabajo para recuperar fuerzas.

Amagarse. Agachar o inclinar alguna parte del cuerpo o todo él. "Amaga la cabeza, que te vas a dar".

Amarrón. De color marrón.

Amolar. Molestar.

Amorrinao. Cuando a un enfermo le entra el recargo de la fiebre y se queda como dormido.

¡Amos! Expresión que se utiliza para iniciar la marcha, para meter prisa. o como interjección de sorpresa. Literalmente puede traducirse por "¡vamos!". "¡Amos qué!". "¡Amos anda!".

¡Amos calla! Expresión que denota extrañeza, incredulidad o admiración. "¡Amos calla!, exagerao".

Almorzar
Descansillo a media mañana para almorzar

Amoscarse. Enfadarse.

Amoto. Motocicleta.

Anca. Adverbio de lugar. "Vamos anca...".

Anda con Dios. Expresión de saludo muy usada si al que se saluda anda con prisa.

Andanda. Expresión que denota hartura. "Andanda, y dale con la vareja".

Ande. Donde.

Andorga. Bajo vientre. "Llenar la andorga".

Anguarina. Prenda rústica de paño burdo que usan los labradores para protegerse del frío y el agua.

Angustias. Persona que se agobia por todo, que nunca cree que va a poder hacer las cosas.

Anguarina
Anguarina

Anque. Aunque.

Antiayer. Anteayer.

Antico. Antes.

Apalancarse. Quedarse parado en un sitio mucho tiempo.

Apanderarse. Resquebrajarse la pared formando panderones.

Apañá. Mujer hacendosa, buena madre de familia.

Apañarse. Arreglarse.

Apañico. Amistad intima con una mujer.

Aparranarse. Sentarse arrellanándose para mayor comodidad. "En cuanto llega a casa se aparrana en la butaca.".

Aparranarse
Aparranada en la butaca y tomando el fresco

Apedreo. Juego o no tan juego de los chicos a tirarse piedras.

Apescar. Apoyarse en algo. "No te apesques en mí, que estoy muy cansao".

Apreturas (Entrar unas). Necesidad imperiosa de ir a cagar.

Arbañil. Albañil. Ejemplo de la forma tan característica del criptano de intercambiar los sonidos "r" y "l". También, por ejemplo, Almario por armario.

Ardiles. Vivaracho, activo.

Ardite. Pizca, porción de algo pequeñísima.

Ardorá. Acidez, ardor de estómago.

Arquiteto. Se aplica a las personas sabelotodo.

Arbañiles. Aquellos andamios de antes
Arbañiles. Aquellos andamios de antes

Arradio. Aparato de radio.

Arrancaera. La última ronda en el bar.

¡Arrea! Exclamación de sorpresa.

Arrecío. Entumecido por exceso de frío. "¡Abrígate, que estás arrecío!".

Arrejuntao. Persona que vive con otra como si estuviera casada.

Arrempujar. Empujar, hacer fuerza sobre algo para moverlo.

Arrevolao. Encendido, rojo por la mucha fiebre.

Arrimar cebolleta. Insinuarse con la parienta para llevarla al huerto

Arropijarse. Arroparse mucho.

Arrancaera
Bar Eugenio. Danos la arrancaera, Jesús

Arruchao. Quedarse sin dinero.

Artista. El que se desenvuelve como pez en el agua y domina cualquier situación

Ascape. Deprisa. Rapidez en hacer algo por la falta de tiempo. "Vengo ascape".

Asiéntate. Siéntate.

Asobar. Adormecerse.

Asobarcá. Sentirse una persona molesta cuando la ropa oprime cerca de los sobacos.

Asobinarse. Cuando una persona se encuentra acostada o bien sentada y tiene dificultades para incorporarse, se dice que esta asobinada.

Asomallar. Requemar algo levemente.

Asomallar
Matanza del cerdo. Asomallao para churrascale los pelos

Asura. Sofoco, vergüenza.

Atacarse. Introducir los faldones de la camisa por dentro del pantalón. "Espérate que me estoy atacando".

Ataero. Cuerda, soguilla, atadero de esparto para atar sacos.

Atalajarse. Vestirse.

Aterecío. Sentir mucho frío. "Estar aterecío".

Atijao. Se dice del que está excesivamente arropado, tapado.

Ato. Comida que se lleva al campo.

Atoestrozo. Hecho con ansia, basto y sin mucho cuidao.

Atornajao. Persona medio dormida por embriaguez.

Atornajao
Te veo como si estuviera atornajao

Atufarse. Intoxicarse con las emanaciones del brasero, por el humo o por el olor penetrante de algún producto químico.

Atusao (Venir). Venir justo.

Atusar. Incitar a los perros para atacar"

Auple (Ponerse). Cuando se derrama, vierte o salpica algo sobre nosotros, poniéndonos perdido, se dice la expresión: “Me he puesto auple".

Avinagrao. De mal carácter, siempre con mala cara y enfadado.

Avío. Comida que se lleva al campo o al lugar de faena.

Azogue. Se dice del que es nervioso que tiene azogue. No se puede estar quieto, como el azogue (mercurio).

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Atufarse
Atufarse con el brasero

B

Bacín. Individuo que se quiere enterar de todo, curioso en extremo, metomentodo y zascandil.

Bacinear. Acción y efecto de estar urgando para enterarse de algo.

Baladre. Es un arbusto alto de la familia de las adelfas, con flores vistosas, enormemente venenoso. De ahí la expresión: "Eres más malo que el baladre".

Baldragas. Flojo, sin energía, poco dado al trabajo.

Baldrogas. Tranquilo, cachazas.

Balduendo o banduendo. Que anda por ahí suelto, de allá para acá.

Banca. Sofá de madera hecho de forma artesanal que generalmente lleva el respaldo coronado con una moña tallada.

Banca
Banca

Bandolina. Especie de engrudo que se hacía con huesos de ciruela hervidos, o con zaragatona, una planta que, también hervida, soltaba un líquido fijador parecido a las gominas actuales. "Me haces un moño bonito y me untas bien de bandolina".

Barranco. Lugar en las casas, por los corrales, donde se pudría la basura y donde se habilitaba un retrete para el servicio de las personas. Eran los tiempos en que no había alcantarillado ni servicio de recogida de basuras.

Berzos. Boceras sucias.

Bibilibute o bilibute. Entrometido, zascandil, bacín.

Blincar. Saltar.

Birriago. Releje de suciedad en la cara u otras partes.

Boceras. Labios y morro. También persona que se mete en todo y todo lo casca.

Berzos
Berzos

Boche. Agujero en el suelo.

Bollagas. Ganso y con mucha pachorra. También persona gordinflona y poco garbosa.

Bolliscas. Chipas que salen de la lumbre.

Borrico. Bestia parda. "¡Vaya un tío borrico!".

Brazao. Una gran cantidad de algo.

Brutáncano. Totalmente cerril, lo más parecido a un animal.

Buche. Barriga.

Bujero o burejo. Agujero, orificio.

Bulero. Mentiroso, embustero.

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Bolliscas
Bolliscas

C

¡Cabal! Ejemplo de la forma tan abundante del criptano de emplear el lítote, figura retórica que consiste en afirmar algo, negándolo. En este caso, es no estar de acuerdo.

¡Cabal y monta! ¡No te lo crees ni tú!

Caballerico (Ir). Se aplicaba a ir de forma cómoda montado sobre un animal; hoy se adapta a ir subido cómodamente en cualquier vehículo.

Caballete. Escalera de tijera.

Cabezá. Cabezada, siesta informal. También, dar la cabezá, es asistir a un entierro y cumplir con los deudos del difunto bajando respetuosamente la cabeza.

Cabrillas. Manchas o culebrillas rojas que se hacen en las piernas por estar mucho tiempo cerca del fuego o de un brasero.

¡Qué caballericos!
¡Que caballericos!

Cacho. Pedazo más o menos pequeño de algo, normalmente se suele emplear para los comestibles, y especialmente para el pan.

Cagarria. Persona cobardica y un poco inútil.

Cagurrio. Tío cagueta, cobarde.

Calzaera. Cuerda de esparto, cáñamo o cuero para atarse las abarcas.

Campante (Tan). Ufano, satisfecho. "Se quedó tan campante".

Cancabolillos. Acción de llevar a un crío cansado sobre los hombros.

Candela. Fuego

Candorro. Rústico.

Caneloso. Zalamero.

En cancabolillos
En cancabolillos

Canguelo. Miedo, temor.

Canillas. Espinillas de un tío reseco.

Cansera. Fatiga después de un esfuerzo.

Cantazo (Ser más serio que un). Expresión para indicar la seriedad en grado sumo.

Cañamique. Canica, bola para jugar al guá muy pequeña.

Capellá. Puntera o remiendo en la pala de las abarcas.

Cardo. El que es adusto y desabrido, con mal carácter.

Carlancón. Guasón, con sorna o retranca.

Carrasca. Nombre de una especie de encina.

La carrasca gorda
La "carrasca gorda" entre Arenales y Criptana

Cartapacio. Cartera de badana, hule, cartón u otra materia para los cuadernos, libros y utensilios escolares.

Cascajosa. mujer que habla mucho y sin tino.

Cascar. Hablar, contarlo todo con pelos y señales.

Cascarsela. Masturbarse.

Cascaruleta. Cáscara dura. También, la concha de las almejas y chirlas.

¡Casi nadie al aparato! Expresión para ponderar la importancia de un personaje.

Casquera. Conversación.

Cellajo. Señal en la carne producida por una liga.

Cencerretas (Estar hasta las). Estar sucio de arriba a abajo. También, estar harto y fastidiado.

Casquera
De casquera

Ceporro. Cepa vieja o parte de ella que arrancada o cortada se usa para la lumbre.

Cerrita. Pelo que cae sobre la frente.

Chache. Hermano mayor.

Chaira. Navaja.

Chalao. Loco

Chamá. Lumbre, fuego. "Hacer una chamá".

Chambra. Blusa femenina.

Chamusquina. Olor que queda después de haberse quemado algo. La expresión "me huele a chamusquina" indica duda a que haya podido ocurrir algo que se trata de ocultar. También se aplica a una llovizna fría, fina y rápida.

Chamá
Una chamá para hacer un guisote

Changao. Roto, destrozado.

Chaparro. Mata baja de encina.

Cheche. caramelo o golosina entre los niños.

Chicote/a. Niño o niña pequeña.

Chile. Perro.

Chingar. Follar, joder. También robar

Chiscar. Encender fuego. Conectar un aparato eléctrico.

Chisquero. Mechero.

Chocho, chucho o chumino. Genitales de la mujer.

Chisquero
Chisquero

Chorcho. Burlón, guasón. En femenino, chorcha es mujer calentorra.

Chorra. Interjección típica de admiración, asombro, sorpresa, enfado, júbilo, etc. Miembro viril.

Chuminá. Insignificancia, menudencia.

Cina. Montón de mies en la era. También, acopio de gabillas.

Cinta o cintilla (Dar la). Retocar la pintura (o la cal) en el rodapié.

Cipámpano. Idiota.

Citilla. Persona que gusta de incitar o provocar.

Cobete. Cohete.

Cocero. Pequeña caseja en el campo con cocina de fuego bajo y camastros.

Dar la cintilla
Dar la cintilla

Cochura. Cantidad que se amasa de una vez para hacer el pan en una casa o dulces como magdalenas; mantecaos, rosquillos...

Coger. Caber.

Condumio. Comida.

Contrapiao. Que está al contrario o al revés.

Convidá. Invitación que se hace para celebraciones señaladas.

¡Copón! Expresión típica de admiración, sorpresa, enfado, júbilo, etc.

Cordelejo (Dar). Dar largas, entretener a uno con falsas esperanzas.

Correa (Tener). Tener paciencia.

Corría. Carrera, acción de correr. "¡Date una corría a ver si lo alcanzas!".

Convidá de un bautizo
Convidá de un bautizo

Corrusco. Mendrugo de pan.

Corte. Lugar dónde se queda la labor para seguir a otro día.

Coscorro. Zoquete, trozo de madera para el fuego. También resto duro de pan.

Costalá. Caída, costalada.

Critana. Criptana. Ejemplo de la forma tan característica del criptano de eliminar consonantes al final de sílaba, sobre todo en el interior de las palabras.

Cuajo. Calma, lentitud.

¿Cualo/a?. ¿Cuál?

Cuando quias vienes. Cuando quieras, vienes, que te voy a dar un trancazo.

Coscorro
Comiendo un coscorro de pan

Cuartos. Los dineros, lo que valen las cosas.

Cucha. Escucha.

Cueva (Otro que sale de la). Expresión equivalente a otro que viene con lo mismo.

Cuevero. En tiempos, se aplicaba no sólo a los que en ellas vivían, sino a todos los que lo hacían por la zona de la sierra de los molinos; ahora, se dice en plan despectivo a los que se quiere herir por su baja condición, por vulgares u ordinarios.

Culete (Echar un). Descansar en un trabajo, principalmente en el campo, sentándose en el suelo.

Custrío. Que tiene cortada, reseca, deshidratada y agrietada la piel por el agua y el frío.

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Culete
Echando un culete para tomar un bocao

D

Dalearse. Ladearse.

Dar un agua. Lavar la ropa de manera ligera.

Dar un ojo. Mano de jabón que se daba a la ropa cuando se lavaba a mano en una artesilla.

De balde. Gratis, sin coste alguno.

¿De quién eres? Forma de preguntar cómo se llaman los padres.

Dejao. Descuidado en sus cosas.

Dende o ende. Desde

Dendecuando o endecuando. Desde cuando.

Dendeluego o endeluego. Desde luego. Se utiliza como sinónimo de "y que lo digas" o como reproche. "Endeluego, eres de lo que no hay".

Dando un ojo
Dando un ojo

Dendenantes o endenantes. Desde antes.

Dengue. Se dice del que come poco y mal.

Desatalajao. Mal vestido y con la camisa medio fuera de los pantalones

Descalabrar. Hacer alguna herida en la cabeza.

Deseguida. Enseguida.

Despimporro. Desorden.

Desuncir (No). No salir de problemas y dificultades.

Duz. Que está muy dulce. Famoso el arroz con duz.

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Arroz con duz
Arroz con leche, "arroz con duz"

E

Ejo/a. Diminutivo. "Hermosejo".

Empezao (Estar). Tener irritación en la piel a causa de alguna sustancia cáustica

Enaceitao. Mantecado hecho con aceite de oliva en vez de manteca.

Enantes. Antes.

Encanarse. Quedarse envarado por el llanto, sin aliento, sin respiración. Situación en la que se ponen muchas veces los bebés y producen el susto a sus padres.

Engañuza. Engaño, trampa.

Engorrinar. Ensuciar.

Enjabonao. Aseo que se hacía a los chicos de una casa todos los sábados, restregando bien las partes mugrientas con estropajo y jabón, y metidos en un lebrillo con agua caliente

Enjabonao
Enjabonao uno detrás de otro

Enque. Aunque.

Enseguidica. Ahora mismo.

Enterao. Sabelotodo. También se aplica en sentido irónico para todo lo contrario. "Estas tú enterao".

Entoavía. Todavía.

Entojunto. Guisote de conejo, patatas, ajos, pimientos y aceite crudo que se pone todo junto en el perol.

¡Equiricual! ¡Eso es! ¡Ahí está!

¡Es que sí! Ejemplo de la forma tan abundante del criptano de emplear el lítote, figura retórica que consiste en afirmar algo, negándolo. En este caso, es como decir "ni hablar, de ninguna manera".

Es tonto el chico. Otro ejemplo de lítote, afirmando algo, negándolo. Lo que se quiere decir es que el chico es listísimo.

Entojunto
Entojunto

Escachumizar. Romper, estropear.

Escalichar. Hacer caliches. Desconchar un recipiente de porcelana.

Escapá. Abandono temporal de la actividad normal para divertirse, hacer un viaje o visitar a alguien.

Escarbes (Tonteria que). No puedes hacer nada para evitarlo.

Escocio (Estar). Escocido, generalmente en el culo, ingles o entre nalgas, por la rozadura de la ropa o por tener diarrea.

Escopeta del Feliso (Fallar más que la). Fallar mucho en una actividad.

Escurricipiarse. Escurrirse.

Esguarranarse. Tumbarse de cualquier manera, a la bartola.

Esollaura. Herida que se producen los niños, sobre todo en las rodillas, cuando se caen.

Caliche
Antiguo orinal de hierro esmaltado con caliche

Espachar. Darse prisa en hacer algo o en ir algún sitio.

Espanchurrao. Aplastado.

Espatarrarse. Colocarse de forma comodona.

Espelitre. Repelús, escalofrío.

Esperecío. Con mala cara, como si se estuviera enfermo. "Seco y esperecío".

Espirituao. Excesivamente flaco.

Espizcar. Hacer migas de algo.

Esportillar. Mellar, romper el borde o el canto de algo.

Estáte y verás. Expresión que avisa de algún peligro inminente.

Espatarrado
Espatarrao en el sofá

Esterajo. Estera de esparto.

Estezar. Lavar o fregar intensamente las partes mugrientas de los niños

Estijeras. Tijeras.

Estomagoso. Pelmazo.

Estrozá/ao. Destrozada/o

Ete/a. Diminutivos. "Hermosete".

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Esterajo
Esterajo

F

Fachá. Parte frontal y exterior de la casa.

Faltriquera. Bolsa de tela que llevaban las mujeres debajo de la saya o el mandil para llevar sus pertenencias.

Finústico. Persona exageradamente delgada, como un fideo.

Flauta. Bacinote y danzarín, culillo de mal asiento.

Fli (Aparato de). Aparato provisto de bombín, propulsor de insecticida para matar moscas y mosquito.

Fogará. Rojez en la piel provocada por una alergia. "Dar una fogará" es expresión que utilizan las mujeres cuando sienten los calores propios del tiempo de menopausia.

Follagas. Gordo, molesto, tonto y torpe.

Faltriquera
Faltriquera en las enaguas

Follar. Además de joder, copular o practicar el coito, llegar las gachas al punto para retirarlas del fuego, cuando ya la grasa empieza a subir arriba y la masa intenta hervir haciendo una especie de gorgoritas o pedorretas (gachas follando).

Folludo. Se dice del trompo mal liado.

Fuente (Caer la). Caer el agua de la fuente.

Fuste. Prestigio de alguien. Se alude normalmente cuando se carece de él. "Qué poco fuste".

Furriela. Conjunto de cosas inservibles

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Follar
Gachas follando

G

Gachón/ona. Persona que por cualquier circunstancia se encuentra en un estado especial de blandenguería, anhelante de que la quieran y mimen.

Gachoso. Persona blanda de carácter, blandón.

Gachupe. Agua sucia con barro. Se formaba antes en las calles cuando eran de tierra y llovía, y también cuando la nieve se está derritiendo. "¡Menudo gachupe!".

Galguería. Dulces. Pero también se aplica a los alimentos prescindibles, de capricho. "Eso es galguería".

Galgo. Goloso, que le gusta mucho el dulce, la galguería.

Galgos (Hacer los). Entre los chicos, agarrar a uno fuertemente para que no se moviera, abrirle la bragueta y el calzoncillo, y echarle un puñado de tierra o broza en los genitales.

Gana (Haber). Tener hambre, apetito.

Galguería
Galguería

Gansería. Lentitud en el modo de hacer, parsimonia.

Garbana. Galbana, flojera, pereza.

Garrulo. Paleto.

Gazuza. Hambre.

Goína. Boína.

Gola o golilla (Dar). Dar envidia.

Golgorita. Burbuja de aire en los líquidos

Golondrino. Grano muy doloroso en el sobaco.

Golpalá. Golpe violento de espaldas contra el suelo.

Goína
Goína

Granao. Persona que ha llegado a la edad adulta.

Guarrindango. Persona guarra, sucia.

Güeco. Hueco o espacio libre.

Güera. Hoguera.

Güevo. Huevo

Güito. Hueso de un albarillo y también el silbato que se hacía con él, raspándolo y añadiendo saliva contra una superficie dura hasta conseguir un orificio.

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Güera
Güera

H

Haba o habón. Roncha, hinchazón cutáneo al ser picado por una avispa, un mosquito, un tábano o cualquier otro insecto.

Habichuelas. Término utilizado en la Mancha para nombrar a las alubias.

Habichuelos. Judías verdes.

Hacer malas gachas. Se suele decir cuando dos personas no se llevan bien.

Hacer sábado. Antiguamente se acostumbraba a hacer una limpieza general y a fondo de toda la casa una vez por semana, que solía ser el sábado.

Haiga. Haya. Manera generalizada de construir el presente de subjuntivo del verbo haber.

Haldones. Puntas de la camisa cuando sobresalen por encima del pantalón.

Hartura (No tiene). Dícese cuando una persona no tiene límite ni se sacia con nada.

Abichuelas
Abichuelas

Hato. Conjunto de enseres que labradores y segadores llevan al campo.

Hebrear. Pegar, zurrar.

Hermoso/a. Expresión cariñosa hacia alguien conocido

Hinque. Juego infantil con un instrumento para clavar en la tierra.

Holgandero. Holgado, ancho.

Hóstica. Improperio. Exclamación que se emite como demostración de enfado y como desahogo. Por lo general no tiene segunda intención y está ausente el ánimo de blasfemar.

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Hato
Con el hato en las alforjas... y en bicicleta

I

Indición. Inyección.

Infestar. Infectar. enconar.

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J

Jalbegar. Blanquear las paredes con cal. Enjabelgar

¡Jamía! ¡Hija mía! Expresión que puede ser de asombro.

Jaro. Individuo que tiene el pelo rubio o pelirrojo. Color amarillo chillón. "No jodas, jaro" es expresión utilizada por "no fastidies".

Jijarro. Guijarro.

Jalbegar
Jalbegar

Jirulo. Bobo.

¡Jodeca! Expresión de enfado.

Jodío. En solitario adquiere un carácter admirativo, y utilizado como adjetivo sirve para destacar. "Qué jodío, lo que sabe". "Tonto jodío". "Jodío modorro".

¡Jodío, chaquetón! ¡Vaya! ¡Caramba!

Jumaera. Humareda.

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L

La. Artículo empleado delante de nombres propios femeninos: "la Carmen, la Petra". No ocurre lo mismo en los masculinos.

Laete. Sitio, lado pequeño.

Lenciciao. Persona que se mete donde no le importa, sabiondo.

Jumaera
¡Qué jumaera!

Lerín (Ser más tonto que). Pues eso. También se utiliza "tonto la Lerina".

Letanías. Cansino, pesado con sus peroratas y siempre dando sentencias. Y también meapilas.

Levas. El que las tiene es perro viejo; tiene ya espolones. "¡No tiene levas...!", en la retranca manchega, es otro ejemplo de empleo del lítote, figura retórica que consiste en afirmar algo, negándolo. En este caso se quiere expresar que no hay quién lo engañe.

Liego. Campo descuidado. La expresión "¡vas a hacer to liego!" sirve para recriminar, ante la sospecha de que todo se está haciendo mal en cualquier asunto, que se va a ir todo al garete.

Lista (Correr más que el tío de la lista). Darse mucha prisa en hacer algo.

Longuis (Hacerse el). Hacerse el loco.

Lumbre (Hacer). Encender el fuego. "Dar lumbre" es encender a otro el cigarrillo.

Lustre (Tener). Ir bien lavado y vestido, con prestancia. Ser de buena familia.

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lumbre
La sartén en la lumbre

LL

Llenarse. Ensuciarse.

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M

¡Macá! Interjección ante un contratiempo, forma apocopada de "macagüen"

Macagüen. Me cago en…

Macagüendiela. Me cago en... vete tú a saber.

Macoco/a. Fruta muy madura, pasada. Persona blanda de carácter, blandón, gachoso.

Madalena. Magdalena.

Madalenas
Madalenas

Madrí. Madrid. Ejemplo de la forma tan característica del criptano de eliminar a "d" al final de palabra.

Mal rasque. Mal genio.

Mala follá o malfollá. Se aplica a la persona cuya característica más notoria es su mala leche, su carácter avinagrado y desagradable.

Mamola. Barbilla. Hacer la mamola es engatusar.

Mandao. Recado, encargo.

Mandrias. Pusilánime, inútil.

Manducatoria. El asunto del papeo

Mangarrián. Pardillo.

Manducatoria
Llegó la hora de la manducatoria

Maniso. Desmanotado, poco hábil con las manos.

Maquinanta. Que siempre está intrigando y enredando, que todo tiene que ser lo que ella desee.

Marica. Urraca.

Maromo. Afeminado, mariquita.

Marrulla. Trampa en el juego.

Martingala. Artimaña, estratagema para engañar, para conseguir algo astutamente.

Maruso. Mariquita.

Más guarro que la Patona. Expresión en Criptana que hacía referencia a un personaje muy popular y odiado por la chavalería anterior a la guerra civil,"La Patona", mujer soltera, de aspecto hombruno, que vivía en un cuartucho bajo en la calle de la Virgen y ejercía de vigilanta en el "gallinero" del Teatro Cervantes.

Marrulla
¿Quién estará haciendo marrullas?

Mastuerzo. Necio, bobo, un verdadero zoquete.

Mataura. Herida en las caballerías por rozadura de algún apero, aparejo u otra causa.

Mauflas. Bobalicón.

Mayo (Nos ha jodío mayo). ¡Qué fastidio (por el calor)!

Mejunje. Mezcla.

Mellao o mellico. Falto de una o más piezas dentarias.

Mesmo. Mismo.

Mester. Menester.

¡Mia! ¡Mira!

Miaja. Poca cantidad de alguna cosa o rato corto de tiempo. "Dame una miaja pan". "En una miaja vengo".

Mellao
Mellao

¡Miaque! Expresión que normalmente se utiliza al principio de la frase y es la contracción de "¡mira que!".

¡Miasi! ¿Mira si!

¡Miatu! ¿Mira tú!

Mieja o miaja. Un poquito de algo.

Mijita. Casi menos que miaja, menudencia insignificante.

Milindre. Persona delgada o de poca corpulencia.

Minda. Órgano sexual masculino. "Tócame la minda".

Mínino. Pequeño. Pero "minino que es", con retranca, utilizado en lítote, figura retórica tan empleada en Criptana que consiste en afirmar algo, negándolo, es todo lo contrario: enorme. Se aplica a las personas.

Mixtos. Cerillas.

Mixtos
Cajas de mixtos

Moje. Pringue, salsa en una comida, apropiada para mojar pan.

Mojete. Comida manchega con diversidad de variantes.

Mojitear. Mojar en las comidas con sopas de pan.

Mondaúra. Cáscara o desperdicio de las cosas que se mondan.

Morceguil. Tipo de murciélago insectívoro que se pasa el día colgado cabeza abajo, sujeto con las garras de las extremidades posteriores. Se aplica a los mozalbetes que están ya con las hormonas a cien, calentorros.

Mosca. Modorra.

Moscarda. Especie de mosca que se alimenta de carne muerta y se empeña en depositar sus larvas en los jamones de matanza recién colgados.

Mostrenco. Persona extremadamente obesa y torpe.

Mojete
Mojete

Mu. Contracción de la palabra "muy".

Muchismo y munchismo. Muchísimo.

Músico. Bacín, que está en todos los fregaos y poco trabajador

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N

Na. Nada.

Naide. Ninguna persona.

Nazareno. Fariseo, que no es lo que parece. Retocado y que esconde sus intenciones.

No cunde la risa. No estamos para bromas.

Nombrao. Famoso.

Muchismo
Muchismo de to

Notestés. Advertencia para realizar las cosas sin tardanza.

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O

¡Odo! Expresión de asombro o sorpresa, aféresis de ¡jodo!

Onde. Dónde.

Oraje. El tiempo que hace.

Orillarse. Apartarse. Ir hacia la derecha del camino con un vehículo, con animo de aparcar o de ceder el paso. También se aplica a las personas.

¡Ospera cana! Expresión utilizada por el que se sorprende por algo o recibe algún golpe que le duele mucho.

Ote/ota. Diminutivos. "Chicote/a".

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Oraje
Mal oraje se presenta

P

Pa. Para.

Pacá. Para acá.

Pacencia. Paciencia.

Pachasco. Afirmación reafirmando algo evidente. Pues claro, faltaría mas. Contracción resultante de unir los vocablos para y chasco.

Paice. Parece. La expresión "te paice que" indica desaprobación. "Te paice que... son horas de venir".

Pajarero. Pillastre, zascandil.

Palillo. Palo duz, raíces de regaliz

Palillo
Palillo

Pallá. Para allá.

Papo. Órgano sexual femenino.

Papón. Tonto y sin fuste y que mete la pata.

Paponaco. Más tonto y bobo aún.

Papucio. Tonto, lerdo.

Parato. Avión.

Parcilla. Murete bajo utilizado para separar.

Pasaeras. Piedras que se colocan para cruzar un río o una torrentera.

Peal. Paño tosco con que se cubre el pie debajo de las abarcas.

Parcilla
Parcilla alrededor del santuario de la Virgen de Criptana

Peazo. Trozo de algo. Parcela pequeña de tierra.

Pegás. La comida que se quedaba pegada a las sartenes (generalmente en las gachas) o pucheros.

Pegote. Sueño breve (la siesta).

Peiname. Peinarme. Ejemplo de la forma tan característica del criptano de eliminar la "r" en los verbos en infinitivo que llevan pronombre pospuesto. "Voy a peiname". "Voy a lavame".

Pelandera (Estar). Estar muy caliente la comida o el agua.

Pelerina. Toquilla de forma semicircular, generalmente de punto, que usan las mujeres.

Pelliza. Abrigo corto, de paño grueso, reforzado con piel en el forro y a veces en el cuello.

Pelotillas. Albóndigas.

Pellizas
Pellizas

Pelucho. Despeinado.

Péndice. Apendicitis.

Perillán. Se les dice a los chicos cuando son pillos y granujillas.

Perráncano. Bribón en grado superlativo.

Perrengue. Bribón, vago.

Perrente (De). De repente. "Se murió de perrente".

Perrilla. Llaga en los labios.

Pildorillas. Pelotillas de mocos espesos que se sacan de la nariz y se amasan con los dedos. Cuando éramos chicos las pegábamos por debajo del tablero de las mesas. Cuando se veía a alguien en esta operación, solía decirse: ¿Es que vas a poner botica?

Perrilla
Perrilla

Piquejo. Trozo de tierra o viña pequeño.

Pizca. Porción o pellizco de algo pequeñísima.

Plantá (Bien). Buena moza

Pólvora. Fuegos artificiales

Ponchina. La que, a causa de alguna enfermedad o contratiempo, está blandona, con deseos de que la quieran y mimen.

Portá. Portada del corral.

Portás (Las). Últimas casas del pueblo en las que se detienen los anderos del Cristo de Villajos y de la Virgen de Criptana cuando traen o se llevan las imágenes a sus santuarios.

¡Poshijo! ¡Vaya! ¡Caramba!

Portás
Las "portás" de la Virgen, en el Calvario

Potis. Engreído, presumido.

Poyo. Banco de piedra, yeso u otra materia adosado a un muro. Poyete, si es pequeño o bajo.

Poyuelo. Escalón de entrada a una casa. Travesaño de madera que tenían antes en la parte de abajo los cercos de las puertas.

Premiso. Permiso.

Presente. Plato con diversos productos de la matanza con el que se obsequia a familiares, amigo y vecinos.

Pringue. Aceite que sueltan los chorizos, el tocino...

Prisillas. El que tiene siempre prisa.

Pucheros. Gestos en la cara, como gemidos entrecortados, que preceden al llanto. Son propios de los críos pequeños, pero también de las personas mayores cuando intentan sobreponerse o contenerse de una fuerte emoción.

Pringue
Con la pringue que sueltan al freir unas tajadas de tocino y unos chorizos, se hacen unas gachas

Pudrío. Podrido.

Pueque. Puede que.

Puñao. Puñado. Porción de algo que puede cogerse con una mano.

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Q

¿Quacís? ¿Qué hacéis? Expresión de saludo al encontrarse con un grupo de gente.

¡Qué cojona! Expresión de enfado.

¡Qué coraje! ¡Qué fastidio!

¡Qué gusto! ¡Qué bien!

Uvas pudrías
Uvas pudrías

¡Qué pena! Con retranca, se quiere expresar todo lo contrario. "¡Qué pena!, lo bien que lo pasamos"

¡Qué risa! Muy de Criptana, se quiere expresar todo lo contrario. "¡Qué risa!, que mal lo pasamos".

¡Que risión! Reírse, divertirse.

Quebrao. Herniado.

¡Quia! Reducción de la expresión "¡qué ha de ser!" transformada también en "¡qué va!", que indica enérgica negación.

Quies. Quieres.

Quiquilicuatre. Exactamente.

Quiquiricosa. Adivinanza.

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¡Qué risión!
¡Qué risión!

R

Rabisco. Furioso.

Raspao (Dar un). Regañar. Criticar a alguien sin estar presente.

Rasque. "Tener mal rasque" es tener malas pulgas, mal carácter.

Rebolá. Amanecer o atardecer rojizo. "Dar una rebolá" se utiliza para indicar que se tiene un acaloramiento.

Redina. Alcuza para el aceite.

Regüeldo. Erupto.

¡Regular la bicicleta! Expresión para indicar que una determinada situación nos sobrepasa.

Relatrá. Sabionda y pedante.

Releje.Restos de comida u otra suciedad alrededor de la boca o en la cara.

Rebolá
Rebolá

Repente (Dar un). Dar un síncope, un patatús.

Repiso. Estar pesaroso de no haber hecho bien alguna cosa.

Resabiao. Que tiene un vicio o mala costumbre.

Restirá. Presumida.

Retrataura. Fotografía.

Retrotero. El que siempre va de allá para acá.

Revenío. Mal cuerpo después de una noche de fiesta. También en que está desengañado, escarmentado.

Revullicio. Mucho jaleo

Riaaa. Palabra para indicarle a la bestia que vaya a la izquierda.

Restirás
Restirás

Rodalete. Rodal, espacio pequeño.

Rodilla. Paño para las limpiezas caseras que servía de servilleta sobre la rodilla.

Roncha. Costra, principalmente de una herida, pero también de suciedad, de mugre.

Roña. Capa o costra de suciedad que se va acumulando de no lavarse.

Roñica. Tacaño, roñoso y algo tramposo.

Rozaura. Rozadura, generalmente en los pies por los zapatos.

Rulaja. Rodaja o loncha de embutido.

Rular. Dar vueltas un cuerpo. El rulo, por ejemplo, en las eras.

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Rular
Pasando el rulo sobre la parva

S

Sabañones. Hinchazón o ulceración de la piel, principalmente en las manos, pies, u orejas, con ardor y picazón, causada por el frío.

Saja. Herida, corte.

Sayona. La que va con la falda muy ancha.

Samugo. Persona terca, estirada, poco sociable y remolona.

Sejar.Retroceder, ir hacia atrás.

Sejatrás. Vete para atrás, recula (generalmente dirigido a las bestias).

Semos. Somos

¡Sepadios! ¡Vete a saber!

Sio o so. Palabra para indicar a las bestias que se paren.

Sejatrás
Sejatrás

Soguilletas. Trenzas hechas en el pelo.

Solbitar. Silbar.

Solbito. Silbato.

Somallar. Asar en la lumbre.

Somarro. Trozos de cerdo asados en la lumbre. También insulto para una persona poco activa o perezosa.

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T

Taba. Hueso de la rodilla del cordero o la oveja que, convenientemente limpio, servía para el juego, claro, de la taba.

Tablete. asiento bajo construido con tablas.

Tablete
Tablete

Tajá. Tajada, trozo pequeño de carne. También embriaguez. "¡Que tajá que lleva!"

Tajaillas. Tajadas cortadas en pequeño para dar más de sí.

Tamién. También.

Tarranco. Restos de comida que quedan pegados a la sartén. "No queda ni tarranco".

Templar. Afinar un instrumento.

Templarse. Emborracharse.

¡Tepaicequé! ¡Te parece qué! Expresión de desagrado o sorpresa. "Tepaicequé el jodio con lo que me viene ahora".

Tiberio. Jaleo, desorden, trifulca, juerga.

Tié. Tiene.

Tajaillas de tocino
Tajaillas de tocino

Tilario. Ropaje o persona excesivamente larga.

Tiplín. Poquita cosa, delgaducho

¡Tírapuahi! ¡Márchate!

Tiznajo. Mancha sobre la piel o la ropa de color oscuro.

To tieso. Que está para allí delante, sin doblarse.

To. Todo.

Tomate. Zancajo en la media o calcetín.

Tomatilla. Variedad de mojete en frío, a base de tomate (mejor de bote), cebolla, huevo duro, escabeche, aceitunas y aceite.

Tomatillos. Tomates secos al sol, partidos por la mitad, que dan muy buen sabor a los guisos (habichuelas) y son parte fundamental en un plato típico criptanense, el "Ajo tomate". Ahora los venden recalcando bien que están secados al horno y no tienen cagandurrias de moscas como antaño.

Tomatillos
Tomatillos

Tontilán. Persona medio tonta, bobo, tontaina.

Tontoloscojones. Eso mismo.

Tontusco. Persona con pocas luces, más bien imbécil y algo retrasado.

Toquillón. Toquilla grande de lana, con flecos de cordón, que utilizaban las mujeres para cubrir todo el cuerpo.

Tornaja. Artesilla de madera para lavar la ropa.

Tornajo. Recipiente de madera, en forma alargada, donde se echa el pienso a los animales.

Totano. Tonto, papón. Miembro viril. "Chúpame la punta del totano".

Torvón. Fuerte airazo. Persona que hace todo muy rápidamente.

Trapajo. Trapo para limpiar el polvo.

Toquillón
Toquillón

Trastor. Tractor.

Trenzajo. Hebras o tira de tela que cuelga por un descosido.

Trompezar. Tropezar.

Trompiqueta. Voltereta dada con el cuerpo en el aire.

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U

Ugüas. Uvas.

Useasé. O sea. Denota idea de equivalencia.

Ustés. Ustedes.

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Trastor
Trastor

V

Vaina. Tonto, bobo, sin fuste.

¡Vais a hacer to vega! Expresión que sirve para recriminar (también se utiliza "liego" en vez de "vega"). Se emplea, por ejemplo en el caso de un negocio cuando va a la deriva. Lo creó el abuelo; los hijos lo engrandecieron; los nietos...se lo comieron. "¡Vais a hacer to vega!".

Vantar. Levantar.

Vasar. Hueco en la pared o elemento sobresaliente para colocar los vasos y tenerlos a mano dentro de la cocina.

¡Vaya aplico! Con la ironía y clásica retranca de Criptana, ¡buena situación tenemos!

¡Vaya con Dios! Expresión que indica resignación ante un contratiempo. También se utiliza el "¡Vaya con Dios repepe!".

Vela. Moco que cuelga.

Velas
Velas

Verdino. Se dice del que se deja llevar por la ira. Malo y borde.

Veros. Marchaos, idos. Se emplea como imperativo del verbo ir. "¡Veros a tomar por culo!"

Veste. Vete. "Veste a la vía" equivale a "¡vete lejos de mi vista!".

Vidriao o vedriao. Conjunto de la vajilla de diario que se empleaba en una casa.

Vión. Avión. Y si es de propulsión a chorro, la repanocha.

Vinagre (Tener). Tener acidez de estómago.

Visícula. Vesícula.

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Veros a tomar por culo
Veros a tomar por culo

Z

Zambombo. Barriga muy grande

Zambullo. Persona gruesa y de pocas luces.

Zamuzo. Persona corta de entendederas.

Zangarriana. Especie de vértigo o mareo.

Zanguanga. Tranquilona, indolente, perezosa y holgazana.

Zapatera. Dícese de la comida apartada y fría.

Zarrapastroso. Persona que cuida poco su aspecto, su forma de vestir.

Zopenco. Torpe, poco espabilado.

Zorrera
Zorrera

Zorrera. Humareda por el fuego de la lumbre o por mucho fumar.

Zullo. Pedo con sordina.

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FIN