Fue La Mancha la tierra que escogió Cervantes para las correrías de Don Quijote y Sancho, personajes que nunca existieron salvo en la imaginación de su autor y en la de sus incontables lectores, pero que, gracias a la magia de la pluma cervantina, han hollado mil caminos como si de verdad un día hubieran tenido carne y hueso y alma y pies siempre dispuestos a trotarla. Y en el corazón de La Mancha, Campo de Criptana, cuyo cerro contempló el fabuloso combate de Don Quijote con los gigantes, que no eran otra cosa que molinos.

Si algún mérito tiene este trabajo, es el haber puesto en orden la copiosa información que a mí ha llegado. Proclamo mi agradecimiento a cuantos tan extraordinariamente han escrito y escriben de Campo de Criptana y de La Mancha: José Antonio Sánchez Manjavacas, José González Lara, Francisco Escribano Sánchez-Alarcos, Vicente Aparicio Arias, José Vicente Angulo Murillo, Andrés Escribano Sánchéz-Mellado, Carmelo Díaz-Ropero, Villajos Lucas-Torres y tantos otros. Y doy las gracias también a mi familia y amigos, que me han ayudado a recopilar esas formas de vida y quehaceres antiguos que poco a poco hemos visto desaparecer.

No pretende ser esta web, aunque así lo parezca, una guía de Campo de Criptana, ni una crónica de sucesos y aconteceres antiguos en la vida de nuestro pueblo, ni siquiera un prontuario de costumbres y tradiciones; es más una exposición de sentimientos y emociones que su paisaje, paisanaje y las vivencias propias o por otros contadas en mí han producido. Es mi versión, posiblemente con muchos errores y ausencias imperdonables. Y como en un ensueño, casi seguro que haya idealizado o incluso inventado mucho de lo que aquí se comenta, fruto unas veces de mi ignorancia o de recuerdos probablemente infieles y otras de esa tendencia irremisible a mezclar anhelos con realidades.